John Malkovich y Sam Rockwell entusiasman en Venecia con la tragicomedia melancólica de los espías-payasos de ‘Wild Horse Nine’

Los dos intérpretes viajan al golpe de estado contra Salvador Allende en la nueva película de Martin McDonagh, que comparte una jornada de buen cine con la inclasificable nueva entrega de Herzog

John Malkovich y Sam Rockwell posan en la alfombra roja del Festival de Cine de Venecia este jueves.Yara Nardi (REUTERS)
Elsa Fernández-Santos

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Venecia (Enviada especial) – 03 SEPT 2026 – 23:30 AST

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Dos agentes de la CIA —uno enfermo y cínico; el otro, más joven, ingenuo e impresionable— ya han hecho su trabajo en el Chile de Salvador Allende y, por motivos que es mejor no desvelar, deciden viajar a la Isla de Pascua para visitar sus famosas cabezas Rapa Nui. Allí, rodeados de valles verdes, caballos salvajes y los impresionantes moáis, John Malkovich y Sam Rockwell —que interpretan a los dos espías— hablarán de todo lo imaginable para expiar culpas y responsabilidades y, de paso, repasar la larga lista de crímenes cometidos en nombre de su país.

La nueva tragicomedia del irlandés Martin McDonagh y, sobre todo, sus dos intérpretes principales, despertaron este jueves el entusiasmo en el festival de Venecia en su segunda jornada gracias a su melancólico humor y a los inevitables ecos en el presente de una película que recrea desde su patetismo el furor imperialista de Washington.

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Cáustica y tristísima, Wild Horse Nine se inscribe en un género tan popular como el de las buddy movies, en el que el propio McDonagh dejó su huella más retorcida con The Banshees of Inisherin. Rodeado de un elenco en el que también brillan Steve Buscemi, Parker Posey o la chilena Mariana di Girolamo, McDonagh admitió la influencia de películas como Mikey and Nicky, de Elaine May, o Huida a medianoche, de Martin Brest. Ambas sirven de referentes de un guion amparado una vez más en la sombra de los beckettianos Vladimir y Estragón.

Wild Horse Nine es un viaje por el tiempo cargado de memoria y de actualidad: los personajes de Malkovich y Rockwell —cuyo papel en otra película de McDonbagh, Tres anuncios en las afueras (2017), le valió el Oscar a mejor actor de repato— evocan la sangre derramada en el Congo, en Guatemala o en Bahía de Cochinos para reencontrarse con los fantasmas de Patrice Lumumba o de Lee Harvey Oswald. Es un viaje al imperialismo del siglo XX a lomos de una cámara de Super 8 y de dos espías payasos y decadentes que se pasean con un bombín en la cabeza y un Stetson mientras escuchan a Joni Mitchell y equiparan el estado de las democracias con la calidad de sus quesos. “Siempre me ha interesado el pasado de la CIA y el golpe de estado contra Salvador Allende”, afirmaba ayer McDonagh. “Lo que no había previsto son las resonancias con la geopolítica actual, donde ya nada se hace en secreto. Todo se ha vuelto más y más estúpido”.

John Malkovich y Sam Rockwell y ‘Wild Horses Nine’, de Martin McDonagh.

Si podemos inscribir Wild Horse Nine como una buddy movie política, la nueva obra del maestro alemán Werner HerzogBucking Fastards, se escapa a cualquier etiqueta. Se trata de una fábula rara, extravagante y por momentos muy magnética. Hecha con lo mínimo, en ella resuena su obra de juventud El enigma de Gaspar Hauser. Herzog sigue los pasos de dos hermanas atrapadas de una forma enfermiza y loca en sus gestos y palabras sincronizadas y en sí mismas. Convertidas en freaks y después de un juicio por acoso a un vecino que interpreta Orlando Bloom, deambulan por la vida como una solitaria y delicada rareza hasta que encuentran un nuevo objetivo: abrir un túnel en una montaña que las lleve a un mundo imaginario.

Con su habitual entusiasmo, su voz grave y ese inconfundible aura de hombre libre y solemne, Herzog explicó en Venecia que se trata de un proyecto que le rondaba desde hace tiempo pero que no ha podido llevarlo a cabo hasta ahora porque su idea era hacerla con dos actrices gemelas (está levemente inspirada en una historial real), pero nunca las encontró. Hasta que un día le hablaron de las hermanas Kate y Rooney Mara, que, sin ser gemelas (tienen 43 y 41 años respectivamente), se parecen muchísimo y logran el milagro de actuar al unísono, una mimetización surrealista llena de ideas y matices asombrosos.

A lo largo de Bucking Fastards, las Mara hablan e interpretan sus personajes creando una cacofonía única, extraña y armoniosa. Su reacción como siamesas es un ejercicio actoral impresionante por cómo fluyen a la vez sus voces y gestos. Herzog cuenta que rodó muy rápido, apenas una o dos tomas por plano. “Escribí el guión en cinco días y esa rapidez está en la esencia misma de la película”, recordó a la prensa del Lido. Dos semanas de ensayo fueron suficientes para que las dos hermanas encontrasen su manera de actuar al unísono. “Nos une toda una vida, un mundo sin palabras, y, lo más importante, la infancia. Nos ha divertido mucho este ritmo”, aseguró Rooney Mara. “En realidad no nos costó tanto porque encontramos una música interior común, una manera de hablar que es casi cantando. Ha sido mucho más sencillo de lo que parece”, añadió su hermana.

El director alemán Werner Herzog, la actriz estadounidense Kate Mara, el actor británico Orlando Bloom y la actriz estadounidense Rooney Mara llegan al estreno de Bucking Fastard en la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, el 3 de septiembre de 2026.FABIO FRUSTACI (EFE)

Rodada en Irlanda y en la cueva de Postojna de Eslovenia, Herzog construye una ficción que también remite al rico bestiario de su cine a través de la presencia de un zorro que cuidan las hermanas o a la breve aparición de un ciervo. “El zorro es muy importante en la mecánica de la historia, en su arquitectura. Quise encontrar un cachorro porque quería que ellas los criasen, pero no tuvimos suerte, no había uno en toda Irlanda. El ciervo surgió por azar, y en una película así el azar y los accidentes son muy importantes “, dijo el cineasta. Al referirse a las cuevas, añadió: “Para mí, son un paisaje del alma humana, un paisaje de nuestra imaginación”.

Herzog ha dedicado su película a David Lynch, no porque Bucking Fastards tenga algo que ver con el cine del director de Twin Peaks, sino por la profunda comprensión que, dijo, tenían el uno del otro de sus respectivos trabajos. “Me hubiera gustado que él hubiese sido el primer espectador de esta película”, advirtió, “pero por desgracia no hay manera de volver atrás en el tiempo”.

Bucking Fastards es de esas películas que fascinarán y repelerán a partes iguales a sus espectadores. Y este jueves hizo pareja, en una coincidencia de las que propician a veces los programadores de los festivales, con otro fascinante dueto: el de Malkovich y Rockwell en Wild Horse Nine.

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