Profetas en su Tierra… Detrás de ‘Recuerdos de mi Valenciano’

Muchos dicen que no son o que no han sido profetas en su tierra… pero éste no es el caso para los artistas junqueños Ken Burgos y Edgardo Delgado, en su pueblo natal. Y, a continuación, conoceremos por qué Juncos cuenta con dos ‘valencianos’ de corazón y de excelencia; dos histriones que fluyen y nutren a su gente y a su País.

Los artistas Edgardo Delgado (izquierda) y Ken Burgos (derecha) lograron su cometido ante el reto de la creación y puesta en escena del espectáculo músico-teatral “Recuerdos de mi Valenciano: mi pueblo, mi corazón, mi pequeño París”. Aquí acompañados por el escritor Juan Carlos Almeda y el actor y profesor de teatro Carlos de la Cruz. (Foto por Adriana Pantoja).

Por Adriana Pantoja
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

 Un poquito de historia…

Juncos, ‘la ciudad del Valenciano’ (conocida así gracias al río que cruza a este pueblo y a su adyacente, Las Piedras), fundada el 2 de agosto de 1797, es uno de los municipios del centro-este de Puerto Rico, rodeado de verdor, cultura y mucha historia. Y es, precisamente, toda esta historia la cual, con efectividad y sentimiento puro, se transmitió a través del espectáculo músico-teatral ‘Recuerdos de mi Valenciano: mi pueblo, mi corazón, mi pequeño París’, el cual tuvo su corrida desde el 23 hasta el 30 de agosto de 2026, en el recién remodelado y reinaugurado Teatro Junqueño Rafael A. Castro Pereda.

El Teatro Junqueño fue construido circa 1912 y fue renovado en 1996 para seguir fungiendo como templo cultural de Juncos. En 2000, mediante resolución municipal, se le bautizó con el nombre de Rafael A. Castro Pereda (1954-2000), galardonado periodista, escritor y profesor junqueño, “un defensor incuestionable del idioma español”, como lee su semblanza familiar.

Este espacio cultural estuvo en constante funcionamiento hasta la llegada del huracán María, en septiembre 2017. Su cierre forzoso durante años, debido a los enormes daños ocasionados por el desastre natural, dejó a los junqueños sin un lugar para realizar y disfrutar de su quehacer cultural. Pero gracias al encomiable esfuerzo del alcalde de Juncos, Alfredo ‘Papo’ Alejandro Carrión, al igual que el de todo su equipo de trabajo municipal, se logró allegar una gestión millonaria, incluyendo fondos de FEMA, la cual permitió la reconstrucción del Teatro Junqueño.

Según el público, quien llenó a capacidad todas las funciones, “Recuerdos de mi Valenciano” fue el comienzo perfecto para la reapertura del Teatro Junqueño Rafael A. Castro Pereda, en agosto de 2026. (Foto por Adriana Pantoja).

A justo nueve años del huracán María y a propósito de la celebración de los 229 años de la fundación del pueblo, en agosto de 2026, el Municipio Autónomo de Juncos y su Departamento de Arte, Cultura y Turismo, lograron su sueño: reinaugurar el Teatro Junqueño. Pero este nuevo comienzo no solo significó recuperar un edificio histórico: fue devolverle a la comunidad su espacio cultural y parte de su identidad.

El comenzar de un anhelado sueño…

Cuando el artista junqueño Edgardo Delgado De Jesús comenzó a trabajar para el Departamento de Arte, Cultura y Turismo de su pueblo, en 2023, aun no se había pautado fecha ni detalles específicos para la subasta dedicada a rehabilitar el teatro. Esto para Delgado -quien tuvo sus comienzos teatrales en este espacio, en 2004, de la mano de la teatrista riopedrense Zora Moreno- era un pesar muy grande; pero a ese momento no podía hacer nada. Esto le correspondía únicamente a las altas esferas del municipio. Mientras tanto, solo soñaba con el día en el cual este espacio, tan importante en su crecimiento artístico, se pudiese recuperar.

Y, de repente, todo comenzó a movilizarse frente a sus ojos de manera vertiginosa. “Un día, durante la presentación de una comedia, en otro espacio, el Alcalde me comentó emocionado que le gustaría reinaugurar el Teatro Junqueño con una obra mía. Pero pasó el tiempo y yo pensé que su comentario había nacido de la euforia del momento y que había caído en el olvido. Pero no fue así”. Poco a poco, Delgado se fue enterando de los planes municipales, de la subasta, de los preparativos… ¡Todo iba muy adelantado! No obstante, no pensó que la oferta del alcalde fuese parte de esa propuesta final… Hasta que un día…

“La directora de cultura (Denisse Oyola Cay) se me acercó y me comentó que quería que yo trabajase con ella el proyecto de reinauguración del teatro”. Pero Oyola Cay también le mencionó a Edgardo que su idea era realizar un musical. “Ahí me dije, ‘¡Anda!’… Le comenté a mi jefa que el teatro musical es uno de los estilos más complicados para realizar, que conlleva muchas cosas y que yo no había trabajado ni dirigido musical alguno. Pero también le dije que era el estilo que más disfrutaba presenciar y con el cual más soñaba trabajar… algún día. O sea, dije sí… aunque con susto”.

A pesar de su anhelo y de aceptar una petición tan tentadora como emocionante, Edgardo estaba consciente que no poseía destrezas en baile. De ahí surge parte de su susto inicial. “Lo mío es la actuación, no el baile… Y, bueno, también domino un poco el canto, porque lo hago desde chiquito. Pero decir que poseo todas las destrezas que conlleva el teatro musical, de manera profesional, como Dios manda… pues, no”. Sin embargo, en febrero de 2026, junto a su jefa inmediata, el ‘pequeño ruiseñor’ comenzó a elaborar todo lo concerniente al proyecto de teatro musical para la reapertura del Teatro Junqueño.

El que lo hereda, nunca lo hurta…

Edgardo Delgado -apodado el “pequeño ruiseñor” por su padre, el trovador Edgardo Delgado Lebrón- y Ken Burgos -a quien su madre, Wandivette Cruz, acercó a las artes, desde muy temprana edad-Aquí los histriones comparten con familiares de Delgado, al finalizar una función. (Foto suministrada por Edgardo Delgado).

Cabe señalar que Edgardo Delgado De Jesús (Jr.) es biznieto del trovador Don Ramón Delgado Rodríguez, quien fuese bautizado como ‘El Ruiseñor’ por Don Rafael Quiñones Vidal, en su programa ‘Tribuna del Arte’. Su abuelo, Don Alejandro Delgado fue, igualmente, un virtuoso de la trova puertorriqueña. Y su padre, el también trovador Edgardo Delgado Lebrón, ha cultivado -y sigue trabajando- la música típica por sobre 45 años. A todos ellos, a la familia completa, se les conoce como ‘Los Ruiseñores’. Es por esta razón que Edgardo Jr. tuvo sus comienzos artísticos en la música, formando parte -al igual que su hermana Metzaisha- del grupo musical ‘Los Ruiseñores’, con su padre y su abuelo Don Alejandro.

“Me cuenta mi madre, Teresa de Jesús (apodada Muñeca), que cuando ella estaba embarazada de mí y papi improvisaba, yo bailaba en la barriga. Y, también, que cuando papi cantaba en la televisión, yo, chiquito, corría, me pegaba a la pantalla y cantaba ‘le-lo-lai, le-lo-lai’. Por cierto, fue papi quien me bautizó como el ‘pequeño ruiseñor’ en la Feria Bacardí, 1990, la cual ganó como trovador. Y cada vez que yo subía a cantar con él en tarima, me presentaba con esa estrofa con la cual me bautizó frente al público, siendo yo apenas un recién nacido: ‘Mi pequeño ruiseñor, cuando crezcas te suplico que exaltes a Puerto Rico siendo también trovador’. Y es que mi padre siempre ha tenido fe en las nuevas generaciones que se levantan en las artes, en especial en la música típica. De hecho, él fue el primer maestro de trova en Juncos; fue quien sembró esa semilla que todavía hoy se desarrolla en mi pueblo”, nos comenta Edgardo con sumo orgullo.

No obstante su herencia musical, el teatro se convirtió en pasión de vida cuando Edgardo tuvo contacto con esta disciplina, en Juncos, de la mano de Zora Moreno, en 2004. Por lo tanto, a pesar de estar estudiando música en la Escuela de Bellas Artes de Humacao, Edgardo habló seriamente con su papá, estableciendo su decisión de cambio en la escuela. Y, para su sorpresa, su padre entendió sin problemas: Edgardo pudo hacer el intercambio de concentración en su escuela, en Humacao; y, a la vez, seguir estudiando teatro con Zora Moreno en Juncos. Y el resto es historia.

El sueño continuó su curso…

En febrero de 2026, se comenzó a elaborar una lluvia de ideas sobre cuáles temas se podrían abordar en el musical de apertura para el Teatro Junqueño. “La idea era que fuese un musical original, sobre la historia del pueblo, sobre sucesos importantes, sobre gente que impactó, sobre cosas de nuestros antepasados…”, comenta Delgado. Y ya, durante el mes de marzo, es Edgardo quien sugiere comenzar directamente con el proceso creativo. Es en ese momento cuando se integran dos artistas importantes para el proyecto: el escritor Juan Carlos Almeda y el actor Ken Burgos.

Burgos, quien actualmente es el Valor del Año en Arte, Cultura y Entretenimiento de Juncos (diciembre 2025), dijo inmediatamente que sí para participar como asesor creativo en el proyecto teatral en formación. “De un comentario inicial sobre querer hacer un musical para abrir el teatro, surgió un deseo; y, de ahí, surgió un sueño y un proyecto final maravilloso. ¡Tenía que decir sí!”.

Ken Burgos tuvo la oportunidad dorada de compartir escena -y personaje- con el experimentado actor junqueño (y profesor de teatro de la Escuela Municipal de Bellas Artes de Juncos), Carlos de la Cruz. (Foto por Alanis Manzano).

Convocado por Edgardo Delgado, quien ya había comenzado la investigación histórica de temas y ya escribía el libreto, cooperativamente, con Juan Carlos Almeda, Burgos entró al proyecto para darle forma y coherencia a todo lo visual e histriónico. “Pasamos varias amanecidas, conformándolo todo, dándole forma a las ideas, a lo histórico, sumando detalles, desechando lo que entendíamos no funcionaba… Y, poco a poco, surgió una idea concreta, con canciones y trama, que nos convenció y agradó a los tres.

Entonces, Juan Carlos se llevó toda la información desarrollada; y fue quien, finalmente, le dio forma a lo que se convirtió en la pieza músico-teatral ‘Recuerdos de mi Valenciano’. Fue un proceso creativo tipo laboratorio, el cual trabajamos con ahínco y pasión desde marzo”.

Sin duda alguna, fue un proyecto ambicioso, con sobre 90 personas en escena, de las cuales casi un 90% eran junqueños (el 10% restante eran personas que, de algún modo, estaban unidas a Juncos, vivieron en algún momento en el pueblo o eran producto de los Talleres de la Escuela Municipal de Bellas Artes Ángel L. Díaz Lebrón, de Juncos). “El apoyo del Municipio y de la Escuela fue clave para que el sueño fuese realidad; particularmente, el apoyo de la Escuela, de los Talleres. Por años, allí se han formado muchos junqueños en baile, música, teatro… en fin, en todas las ramas artísticas. En los Talleres, nosotros conseguimos el talento para la obra y los muchachos lograron una experiencia única, en un proyecto a gran escala, por así decirlo”, mencionó Burgos.

Su primera vez en el Teatro Junqueño…

“Soy de Juncos, pero nunca tuve la oportunidad de trabajar artísticamente en el Teatro Junqueño, hasta ahora. Y debo decir que, una vez entré al espacio, me asusté. Vi el espacio por primera vez y lo vi bien grande… no porque fuese grande como tal, sino porque estaba en casa… No sé si me explico: era otro nervio, independientemente del tamaño del teatro. Era el nervio de la responsabilidad como artista hacia mi pueblo”.

Ken Burgos Cruz se formó entre su pueblo natal, la Universidad de Puerto Rico, en Humacao y la Universidad del Sagrado Corazón -esta última, igual, es el alma máter para Edgardo Delgado-. Ken nunca se hospedó en San Juan mientras estudiaba en el Sagrado; y, como bien menciona, “soy el mejor amigo de la carretera número 30 y la 52 de Puerto Rico”.

Con “Recuerdos de mi Valenciano”, Burgos tuvo su primera oportunidad de trabajar artísticamente en el Teatro Junqueño, tarea que realizó con responsabilidad y ahínco. (Foto suministrada por Ken Burgos).

Y, también, como su compueblano Edgardo, Ken siempre estuvo muy cerca de la música. “El arte, la música, el teatro, todo esto siempre ha estado presente en mi vida desde pequeño. Y se lo debo a mi madre, Wandivette Cruz. Ella es una artista sin estudios formales, pero con el arte en su corazón: para mí, ella es una artista completa. Gracias a mami, siempre estuve expuesto a la música, al canto, a la pantomima, al teatro, a lo físico-teatral… Sin embargo, a la hora de comenzar mis estudios universitarios (de hecho, desde mi escuela superior), me inclinaba por las ciencias como primera opción para hacer una carrera. En esos momentos, yo no veía a las artes como una opción de vida. Por eso, le di dos años a la microbiología: yo quería ser biotecnólogo. Pero, justo antes que eso pasara, que ese camino continuara para mí, de repente, me di cuenta que no quería pasar mi vida encerrado en un laboratorio. El escenario me llamaba mucho, sí, pero fue difícil para mí entender que ése era el camino correcto. Y estuve luchando con mi indecisión como por 6 meses. Y es que escuchamos mucho el ‘no se puede’; y, a nivel industrial, no invalido que eso tenga algo de verdad, en términos de lo difícil que pueda ser vivir del arte. Pero descubrí que la llave era comprometerse: al final del día, es felicidad, es plenitud, es vocación, es pasión”, asevera Ken con firmeza.

Del sueño a la realidad…

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, Edgardo Delgado y Juan Carlos Almeda continuaban con la investigación histórica, buscando información física, como también información de personas que habían vivido momentos claves en la historia de Juncos. El proyecto iba tomando forma, pero no dejaba de ser uno monumental: era reflejar toda la historia y momentos que formaron a Juncos, desde básicamente sus comienzos hasta llegar a nuestros días.

“Desarrollamos una lista de preguntas para que las personas fueran contestando según sus recuerdos y vivencias, según las historias del pueblo. Y, de ahí, íbamos conformando la obra. Juan Carlos y yo comenzamos a diagramar la trama según toda la información que recibíamos, pero tratando de hacerla ordenadamente. La idea era lograr un texto que narrase la memoria, la identidad y las tradiciones que han dado forma al pueblo de Juncos”, menciona Delgado.

Y aunque se utilizaron eventos, sucesos e historias reales de Juncos, Delgado acepta que el texto contiene mucho anacronismo, además de ficción e imaginación; y que no hay eventos biográficos como tal, aunque sí se utilicen nombres reales. “Hay eventos fuera de época, porque necesitábamos que la pieza tuviese una coherencia hacia nuestros tiempos. Por ejemplo, en una escena hubo un deambulante que ya no está vivo, pero quisimos traerlo a escena, como si aún lo estuviese, para honrarlo. Él también es parte de nuestra historia. Igualmente, tuvimos nombres de personalidades junqueñas, pero no necesariamente era algo biográfico. Nosotros lo que buscábamos era honrar sus nombres, sus memorias y su aportación, que se supiese que no los olvidamos”.

La entrada de Ken Burgos al proyecto trajo una cohesión particular al proceso en general. “Ken es una persona sumamente inteligente y sabe un montón, lo cual fue crucial para el progreso y coherencia de la producción en general. Nosotros teníamos un revoltillo de ideas, pero, ajá, vamos a organizarnos… Había que ordenar ideas, pero también los años, las lógicas de los personajes, la coherencia de los sucesos (aunque hubiese anacronismos). Y ahí llegó Ken al rescate. Él tiene una mente y un talento privilegiados; y ayudó mucho a que todo engranara como debía ser”, comenta Delgado agradecido.

El apoyo del Municipio de Juncos y de los Talleres de la Escuela Municipal de Bellas Artes Ángel L. Díaz Lebrón fue fundamental para lograr la producción teatral, ofreciendo talento, tiempo, coordinación, orientación y espacio para ensayos. (Foto suministrada por Ken Burgos).

Por otra parte, estos creadores tenían otro reto ante sí: para la obra, no se vislumbró música original, sino canciones de junqueños que ya han trascendido o piezas ya conocidas. “O sea, que debíamos escribir la obra alrededor de estas canciones y eso no era tarea fácil”. Y, ante este reto, a Edgardo se le ocurre crear la historia de una familia junqueña de nuestros tiempos, la familia Algarín, que debe enfrentarse a una decisión trascendental, la cual cambiará sus vidas para siempre: emigrar definitivamente de Juncos hacia el extranjero.

Y ya, para mayo de 2026, se tuvo un libreto final, las canciones escogidas, las primeras audiciones y pruebas realizadas, unas primeras lecturas muy emotivas y emocionantes… Pero había algo más complicado por lograr: un itinerario multidisciplinario de ensayos, que fuese efectivo, porque no solo era actuación: era baile, música, canto… todo dividido, pero a la vez. Y con una fecha de estreno ya pautada: agosto de 2026.

La trama, los personajes y los actores…

Durante las fiestas del pueblo de Juncos -en las cuales se ven a los distintos vendedores tradicionales (de las yemitas de Quintín, de los pinchos, de las frituras de Claudina, etc.), al igual que a personajes cotidianos como el borracho, el poeta, la vendedora de billetes de la lotería y el limpiabotas, a Alfonso Algarín (Edgardo Delgado) se le ocurre despedirse de la casa de sus padres, al momento abandonada. Si se va a vivir fuera de Puerto Rico, con su familia, Alfonso quiere rememorar su vida e historia, revisitando el lugar de su infancia por última vez. Pero también quiere que sus tres hijos, Alfonso (Sebastián Trujillo Pérez), Mateo (Jahed Burgos García) y Carmen (Noraimelee Falcón Soto), conozcan un poco sobre sus antepasados, para que no los olviden a la distancia.

Con esta premisa, el texto presenta la importancia de las raíces del junqueño, la profundidad de dichas raíces y cómo conforman la vida e identidad del pueblo, no importando a dónde viaje un nativo de Juncos. “Decidimos buscar nombres que representasen a personajes importantes. Por ejemplo, mi personaje, Alfonso: así se llama la escuela intermedia de Juncos. De hecho, la escuela se llama Alfonso Díaz Lebrón, quien fue hermano de los músicos junqueños los Hermanos Díaz, quienes tocaron en la obra. Fue hermano de Tato Díaz, el de Los Hispanos; de Gilberto Díaz Lebrón; y de Ángel Luis Díaz Lebrón, cuyo nombre lleva la Escuela Municipal de Bellas Artes, donde tuvimos la dicha de ensayar. Y, además, este último junqueño también creó el himno de nuestro pueblo”, comenta Edgardo.

La historia continúa según la familia Algarín llega a la casa abandonada. Alfonso hijo, retoño mayor de Alfonso Algarín, encuentra una libreta, tipo diario, perteneciente a su abuelo. Más que un diario, este cuaderno era el poemario del abuelo y, además, un recuento de su vida, ilusiones, desencantos, pasión por Margarita (su esposa), preocupaciones y amor por la tierra, por Juncos, por el País. Según se va desarrollando la trama, es solo Alfonso hijo quien puede ver y conversar con Abuelo Algarín (Carlos de la Cruz), ya fallecido, quien le da pistas sobre la historia de Juncos, sobre la historia familiar y sobre lo que puede hacer para tratar de convencer a su padre de no emigrar, todo entrelazado con poesías, canciones, bailes y música típica. Cabe señalar que la actuación del joven Sebastián Trujillo Pérez, como Alfonso hijo, es una muy honesta y creíble; se ve un potencial significativo en su futuro, si él decide continuar en el campo de la actuación teatral.

“La idea era que fuese un musical original sobre la historia del pueblo, sobre sucesos importantes, sobre gente que impactó, sobre cosas de nuestros antepasados…”, comentó Edgardo Delgado. Escena de los cortadores de caña de azúcar, con Rodrigo De Jesús, Ángel Goytía, Edwin Rojas, Félix Gómez y Ken Burgos. (Foto por Adriana Pantoja).

La esposa de Alfonso padre es Isabel Flores (Andrea Rivera), tal como se llama la escuela superior vocacional de Juncos, honrando a una importante maestra junqueña. Por otra parte, Algarín es un apellido importantísimo para Juncos, siendo Martín Algarín uno de sus primeros alcaldes, en el siglo 18 (y, Margarita, su esposa). Curiosamente, el personaje que interpretaron tanto Ken Burgos (de joven) como Carlos de la Cruz (de abuelo), se llama Martín Algarín, aunque no era un alcalde, sino un poeta y un humilde cortador de la siembra de caña de azúcar, sustancial industria en Juncos desde su fundación hasta la década de los años 1960’s. Su esposa en la obra también se llamó Margarita, la lavandera (Amanda Rosado, joven con visibles dotes para el baile y el movimiento).

“Un actorazo”, ésta fue una de las frases recurrentes que se escuchaban de parte del público, mientras Ken Burgos interpretaba a Martín Algarín joven. Y, ciertamente, Burgos brilló con su virtuosismo, su dicción, su sensibilidad, su ímpetu, su verdad honesta y su histrionismo sin pretensiones. Hubo varios momentos sublimes de Burgos, como por ejemplo, cuando recitaba los poemas que, como personaje, escribía en su cuaderno y compartía con su espejo, Carlos de la Cruz, aunque separados espacial y temporalmente. Igualmente, la escena en la cual, ambos con sus esposas (Margarita e Isabel), como espejos, compartió con Edgardo Delgado, desplegando ambos sus dotes como cantantes. Sin duda, Burgos, Delgado y de la Cruz conformaron un trío actoral/musical singular y único, cada uno en su esfera, ya que apenas compartieron escena juntos, porque cada cual vivía en su espacio temporal separado.

Por su parte, Carlos de la Cruz se distinguió ampliamente como el tierno y compasivo Abuelo Martín Algarín (personaje que Ken Burgos interpretó como joven). De la Cruz tiene amplia experiencia en teatro, trabajando en Caguas por muchos años. Actualmente, es maestro de teatro en los Talleres de la Escuela Municipal de Bellas Artes Ángel L. Díaz Lebrón. “Yo le dije: ‘Míster Cruz, usted no va a dirigir ningún taller, usted va pa’l escenario’. Y él estaba tan contento y agradecido. Digo, él es un gran educador y parece una biblioteca ambulante por todo lo que sabe; pero también tiene tanto que ofrecernos en el escenario. No se puede desperdiciar ese talento; y queríamos honrarlo como tal, queríamos que estuviese en las tablas, a donde pertenece también”, aclara Ken Burgos.

Otro momento emotivo y bien logrado fue el encuentro de Abuelo Algarín y Alfonso Algarín, al final de la obra. La escena fluyó creíble, pero más que nada, muy real y conmovedora. Muchos en el público reaccionaron estremecidos por el tierno regalo de ese cierre teatral. ¡Bravo para tanto Edgardo Delgado (cuya voz es, sin duda, la de un ruiseñor; y cautivó a todos los presentes) y para Carlos de la Cruz!

‘Ángel Chavito’ fue otro personaje que se elaboró de manera ficcional y que fue muy bien trabajado actoralmente, de principio a fin, por Félix Noel Gómez Claudio. “Ese personaje no es exactamente así. Sí es un deambulante que es poeta y se pasa por el pueblo declamando, a cambio de chavitos prietos. Pero, en la obra, le cambiamos un poco el nombre, lo pusimos como un cortador de caña y, luego, lo desarrollamos para que fuese deambulante, declamador de poemas. De esta forma, honramos a la persona real, pero creamos algo diferente y coherente para nuestra historia”, aclara Delgado.

‘Ángel Chavito’ fue otro personaje que se elaboró de manera ficcional y que fue muy bien trabajado actoralmente, de principio a fin, por Félix Noel Gómez Claudio. (Foto por Alanis Manzano).

Gran sorpresa para todos fue la participación musical del actor Ángel Yariel Goytía Martínez. Como papel secundario, apoyaba la trama como el cortador de caña Chucho Azúcar, amigo de Martín Algarín. Pero todos quedaron agradablemente asombrados cuando, de momento, Goytía comenzó a interpretar la salsa ‘Carmen Santiago’, del valenciano Eladio Jiménez Santiago (mejor conocido como Junior Jiménez), soneando y bailando por el escenario como si lo hubiese hecho desde siempre. Se recomienda que explore más a fondo esta faceta, porque le nace de manera muy natural y fluida, con una hermosa voz.

Otros histriones que plasmaron su talento en escena con dignidad y esmero fueron Edwin Rojas De León, como Emilio Milló; Rodrigo De Jesús Rivera, como Sabat Pabellón; Alanis Paola Rivera, como Josefina; Arlene Mulero, como María; y Germarieliz Olmeda y Tatiana Sofía Pérez, como Lavanderas.

Cabe destacar a todo el elenco adicional que completó la producción, como parte del pueblo (ensemble): Gustavo Del Valle; Edwin Reyes; Brenda Delgado; Marcos De Jesús; Joylianes Figueroa; Caleb Vázquez; Gustavo González; Rafael José Figueroa; Jarissa Nicolette Cuza; Matteo Cepeda; Amira Lee Cepeda; Aneyshka Ortiz; Zurysadai Cay Cruz; y Jaed David Centeno. Merecen aplausos aparte el Mago MC, Yalana del Mar Febus y ‘El Ruiseñor’, Edgardo Delgado padre, por sus participaciones especiales durante la obra.

También se debe mencionar la labor continua de los maestros de la Escuela Municipal de Bellas Artes (mencionando aquí solo a los líderes de cada área): Carlos de la Cruz, en teatro; Tania Simons, en modelaje; Vilmari Miranda, en ballet clásico; Amaury Febres, en barriles; Judith Texidor, en ballet folclórico; Dayana Morales, en coro; Samuel Quijano, en trova; Héctor ‘Lutty’ Maldonado, en banda; Orlando Pabellón, en vientos; Edwin Moreira, en cuerdas; Elizabeth Laguna, en dibujo y pintura; y Yolanda Marcano, coordinadora general.

Ante la verdad del estreno… y la reacción del público…

El público llenó a capacidad las cuatro funciones anunciadas para ‘Recuerdos de mi Valenciano’ (310 espacios por función), los días 23, 28, 29 y 30 de septiembre de 2026, aplaudiendo de pie a los artistas, por varios minutos. Y, para ser un público no tan acostumbrado a asistir al teatro (por haber tenido este espacio municipal cerrado por algunos años), su comportamiento fue ejemplar. De hecho, permeaba un silencio sepulcral durante gran parte de la pieza. Ya, cerca del final, se escuchaban comentarios bajitos, pero todos alusivos a lo que el público estaba viendo, viviendo y reconociendo: personajes de pueblo, fotos, videos (tomas fijas y en movimiento), historias, comidas típicas, escenificaciones del cañaveral y del río Valenciano. Pero, por lo demás, el público (compuesto por todas las edades) estaba sumamente inmerso en la trama, en las canciones, en la música, en los poemas… en el sentimiento… en fin, en la historia de su pueblo, narrada a través de las casi dos horas, con intermedio, que duró el espectáculo.

Es a Edgardo Delgado a quien se le ocurre la idea de crear la historia de una familia junqueña de nuestros tiempos, que debe enfrentarse a una decisión trascendental; pero todo cambia al encontrarse el diario que narra las historias del Abuelo. (Foto por Alanis Manzano).

“El público respondió y respondió bien. No te niego que nos sorprendió y mucho. Nos sorprendió de los junqueños y, también, de las personas de otros municipios que nos visitaron. Pero los junqueños han sido bien vocales en las redes sociales sobre el gusto que sintieron viendo la producción. Y eso nos hace sentir bien y nos llena de orgullo. Se nos infla el pecho, de la manera más linda posible”, menciona Ken Burgos complacido.

A Edgardo Delgado también le han llegado comentarios muy agradables, de junqueños y no junqueños, sobre la pieza. “Lo que ha dicho la gente es que esta obra fue la manera perfecta para reinaugurar el Teatro de Juncos. Reían, lloraban, recordaban, nos decían comentarios muy bonitos… El público no esperaba una producción de tan alto nivel y eso nos enorgullece a todos. ¡Lo logramos!”.

Hay ‘ruido’, como define Ken, de que la obra pueda repetir funciones, luego de esta corta corrida de cuatro representaciones. El problema es cómo compaginar, nuevamente, las agendas de las 90 personas que participaron en escena, además de todos los aspectos técnicos como escenografía, vestuario, utilería, luces, música… y, también, lo económico. “Pero el arte siempre es maleable y cabe siempre la posibilidad de que se logre reponer la pieza”, anhela Burgos.

Lo que se aprendió de esta experiencia…

Tanto Edgardo como Ken sintieron emociones a flor de piel desde que pisaron el teatro para los ensayos y montaje hasta las consecuentes funciones. Pasión, unión y la idea de trabajar juntos hacia un mismo norte siempre fue el enfoque de ambos. “Había personas de todas las edades, desde los ocho años hasta la tercera edad. Pero siempre hubo mucho compromiso, desde el día uno, de parte de todos. Al final, si alguien no se sabía el himno en un principio, lo terminó cantando hasta en la fiesta de cierre de la obra, hasta al son de plena, con (Orlando) Pabellón (director musical de la pieza, junto a Lutty Maldonado) en la trompeta y los Pleneros de Juncos. Para mí, la obra fue un abono para esa matita de orgullo y pasión en cada uno de los integrantes que vivió la producción; orgullo y pasión para con nuestro pueblo y nuestra historia”, reflexionó Burgos.

En el caso de Ken, su personaje no entraba a escena desde el primer momento de la obra, por lo que él podía observar el comienzo del espectáculo desde los laterales del escenario… y emocionarse. “Cuando el telón abrió para la primera función, yo estaba parado al lateral del escenario, esperando, al lado de Denisse Oyola Cay, quien esa noche fungía como regidora de piso. La obra comienza con un ‘voice over’, acompañado por el himno de Juncos, instrumental, interpretado por la Banda Municipal (dirigida en vivo por Héctor ‘Lutty’ Maldonado). Solo las primeras notas… Yo miré a Denisse y me eché a llorar”.

La producción musico-teatral contó con personajes de pueblo, fotos, videos (tomas fijas y en movimiento), historias, comidas típicas, escenificaciones del cañaveral y del río Valenciano, además de actuaciones de excelencia, como las del joven Sebastián Trujillo y el profesor Carlos de la Cruz. (Foto por Adriana Pantoja).

La emoción de Burgos se repitió al finalizar cada función. “Era algo que no podía aguantar, eran tantos pensamientos, tantos sentimientos, era sentir que, por fin, podía entregarle algo a mi pueblo, ese pueblo que me ha dado tanto y que yo no había podido retribuir dentro de lo que me compete, que es el arte. Juncos me reconoció como Valor del Año, en 2025, pero yo no había podido darle nada a cambio. Y, para mí, era algo necesario… Cuando Edgardo me llamó, yo me dije: ‘esto es’. Cuando veo lo grande y ambicioso del proyecto, la frase cambió a duda: ‘¿esto es?’ Pero yo veía en los ojos de Edgardo que todo se podía hacer… Yo veía su ímpetu, su fe, su seguridad… Y yo quise creer en lo que él creía… Y se logró… No puedo estar más contento y satisfecho por haberlo logrado”.

Cabe destacar que otra satisfacción que el histrión Ken Burgos debe llevarse de esta experiencia músico-teatral es la belleza y eficacia de su diseño de iluminación. La creación en luces de Burgos fue efectiva para establecer tiempos, espacios, sentimientos, cambios… Porque no es solo iluminar para que se vea la escena, es que cada cambio de luz diga algo, acompañe sin molestar, acaricie suavemente y, de esta forma, sea un personaje más. ¡Muy bien logrado!

“¿Qué me llevo de esta experiencia? Que todo el mundo tiene cosas para enseñar: el que sabe; el que no sabe que sabe; el que quizás no sabe… todos tienen algo para enseñar. El punto es escuchar, siempre debemos escuchar, siempre debemos estar prestos a escuchar, pero ahí es que se nos pone a prueba. Y, además, hay que saber enseñar y convivir sin lacerar: hay que saber sumar sin lacerar”, observó Ken Burgos.

El diseño de iluminación de Ken Burgos fue de gran belleza y un acierto efectivo para el musical. (Foto por Alanis Manzano).

Por su parte, cada vez que Edgardo Delgado entraba al teatro, sentía la misma emoción de Ken, casi al punto de las lágrimas. “Era muy emotivo poder regresar al lugar donde yo empecé en teatro cuando niño: aquel chico retraído y tímido, que logró vencer todo eso gracias al teatro y a Zora Moreno… ¡Regresar significó tanto para mí! Además, yo veía a los muchachos que lo pisaban ahora por primera vez, la emoción que se les dibujaba en las caras… porque ellos no habían tenido la oportunidad que tuve yo. Eso para mí fue bien importante: ellos crecieron sin teatro… pero ahora lo tienen. Y, de esta experiencia, me llevo el sentimiento de volver a casa. Es una sensación muy emotiva; y como único lo puedo apalabrar es diciendo que, con el primer musical original de mi pueblo, por fin volví a mi casa, al Teatro Municipal de Juncos”, rememora Edgardo.

Sin duda alguna, tanto Edgardo Delgado como Ken Burgos son profetas en su tierra, en su pueblo, con su gente… Y, ahora, con su Teatro Junqueño. ¡Enhorabuena para todos los artistas y creadores; para Juncos; y, también, para el arte teatral puertorriqueño!


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