NY Times: Los altos mandos del Pentágono enfrentan la agitación bajo el mando de Hegseth

Las distracciones persistentes han creado un clima de desconfianza a medida que las fuerzas armadas de EE. UU. enfrentan una serie de problemas en tiempos de guerra.

Muchos líderes militares en activo y retirados describen a Pete Hegseth como un secretario de Defensa cada vez más en guerra con la institución que dirige.Credit…Haiyun Jiang/The New York Times
Greg Jaffe

Por Greg Jaffe

Reportando desde Washington

14 de septiembre de 2026

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Durante décadas, los secretarios de Defensa de Estados Unidos han buscado en gran medida aislar a las fuerzas armadas de las divisivas guerras culturales del país.

Pete Hegseth, más que cualquiera de sus predecesores, ha adoptado el enfoque opuesto y ha llevado esas peleas directamente al Pentágono.

Ha habido purgas de oficiales militares de alto rango a una escala sin precedentes en la historia moderna del departamento. Ha habido nuevas restricciones sobre dónde pueden estudiar los oficiales y qué pensamientos pueden expresar en trabajos académicos. Ha habido pruebas de polígrafo generalizadas destinadas a descubrir a quienes filtran información o a intimidar a quienes se sientan tentados a compartir información confidencial.

La agitación llega en un momento en que la extensa guerra con Irán ha causado en las fuerzas una serie de tensiones en cascada. Los despliegues prolongados han minado la moral de los marineros. La escasez de interceptores de misiles críticos ha planteado preguntas inquietantes sobre la capacidad de las fuerzas armadas para resistir más que Irán y librar un conflicto en otra parte del mundo.

Muchos de estos problemas tienen su origen en decisiones tomadas por gobiernos anteriores y en una guerra en Irán que ha durado mucho más de lo que el presidente Donald Trump o el Pentágono esperaban.

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Oficiales militares en activo y retirados describen el tumultuoso mandato de Hegseth como una distracción persistente que ha alejado a los principales líderes de centrarse en estas prioridades y ha alimentado un clima de desconfianza en los altos rangos. Los oficiales hablaron bajo condición de anonimato para evitar represalias.

Los oficiales de alto rango también han planteado dudas sobre el general Dan Caine, quien como presidente del Estado Mayor Conjunto es el principal asesor militar de Hegseth y Trump. Caine se ha mostrado reservado al discutir los consejos que le ha dado a Hegseth, en particular sobre asuntos delicados relacionados al personal.

Una pregunta que se hacen los oficiales, hasta los generales de cuatro estrellas inclusive, es si el presidente del Estado Mayor Conjunto ha sido reacio o incapaz de proteger a la fuerza de la guerra cultural que Hegseth está librando. Un portavoz del presidente declinó hacer comentarios sobre los consejos de Caine.

El general Caine con su uniforme militar en una audiencia en el Capitolio
Como el principal asesor militar del presidente Trump y de Hegseth, el general Caine se encuentra en el centro de la tensa relación entre Hegseth y las fuerzas armadas.Credit…Haiyun Jiang/The New York Times

Como oficial de la Guardia Nacional del Ejército, Hegseth luchó en Irak y Afganistán. Dejó el ejército en 2021 después de ser señalado por unos tatuajes que el servicio consideró extremistas.

“Me separé de un ejército que ya no me quería”, escribió en 2024. “El sentimiento era mutuo. Yo tampoco quería ya a este ejército”.

Llegó al Pentágono decidido a elevar los estándares y liberar a las fuerzas armadas de lo que describió como una agenda divisiva de izquierda que estaba encadenando a las tropas en el campo de batalla y alimentando la disensión en las filas. Hace un año, expuso su visión en un discurso ante cientos de generales y almirantes de todo el mundo.

“Por la presente quedan liberados para ser líderes constitucionales apolíticos, implacables y pragmáticos”, dijo.

El objetivo de Hegseth ha sido restaurar un “espíritu guerrero” que estaba “enterrado bajo procesos burocráticos, cuotas y autopreservación institucional”, dijo Kingsley Wilson, secretario de prensa del Pentágono.

Pero muchos líderes militares en activo y retirados dijeron que Hegseth, en cambio, ha apuntado contra los líderes más experimentados en combate de las fuerzas armadas, lo que ha ido vaciando una institución en guerra.

Ha despedido o bloqueado los ascensos de hasta 80 generales y almirantes. Los oficiales han visto a mentores de confianza con carreras de décadas ser purgados sin tener idea de qué podrían haber hecho mal. Puestos de liderazgo clave han quedado vacantes durante meses. El caos y la incertidumbre han provocado conversaciones discretas entre los oficiales de carrera sobre si vale la pena aceptar ascensos y continuar sirviendo.

“Dejen de librar esta batalla de retaguardia contra fantasmas”, dijo H. R. McMaster, un general retirado del ejército que se desempeñó como asesor de seguridad nacional en el primer gobierno de Trump, en un pódcast reciente. “Lo que no se debe hacer es crear un clima en el que todo sea una prueba de lealtad”.

Incluso mientras Hegseth ha impulsado a las fuerzas armadas a adaptarse a un campo de batalla dominado por drones e inteligencia artificial, ha presionado a sus líderes para que regresen a los estándares de lo que él considera una era anterior y más dura. En sus discursos, ha elogiado a oficiales como el general H. Norman Schwarzkopf, quien comandó tropas en la guerra del golfo Pérsico de 1991, y a líderes de la Segunda Guerra Mundial como el general George S. Patton Jr. Ambos oficiales lideraron fuerzas que eran mucho menos educadas que las fuerzas armadas actuales en campos de batalla dominados por divisiones grandes y fuertemente blindadas.

Detrás de muchas de las preguntas de Hegseth a los altos mandos militares hay una suposición de que el ejército se ha vuelto más débil y peor en las últimas décadas. A principios de este año, desafió al ejército a explicar por qué había eliminado los requisitos de marchas con mochila —caminatas cronometradas llevando una mochila pesada y equipo de combate— de los cursos de entrenamiento de oficiales. Los altos mandos del ejército respondieron con un análisis que comparaba los puntos de referencia de 2025 con los de 1990.

Miembros de la Guardia Nacional en una fuente
Oficiales militares describen el tumultuoso mandato de Hegseth como una distracción persistente que ha alejado a los principales líderes de centrarse en estos problemas y ha alimentado un clima de desconfianza en los altos rangos.Credit…Alex Kent/The New York Times

En todos los casos, las marchas no habían sido eliminadas y los estándares habían aumentado en rigor, informó el ejército.

Hegseth ha llevado un escepticismo similar a la educación de los oficiales, la cual a menudo ha descrito como un conducto para ideas liberales y corruptoras. A principios de este año, impidió que oficiales a mitad de carrera asistieran a programas de posgrado en las principales universidades como Harvard, Princeton, Columbia y Yale. “Han tomado a nuestros mejores y más brillantes, los hombres y mujeres que juraron dar sus vidas por esta nación, y los han sometido a un plan de estudios de desprecio”, dijo Hegseth a principios de este año.

El intenso escrutinio se ha extendido a las tesis de maestría. Al menos a dos oficiales del ejército, seleccionados por una junta de altos mandos para ser ascendidos a generales de una estrella, se les bloqueó el ascenso luego de que funcionarios en la oficina de Hegseth presentaran objeciones a sus trabajos de posgrado. Menos del 5 por ciento de los coroneles del ejército elegibles son seleccionados para el rango de una estrella, lo que lo convierte en el ascenso más competitivo de las fuerzas armadas.

Uno de los oficiales, que es una persona negra, escribió un trabajo sobre por qué los oficiales negros han optado históricamente por trabajos de apoyo en lugar de posiciones de combate en el frente, dijeron oficiales militares. El segundo oficial exploró el efecto que la polarización política estaba teniendo en la capacidad de las fuerzas armadas para reclutar y retener talento.

El gran enfoque en trabajos académicos, que nunca estuvieron destinados a ser publicados, ha tenido un efecto paralizante en una fuerza que durante años había dicho que valoraba una cultura de curiosidad, cuestionamiento e innovación.

Algunos oficiales de alto rango dijeron que eran reacios a plantear ideas asociadas con los generales y almirantes despedidos o que se habían censurado a sí mismos al discutir temas que Hegseth podría considerar polémicos.

“Aquí está la pregunta con la que espero que el secretario Hegseth y su equipo estén lidiando”, dijo Peter Feaver, un asesor frecuente de las fuerzas armadas que dirige el programa de Gran Estrategia Estadounidense de la Universidad de Duke. “¿Quieren una cohorte de líderes militares a los que se les dice: ‘No necesitan aprender a pensar por sí mismos, solo necesitan saber cuáles consideramos nosotros que son las respuestas correctas’?”.

El general Charles Q. Brown, el expresidente del Estado Mayor Conjunto que fue despedido por Hegseth el año pasado, recientemente se hizo eco de esas preocupaciones.

“No se debe castigar a los militares por cuadrarse con firmeza y realmente cumplir con su deber”, dijo a principios de este verano en una mesa redonda sobre relaciones cívico-militares organizada por el Instituto Aspen. Dijo que algunos oficiales estaban siendo señalados por cumplir con su deber o estaban siendo utilizados como “peones en las guerras culturales”.

A tight frame of General Charles Q. Brown. He’s in his military uniform at a hearing on Capitol Hill.
El general Charles Q. Brown, expresidente del Estado Mayor Conjunto, fue despedido por Hegseth el año pasado.Credit…Kenny Holston/The New York Times

Dentro del Pentágono, los partidarios de Hegseth —algunos de ellos oficiales militares en servicio activo— han defendido sus medidas y atacado a quienes han cuestionado si ha ido demasiado lejos. A principios de este mes, el coronel del ejército Kevin T. Black elogió a Hegseth en una publicación en redes sociales por enfrentarse a una “clase protegida” de oficiales y a un proceso de ascensos que, dijo, se había desconectado de la verdadera misión de las fuerzas armadas: librar y ganar guerras.

“Si eso duele, es porque le llegó a las personas que necesitaban escucharlo”, escribió.

Como el principal asesor militar de Trump y Hegseth, Caine se encuentra en el centro de la tensa relación entre Hegseth y las fuerzas armadas. Caine, un ex piloto de combate, llegó al Pentágono decidido a generar confianza con Trump y Hegseth, quienes tenían una mala opinión de sus predecesores. Con ese fin, ha definido su papel de manera más limitada que los presidentes anteriores.

En un reciente discurso de graduación en la Universidad de Defensa Nacional, dijo que su trabajo era decirle al presidente si las fuerzas armadas podían ejecutar una misión y exponer los riesgos. Pero advirtió en contra de inmiscuirse en debates internos sobre si el presidente debería emprender una acción militar en particular.

“Nosotros no hacemos eso en nuestra profesión”, dijo.

Fue una ruptura con el pasado reciente, cuando altos oficiales militares como el general Mark A. Milley, un expresidente del Estado Mayor Conjunto, expresaron su oposición a la decisión del expresidente Joe Biden de retirar todas las tropas estadounidenses de Afganistán. A pesar de sus preocupaciones y su deseo de mantener una fuerza residual, los generales cumplieron las órdenes del mandatario.

En el mismo discurso, Caine reveló el difícil acto de equilibrio al que se enfrentaba como el oficial de mayor rango militar. Instó a los graduados —muchos de los cuales trabajarán para comandantes de alto rango en el Pentágono y alrededor del mundo— a seguir leyendo y estudiando.

“El entorno complejo al que nos enfrentamos requiere que sean y sigan siendo implacablemente curiosos”, les dijo.

Citó el ejemplo de Brent Scowcroft, quien se graduó de la Universidad de Defensa Nacional y obtuvo un doctorado mientras servía en la Fuerza Aérea, y luego ascendió de rango hasta convertirse en el asesor de seguridad nacional del presidente George H. W. Bush.

Caine no mencionó que Scowcroft había obtenido su doctorado en Columbia, una institución a la que a los oficiales ya no se les permitía asistir.

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