La Luna podría esconder la primera prueba de vida inteligente extraterrestre
Un nuevo estudio de investigadores del Instituto SETI propone buscar «microplásticos» interestelares y restos de megaestructuras extraterrestres en el regolito de nuestro satélite.

El polvo de la Luna podría esconder restos de tecnología alienígena.


Colaboradora de National Geographic España
La respuesta a si estamos solos en el universo podría estar a la vuelta de la esquina. La búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) se ha basado tradicionalmente en escuchar el cosmos. Hemos apuntado gigantescas antenas parabólicas hacia el abismo, esperando captar una señal de radio o un destello láser que nos confirme que no estamos solos.
Sin embargo, la famosa Ecuación de Drake y la Paradoja de Fermi hacen hincapié en que las civilizaciones nacen y mueren, y nuestra ventana para coincidir con ellas es irrisoria. Pero este reciente trabajo mira en otra dirección. La clave podría llevar millones de años acumulándose en nuestro propio patio trasero. En la Luna.
La investigación, liderada por Lewis J. Pinault y un equipo de investigadores del Instituto SETI sin fines de lucro y el Birkbeck College, expone que nuestro satélite natural, la Luna, podría ser una especie de «placa de recolección» cósmica, salpicada de artefactos extraterrestres microscópicos.
En el desván del sistema solar
Esta circunstancia puede darse porque, a diferencia de la Tierra, nuestro satélite carece de atmósfera, de clima y de tectónica de placas. No hay lluvia que erosione la roca, ni viento que barra el polvo, ni magma que recicle la corteza. Durante unos 4.000 millones de años, la Luna ha ido acumulando pasivamente todo lo que el viento estelar y la dinámica galáctica han arrojado sobre ella. Por eso las míticas pisadas de los astronautas que han pisado la Luna no se han borrado. No hay nada que pueda erosionar o borrar esas marcas en la superficie.
De esta manera, la superficie lunar ha estado recogiendo micrometeoritos, polvo cósmico y, según esta nueva hipótesis, posibles tecnomarcadores (firmas tecnológicas) de civilizaciones alienígenas extintas.
Partículas Arkhipov y Bracewell: la «basura» alienígena
Pero, ¿qué estamos buscando exactamente? Buscamos algo sutil y abundante: polvo cósmico.
El astrofísico Brian C. Lacki de Oxford y los investigadores del SETI sugieren que las civilizaciones avanzadas podrían haber construido megaestructuras, como enjambres de esferas Dyson para capturar la energía de sus estrellas y, con el paso del tiempo, el desgaste y sin mantenimiento, estas estructuras tecnológicas teorizadas colisionarían entre sí (un efecto similar al síndrome de Kessler en nuestra órbita), moliéndose una y otra vez hasta convertirse en polvo a escala micrométrica. Estas partículas, impulsadas por los vientos estelares a través de miles de años luz, habrían viajado por la galaxia hasta aterrizar en la Luna.

Los científicos clasifican este tipo de partículas en dos tipos: las partículas Arkhipov (basadas en el trabajo del investigador ucraniano Alexey Arkhipov), que serían los equivalentes espaciales de nuestros microplásticos (desechos no intencionados desprendidos de naves o infraestructuras), y las partículas Bracewell (en honor al físico estadounidense Ronald Bracewell), sondas microscópicas diseñadas deliberadamente para la exploración.
Un metro cúbico de respuestas
El plan propuesto en el artículo (disponible en el servidor de preimpresión arXiv y enviado para su revisión al International Journal of Astrobiology) es metódico y a la par factible gracias al inminente regreso humano a la Luna con el programa Artemis de la NASA. Los científicos proponen excavar y tamizar un solo metro cúbico de regolito lunar para este propósito.
Utilizando herramientas de visión artificial, espectroscopía de alta resolución, microtomografía y análisis isotópico, los investigadores buscarían metales, aleaciones o formas geométricas que sean inconsistentes con la geología lunar natural.
Si no encontráramos absolutamente nada, también obtendríamos información de ello. Significaría que habría límites estrictos a la cantidad de «basura tecnológica» que las civilizaciones pueden esparcer por la galaxia (menos de 0,09 equivalentes de masa terrestre, según sus modelos). No sería un trabajo en vano, ya que le pondría números reales a la Paradoja de Fermi.
En el caso positivo de encontrar un solo grano alienígena confirmado, estaríamos ante una nueva etapa de la historia de la humanidad. Demostraría que la inteligencia tecnológica es común o que, al menos, existió en el pasado (aunque fuese muy lejano).
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