“La democracia no sirve si la gente no puede cubrir sus necesidades”

Se convirtió en el primer alcalde socialista de Nueva York hace ahora ocho meses con la promesa de que otra manera de hacer política es posible. Aunque no faltan los críticos, la energía del efecto Mamdani se siente en la ciudad y en las filas demócratas de Estados Unidos. Su obsesión: mejorar la vida de la clase trabajadora

Zohran Mamdani
Alcalde de Nueva York

Paola NagovitchLuis Doncel
12 SEPT 2026 – 23:30 AST

“Lo único que se interpone entre mis vacaciones y yo son ustedes”, bromea Zohran Kwame Mamdani al recibir a El País Semanal la tarde de un viernes. Está a punto de tomarse una semana libre, su primer descanso desde que llegó a la Alcaldía de Nueva York a principios de año. Será una pausa necesaria. No solo porque desde enero ha llevado un ritmo frenético con una agenda pública abarrotada y cronometrada hasta el último segundo, sino porque la vida de este milenial de 34 años se ha visto completamente transformada en muy poco tiempo. Hace un año vivía junto a su esposa en el apartamento de una habitación de renta regulada en el condado de Queens que alquilaba desde 2018. Ahora reside en una mansión construida en 1799 al otro lado del East River, en Manhattan, y es uno de los políticos más influyentes de Estados Unidos.

Mamdani mantiene un aura familiar a pesar de gobernar una ciudad de 8,5 millones de personas. Hablar con él hoy, tras ocho meses en el cargo, es muy parecido a hacerlo con el desconocido que inició su campaña en 2024. Es carismático y sonríe siempre, algo que le ha granjeado críticas por considerar su gesto forzado. Él responde que su optimismo es algo que le inculcaron sus padres. En la Sala del Gobernador del Ayuntamiento, rodeado de retratos del siglo XVIII y XIX y con el escritorio del presidente George Washington de fondo, responde a las preguntas de corrido. En su primera entrevista extensa con un periódico en español, el alcalde evita entrar en los charcos que no quiere pisar, devolviendo respuestas bien construidas pero sin salirse del entorno en el que más cómodo se siente: la necesidad de hablar a la clase trabajadora de Nueva York.

05:17
Entrevista a Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, resumida en 5 minutos
Zohran Mamdani posa para ‘El País Semanal’ en la Sala del Gobernador del Ayuntamiento de Nueva York.
Foto: Víctor llorente | Vídeo: EPV


Solo cuando se le pregunta por un asunto personal parece dudar unos segundos y entrar en un terreno más vulnerable. Desde su llegada al poder, los medios han hablado sin cesar de su esposa, la artista e ilustradora Rama Duwaji. Él reconoce que lo que peor lleva de su nueva vida son los mensajes de odio que reciben él y su entorno más cercano. “Ella es más importante para mí que cualquier otra cosa. Cuando trabajas en política, cosas que antes te parecían clichés adquieren un significado muy real. Cuando eres joven escuchas a los políticos decir que sus familias no pidieron este tipo de vida, y no terminas de entenderlo. Pero cuando lo vives en primera persona, te das cuenta de que tú elegiste hacer este trabajo. Ellos no. Lo único que eligieron fue quererte. Y eso no significa que sus vidas deban transformarse por tu decisión”.

Al preguntarle si eso le lleva a plantearse la política como una ocupación temporal, para retirarse sin mucha demora a una vida más privada, es cuando se hace un largo silencio. “No lo había pensado de esa manera”, admite. Tras la pausa, añade: “Me siento increíblemente afortunado de que ella forme parte de mi vida. Y seguiré haciendo todo lo posible para que pueda vivir la suya de la manera más sencilla posible”.

“La mayoría de los neoyorquinos no me pregunta cómo defino mi política, sino si hay espacio para ellos dentro de ella”, dice Mamdani, el alcalde de Nueva York.
Víctor Llorente


El ascenso de Mamdani ha sido meteórico: pasó de ser miembro de la Asamblea del Estado de Nueva York, con un apoyo mínimo en su carrera por la Alcaldía, a sorprender al país al convertirse en el primer regidor socialista del epicentro capitalista del planeta. En la cuna de Donald Trump, aquellos comicios del pasado noviembre se vieron como un referéndum contra la elección del republicano un año antes. Y la victoria de este inmigrante musulmán nacido en Uganda que prometía ser “la peor pesadilla” del presidente devolvió un poco de luz a los progresistas en un país que se asomaba al abismo de un segundo mandato de Trump.

Pese a todo, él prefiere no definirse a sí mismo como “anti-Trump”. “Dejaré que sean otros quienes me etiqueten. Etiquetas no me faltan”, señala, consciente de que el propio presidente lo ha llamado hasta “lunático comunista”. Tampoco se le ve deseoso de compartir esa etiqueta con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que en asuntos como el gasto en defensa o el apoyo a Palestina ha liderado la oposición europea al mandatario republicano. “Es la misma pregunta que planteaba el rapero Tupac: ¿por qué siempre parece haber dinero para la guerra, pero no para los pobres? Y en lo que respecta a Palestina, no debería existir una excepción al hablar de derechos humanos universales. Así que, en esos dos temas, me alinearía con Sánchez”.

—¿No se siente cómodo con la etiqueta de anti-Trump?

—He sido muy claro en que he tenido una amplia gama de desacuerdos con el presidente. Sobre inmigración, por ejemplo. Le he dicho directamente que el ICE es una agencia que opera con crueldad e inhumanidad. Debería ser abolida. Se ha hablado mucho de lo joven que soy, pero soy más viejo que el ICE, y aun así seguimos viendo a personas incapaces de imaginar un futuro sin esa agencia.

Mamdani, en el desfile dominicano de Nueva York, el pasado mes de agosto.
Víctor Llorente


No es de extrañar, teniendo en cuenta su propia biografía, que le afecten especialmente las redadas migratorias de la Administración republicana y el desatado Servicio de Inmigración de EE UU, cuyas siglas —ICE— ya son internacionalmente reconocidas, y sus agentes —­hombres encapuchados que persiguen y matan personas, algunas de ellas ciudadanas estadounidenses—, temidos.

Nacido en Kampala en 1991, la historia de la familia de Mamdani es también la historia de varias generaciones de emigrantes. “Soy un neoyorquino indio-ugandés. Es el sueño de la inmigración mestiza”, dijo hace tiempo. Su padre, el académico Mahmood Mamdani, procede de una estirpe de musulmanes indios que emigraron a África a finales del siglo XIX. Durante la dictadura de Idi Amin en Uganda en los años setenta, Mahmood y su familia se vieron forzados a exiliarse en centros de refugiados de Londres. Su madre es la conocida directora india Mira Nair.

El pequeño Zohran se mudó a Estados Unidos en 1999 tras obtener su padre una plaza como profesor en la Universidad de Columbia. El hoy alcalde de Nueva York obtuvo la nacionalidad estadounidense a los 26 años, tras graduarse en sus estudios universitarios. El haber nacido en el extranjero le impide aspirar a ser presidente o vicepresidente, pero no sentirse profundamente estadounidense y reivindicar su ideología como parte importante de la historia de este país. El primer alcalde musulmán de Nueva York es, también, el que acaba de participar en el 25º aniversario de los ataques yihadistas que sufrió la ciudad el 11 de septiembre de 2001. Una campaña lanzada por algunos familiares de víctimas, que alcanzó unas 100.000 firmas, le había solicitado que no asistiera recriminándole una “retórica hostil” hacia los valores compartidos de la conmemoración.

“Hay gente que tiene miedo a salir a la calle por el ICE», dice Mamdani.
Víctor Llorente


La política migratoria de Trump fue una parte significativa de su campaña. En los últimos meses de la carrera por la Alcaldía, el presidente amenazó con desplegar en Nueva York tropas de la Guardia Nacional, como ya había hecho en otras ciudades gobernadas por demócratas para reforzar su ofensiva antiinmigrante. Mamdani rechazó esa amenaza y todas las demás lanzadas por la Casa Blanca contra las comunidades de inmigrantes de Nueva York, que representan el 38% de la población de la ciudad.

La noche de su victoria, el alcalde electo se dirigió directamente al presidente —“Donald Trump, sé que estás viendo esto, tengo tres palabras para ti: sube el volumen”— y le recordó: “Nueva York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes: una ciudad construida por inmigrantes, impulsada por inmigrantes y, a partir de esta noche, dirigida por un inmigrante”. “Demasiado de este horror se ha incorporado a la vida cotidiana”, dice ahora Mamdani sobre la campaña de deportaciones masivas de Trump. “Las imágenes de las ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por el ICE han pasado a ser vistas como parte de lo que hace esa agencia. Y, francamente, eso refleja que no se trata de una anomalía en su funcionamiento, sino de una característica de su existencia”.

“En Nueva York”, destaca, “esto no afecta solo a individuos o a sus familias, sino a barrios enteros”. “Hay vecindarios en los que se ve menos gente en la calle porque tienen miedo de salir de sus casas. Y ese terror no afecta únicamente a las personas que no tienen papeles en regla, sino que se extiende a personas en cualquier situación migratoria, porque saben que el ICE a menudo elige a las personas basándose en la raza”.

“Bernie Sanders me mostró que mi visión política tenía un lugar en la ciudad que considero mi hogar”, dice el alcalde de Nueva York.
Víctor Llorente


Mamdani nunca menciona a Trump por su nombre a lo largo de la entrevista de 40 minutos. El político combativo que fue durante su campaña ha dado paso a uno más pragmático. Una de las primeras cosas que hizo tras ser elegido fue visitar al republicano en la Casa Blanca. “Soy el alcalde de Nueva York. Eso significa que tengo la responsabilidad de colaborar con cualquier persona que tenga el poder de mejorar la vida de quienes consideran esta ciudad su hogar, y eso incluye al presidente. Por eso, cada vez que me he reunido o he hablado con él, la conversación siempre termina volviendo a la ciudad”, señala. Aquella primera reunión, que tuvo lugar antes de que el socialista asumiera el cargo, fue seguida por una surrealista rueda de prensa, en la que una periodista le preguntó a Mamdani si seguía considerando a Trump un “fascista”, tal y como lo había calificado anteriormente. Antes de que pudiera formular una respuesta, el presidente respondió por él: “Puedes decir que sí sin más. No me importa”, dijo, y le dio una palmadita en el brazo.

—Usted no ha sido el único en llamar al presidente “fascista”. Los politólogos no se ponen de acuerdo en cómo denominar su ideología. Pero, al margen de los nombres, ¿cree que supone una amenaza para la democracia de Estados Unidos?

—Cuando pienso en las amenazas a la democracia, vuelvo a las palabras del alcalde Fiorello La Guardia y del presidente Franklin Delano Roosevelt sobre la desaparición de la democracia en Europa. La idea era que la democracia no murió porque la gente se cansara de ella como ideal. Murió porque la gente estaba agotada de no poder alimentar a sus familias. Con frecuencia hablamos de la democracia como un valor. Pero ¿de qué sirve ese valor si las personas no pueden cubrir sus necesidades básicas? Mucha gente trabaja en Nueva York, pero no puede permitirse vivir aquí. Para mí, eso representa una amenaza para la democracia tan grande como cualquier otra, porque la democracia debe tener un significado real para la gente trabajadora.

El primer regidor musulmán de Nueva York no tiene problema en autodefinirse como “socialista”.
Víctor Llorente


La clase trabajadora. A ella regresará el alcalde una y otra vez durante la entrevista. Él la ha definido como aquellos que se esfuerzan por una vida digna y no la consiguen. Ese mensaje fue la piedra angular de su campaña y sigue siéndolo ahora que está en el Ayuntamiento. Pese a algunos tropiezos, Mamdani ha logrado encaminar varias promesas de campaña, centrada en el coste de la vida en una de las ciudades más caras del mundo. Su principal victoria ha sido congelar la renta de casi un millón de viviendas con alquiler regulado, en las que viven más de dos millones de personas.

Su trayectoria ha inspirado a otros candidatos a presentarse en el resto del país en las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre, cuando está en juego el control del Congreso. Varios de ellos han salido de la propia formación de Mamdani, los Socialistas Democráticos de EE UU y, como hizo él, han triunfado en las primarias del Partido Demócrata, impulsados por votantes jóvenes que han demostrado que el temor de sus padres y abuelos a palabras como “socialismo” no pertenece a su generación.

Muchos de estos jóvenes citan a Bernie Sanders como fuente de inspiración. El senador de origen neoyorquino se postuló en 2016 para hacer frente a Trump en las primeras elecciones que llevaron al magnate al poder, pero perdió ante Hillary Clinton. Esa batalla dejó una herida que todavía escuece en el Partido Demócrata entre los progresistas y el establishment. Fue ese un momento fundamental para Mamdani. Con solo 24 años, se dio cuenta de que él también pertenecía a la política estadounidense. “Sanders me mostró que mi visión política tenía un lugar en la ciudad que considero mi hogar. Que no tenía que renunciar a ninguna parte de mí mismo para participar en la política. En 2016 creí en la promesa de que el futuro podía ser diferente. Lo maravilloso de este tipo de campañas es que sientan las bases para que muchas más personas crean que también pueden participar. Aquella candidatura cambió mi vida. Espero que el trabajo que hacemos hoy desde el Ayuntamiento pueda tener un impacto similar en otros”, dice, aunque probablemente sepa que ya lo ha tenido.

Fiesta de la noche electoral en el teatro Paramount de Brooklyn el 5 de noviembre de 2025.
Víctor Llorente


Claire Valdez conoció al ahora alcalde en 2023, cuando se planteaba postularse para la Asamblea de Nueva York. Entonces, Mamdani formaba parte del Parlamento estatal y los dos se movían en los mismos círculos de activismo. “Hablamos mucho sobre la posibilidad de usar nuestros cargos para movilizarnos fuera de la Asamblea. No se trata solo de aprobar leyes, sino de utilizar estos cargos para organizar a la clase trabajadora. Y eso fue, para mí, una fuente de inspiración”, recuerda en una conversación telefónica. Dos años después, en 2025, Valdez llegó a Albany, sede del poder del Estado de Nueva York. Allí, por segunda vez, Mamdani la inspiró a dar otro paso más en la política, esta vez a la Cámara de Representantes en Washington. Impulsada por lo que su compañero y amigo había logrado con su campaña de 100.000 voluntarios y sabiendo que ambos compartían “una visión” y “que existía un verdadero interés por el socialismo democrático”, Valdez decidió presentarse a las primarias demócratas de su distrito. Ganó, como también lo hicieron los otros dos candidatos al Congreso respaldados por Mamdani. En las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre, los tres se presentarán con todas las de triunfar ante sus rivales republicanos. Lo harán tras llevar a cabo campañas de base. Han rechazado las donaciones privadas que dominan la política estadounidense. Y priorizan llamar a las puertas de cientos de miles de hogares. Estos triunfos han consolidado lo que ha dado en llamarse el efecto Mamdani. En este ciclo electoral, al alcalde se le ha descrito como kingmaker, “hacedor de reyes”.

—Otra etiqueta: kingmaker. ¿Qué opina de ella? Trump se llama a sí mismo rey.

—Solo hay un rey en Nueva York, y ese es Jalen Brunson [el capitán de los Knicks] —dice entre risas.

La mirada, sin embargo, va mucho más allá de las elecciones de noviembre. Todos los caminos conducen a 2028, cuando, si respeta la Constitución, Trump tendrá que abandonar la Casa Blanca. La pregunta más importante que los demócratas aún deben responder es quién se enfrentará al Partido Republicano. Y esa respuesta debe aclararse cuanto antes. El problema es que, para llegar a ella, el partido debe antes superar una batalla ideológica que lleva gestándose desde hace una década.

Si la victoria de Mamdani y la de candidatos cercanos en lugares como Colorado, Minnesota o Míchigan sirven de indicio, parece que los progresistas están ganando terreno. Para el alcalde, eso debería influir en la elección de un candidato izquierdista en las próximas presidenciales. “2028 debería reflejar dónde estamos hoy”, afirma. Al preguntarle si eso supone un respaldo a Alexandria Ocasio-Cortez para que presente su candidatura a presidenta, se limita a responder: “La congresista Ocasio-Cortez sería buena en cualquier cargo para el que se presente. Estaré entusiasmado de ver cualquier decisión que pueda tomar”. Sí concreta el mensaje que cree que los votantes demócratas están enviando: “Tienen hambre de una política diferente, una política que ponga a los trabajadores en el centro. En 2028 tendremos que responder una pregunta: ¿hacia dónde irá el partido después de este Gobierno?”.

—¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta?

—Debemos no solo oponernos a esta Administración, sino también defender algo. Y ese algo es la clase trabajadora. Lo que debe definir al partido son las formas claras de mejorar materialmente su vida. Eso era el Partido Demócrata en tiempos de Franklin Delano Roosevelt, con ideas como las cuatro libertades: frente a la necesidad, frente al miedo, de culto y de expresión. Hoy algunos dirían que son ideales poco realistas, pero fueron la columna vertebral de un partido que movilizó a todo el país en un momento de enorme desigualdad, muy parecido al actual. Hablo como alcalde de la ciudad más rica del país más rico de la historia, donde una de cada cuatro personas vive en la pobreza.

El alcalde, durante una visita a empleados del departamento de Transporte en Queens, el pasado mes de abril.
Víctor Llorente


—A menudo cita el legado de Roosevelt. Medidas que usted defiende, como la sanidad universal, ¿plantean un Estados Unidos más europeo, más parecido al modelo socialdemócrata que triunfó en Europa tras la II Guerra Mundial?

—En realidad, sería un Estados Unidos muy estadounidense. Invito a la gente a mirar nuestra propia historia. Programas públicos como la Seguridad Social fueron acusados en su momento de intentar sovietizar la economía. Muchas de las cosas que hoy consideramos normales fueron demonizadas cuando se propusieron por primera vez, algo muy parecido a lo que vemos hoy. Me niego a aceptar la idea de que este tipo de políticas haría que nuestro país dejara de ser lo que es.

—Pero, volviendo a las elecciones de 2028, ¿cómo convencer a un país que votó dos veces a Trump de que apoye ahora a los demócratas, una formación con posiciones distintas y a veces contradictorias, como la que representa usted frente al establishment del partido?

—Cumpliendo con nuestras promesas. En Nueva York llevamos ocho meses demostrando cómo es la política que pone a los trabajadores en el centro. Esto significa guarderías públicas, autobuses más rápidos, crear una red que permita distribuir alimentos más baratos. Durante demasiado tiempo la política ha parecido un pasatiempo que solo algunos pueden permitirse, cuando en realidad debería ser una herramienta para ayudar a quienes luchan en este país a tener una vida mejor.

—¿No teme que palabras como “socialismo” o “comunismo” alejen a parte del electorado? Los republicanos ya las están usando para argumentar que ustedes son el mayor peligro del país.

—Los republicanos han llamado socialistas y comunistas a los demócratas desde mucho antes de que yo pueda recordar. Soy honesto: sí, soy socialista. Y lo que he descubierto es que la mayoría de los neoyorquinos no me preguntan cómo defino mi política, sino si hay espacio para ellos dentro de ella. Siempre se ha debatido qué aspecto tendría el socialismo. Nosotros hemos mostrado en estos meses cómo es: se parece a una ciudad que funciona para quienes la construyen cada día.

—Desde que volvió al poder, Trump se está enriqueciendo a una velocidad vertiginosa, usando la Casa Blanca para ello. ¿Cómo se ha llegado a ese nivel de corrupción?

—Cuando la gente ve cosas así, no es de extrañar que pierda la fe en la política. Llegan a la conclusión de que la política trata de promocionarse a uno mismo, en lugar de la solidaridad. La única manera de recuperar su confianza es ofrecer una forma completamente distinta de hacer política. Por eso, aquí en Nueva York, ese ha sido nuestro objetivo: demostrar que Washington no tiene por qué representar todo lo que Estados Unidos puede llegar a ser.

Mamdani, en un acto de campaña en Brooklyn a finales de septiembre de 2025.
Víctor Llorente


En Nueva York se respira la sensación de que este es un momento de alegría colectiva. El disfrute parece haber vuelto a una ciudad profundamente marcada por la pandemia del coronavirus y la crisis de la vivienda. Este verano fue eufórico: los Knicks ganaron su primer campeonato de la NBA en 53 años y lo celebraron con un desfile histórico al que asistieron más de dos millones de personas. Se disputaron ocho partidos del Mundial en la ciudad, incluida la final entre España y Argentina.

Mientras la popularidad de Trump cae, las encuestas muestran que la del alcalde está al alza. En agosto, un 69% de los neoyorquinos aprobaba su gestión, 20 puntos más que a principios de año. Parece como si en estos ocho meses el alcalde esté viviendo una especie de luna de miel alargada que en cualquier momento puede terminar. Aunque él prefiere no entrar en ese debate: “Dejaré que sean los neoyorquinos quienes juzguen cómo lo estamos haciendo. Esto no es un ejercicio de autocomplacencia; tiene que ser un esfuerzo por mejorar la vida de la clase trabajadora”.

Mamdani tiene muchos apoyos. Pero también muchos detractores. Desde la derecha critican que medidas como el impuesto a las mansiones de los multimillonarios o los supermercados públicos con precios accesibles terminarán por empobrecer a la ciudad. También el que, en su defensa del pueblo palestino, haya pedido la detención del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al que ha llamado criminal de guerra y arquitecto de un “genocidio horrible” en Gaza.

Hay voces que le reprochan alimentar un cierto antisemitismo y poner en peligro la convivencia en la ciudad con mayor población judía del mundo fuera de Israel. Él se defiende: “Mi responsabilidad es mantener seguros a los neoyorquinos judíos y asegurar que el objetivo no sea únicamente su seguridad, sino también celebrar y valorar la vida judía”. Pero mantiene su postura: “Es perfectamente posible eso al mismo tiempo que se formulan críticas honestas sobre la conducta de Netanyahu, dejando claro que la responsabilidad de sus acciones recae únicamente en él, y no en los judíos neoyorquinos que viven aquí”. Y añade: “El rechazo a las acciones del primer ministro se extiende entre muchos tipos distintos de neoyorquinos, incluidos numerosos judíos”.

Por otro lado, ciertos sectores de la izquierda le echan en cara mantener intactos organismos como la militarizada policía de Nueva York. Una de las críticas que le hace el periodista Theodore Hamm, autor de la biografía Meet Mayor Mamdani, es que, tras sumarse a los que pedían rebajar la financiación a la policía, una vez en el poder, mantuviera a Jessica Tisch, la responsable del ramo en la Administración anterior.

Al pedirle un rasgo que defina a Mamdani, Hamm, que lo siguió durante toda la campaña, recuerda una escena que vio en esos meses, cuando en un acto se le acercó un hombre a gritarle “antisemita” y otros insultos. “Me impresionó que, en medio de ese caos, Mamdani se sentara con calma mientras sonreía hablando con los voluntarios”, recuerda. A Hamm le sorprendió la imperturbabilidad del entonces aspirante a alcalde en medio de la tensión. Y lo ve como un ejemplo de que el joven político ya estaba listo para la batalla, y de cómo afrontaría las crisis a partir de entonces: “Resistiendo a los ataques, manteniendo la compostura y el buen ánimo y ciñéndose a su mensaje”.

Interactuar con sus votantes es quizá el ámbito en el que Mamdani parece sentirse más cómodo y relajado. Mientras ante la prensa parece tímido o incluso reservado (durante la sesión de fotos para El País Semanal permaneció mudo), en las calles de la ciudad es donde parece más vivo. Ya sea en los desfiles de las comunidades puertorriqueñas y dominicanas a los que asistió este verano, o simplemente mientras vuelve a casa en bicicleta. Hasta hace poco lo hacía sin casco. Pero ante las críticas por la falta de seguridad, grabó un vídeo en redes sociales en el que anunciaba que atendía a los mensajes. “Tienen razón. Tengo que hacerlo mejor”, decía con el Stayin’ Alive de los Bee Gees de fondo y mientras sacaba un casco de una caja de cartón con un cartel que decía: “Para el alcalde”.

Sus redes sociales continúan siendo su principal forma de interactuar. Con sus votantes neoyorquinos pero también con gente de cualquier parte de Estados Unidos o del extranjero. Suma más de 30 millones de seguidores y comparte vídeos con un lenguaje moderno y muy trabajado, en los que un día puede hablar mandarín y otros grabarse en el portal del ático de 238 millones de dólares del empresario Ken Griffin para anunciar un impuesto inmobiliario a los superricos.

Una tendencia reciente refleja el dominio de su equipo de redes sociales. Hace unas semanas, los neoyorquinos comenzaron a publicar vídeos sobre problemas cotidianos, etiquetando al alcalde y pidiéndole ayuda: desde calles deterioradas hasta fuentes de agua potable que faltaban. Algunas de estas quejas comenzaron a recibir atención y a ser atendidas por el Ayuntamiento. En un vídeo que se volvió viral, un joven señaló dos baches antes de irse a trabajar y le pidió a Mamdani que se ocupara de ellos. Cuando regresó a casa esa misma tarde, los hoyos ya habían sido reparados.

Mamdani también cuenta con un canal de Whats­App para conectar con los neoyorquinos hispanohablantes, lanzado este verano bajo el nombre El chisme oficial de NYC. En él envía todo tipo de información para que la comunidad latina esté al tanto de lo que sucede en su administración. Todo en su propio idioma. Incluso manda algunos mensajes de voz en español. Aunque ante El País Semanal, el alcalde no se atreve a hablar en castellano. Pide disculpas y reconoce (en inglés): “Aún me queda camino por recorrer para alcanzar la fluidez”.

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