Por qué recuerdas dónde estabas el 11-S pero tu cerebro borra el día a día
El cerebro es un órgano muy complejo, que no funciona como un simple almacén de recuerdos


Zaragoza-10/09/2026 21:30-Actualizado a11/09/2026 09:32
¿Y tú, qué hacías cuando se estrelló el primer avión en las Torres Gemelas? ¿Y durante el 23-F? ¿Cómo viviste la llegada del hombre a la Luna, o de la caída del muro de Berlín? ¿Con quién viviste el gol de Iniesta? ¿Y el de Ferran Torres? Existen una serie de eventos generacionales que permanecen grabados en nuestra memoria. De ellos podemos recordarlo casi todos: dónde estábamos, con quién, qué sensaciones experimentamos en aquel momento. Sin embargo, los recuerdos del resto de nuestra vida son muchos más etéreos.
Para comprender este fenómeno es necesario entender primero cómo funciona el cerebro. Es un error frecuente pensar en él como una suerte de almacén de recuerdos, donde los pasajes de nuestra vida se van acumulando en una suerte de ficheros ordenados por fecha y hora. La realidad es mucho más compleja, y lo cierto es que la mayoría de recuerdos permanecen presentes porque son recordadas varias veces a lo largo de nuestro periplo vital. Con una particularidad, cada vez que traemos un recuerdo al presente, este se vuelve maleable. Es decir, no recuperamos el suceso original, sino la última versión que fabricamos de él. Con esta puntualización en mente, llega el momento de introducirnos en los recuerdos destellos, de los que el 11-S es su máximo exponente.
Qué son los recuerdos destello
Podríamos definir los llamados recuerdos destello como un recuerdo autobiográfico sumamente vivido, donde se rememoran las circunstancias personales en las que un individuo se enteró de un suceso inesperado, impactante o de gran calado social. El concepto fue acuñado por los psicólogos Roger Brown y James Kulik en un estudio llevado a cabo en 1977, cuando buscaban conocer cómo las personas rememoraban el momento en que supieron del asesinato de John F. Kennedy, Martin Luther King Jr. y Malcolm X.
Relacionado con este tema
¿Sufres síndrome postvacacional? Las claves para reducir el shock de volver a la rutina
Aunque su hipótesis inicial fue desmontada posteriormente (Brown y Kulik creían que los sucesos completamente inesperados eran capaces de generar una huella intacta en la memoria), el nombre del concepto quedó para siempre. La refutación empírica más contundente llegó de la mano de los psicólogos Ulric Neisser y Nicole Harsch a raíz del accidente del transbordador Challenger en 1986. Al día siguiente de la tragedia, pidieron a un grupo de estudiantes que escribieran cómo se habían enterado de la noticia. Casi tres años después, les volvieron a formular las mismas preguntas.
Menos del 7% de los participantes mantuvo la exactitud en todos los detalles. Sin embargo, un tercio de ellos dio relatos completamente distintos a los que habían escrito al día siguiente. Por ello, ahora sabemos que estos recuerdos destello están más presentes en nuestra memoria porque son recordados con frecuencia. Aún así, el relato que tenemos presente en este momento sí ha podido variar respecto a las sensaciones experimentadas en el momento.
Por qué olvidamos la rutina diaria
A diferencia de los recuerdos destello, acciones anodinas no son registradas a largo plazo por el cerebro ya que rememorarlas carece de una relevancia biológica. Nuevamente, hay que tener en cuenta las particularidades del cerebro humano para comprender el porqué. Dicho de manera simple, el cerebro está diseñado para economizar al máximo sus recursos. Por ello, no gasta energía en preservar acciones comunes y poco memorables.
Concretamente, al no suponer una novedad extrema, un peligro o una recompensa emocional intensa, el episodio no genera una descarga de neurotransmisores clave como la noradrenalina o la dopamina. Sin este torrente químico, la amígdala no activa su modulación sobre el hipocampo y, por ende, no se ponen en marcha los mecanismos de potenciación a largo plazo.
Relacionado con este tema
Del machoalgoritmo también se sale
Este es el motivo por el que la huella eléctrica inicial se desvanece con el paso de las horas. Si a esto se le suma la acumulación de experiencias similares, que no tuvieron nada especialmente memorable, lo habitual es que con el paso del tiempo todo recuerdo queda diluido en una masa homogénea.
Eso no quiere decir que quede completamente olvidado. De hecho, en muchas ocasiones, si hacemos un esfuerzo, podemos recuperar aquella memoria. Esto se consigue por medio del contexto: la corteza prefrontal realiza un rastreo de la información que pueda llevarle hasta ese día. Esto es, busca pistas como dónde estabas, qué tiempo hacía, con quién compartías mesa, etc. para reconstruir un escenario ambiental de aquella jornada. Así, la corriente eléctrica viaja por asociaciones neuronales hasta reactivar la huella latente en el hipocampo, en un mecanismo que se llama completamiento de patrones y que lleva a reconstruir la escena en nuestra mente. Por ello, más que recordar la acción concreta, lo que se produce es una deducción lógica donde se halla lo que hiciste ese día.
Sobre la firma
Javier Mercadal Serrano
Redactor SEO
Etiquetas
25 años del 11-S: el legado de islamofobia, miedo y vigilancia de la «guerra contra el terror»

Madrid-10/09/2026 21:30
A las 8.46 horas de la mañana del 11 de septiembre de 2001 (hora de Nueva York) un avión se estrellaba contra la Torre Norte de las Torres Gemelas del World Trade Center. El caos que generó fue tal, que un segundo avión logró cruzar el cielo de la ciudad y, dieciocho minutos después, impactó contra la Torre Sur.
Lo que ocurrió esa mañana, aquel atentado, cambió el mundo. Dos guerras que se prolongaron dos décadas; Guantánamo, la prisión que se ha convertido en sinónimo de tortura; la vigilancia masiva; la comunidad musulmana convertida en sospechosa permanentemente, y un terrorismo yihadista que se multiplicó tras la ‘guerra contra el terror’ inciada por Estados Unidos… 25 años después del 11-S, y aunque pudiera parecer que el mundo lo ha dejado atrás, las decisiones que se tomaron aquel día siguen todavía presentes.
Sobre la firma
Helena Margarit
Redactora de vídeo
Etiquetas
- Atentados 11-S
- Guantánamo
- Estados Unidos (EEUU)
- Afganistán
- Irak
- Atentados del 11-M
- yihadismo
- Al Qaeda
- George W. Bush
25 años después del 11-S: seis notas sobre el mundo que dejamos atrás


Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM
Se cumplen veinticinco años de aquella mañana en la que dos aviones derribaron las Torres Gemelas, otro impactó contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania. El 11 de septiembre de 2001 no cambió el mundo de un día para otro, como tantas veces se ha repetido. Pero sí modificó su trayectoria. Alteró las prioridades de Estados Unidos, transformó nuestra concepción de la seguridad, legitimó nuevas formas de intervención militar y vigilancia y contribuyó a acelerar procesos cuyas consecuencias llegan hasta hoy. Un cuarto de siglo después ¿qué ha cambiado? Veámoslo en seis notas:
Primera. Estados Unidos ganó la guerra contra Al Qaeda, pero perdió buena parte de la posguerra.
El objetivo inmediato después del 11-S era destruir la organización que había atacado territorio estadounidense. Al Qaeda perdió su capacidad operativa, Bin Laden fue eliminado y el terrorismo yihadista dejó de ocupar el lugar central que tuvo durante las primeras décadas del siglo. Pero la respuesta estadounidense terminó siendo mucho más ambiciosa que el objetivo inicial. Afganistán se convirtió en una guerra de veinte años que terminó con el regreso de los talibanes al poder. Irak, que nada tuvo que ver con los atentados, fue invadido en 2003 bajo argumentos que posteriormente demostraron ser falsos. La llamada guerra contra el terror acabó extendiéndose desde Oriente Medio hasta el Sahel y el Cuerno de África.
La paradoja es formidable. Estados Unidos consiguió reducir considerablemente la amenaza que había provocado el 11-S, pero lo hizo a costa de desgastar su legitimidad internacional, consumir enormes recursos y alimentar una inestabilidad cuyas consecuencias todavía estamos gestionando.
Relacionado con este tema
La guerra entre Pakistán y Afganistán ahonda el caos causado por EEUU en Asia tras el 11-S
Segunda. El momento unipolar terminó mientras Washington miraba hacia Oriente Medio.
En 2001 Estados Unidos parecía incontestable, la Pax Americana se imponía. Rusia atravesaba todavía las consecuencias de la descomposición soviética y China acababa de ingresar en la Organización Mundial del Comercio. La superioridad militar, tecnológica, económica y política estadounidense parecía confirmar la llegada de aquel momento unipolar anunciado tras el final de la Guerra Fría.
Veinticinco años después, ese mundo ha desaparecido.
Mientras Washington dedicaba una parte extraordinaria de su atención estratégica a Afganistán, Irak y la lucha antiterrorista, China protagonizó una transformación económica, tecnológica y militar sin precedentes. Rusia reconstruyó su capacidad de poder y terminó utilizando la guerra para revisar el orden europeo. El centro de gravedad internacional se desplazó progresivamente hacia Asia. Obama activó entonces el Pivot to Asia, llegó tarde. Hoy, la gran amenaza que imagina Washington ya no es una organización terrorista escondida en las montañas afganas. Es otra gran potencia.
Tercera. De la globalización feliz hemos pasado a la geopolítica de la interdependencia.
El mundo de 2001 todavía confiaba en que comercio, globalización e interdependencia producirían convergencia política y estabilidad. China entraba en la OMC, Europa avanzaba hacia su gran ampliación (2004) y Rusia todavía buscaba algún tipo de acomodo dentro del orden occidental.
Hoy utilizamos un vocabulario completamente diferente: autonomía estratégica, seguridad económica, materias primas críticas, cadenas de suministro, soberanía tecnológica, aranceles, sanciones.
Relacionado con este tema
Ni estuvo en la Zona Cero ni predijo los atentados: Trump se empeña en reescribir la historia del 11-S
La energía puede convertirse en arma. Los semiconductores son instrumentos de poder. Los cables submarinos y los satélites son infraestructuras estratégicas. Las dependencias comerciales han dejado de interpretarse únicamente como fuente de prosperidad y se contemplan como vulnerabilidades.
No ha terminado la globalización. Ha terminado su inocencia.
Cuarta. La excepcionalidad se ha normalizado.
Quizá esta sea una de las herencias más profundas del 11-S. La lucha contra el terrorismo legitimó un gigantesco aparato de vigilancia, controles fronterizos, recopilación de datos, drones, listas de sospechosos y expansión de los poderes ejecutivos.
Relacionado con este tema
Trump recibe en la Casa Blanca al presidente de Siria y exdirigente de Al Qaeda, Ahmed Al-Sharaa
Muchas de aquellas medidas fueron presentadas como excepcionales. Una parte importante terminó quedándose.
Y esa lógica ha viajado mucho más allá del terrorismo. Migración, fronteras, pandemias, desinformación, ciberseguridad o competencia tecnológica se formulan mediante el lenguaje de la seguridad. Cuando prácticamente cualquier cuestión puede convertirse en amenaza existencial, la frontera entre política ordinaria y política de excepción comienza a desaparecer.
El mundo posterior al 11-S no inventó la securitización. Pero contribuyó decisivamente a normalizarla.
Quinta. El orden liberal que pretendíamos defender se ha debilitado también desde dentro.
Después de los atentados, George W. Bush presentó la respuesta estadounidense como defensa de la libertad frente a quienes la odiaban. Afganistán e Irak terminaron incorporándose incluso a una narrativa de democratización de Oriente Medio. Resulta difícil imaginar ese discurso en 2026.
Las democracias liberales atraviesan procesos profundos de polarización, desconfianza institucional, crisis de intermediación y erosión de los contrapesos. El autoritarismo ya no aparece únicamente como una amenaza exterior procedente de Rusia o China. La erosión democrática se produce también desde dentro de sistemas formalmente democráticos. Hoy Estados Unidos, bajo Trump, ha dejado de presentarse inequívocamente como garante del orden liberal internacional. En 2026 la división del mundo entre democracias y autocracias resulta cada vez menos capaz de explicar cómo funciona realmente el poder.
Sexta. Hemos pasado del miedo al terrorismo al miedo al desorden.
Esta es quizá la transformación que resume todas las anteriores. El 11-S produjo un enemigo reconocible. Al Qaeda tenía nombre, liderazgo, territorio y una ideología identificable. El mundo de 2026 resulta mucho más difícil de ordenar.
Guerra en Ucrania. Guerra con Irán. Rivalidad entre Estados Unidos y China. Crisis del multilateralismo. Rearme. Cambio climático. Inteligencia artificial. Desinformación. Migraciones. Competencia por recursos y tecnologías. Polarización política. No existe una amenaza que organice todas las demás. Han aparecido nuevos conceptos para nombrar esta situación, policrisis, permacrisis, que intentan ofrecer un diagnóstico que permita una mejor comprensión de lo que sucede. Policrisis como la simultaneidad de crisis independientes que se retroalimentan y amplifican, o permacrisis o la sensación de crisis permanente y sin un final claro, son conceptos que se han instalado en nuestro lenguaje.
Por eso el aniversario del 11-S debería servir para algo más que recordar dónde estábamos aquella mañana. También permite comprender hasta qué punto ha desaparecido el mundo en el que aquellos atentados tuvieron lugar. En 2001 temíamos que actores no estatales fueran capaces de destruir el orden internacional. Veinticinco años después, el problema es diferente y quizá más inquietante: son los propios Estados, incluidas algunas de las potencias que construyeron aquel orden, quienes están cuestionando sus reglas acompañados de nuevas propuestas de organización política y económica como las de los tecnoligarcas.
El 11-S inauguró la era de la guerra contra el terror. Su vigésimo quinto aniversario nos encuentra ya en otra época: la de la competencia por decidir qué orden, si alguno, ocupará el lugar del que estamos dejando atrás.
Sobre la firma
Ruth Ferrero-Turrión
Profesora de Ciencia Política y Estudios Europeos en la UCM.
Etiquetas
- Atentados 11-S
- atentados
- Estados Unidos (EEUU)
- Guerras
- Internacional
- globalización
- Al Qaeda
- Aniversarios
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.








































