María O’Donnell: «Insertarse en el peronismo le dio una potencia a Montoneros que no tuvieron otras guerrillas»

La periodista argentina presenta en Madrid y Barcelona ‘Montoneros. Una historia visual’, un libro sobre el auge y la caída de la organización guerrillera.

María O’Donnell, autora del libro ‘Montoneros, una historia visual’.Alejandra López

Madrid-17/09/2026 21:30-Actualizado a18/09/2026 10:52

María O’Donnell presenta en España Montoneros. Una historia visual (Planeta), un libro diseñado por Fernando Rapa que describe a través de texto e imágenes el auge y la caída de la guerrilla urbana. La periodista argentina hablará de la organización que protagonizó una de las etapas más convulsas de la política del país suramericano el domingo 20 en la librería Olavide de Madrid, acompañada por el periodista Carlos E. Cué y el actor Juan Diego Botto, mientras que el martes 22 hará lo propio en Sin Tarima, junto a Darío Adanti, autor de El peronismo explicado a los españoles. La gira concluirá en Barcelona el sábado 26, donde conversará con Ángel Mestres en el LataFest.

¿Cómo acabaron abrazando la lucha armada unos jóvenes peronistas, católicos y nacionalistas, pero no marxistas?

Es la historia más extraña de la que quizás fue la guerrilla más potente de Latinoamérica, porque se insertó en el movimiento de masas mismo. La izquierda siempre había visto con desconfianza al peronismo, como que amigaba a las clases populares y obreras con el capitalismo. Estos jóvenes no conocían a Perón, que estaba exiliado en España, y nunca le habían escuchado ni tan siquiera la voz. El elemento determinante fue los movimientos de los curas por los pobres y todo lo que había pasado en la Iglesia católica tras el Concilio Vaticano II. Y muchos de estos jóvenes, de clase media y cuyos padres eran profundamente antiperonistas, pasaron de la acción social a la lucha armada.

El Aramburazo (o sea, el secuestro y asesinato del general Aramburu, que gobernó Argentina tras el derrocamiento de Perón) convirtió a Montoneros en un fenómeno político de masas.

Total. Fue una venganza política vindicativa y tremendamente celebrada. El asesinato hizo que una gran cantidad de jóvenes y toda la resistencia peronista, de alguna manera, fuese canalizada a través de esta organización que recién nacía. O sea, su primer acto la catapultó. Esto fue en 1970 y Perón estaba proscrito desde 1955.

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Muchos de los jóvenes que se incorporaron a Montoneros habían crecido con Perón en el exilio y conocían más al mito que al hombre. Perón, cuando volvió a Argentina, ¿terminó decepcionándolos?

Perón desconfiaba de los militares y no creía realmente que fuesen a permitirle volver. Cuando lo hace, intenta, a la manera de Perón, una conciliación, como había hecho antes con el capital y los trabajadores. Hablamos de un movimiento donde la derecha peronista empieza a ver a los Montoneros como infiltrados durante la Guerra Fría. Perón vuelve con un enfrentamiento interno del peronismo brutal y con Estados Unidos promoviendo muy activamente los golpes militares en América Latina. Por eso se ve a los Montoneros como una infiltración marxista dentro del peronismo, si bien no eran realmente marxistas.

Con elecciones y Perón de nuevo en el poder, ¿qué argumentos utilizó Montoneros para no abandonar la lucha armada?

Su objetivo declamado era la vuelta de Perón. Entonces, cuando él regresa y en 1973 se convierte en presidente por tercera vez, les dice que se acabó el motivo de la lucha armada, y ahí se inicia un gran desencuentro. Montoneros asesina al sindicalista más cercano a Perón, José Ignacio Rucci, y empieza una tensión muy grande, incluso una purga de los cargos dirigentes ligados a Montoneros. Y luego se produce la famosa escena de Perón llamando «imberbes» a los Montoneros y estos dejando medio vacía la Plaza de Mayo el Día del Trabajo.

Los propios Montoneros impusieron la pena de muerte y ejecutaron a compañeros acusados de delatores

¿En qué momento Montoneros dejó de ser sobre todo un movimiento político y pasó a pensar como un ejército? Imagino que influyó el secuestro de los hermanos Born, que les proporcionó a los guerrilleros 60 millones de dólares.

Sí. Montoneros tuvo un primer periodo de engorde, con un crecimiento en las universidades, en los barrios populares y en la superficie de trabajo político. Ya era una organización armada —y nunca abandonará plenamente las armas—, pero tras la muerte de Perón vuelve formalmente a la clandestinidad en 1974 y arma una organización plenamente armada para luchar contra Isabel Perón, su viuda y heredera, donde lo militar empieza a ser mucho más preponderante que lo político.

Rodolfo Walsh advirtió a la dirección de que su estrategia conducía a la derrota. ¿Por qué la cúpula de Montoneros no atendió a sus advertencias?

Es una constante en la figura de Mario Firmenich: desatender e incluso penalizar a las disidencias internas. Walsh advierte de que la represión militar los está masacrando, pero ahí empieza una escalada donde los Montoneros incluso eran muy severos con aquellos militantes que daban datos bajo tortura. Hay muchos casos de juicios revolucionarios en los que los propios Montoneros impusieron la pena de muerte y ejecutaron a sus compañeros acusados de delatores.

Portada del libro ‘Montoneros, una historia visual’, de María O’Donnell. Planeta
Portada del libro Montoneros, una historia visual, de María O’Donnell.Planeta

¿Cómo se habla de las víctimas de Montoneros sin caer en la equiparación con los crímenes de la dictadura, o sea, con el terrorismo de Estado?

Es la discusión en la Argentina, ¿no? El debate ha ido girando su énfasis desde Alfonsín hasta hoy. En el Juicio a las Juntas de 1985 queda claro que el terrorismo de Estado es de otra categoría, es decir, que no hacía falta torturar, robar niños, secuestrar, robarse los bienes ni la identidad de los integrantes de las organizaciones armadas para combatir a la guerrilla. Además, fue mucho más allá y fue una suerte de disciplinamiento generalizado, aunque no tiene ninguna justificación. Con Menem llega la idea de la reconciliación y la pacificación, indultando a militares y guerrilleros, lo que de alguna manera los equiparaba. El kirchnerismo tendió a una visión muy romántica y poco precisa de las guerrillas y la lucha armada. Y ahora Milei plantea que la represión ilegal estuvo justificada por la violencia de las organizaciones armadas, a las que llama «terroristas» y «subversivos», como en la década de los setenta.

Montoneros era una organización guerrillera muy conservadora, católica y condenatoria

¿Y usted qué opina?

Las violencias no son equiparables de ninguna manera. No hay forma de justificarlo, por no hablar de la proporcionalidad… Pese a que el primer dictador, Videla, decía que se había terminado el peligro de la subversión y a que Montoneros estaba muy desarticulado, la represión ilegal fue más allá y se extendió el terror.

Las normas internas regulaban la vida privada y llegaron a sancionar la homosexualidad. ¿Tan conservadora era aquella organización revolucionaria?

Montoneros, como muchas organizaciones guerrilleras, era una organización muy conservadora, muy católica y muy condenatoria. Incluso con las infidelidades y las relaciones extramatrimoniales, también por cuestiones de seguridad.

Los invitaron al «tren de la victoria», que resultó el tren de la muerte

Parte de la Contraofensiva de 1979 se preparó desde el exilio de Madrid. ¿Por qué la cúpula de Montoneros decidió enviar de regreso a Argentina a militantes que ya estaban a salvo en Europa?

Esa es una de las grandes controversias. ¿Algunos militantes volvieron porque estaban a salvo en el extranjero y, dado que sus compañeros habían sido torturados y asesinados, tenían un sentimiento de culpa? Pero la cúpula de Montoneros tiene una responsabilidad grande porque les vendió una idea completamente falsa respecto a la contraofensiva y a lo que les esperaba en su país. Como habían sido infiltrados en España y en México, cuando llegaron a Argentina los militares los estaban esperando. En cambio, les habían planteado un panorama optimista y tergiversado. Los invitaron al «tren de la victoria», que resultó el tren de la muerte. Y ahí la cúpula tuvo una gran responsabilidad.

En menos de una década, Montoneros pasó de ser un pequeño grupo clandestino a movilizar a decenas de miles de personas, para luego desaparecer. ¿Cómo se explica un ascenso y una caída tan rápidos?

Perón, el líder de la fuerza más popular de la Argentina, llevaba casi veinte años proscrito. El hecho de que Montoneros se hubiese insertado en el peronismo también le dio una potencia que otras guerrillas no tuvieron. Y eso, en tres o cuatro años, fue incandescente. O sea, fueron unos sucesos de una intensidad muy extraordinaria en un periodo muy corto de tiempo.

¿Qué pregunta importante sigue sin haber respondido Mario Firmenich, uno de los fundadores y dirigentes de Montoneros?

Es uno de los líderes más impermeables de una guerrilla. Nunca se ha sometido a ninguna pregunta ni escrutinio. Ahora está publicando unas memorias en las que, hasta ahora, no ha revelado absolutamente nada. Hay un montón de preguntas que debe responder. Y también teorías conspirativas alrededor de su figura, porque él sobrevive donde hubo tanta muerte, aunque yo no he encontrado abono suficiente en ellas. Él siente que ha quedado en el lugar del demonio en la historia argentina injustamente. Sin embargo, es alguien de una soberbia tremenda que no asume la responsabilidad de lo que pasó con la generación que él lideró. Aquello fue una tragedia.

Sobre la firma

Henrique Mariño

Henrique Mariño

Redactor de Culturas y Memoria

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