Las pruebas nucleares de la Guerra Fría revelaron una anomalía de 700 km en el núcleo de la Tierra: la hemos conocido ahora
El estudio se ha basado en las pruebas atómicas llevadas a cabo entre 1977 y 1995 en el atolón de Mururoa. Los datos recogidos en Kazajistán apuntan en esa dirección

Es posible que todo el núcleo interno en forma de geoide se esté deformando.


COLABORADOR DE NATIONAL GEOGRAPHIC ESPAÑA
Seísmos provocados por antiguas detenciones militares han revelado un fenómeno inédito a miles de kilómetros bajo la superficie terrestre. Los datos recopilados durante décadas de ensayos atómicos subterráneos permitieron identificar una gigantesca fluctuación en la estructura interna del planeta. Este sorprendente hallazgo, detallado por la geofísica Ying Zhou en la revista Journal of Geophysical Research, muestra variaciones dinámicas dentro del núcleo externo de la Tierra que desafían los modelos geológicos tradicionales sostenidos hasta el presente.
La investigación analizó minuciosamente las ondas acústicas generadas por explosiones atómicas en el atolón de Mururoa entre 1977 y 1995. Dichas vibraciones atravesaron las profundidades continentales hasta ser detectadas en una estación receptora situada en Kazajistán. Al proceder de un punto geográfico prácticamente idéntico, los pulsos mecánicos recorrieron trayectorias idénticas a través del globo. Esta precisión instrumental funcionó como una serie de capturas fotográficas repetidas sobre la evolución del interior terrestre a lo largo del tiempo.
Los registros mostraron cambios significativos en los tiempos de tránsito a través de la masa fluida interior. Las ondas aceleraron hasta 0,1 segundos entre 1982 y 1983, incrementando su velocidad a 0,15 segundos entre 1988 y 1990. Sin embargo, para el año 1995 el trayecto se volvió entre 0,15 y 0,2 segundos más lento. Estos desfases temporales confirman la existencia de componentes heterogéneos en constante desplazamiento dentro de esa capa metálica.

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Para aislar este trayecto, la científica descubrió un tipo inédito de pulso sísmico denominado PKrKP, el cual rebota en mitad del sector líquido. La comparación directa de estas señales con las ondas tipo PP, que viajan exclusivamente por el manto superior, permitió examinar un total de 112 pares de explosiones controladas. Las detonaciones de cada pareja ocurrieron a distancias inferiores a 0,05 grados, garantizando una exactitud analítica sin precedentes hasta la fecha.
ESTRUCTURA DEL NÚCLEO TERRESTRE
El estudio determina que una enorme perturbación física de gran escala explicaría las desviaciones detectadas en los tiempos de viaje. La investigadora plantea la presencia de una vasta masa flotante con una extensión lateral superior a 700 km y un espesor cercano a 100 km en el Pacífico sur de baja latitud. Este bloque atípico respondería a material sólido en suspensión navegando activamente dentro del fluido exterior, alterando la homogeneidad que la ciencia daba por sentada.
Esta densa mezcla de materiales incandescentes en continuo movimiento sugiere que el sector externo no es un simple océano de metal fundido. La dinámica descrita demuestra la existencia de procesos de mezcla extremadamente vigorosos que suceden en plazos de tiempo muy breves. El desplazamiento continuo de estas anomalías internas resulta fundamental para comprender los cambios que afectan a la dinámica profunda del planeta.
Comprender estas fluctuaciones resulta clave para la geofísica actual, puesto que estas masas en movimiento influyen directamente en la generación del campo magnético terrestre. Investigaciones previas desarrolladas en la University of Southern California ya habían sugerido que las deformaciones en la capa interna líquida podían alterar la morfología del núcleo profundo. Por consiguiente, cualquier alteración en el flujo metálico repercute directamente en el escudo protector que envuelve el planeta.
El empleo de detonaciones militares ha ofrecido una fuente de datos mucho más precisa que los terremotos naturales tradicionales. Los seísmos convencionales presentan incertidumbres sobre su localización exacta que dificultan la obtención de lecturas limpias en periodos prolongados. Mediante estas explosiones del pasado, la comunidad científica ha logrado escuchar los mecanismos más recónditos de la Tierra para desentrañar los enigmas ocultos bajo la corteza.
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