El ‘caso Harwicz’ sacude al mundo de la cultura: más de 500 autores defienden el boicot y rechazan que sea antisemitismo

La retirada de una invitación al festival Cultur Alh, que se celebra estos días en Granada, a la escritora genera una auténtica polvareda en el mundo literario

La escritora argentina Ariana Harwicz. Archivo.Europa Press

25/09/2026 21:30

El genocidio en Gaza ha irrumpido en la escena literaria después de que el festival Cultur Alh, que se celebra hasta el 27 de septiembre en Granada, retirase del cartel a la escritora Ariana Harwicz. La organización del festival tomó la decisión tras recibir «peticiones de la Red Universitaria por Palestina de Granada, de distintos lectores y de uno de los clubes participantes para que se reconsiderara» su presencia. La autora, según destacó la red universitaria, había publicado en septiembre de 2025 en la red social X un tuit en el que decía textualmente: «Les angustia terriblemente que no haya genocidio. Lo desean, desean que haya genocidio para confirmar su odio a Israel». 

Antes, el 24 de noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional ya había emitido una orden de arresto contra Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, por presuntos crímenes de guerra y lesa humanidad. Y tan solo 11 días después de ese tuit, el 16 de septiembre, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre los territorios palestinos ocupados de Naciones Unidas corroboró que, en efecto, se trataba de un genocidio: «Israel ha cometido genocidio en la Franja de Gaza». Así lo explicaba: «Al matar, causar lesiones físicas o mentales graves, someter deliberadamente a condiciones de vida para destruir a los palestinos, e impedir la natalidad en Gaza, las autoridades y fuerzas israelíes perpetraron cuatro de los cinco actos genocidas definidos en la Convención para evitar ese crimen«, concluía el informe de la comisión que investigaba lo ocurrido después de que los atentados de Hamás el 7 de octubre de 2023 causaran casi 1.200 muertos en Israel.

Así explicó la dirección del festival la retirada del acto de Harwicz: «La organización de Cultur Ahl […] tras valorar [las peticiones recibidas]» decidió «modificar el programa, en coherencia con el compromiso de la Universidad de Granada con los derechos humanos y con los acuerdos adoptados por su Consejo de Gobierno respecto a Palestina«. Aseguraron además: «Es una decisión organizativa sobre esta edición concreta y no queremos convertirla en una polémica pública ni en una confrontación personal con la autora, cuya trayectoria literaria respetamos». 

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A la Universidad de Granada no le gustó la marcha atrás con Harwicz y reaccionó de este modo: «Esta decisión no fue adoptada, aprobada ni respaldada por el Equipo de Gobierno de la Universidad de Granada. La Universidad de Granada no comparte dicha decisión. Una universidad pública debe ser un espacio abierto al pensamiento crítico, al contraste de ideas y a la expresión de posiciones plurales, también cuando estas resultan discrepantes o controvertidas. La Universidad de Granada reafirma, por tanto, su compromiso con la libertad de expresión y de creación, el pluralismo, el respeto a la diversidad de ideas y el diálogo como principios esenciales de la vida universitaria y de su relación con la sociedad».

La Red Universitaria por Palestina de Granada detalló luego en un comunicado que el pasado 17 de septiembre pasado, a pocos días de que comenzase el festival, enviaron una «carta a la organización» pidiendo que «reconsiderara la participación de Ariana Harwicz y que explicara sus criterios». «Sin amenazas ni convocatorias«, agregaron. La red también manifestó: «No suponemos ningún peligro para nadie. Se ha hablado de posibles protestas y de comprometer la seguridad la escritora si no se cedía a nuestra petición. Una carta no es una amenaza. Protestar es un derecho y ante un genocidio, una obligación». Añadían en esa nota: «La escritora niega públicamente que haya genocidio en Gaza» y citaban el tuit de septiembre de 2025 reseñado en el primer párrafo. Y añaden que «atribuye odio a quienes lo denuncian».

«Estamos contra toda forma de racismo y discriminación. Criticamos posicionamientos públicos, no identidades. Llamar antisemita a toda crítica al Estado de Israel, al boicot o a la denuncia del genocidio banaliza el antisemitismo real. Valoramos la decisión de la dirección del festival de atender nuestra petición y las de otros sectores de la comunidad universitaria». 

Sobre el rechazo de la Universidad a la retirada de la invitación a Harwicz, la red le reclama que «aclare si mantiene el compromiso que su Consejo de Gobierno aprobó en mayo de 2024 frente al genocidio en Gaza y cómo lo aplica a las actividades que organiza». La dirección del festival quiere puntualizar también que no habían existido amenazas de ninguna clase: «Se extrajeron conclusiones inesperadas, como que la red nos obligó, y me veo obligada a aclarar que la red no nos amenazó, nos avisó. Fuimos nosotras las que tomamos la decisión».

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Este periódico trató de localizar a Harwicz este viernes a través de su editorial en España y también de otras maneras para conocer de primera mano su valoración al respecto de todo este asunto y plantearle las siguiente pregunta: A su juicio, ¿qué es lo que a partir de los atentados del 7 de octubre está haciendo el Estado de Israel en Gaza? ¿Cómo lo denominaría?. Pero no obtuvo éxito en su intento. En una entrevista publicada este jueves en El País, la autora afirmó que ser judía es lo que ha causado su exclusión del festival. «Si perteneciera a otra minoría nadie me hubiera hecho esto. En el ámbito de la cultura se justifica la cancelación a los judíos». También añadió: «Sionista es la forma diabolizada e instrumentalizada para discriminar a judíos. Y les gustan los judíos que quieren aniquilar al Estado de Israel».

La escritora ha venido manifestando opiniones similares a esta desde hace tiempo. En esta entrevista en Letras Libres publicada el 8 de octubre de 2024, afirmó: «Pero yo hablo de los comportamientos masivos: me impresiona ver en Europa, en Alemania, en Francia, en España, en los países nórdicos, llamar a los artistas a la Intifada, oírlos decir ‘basta del genocidio en Gaza’, calificar a los israelíes de supremacistas y colonizadores. Encontraron la vuelta retórica para odiar a los judíos y pedir la aniquilación de Israel. Es una renovación lexical de la juventud hitleriana y del nazismo del siglo XX, pero más escandalosa y cómplice, a mi entender, porque tenemos la Shoá detrás». 

«Se traiciona —añadía Harcwicz— todo lo que supuestamente la Europa y el Occidente libres han construido estos últimos 40 años. Es como descubrir que tu padre es un violador o un asesino, que estás viviendo en una mentira. Eso me pasó a mí el 7 de octubre [día de los atentados de Hamás]: el feminismo, la defensa de los derechos LGTBI, la diversidad y la tolerancia sexual, la lucha contra la transfobia, la idea de inclusión, la emancipación de la mujer, todos esos axiomas, son mentira. Quieren que desaparezca Israel, única democracia de Medio Oriente, donde prontamente los soldados se van a poder casar y hay un culto a la diversidad».

En estos días, después de que se le retirara la invitación a Harwicz, se han sucedido las reacciones del mundo literario y de la cultura. El escritor irlandés John Banville decidió no acudir al festival, donde estaba prevista su presencia. Y el miércoles más de 350 autores e intelectuales lanzaron un manifiesto de apoyo a Harwicz. Este viernes, más de 500 escritores e intelectuales lanzaron otro texto, este en defensa de la Red Universitaria por Palestina y específicamente de las escritoras Rita Laura Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro, Silvia Federici y Ángelo Néstore, quienes se habían pronunciado a favor de la «desinvitación» de Harwicz. 

Los argumentos de estas ocho fueron estos: «Conocemos la obra literaria de Harwicz y coincidimos en valorar su provocadora exploración de la complejidad humana: ese es uno de los asuntos centrales de la literatura. Eso no está en cuestión. Lo que está en cuestión es si tiene algún valor y es éticamente correcto compartir un espacio público con quien ha hecho declaraciones en las que niega el genocidio que está llevando a cabo el Estado de Israel contra los palestinos; injuria a quienes nos oponemos al proyecto de aniquilación de todo ese pueblo, expresado reiteradamente por miembros del Gobierno de Israel, y avala el exterminio». 

Estas ocho autoras manifestaron que la libertad de expresión «es un valor central de la vida en sociedad, pero dicha libertad tiene límites tipificados por la ley». «Creemos —prosigue su reflexión— que quienes niegan un genocidio, así como quienes antes negaron el holocausto judío, contribuyen a legitimar la negación del exterminio racista de todo un pueblo y se hacen políticamente cómplices de estos hechos. Ese negacionismo impide que la sociedad aborde el problema de una manera justa«. 

«En ese sentido —añadieron—, toda institución educativa, todo festival cultural o literario está en su legítimo derecho de excluir a quienes entorpecen o exceden los límites de la libertad de expresión. Lamentamos que la organización del festival no haya considerado antes la problemática posición de Harwicz y que, una vez confirmada su invitación, no le explicara, con la debida honestidad y el debido coraje, los motivos de esta cancelación».

Los firmantes del manifiesto de apoyo —entre los que están Fernando Savater, Margo Glantz, Piedad Bonnett, Óscar Tusquets, Andrés Trapiello, Cayetana Álvarez de Toledo y María Negroni, Santiago Roncagliolo, Enrique Moradiellos, José Luis Pardo, Anna Caballé, Victoria Cirlot, Karina Sainz Borgo, Pola Oloixarac, Carolina Sanín, Zoé Valdés, Fernando Iwasaki, Santiago Kovadloff y Manuel Valls— a Harwicz consideran:  «Ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas; defender la libertad de expresión solo para quienes piensan como nosotros no es defenderla: es sustituir la confrontación libre de ideas por la selección ideológica». 

Los firmantes reivindican: «La respuesta democrática a una opinión, por controvertida que sea, es el diálogo, la pregunta, la discusión pública, nunca la expulsión del programa». El manifiesto expresa asimismo preocupación por que se atribuyan a Harwicz posiciones que ella rechaza haber sostenido o porque sus palabras circulen descontextualizadas sin darle la oportunidad de explicarse. «La discrepancia política, por profunda que sea, no justifica la tergiversación, la descalificación personal ni la estigmatización«, subraya el texto.

Los firmantes celebraron que la Universidad de Granada se desmarcara de la decisión y piden a la dirección del festival que explique «con transparencia su decisión, reconozca el perjuicio causado y ofrezca a Harwicz una reparación pública adecuada, así como un reconocimiento del daño causado al debate público». «Este comunicado no exige compartir las opiniones de Ariana Harwicz. Exige algo anterior: que nadie sea apartado de la vida cultural por sostener ideas propias, y que ningún desacuerdo se convierta en una condena personal», concluyen los firmantes.

El manifiesto lanzado este viernes —que cuenta con las firmas de, entre otros, Cristina Rivera Garza, Marta Sanz, Lucrecia Martel, Rodrigo Sorogoyen, Alejandro Zambra, Camila Sosa, María Galindo, Rita Indiana, Fernanda Trías, Carmen Ollé, Julián López, Nona Fernández, Alana Portero, Lydia Cacho, Pilar Quintana, Elaine Vilar Madruga, Brigitte Vasallo y Juan Cárdenas— expone con toda claridad: «No vamos a dejar solas a las personas que se posicionan contra el genocidio del pueblo palestino perpetrado por Israel y contra la violencia ejercida por su ejército y sus colonos sobre los habitantes de Gaza y Cisjordania».

«Nuestro respaldo —añaden— se extiende a quienes ejercen la protesta pacífica y la organización colectiva para exigir que las instituciones culturales y académicas respondan por las decisiones políticas que toman desde sus programaciones. La protesta, también amparada por la libertad de expresión, es una de las pocas herramientas que tienen los estudiantes y la ciudadanía para responder a los discursos que desde las altas tribunas y espacios de legitimación cultural niegan el genocidio palestino».

«Nos resistimos —añaden— a que el debate quede reducido a un conflicto identitario y a que cualquier defensa a favor del pueblo palestino sea convertida automáticamente en antisemitismo. Estamos contra el genocidio, contra la violencia ejercida sobre Palestina y contra los discursos que la niegan, la minimizan, la justifican o la celebran». Los firmantes rechazan así el antisemitismo y la lógica de utilizarlo como herramienta: «Criticar el sionismo no equivale a atacar a las personas judías ni a todas las israelíes. Combatir el antisemitismo y oponerse al sionismo tampoco son posiciones mutuamente excluyentes. Defender al pueblo palestino no equivale a atacar a las personas judías».

También defienden que la retirada de la invitación a Harwicz «no es censura». «Organizar un boicot pacífico no es censurar. La discusión es si nuestras instituciones culturales tienen la obligación de proporcionar escenarios, recursos, prestigio y legitimidad a cualquier posición política imaginable. Creemos que no: criticar no es censurar, protestar no es censurar».

Al respecto añaden: «Las instituciones culturales establecen límites éticos todo el tiempo. No aceptaríamos que la negación del Holocausto fuera presentada simplemente como otra opinión en nombre de la pluralidad. No vemos por qué tendríamos que aplicar un estándar ético distinto cuando hablamos del sufrimiento del pueblo palestino».

Después, instan al campo literario a tomar posición: «Pedimos a editoriales, festivales, ferias del libro, universidades, residencias, premios, fundaciones, instituciones culturales y demás agentes de la industria literaria que revisen sus vínculos institucionales con el Estado de Israel y con instituciones implicadas en la violencia contra el pueblo palestino. Y pedimos que las instituciones culturales entiendan que sus decisiones también son políticas y, como tales, pueden ser cuestionadas y boicoteadas».

Sobre la firma

Raúl Bocanegra

Raúl Bocanegra

Redactor en Andalucía.

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