De ‘Todos los hombres del presidente’ a ‘Luna nueva’: los mejores (y los más tramposos) periodistas del cine
Con motivo del Día Internacional del Periodista, recuperamos algunas enseñanzas sobre el periodismo que nos ha recordado el cine, preocupado por honrar a los buenos profesionales y por denunciar a los farsantes


Los nazis ejecutaron al reportero checoslovaco Julius Fučík el 8 de septiembre de 1943. Años más tarde, en 1958, el IV Congreso de la Organización Internacional de Periodistas (OIP), que se celebró en Bucarest, eligió esa fecha para honrar su nombre y el de los periodistas que son perseguidos, censurados, asesinados… Solo en el primer semestre de este año, 39 periodistas han sido asesinados. Desde el 7 de octubre de 2023, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), Israel ha matado a 263 profesionales en Gaza, Líbano, Irán y Yemen. Una cifra monstruosa que demuestra lo valiosa que es la buena información. Hoy, en medio de un panorama muy desalentador, recordamos a algunos de los mejores periodistas con los que el cine ha rendido homenaje a este oficio… y también a algunos tramposos, cínicos, sobornados y mentirosos que ensucian este trabajo esencial y necesario.
«¿Quiénes diablos son Woodward y Bernstein?», preguntaba muy cabreado un tipo de la Casa Blanca durante la investigación del caso Watergate en Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976), una de las grandes películas sobre el periodismo, en la que se exhibía el trabajo meticuloso, agotador y a veces aburridísimo que requiere una investigación, los riesgos a los que se exponen los profesionales que se enfrentan al poder y la enorme valía de informar con veracidad e independencia. Hoy todo el mundo, gracias en buena parte a esta película, sabe quiénes son Woodward y Bernstein, los hombres que destaparon uno de los grandes escándalos de la política de EEUU que obligó a dimitir al presidente Nixon… aunque la mayoría les pongan los rostros, la voz y los gestos de Robert Redford y Dustin Hoffman.

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Un año antes, los periodistas, de nuevo de The Washington Post, se lo jugaron todo por publicar las mentiras que, durante treinta años, cuatro presidentes de EEUU habían contado al pueblo americano sobre la Guerra de Vietnam. Steven Spielberg recordó aquella hazaña periodística en Los archivos del Pentágono (2017), una apasionante película que en los tiempos de los embustes y dislates de Trump es puro oro para los auténticos profesionales de hoy. «Yo no tuiteo, yo disparo», afirmó el cineasta en la presentación del filme refiriéndose al violento y constante ataque de Trump a los medios de comunicación.
Tom McCarthy contó en 2015, en Spotlight, la historia real del equipo de investigación del Boston Globe que en 2002 destapó decenas de casos de pederastia cometidos por curas católicos. Su trabajo provocó un efecto dominó y en 2008 249 sacerdotes habían sido acusados públicamente en Boston, donde se identificó a 1.476 víctimas. La investigación periodística se mereció el Premio Pulitzer y la película ganó, entre otros reconocimientos, el Oscar de Hollywood.

Michael Mann dedicó El dilema (1999), magnífica película, a Lowell Bergman (Al Pacino), el hombre que arriesgó su carrera en televisión para revelar las sustancias que empleaba la industria tabacalera norteamericana para crear adicción en los fumadores. Y George Clooney llevó a la gran pantalla otro capítulo histórico del periodismo. En Buenas noches y buena suerte (2005) mostró la lucha en defensa del periodismo independiente del presentador de la CBS Edward R. Murrow (David Strathairn) y del productor Fred Friendly (Clooney) contra el senador Joseph McCarthy. Su labor sentenció el final de la despreciable ‘caza de brujas’.
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Mel Gibson era el reportero australiano Guy Hamilton en El año que vivimos peligrosamente (Peter Weir, 1982), película inspirada en historias reales y ambientada en el inicio de las represalias en Indonesia que terminaron con la muerte de más de un millón de personas. Y James Wood dio vida en la ficción al auténtico Richard Boyle en Salvador (1986), en la que Oliver Stone denunció la complicidad de EEUU en las guerras civiles en Latinoamérica.

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La lista de películas dedicadas a batallas periodísticas reales o de ficción es muy extensa, imposible mencionar todas, y, por supuesto, no todas hacen retratos tan generosos de los profesionales. Howard Hawks primero (Luna nueva, 1949) y Billy Wilder después (Primera plana, 1974) fueron los padres de un periodista inolvidable del cine, Walter Burns. Ingenioso, marrullero, manipulador… un canalla encantador que haría lo que fuera por conseguir el primero una noticia y que ya es eterno gracias a unos guiones extraordinarios y a las gloriosas interpretaciones de Cary Grant y Walter Matthau. Con ellos, Marcello Mastroianni en el papel de Marcello Rubini de La dolce vita (Federico Fellini, 1960), cronista de la prensa rosa, elegante y guapísimo, y completamente decepcionado, buscando un sentido a su vida.
Mucho menos agradable, de hecho, un miserable egocéntrico, alcohólico, sin ética y embaucador, era Chuck Tatum, el protagonista de El gran carnaval (1051), también de Billy Wilder, que contó con un entregado Kirk Douglas para pisotear a conciencia el periodismo sensacionalista y cualquier forma de seudo periodismo.

Hay, sin duda, mujeres periodistas en la ficción. Pero en el cine, como en el periodismo, la igualdad ha brillado por su ausencia y ni han sido protagonistas ni jefas en las redacciones hasta hace relativamente poco. Ahí están, claro, los retratos de Katharine Graham, la legendaria editora del Post, destacando el que hizo Meryl Streep en la película de Spielberg, y recientemente los de Megan Twohey y Jodi Kantor, en Al descubierto (Maria Schrader, 2022), donde se explica la impresionante investigación que hicieron estas dos reporteras de The New York Times sobre los abusos sexuales del productor Harvey Weinstein.
Si el cine nos ha recordado algo con estos y otros muchos títulos es lo que dijo Edward R. Murrow en su discurso ante los asistentes a una convención de la Asociación de Directores de Noticias de Radio y Televisión en 1958: «Nuestra historia será lo que hagamos de ella. Si continuamos como hasta ahora, la historia se vengará y las represalias no cesarán en alcanzarnos».
Sobre la firma
Begoña Piña
Redactora-crítica de cine.
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