Crítica al artículo «Una Cuba Democrática y Justa»
La Nueva Pensamiento Crítico, como parte de un debate estimulante y solidario, reproduce tres artículos críticos sobre la situación en Cuba publicados originalmente en Bandera Roja



Por Redacción
| Publicado el 23 septiembre 2026
** Nota editorial de Bandera Roja: Como parte de nuestra política de Debate Abierto publicamos el siguiente artículo en referencia al artículo de Pablo Torres Una Cuba democrática y justa. Nos parece que la aseveración final en torno a «lo que parece ser una falta, o pobreza de los criterios de selección de artículos de la Revista Bandera Roja; por decir lo poco» una oponión desacertada. Bandera Roja tiene como política (1) del debate abierto al interior y exterior de la organización a la que pertenece (MST), y (2) los artículos son responsabilidad de los autores, a excepción de las columnas de opinión y comunicados debidamente firmados como tal. Las diferencias que puedan haber sobre la caracterización del Partido Comunista Cubano y sobre el carácter de los ataques económicos (sea bloqueo o embargo) no le restan validez a la posición sino que expresan un sentir disidente del consenso de la izquierda en Puerto Rico. En esa disidencia es que radica el criterio de selección. De la misma forma publicamos esta columna, y otras, cuya visión no es necesariamente la postura del Movimiento Socialista de Trabajadorxs.
Por Nydia González Reyes
En días recientes he visto en las redes la reacción de muchos al infame texto titulado “Una Cuba Democrática y Justa”. Prácticamente todos refutan, concienzudamente, el contenido del escrito publicado en Bandera Roja, órgano oficial del Movimiento Socialista de los Trabajadores y trabajadoras. En él, su autor Pablo Torres, recoge buena parte del ideario imperialista que moldea el sentido común creado por el capitalismo norteamericano sobre Cuba. Como otros ya han desmontado las falacias de su contenido, es mi interés explorar las coincidencias del texto con la narrativa del imperio y relacionarlas con la pobreza de su contenido analítico.
Lo llamo ‘texto’ porque, a nuestro parecer, se trata de una opinión sin análisis alguno que sostenga sus planteamientos. Es un manifiesto de opinión política, completamente subjetivo, que propone una lista de deseos ideológicos, que carecen de datos, no expone marco conceptual, no elabora interrelaciones causales, o contraste de hechos con teoría política y sus conclusiones carecen de fundamentos demostrados. Es, en esencia, ideología dentro de la lógica del capital. Un comentario de opinión que, de haber sido publicado individualmente en las redes sociales, no pasaría de ser el punto de vista de cualquier idiota empoderado, según el dicho de Umberto Eco. Una opinión política cuyo objetivo no es denunciar una realidad social o realizar un análisis critico o alternativo. Pretende, sin embargo – intencionalmente o no- apelar a la animosidad, valores y emociones de los y las lectoras, alineándolos al sentido común formado en el capitalismo. Por eso su autor no tiene necesidad de ofrecer datos, explicar procesos o desarrollar relaciones causales. Está escrito para atrapar y atraer incautos con poca educación política o conciencia de clase. El texto obtiene gran parte de su legitimidad del hecho de haber sido publicado en un órgano de prensa político que se reputa ‘socialista’.
Las primeras dos oraciones del texto marcan el tono de todo el escrito. Son presentadas como premisas de conocimiento general, como de verdades absolutas aceptadas por todos.
“Cuba se halla ante la necesidad impostergable de transformaciones económicas y sociales que redefinen su presente y guíen su porvenir hacia la libertad. La vil y criminal dictadura del Partido Comunista ha llevado a un “callejón sin salida”, donde el Pueblo padece toda suerte de atropellos por parte del régimen.”
Es evidente su coincidencia con la narrativa del imperio estadounidense: la culpa de todos los males esta en el Partido Comunista – ¡Bu!, el cuco- y aunque no nombra a Cuba como “Estado fallido” este calificativo queda implícito en todo el escrito. Añádale su interpretación del Bloqueo y su participación en la crisis económica que atraviesa Cuba, que resulta similar a la del imperio. El texto afirma que al bloqueo “se le suman” los efectos de la “vil y criminal dictadura” los que mantiene en al “Pueblo” en “un callejón sin salida” padeciendo “toda suerte de atropellos”. Dicho de otro modo, para el autor, lo determinante de la crisis es la dictadura del Partido. Utiliza una retórica emocional en la que el villano es el Partido y el Bloqueo se nombra no para analizar o denunciar sus mecanismos o efectos draconianos, sino para minimizarlos e invisibilizar su protagonismo principalísimo. Se trata de una narrativa predominantemente emotiva de carácter moral que invita al lector a engancharse repudiando el ‘mal’ sin necesidad de comprender las estructuras económicas y políticas que crean y reproducen una situación social dada. Su referente resulta ser la interpretación ideológica del capital, puesto que en su exposición no aparece otro marco ideológico explicito. El articulo no está dirigido a educar políticamente, o a disputar la interpretación marxista del Estado o promover su versión particular del socialismo. De hecho, la palabra ‘socialismo’ no existe en el universo del escrito. El suyo es un juicio moral y personal, formado por impresiones, perjuicios, verdades hechas y estereotipos, dirigidos a apelar al consenso del sentido común del capitalismo imperial.
Luego del párrafo introductorio, el autor continúa afirmando, sin datos o análisis, “la necesidad de una “transformación económica” de Cuba, para que esta “incremente su producción”, establezca una “escala salarial justa y digna”, para así “mejorar las condiciones de vida” y “lograr a reducción de la desigualdad”. Es decir, expone su lista de deseos que también es de ‘los’ ‘las’ trabajadoras de Puerto Rico, y la aspiración legítima de la mayoría de la humanidad. ¡Quien puede estar en contra! Une las aspiraciones genuinas y ampliamente compartida con el imperativo moral de terminar con “la vil y criminal dictadura” sin una sola nota que justifique como una conduce a la otra. Su función es solo enganchar, comprometer a quien lee con las aspiraciones de bienestar y el repudio moral a la ‘dictadura’ sea esta real o retorica imperialista. Elude examinar la realidad concreta y los conflictos ideológicos que puede presentar. Como aquellos de la lucha de clases en una sociedad socialista, o el ejercicio de la democracia de la mayoría obrera contra la minoría ideológicamente burguesa – ‘dictadura del proletariado’-, los intereses del imperio, su poder y agresividad en contra de Cuba, su correlación de fuerzas internacional y la soberanía como principio nacional, por mencionar algunas.
Continua y ofrece una receta para lograr la “transformación” de Cuba. Consiste en promover las pymes, cooperativas, cuentapropistas y propiedad estatal. Las nombra, pero no discute cómo funcionan o cómo aumentarían la producción, o cómo interactúan con el sistema económico dominante, o entre sí, o cómo se relacionan con el mercado; no discute nada. Plantea una lista de propuestas económicas ‘ideales’ como si el hecho de desearlas las hiciera financieramente viables y transformadoras. No hay asomo de análisis económico o social que permita comprender por qué esas formas de propiedad producirían los resultados que promete. ¡Otra vez, pura ideología!
Curiosamente sus propuestas coinciden con varios de los modelos de propiedad y organización comercial incluidos en las 176 medidas aprobadas por el Partido Comunista y adoptadas por el Gobierno cubano bajo el programa de, ‘Transformaciones Económicas y Sociales’. Incluso hasta las llama casi igual.
El escrito del Sr. Torres, fue publicado el 8 de septiembre de 2026, el documento del gobierno cubano en julio de este mismo año y recibió amplia cobertura internacional. Es difícil creer que haya pasado desapercibido por el autor, y si lo fue, constata la ausencia de investigación y rigor en el estudio del tema. En cualquier caso, las y los lectores quedan privados de conocer cómo contrastan ambas propuestas, en que coinciden, en que difieren o cómo armonizan o complementan y cuáles serían sus consecuencias económicas y sociales. Al parecer, el autor desconoce que existe el documento o entiende que no es relevante a sus propósitos. De nuevo elude el análisis de lo concreto y su omisión resulta políticamente significativa.
Según el escriba, en sus propuestas económicas, “lo fundamental no es solo quien posea una empresa”. Parece que, para él, la propiedad de los medios de producción no constituye el elemento esencial para definir un modelo económico. Por lo visto, entiende la propiedad como simple cuestión de propiedad jurídica. Esta apreciación es simplista porque solo atiende a la apariencia de la cosa, su relación evidente e inmediata de una o un individuo con la propiedad. Sin embargo, esta supera la simple designación de un propietario y crea relaciones sociales. Lo fundamental en las relaciones que crea, no es quien figura normalmente como dueño, sino quién controla los medios de producción, quien decide que produce, cómo se produce y quien se apropia del excedente o ganancia. Dicta quien tiene el control de la economía de un país y a quien beneficia.
La propiedad de los medios de producción es fundamentalmente una relación de poder entre los dueños de los medios para producir y los desposeídos que deben vender su fuerza de trabajo. Estructura relaciones sociales que van más allá de la empresa individual. Determina la forma de organización del trabajo, la distribución del ingreso, la apropiación del excedente y las relaciones del poder político. Sus relaciones conforman toda la sociedad y es un principio básico del marxismo o del socialismo científico. Por lo visto, el Sr. Torres no esta de acuerdo con Marx. Pero no nos ofrece su construcción teórica alterna. No explica, ¿cuál es su concepción de las relaciones de producción?, ¿cómo define el capitalismo?, ¿cómo distingue una economía capitalista de una socialista?, ¿qué papel juega la propiedad en el control y apropiación del excedente? o ¿cuál es su constructo teórico para describir el funcionamiento de una sociedad? ¡Oh! sorpresa, aquí también evade lo concreto y coincide con el ideario y visión de mundo capitalista.
Ya casi para finalizar, el autor nos ofrece un acto de acrobacia retórica al dar un salto desde sus propuestas económicas hacia una proclama de transformación política.
“Entonces sí, Cuba está “preñada de revolución”. Se requieren grandes transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales en todos los ámbitos de la sociedad. Para ello, es fundamental la apertura democrática de esa sociedad que se pretende transformar. Y si, esta apertura significa el fin del control del gobierno y los aparatos del poder por parte del partido único, el Partido Comunista. Significa abrirse a legalizar la existencia de otros partidos y a celebrar elecciones libres, teniendo como marco las la medida justa de libertad” -¡whatever that means!- “que el país necesita para su transformación.”
Propone “el fin del control del Partido Comunista y el gobierno cubano”, “el multipartidismo” y las “elecciones libres”. Y para ello, las asocia y establece una relación causal entre su planteamiento económico y el proceso de transformación política: “…es fundamental la apertura democrática…” Una relación causal que no demuestra. Así que asume como dogma, que el fin del Partido Comunista, el multipartidismo y sus elecciones, se traducirán automáticamente en la solución de los problemas económicos de Cuba. Hace abstracción de que vive en un país con la “apertura” que pide para Cuba y, a pesar de ello, está en quiebra, sumido en una crisis estructural económica y financiera, con un alto nivel de pobreza -40.5%- una alta concentración de ingresos en un pequeño segmento de su población – el 20% controla el 55 o 60% de los ingresos -datos del PR Community Survey, Tablas ‘S1706 y B19082. Añada que además, es colonia del mismo imperio que intenta asfixiar a Cuba, y que sobre Puerto Rico impone la dictadura de su dominio colonial, hoy, aún más directo a través de la Junta de Control Fiscal . Es ciego ante su propia realidad y jubilosamente auspicia la misma democracia-liberal que como alternativa de cambio político ofrece el imperialismo norteamericano a Cuba.
Al cerrar su escrito, levanta la bandera de la soberanía para ‘curarse en salu’ y rechaza lo que llama “intentonas de Rubio y Trump”. “Intentona” llama a mas de 65 años de estrangulamiento económico, comercial y financiero, ilegal en su aplicación extraterritorial e intensificado por el cerco petrolero y sanciones directas a empresas e individuos que comercian con Cuba. El Sr. Torres, reduce a una expresión anecdótica la política estadounidense descrita por Lester Mallory, Subsecretario de Estado, como:
“El único modo previsible de restarle apoyo interno [al gobierno cubano] es mediante el desencanto y la insatisfacción que surjan del malestar económico y las dificultades materiales”.
Mallory, propuso entonces, privar a Cuba de dinero y suministros con el objetivo de reducir los salarios (la producción) y provocar “hambre y desesperación” en la población. –Memorando de Lester Mallory, Subsecretario de Estado, 6 de abril de 1960.
No se puede analizar la crisis cubana sin estudiar el Bloqueo, todos sus mecanismos, su alcance, sus efectos acumulativos y el hecho de quien lo promulga y lo sostiene, controla el comercio e instituciones financieras internacionales. No se trata de negar los problemas internos de Cuba, sino exigir un examen riguroso del tema que se discute. Un análisis serio del Bloqueo, debe ser capaz de estudiar simultáneamente las condiciones externas que actúan sobre la economía cubana, las contradicciones internas que provocan, y las propias que surjan de la administración del gobierno y la sociedad cubana. No basta con mencionar al Bloqueo, como una variable secundaria o anecdótica. Al minimizarlo, válida la propaganda estadounidense que niega la responsabilidad primaria del Bloqueo en la crisis cubana y señala la culpa en el gobierno y lo denomina como “Estado Fallido”. Una y otra vez, el autor del ‘artículo ‘Una Cuba Democrática y Justa’, vuelve a coincidir con el imperio.
Al contrario de la minimización del Bloqueo por el imperio y sus acólitos, este ha sido validado y documentado por organismos internacionales independientes, como las Naciones Unidas. En esta, el Bloqueo ha sido objeto de condenas reiteradas por su Asamblea General la última de estas tuvo lugar el 29 de octubre de 2025. La intensificación de la crisis por el cerco petrolero, ilegal y criminal, de EEUU a Cuba, abrió un debate de urgencia en agosto de este año, que derivó en nuevas condenas por expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Según el Informe emitido por este, el pasado mes de septiembre del 2026, hoy el Bloqueo en Cuba, provoca muertes por falta de electricidad, recursos médicos y amenaza en convertirse en un genocidio lento. Así lo reconocen y urgen a la comunidad internacional y a la sociedad civil a actuar con rapidez para evitar un genocidio como en Gaza.
“They urge the international community and the civil society to act swiftly to prevent a ‘silent Gaza’ from unfolding on the island…”
Al parecer quien escribe el artículo que acabamos de examinar, está más cerca de la versión del imperio sobre la situación cubana y la solución de sus problemas que de una marxista o socialista. La superficialidad de su ‘análisis’ lo conduce a reproducir la narrativa del hegemon imperial, que, aunque en debilitado, continúa con su poder económico y militar. Asimismo, sorprende, lo que parece ser una falta, o pobreza de los criterios de selección de artículos de la Revista Bandera Roja; por decir lo poco.
En respuesta a «Una Cuba democrática y justa»
La soberanía reside en el pueblo cubano

| Comité de Solidaridad Con Cuba
| Publicado el 8 septiembre 2026
Nota de Bandera Roja: En sintonía con nuestra política editorial hemos abierto las puertas al CSC para que reaccionen al Debate Abierto iniciado por el Cro. Pablo Torres con el artículo titulado Una Cuba democrática y justa. Apostamos al choque de ideas para un desarrollo de la teoría y práctica revolucionaria.
Este es nuestra opinión, no a través de un escrito sino tomando nota según lo leíamos y analizábamos lo que expone. (Lo realizamos tres compañeros juntos, dos cubanos residentes en la isla y un boricua internacionalista)
El análisis del texto en cuestión revela, desde sus primeras líneas, una subordinación discursiva a la narrativa impuesta históricamente por los centros de poder de Washington y el lobby conservador de Miami. Calificar la realidad cubana bajo el prisma maniqueo de una “vil y criminal dictadura” despoja el debate de todo rigor sociopolítico y reproduce los esquemas de propaganda tradicionales. La experiencia socialista cubana se fundamenta en la concepción del Estado como garante de los intereses de las mayorías trabajadoras frente a las élites económicas, canalizando la dirección política a través de congresos partidistas y asambleas populares donde se corrigen rumbos y se proyectan reformas. El mayor desacierto del argumento original radica en tratar el cerco económico como un mero factor agregado o colateral. Relegar a segundo plano una guerra económica extraterritorial de casi siete décadas, agravada por las más de doscientas cuarenta medidas punitivas de la administración Trump, sostenidas activamente por Biden, la injustificada inclusión en la lista de patrocinadores del terrorismo y el recrudecimiento del asedio energético promovido por actores como Marco Rubio, constituye una distorsión deliberada de la causa principal que asfixia la capacidad de planificación material del país.
Al abordar la imperiosa necesidad de incrementar la producción y dignificar el poder adquisitivo, el escrito comete el error de sugerir que el socialismo cubano ha ignorado estas premisas, cuando en realidad ha sido la clase trabajadora organizada la que ha sostenido el tejido productivo en condiciones de constante privación impuesta. Plantear una supuesta disyuntiva sobre cómo edificar una economía al servicio de las mayorías desconoce la dinámica histórica de consulta popular que caracteriza a la isla. En Cuba, las transformaciones económicas de gran envergadura no se imponen mediante decretos tecnocráticos a puerta cerrada, sino a través de debates en fábricas, cooperativas y centros de estudio, como quedó demostrado en el proceso de discusión y aprobación de las directrices y lineamientos socioeconómicos, así como en la deliberación masiva de normativas como el Código de las Familias. Ignorar estos espacios de deliberación directa para tachar al modelo de sordo ante el pueblo es replicar acríticamente las tesis desinformadoras que niegan la capacidad protagónica de la clase obrera cubana.
El intento de leccionar sobre bienestar social, empleo y servicios públicos tropieza de frente con la monumental obra distributiva de la Revolución frente a obstáculos extremos. Resulta insostenible hablar de falta de voluntad estatal en materia de vivienda, salud o infraestructura sin denunciar que la legislación estadounidense prohíbe la adquisición de insumos, maquinarias y medicamentos que contengan siquiera un diez por ciento de componentes norteamericanos. La tarea cotidiana de edificar obras, restaurar redes eléctricas y sostener el sistema sanitario se realiza mediante un esfuerzo heroico de resistencia e innovación obrera. El movimiento de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) es un testimonio vivo de trabajadores que fabrican piezas de repuesto confiscadas en puertos internacionales por navieras temerosas de sanciones. Atribuir las carencias en los servicios a negligencia interna, obviando la deliberada persecución financiera internacional contra los bienes esenciales de la población, es una maniobra intelectualmente deshonesta.
Asimismo, la pretensión del escrito original de descubrir una economía mixta que combine la propiedad social con cooperativas, micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) y trabajo por cuenta propia denota una profunda desconexión con las reformas que el Estado cubano ya ha legislado e implementado a través de marcos normativos como los decretos sobre el sector no estatal y el sistema tributario de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT). Las diversas formas de gestión no estatal conviven activamente dentro del modelo socialista, reguladas precisamente para evitar que la acumulación desmedida de capital vulnere la soberanía o desmantele los derechos conquistados. A diferencia de las economías de mercado en la región donde impera la precarización, el desempleo estructural y el desamparo sindical, en Cuba la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y las asambleas de colectivos laborales fiscalizan los derechos del asalariado y promueven la reubicación laboral. El reto actual no es la falta de apertura, sino el control soberano sobre distorsiones especulativas para que el mercado responda al bienestar general y no a lógicas de enriquecimiento privado ajenas al proyecto social.
La exigencia de una supuesta “apertura democrática” condicionada al desmantelamiento del Partido Comunista de Cuba traduce la intención de imponer un modelo de democracia burguesa y multipartidista que históricamente ha respondido al financiamiento corporativo y al espectáculo mediático. El sistema político y electoral cubano, fundamentado en la postulación directa de delegados de base desde las asambleas barriales sin necesidad de intermediación partidista ni campañas millonarias, otorga un control popular directo que supera con creces las democracias liberales occidentales, donde el acceso a los cargos depende del capital financiero. En Cuba, el voto no es obligatorio y las urnas son custodiadas de manera transparente por escolares, contando con mecanismos institucionales de rendición de cuentas e inclusive de revocación de mandato para aquellos representantes que no cumplan el encargo comunitario. Homologar legitimidad democrática con proliferación de partidos satélites no es más que asumir la agenda foránea que busca fracturar la unidad política para facilitar la penetración imperialista.
Finalmente, el intento del texto de equiparar al gobierno revolucionario con las posturas injerencistas de figuras como Donald Trump y Marco Rubio constituye una falsa equivalencia ideológica. Mencionarlos superficialmente busca otorgar una falsa apariencia de neutralidad a un argumento cuyo único propósito es socavar la legitimidad del proyecto socialista desde adentro. La soberanía reside de manera indiscutible en el pueblo cubano, y es precisamente ese pueblo el que ha defendido su derecho a la autodeterminación frente al intervencionismo extranjero, rechazando recetas foráneas de privatización y sometimiento. Reducir la compleja batalla de un país sitiado a clichés sobre dictaduras y transiciones de manual no solo evidencia una mirada superficial y funcional a los intereses hegemónicos, sino que ignora la profunda convicción de una sociedad que elige perfeccionar su socialismo sin tutelajes ni presiones externas.
Una Cuba democrática y justa
Necesidad de cambios en Cuba no deben representar un incremento del capitalismo


| Publicado el 8 septiembre 2026
Cuba se halla ante la necesidad impostergable de transformaciones económicas y sociales que redefinen su presente y guíen su porvenir hacia la libertad. La vil y criminal dictadura del Partido Comunista ha llevado a un “callejón sin salida”, donde el pueblo padece toda suerte de atropellos por parte del régimen. Se le suman las dificultades provocadas por el eterno embargo y el reciente bloqueo energético impuestos por el gobierno de Estados Unidos.
Cuba necesita una transformación económica que incremente la producción y establezca una escala salarial justa y digna. La pregunta obligada es cómo edificar una economía productiva por vía democrática y al servicio de las mayorías sociales. No se trata solo de escoger entre Estado y mercado.
El objetivo de la economía debe ser mejorar las condiciones de vida de la población. Esto conlleva aumentar la producción y la productividad, pero garantizando salarios dignos; empleo con derechos; servicios públicos de calidad; acceso a vivienda y a bienes esenciales; y la reducción de las desigualdades. El crecimiento económico no debe medirse solo por cuánto se produce; también debe considerarse cómo se distribuye la riqueza y quién participa en la toma de decisiones sobre las políticas económicas.
No se trata de escoger entre la propiedad estatal o la privada. En Cuba, una economía renovada debe combinar diversas formas de propiedad pública y social para los sectores estratégicos y los servicios esenciales; cooperativas que le brinden al pueblo participación directa en la gestión de la propiedad; pequeñas y medianas empresas privadas bajo reglas claras, derechos laborales e impuestos progresivos; y el trabajo por cuenta propia como una forma legítima de actividad económica. Lo fundamental no es solo quién posee una empresa, sino cómo se distribuye el poder económico y para quién funciona la producción. No se trata de quién posee, sino de cómo se decide, se gestiona y para quién se produce.
Entonces sí, Cuba está “preñada de revolución”. Se requieren grandes transformaciones económicas, políticas, sociales, culturales en todos los ámbitos de la sociedad. Para ello, es fundamental la apertura democrática de esa sociedad que se pretende transformar. Y sí, esta apertura significa el fin del control del gobierno y los aparatos de poder por parte del partido único, el Partido Comunista. Significa abrirse a legalizar la existencia de otros partidos y a celebrar elecciones libres, teniendo como marco la medida justa de libertad que el país necesita para su transformación.
Esta necesidad se antepone al régimen dictatorial del Partido Comunista y a las intentonas de los señores Rubio y Trump-naranja de establecer control y dominio sobre Cuba. Es un reclamo propio de la sociedad y del pueblo cubano, el único soberano con el derecho democrático de dictar su rumbo.
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