Trauma, culpa y redención: el cine-terapia no convence en Venecia

Un octogenario Paul Schrader sigue su propio camino con otro personaje masculino torturado. Dos películas mediocres sobre Vietnam y la salud mental adolescente coinciden en la sección oficial de La Mostra

Una imagen de ‘Mr Nelson, Did You Kill People?’, del director japonés Tsukamoto Shinya.
Elsa Fernández-Santos

Elsa Fernández-Santos

Venecia (Enviada especial) – 04 SEPT 2026 – 23:30 AST

El cine se ha acercado muy poco, o solo de forma lateral, al papel que desempeñaron los jóvenes afroamericanos en la guerra de Vietnam y a la sospecha de que fueron utilizados por parte del Gobierno estadounidense como carne de cañón. Las brutales cicatrices de aquella contienda, y las del racismo estructural del país, se solaparon en la herida de miles de negros. Mr Nelson, Did You Kill People?, del director japonés Tsukamoto Shinya, pretende subsanar ese vacío con una película que narra la historia real del veterano de guerra Allen Nelson. El resultado es bienintencionado pero mediocre, con una primera hora cuya extrema violencia resulta pasmosa. No se entiende que para hablar de un trauma se traumatice al espectador con una orgía innecesaria de vísceras, ratas y mugre.

Más información

Shinya adaptó hace una década la novela antibélica Fires on the Plain. Fue entonces cuando conoció la autobiografía de Allen Nelson. Como recordaba ayer en el Lido el director japonés, Nelson se pasó media vida en terapia, y luego se dedicó a dar charlas por Asia contando su historia para expiar su culpa. En Japón, dio más de 1.200 conferencias rememorando su infierno personal. Además del regodeo violento, Mr Nelson, Did You Kill People? abusa de los primeros planos sin que esa búsqueda de intimidad traspase la superficie de los intérpretes.

Así, de trauma en trauma, circuló la tercera jornada del festival, constatando lo inútil —incluso lo contraproducente– que puede ser el cine-terapia. 15/18 (A Place to Heal), del francés Cédric Kahn —cuyo trabajo anterior, El caso Goldman, es una sólida película judicial— se mete dentro de un hospital psiquiátrico para adolescentes desde el que ofrecer la enésima variante de ese naturalismo social francófono propio de los hermanos Dardenne que tan bien le salió a Laurent Cantet en La Clase y que, visto lo visto, no es tan sencillo de imitar. 15/18 es un retrato inmersivo y coral en las patologías que aquejan hoy a los adolescentes. Es un asunto terrible —intentos de suicidio, autolesiones, esquizofrenia— que se queda en eso: un rosario de desgracias. Solo en la recta final de su película, Kahn intenta buscar un camino propio con un poco de luz, pero es un cambio de marcha forzado que no acaba de funcionar.

Una imagen de ’15/18 (A Place to Heal)’, del director francés Cédric Kahn.

Quizá por todo lo anterior, el único trauma del día que supo a verdad fue el de un octogenario que lleva toda la vida dándole vueltas a lo mismo. Solo alguien como Paul Schrader, que presentó The Basics of Philosophy fuera de la sección oficial a concurso, es capaz de mezclar a Baruch Spinoza con los abusos sexuales y la identidad reprimida de un profesor universitario. El fondo es el de siempre con sus retratos masculinos: la culpa y la redención. Poseer una filmografía dedicada a la posibilidad del perdón es encomiable.

Con gafas de sol de espejo, un anillo de oro con una cruz, reloj y pulsera también de oro y un polo negro de Prada, Schrader se presentó a sí mismo ayer en Lido como un tipo de gustos caros y voluntad tenaz. “No veo la forma de escribir de otra cosa que no sea la culpa y la redención. Esta película es uno de esos estudios míos de personajes profesionales, esta vez un profesor universitario”, dijo después de recordar que todo su cine nace de sus orígenes. “Crecí con la dieta de las enseñanzas de la iglesia calvinista holandesa y como decía Freud, todo lo que nos determina en la vida, por mucho que corramos en dirección contraria, está en nuestra infancia. Los cinco primeros años son los que cuentan. Es algo de lo que nadie puede huir”.

Una imagen de ‘The Basics of Philosophy’, de Paul Schrader.

A diferencia de otros creadores de su edad, Schrader ha encontrado un filón en la rudimentaria ligereza de la nueva era digital, lo que le ha permitido rodar una película tras otra en los últimos años sin importarle demasiado su caligrafía. “El digital cambió mi relación con el medio. Puedo rodar en 19 días en lugar de cuarenta y por la mitad de dinero. Gracias a todo esto he logrado hacer cine bressoniano, algo impensable antes para mí”, señaló en referencia a una filmografía tardía que, como El reverendo, El contador de cartas, El maestro jardinero y, la reciente, Oh, Canadá, se centra en hombres solitarios atrapados en algún tipo de trauma o dilema moral.

Su nuevo personaje, interpretado por Jack Huston, nieto de John Huston y sin un ápice del carisma del abuelo, es de una turbiedad total, un tipo incapaz de afrontar su homosexualidad, marcado por un padre todopoderoso y la sombra metafísica de Spinoza.

Sobre la firma

Elsa Fernández-Santos

Elsa Fernández-Santos

Elsa Fernández-Santos – twitterVer biografía

Recibe la información y la agenda del mundo del arte en tu correo

Cultura El País en Facebook

Cultura El País en Instagram

Cultura El País en TwitterComentarios0Ir a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En


Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo