Ambivalente el PPD ante Esencia

Recuerdan su historial de oportunismo político

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Por Jackeline Hernández Caraballo

La ausencia de la delegación del Senado del Partido Popular Democrático (PPD) en las vistas públicas del megaproyecto Esencia, en Cabo Rojo, envía un mensaje contundente de con quién están aliados.

Datos públicos del 2024 vinculan al expresidente del Senado y líder histórico del PPD, Antonio Fas Alzamora, al infame proyecto. Este vendió 215 cuerdas en Cabo Rojo a la corporación detrás de Esencia por $16.5 millones, horas antes de anunciarse el proyecto.

El presidente del PPD, Pablo José Hernández, por su parte, exhibe una ambivalencia que raya en la complicidad. En marzo de este año justificó el proyecto, siempre que cumpliera con las leyes y contara con el apoyo del alcalde, eludiendo cualquier responsabilidad real. Cuatro meses después, con las protestas arreciando, cambió el tono y cuestionó el procedimiento que autorizó el proyecto. Sin embargo, indicó que sus expresiones  “no [son] necesariamente equivalentes a una oposición al contenido”. Esta falta de compromiso evidencia una estrategia deliberada de evasión para no asumir costos políticos, poniendo sus intereses personales por encima del bienestar público.

Las fallas por incumplimiento de procesos y requisitos de permisología, de leyes ambientales y de reglamentos de planificación del proyecto Esencia son un asunto del Estado, no meramente municipal. Varias figuras políticas expresaron que la delegación popular tenía una responsabilidad absoluta de participar de las vistas públicas.

Se trata, sin embargo, de una estrategia electoral del PPD: no fijar primero una posición para luego ajustar el lenguaje según progresan los ánimos con el objetivo de asumir una postura que les garantice votos. 

Esta tendencia, común en el partido de Muñoz Marín, ocurrió durante la lucha de Vieques en contra de las prácticas militares de la Marina estadounidense en el año 2000. Sila María Calderón aprovechó el año electoral para asumir un cambio en su postura pública para garantizar votos que la llevaron a la gobernación ese año. 

Recordemos, también, la Masacre del Cerro Maravilla en 1978, por la que el PPD asumió una postura institucional y oficial justo a partir de 1981, luego de perder las elecciones de 1980 y justo para promover las vistas televisadas en 1983. Con esas vistas públicas televisadas como campaña basada en usurpar una lucha independentista es que Carlos Romero Barceló es derrotado por su rival del PPD. 

En todos estos eventos históricos, el PPD manipuló el discurso de “los intereses del pueblo”, apropiándose de luchas encabezadas por nacionalistas, socialistas e independentistas, quienes fueron víctimas de su propia persecución. Sin lugar a dudas, lo que el PPD ha buscado es sacar provecho político sin importar las consecuencias para el país y el pueblo trabajador.


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