Olvídate del ‘Super El Niño’: Los meteorólogos coinciden en llamarle ‘El Niño Godzilla’ tras las últimas previsiones de los modelos

El Pacífico ecuatorial se calienta a una velocidad excepcional y los modelos apuntan a un episodio extremo, pero sus efectos sobre Europa esconden una importante incertidumbre

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Ilustración de tormentas tropicales de El Niño 2026
Sergio Parra

Sergio Parra

Periodista especializado en temas de ciencia, naturaleza, tecnología y salud

El Niño de 2026 se está intensificando con una fuerza excepcional: NOAA calcula más de un 90 % de probabilidad de que alcance la categoría de “muy fuerte” durante el otoño y el invierno de 2026-2027. Más llamativo todavía, su último diagnóstico asigna un 75 % de probabilidad a que entre octubre y diciembre alcance una magnitud histórica, superior a la de los episodios registrados desde 1950 según el índice utilizado por la agencia.

El gigantesco calentamiento del Pacífico ha resucitado un apodo irresistible: “El Niño Godzilla”. Sin embargo, conviene separar la imagen del monstruo de la ciencia: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) no utiliza oficialmente expresiones como “Super El Niño”, y la intensidad del fenómeno tampoco permite traducir automáticamente lo que sucede en el Pacífico en un invierno concreto para España.

Lo que sí sabemos es que el océano está enviando una señal extraordinariamente potente. Y esa perturbación puede viajar miles de kilómetros, reorganizar grandes corrientes atmosféricas y terminar influyendo en el Atlántico Norte. El interrogante fascinante está precisamente ahí: ¿qué parte de ese eco llegará hasta Europa?

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El Pacífico ya supera los +3 °C en algunas regiones

El Niño no es simplemente “agua caliente”, sino una reorganización acoplada del océano y la atmósfera en el Pacífico ecuatorial. El diagnóstico de NOAA del 10 de septiembre señala que las anomalías de temperatura superficial ya superaban los +3 °C en el Pacífico ecuatorial oriental, mientras el índice Niño 3.4 alcanzaba +1,8 °C en agosto y el Niño 1+2 llegaba a +3,4 °C. Bajo la superficie también persiste una enorme reserva de calor.

Pero hay una cifra todavía más sorprendente. El pronóstico multimodelo de la OMM para septiembre-noviembre sitúa la anomalía media prevista del Niño 3.4 alrededor de +3,6 °C, con el máximo de intensidad esperado hacia noviembre-diciembre. No es una observación definitiva del futuro, sino una previsión de conjunto, pero ilustra la excepcionalidad del escenario que manejan actualmente los modelos.

La probabilidad de que El Niño continúe durante todo el invierno es, además, extraordinariamente elevada. La OMM estima una posibilidad cercana al 100 % de persistencia tanto durante septiembre-noviembre como entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. El organismo espera que alcance una intensidad “muy fuerte” antes de tocar techo hacia finales de año.

Eso explica por qué se habla de un posible gigante climático y no de un episodio ordinario. El Niño suele desarrollarse entre primavera y verano boreales, alcanzar su máximo entre noviembre y febrero y durar aproximadamente entre nueve y doce meses. En esta ocasión, además, el calentamiento excepcional de los océanos y un dipolo positivo del océano Índico pueden modificar o reforzar algunas de sus teleconexiones.

Ciudad en invierno
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¿Habrá fuertes tormentas de nieve en el próximo invierno de 2026/27? Si bien no lo parece, sobre todo al comienzo, se puede descartar por completo.

El “Godzilla” del Pacífico no decide por sí solo el invierno de España

Entre el Pacífico tropical y una nevada en Madrid, una borrasca atlántica sobre Galicia o una ola de frío en Centroeuropa existe una cadena atmosférica extraordinariamente compleja. La propia OMM advierte de que la intensidad de El Niño no determina por sí misma la gravedad de sus efectos en cada país. Importan también el Atlántico, el Índico, la circulación estratosférica y la variabilidad interna de la atmósfera.

Europa se encuentra precisamente entre las regiones donde la señal de El Niño resulta menos directa. Investigaciones sobre los regímenes meteorológicos del Atlántico Norte muestran que ENSO puede modificar sus probabilidades, pero la respuesta cambia entre episodios y depende de otros grandes patrones de circulación. Un estudio histórico sobre 119 inviernos ya identificó modificaciones en la frecuencia de distintos regímenes atmosféricos europeos durante las fases de El Niño y La Niña.

La Oscilación del Atlántico Norte (NAO) es una de las piezas fundamentales de este rompecabezas. Investigaciones sobre las precipitaciones europeas muestran que la influencia de ENSO puede quedar modulada tanto por la NAO como por la variabilidad multidecadal del Pacífico. En otras palabras: el Pacífico puede lanzar la piedra, pero las ondas que finalmente alcanzan Europa dependen de lo que encuentren durante el viaje.

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