Trump impone terror a inmigrantes
Workers Voice: Por una respuesta clasista



Por Redacción
Nota Editorial: Workers’ Voice (La Voz de los Trabajadores en español) es una organización política socialista y revolucionaria con sede en los Estados Unidos.
Desde el verano de este año, el régimen de extrema derecha en los EE. UU. ha intensificado sus ataques contra la comunidad inmigrante. Las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados, justificadas por la supuesta criminalidad y los presuntos vínculos de los inmigrantes con organizaciones criminales internacionales, son un pilar central del programa político del segundo mandato de Donald Trump y de su movimiento MAGA dentro del Partido Republicano.
Los EE. UU. tienen una larga historia de permitir la entrada y posteriormente deportar a inmigrantes de acuerdo con las necesidades económicas de sus industrias capitalistas y con las necesidades del Estado de disciplinar a la clase obrera. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, los EE. UU. intentaron deportar a un millón de mexicanos que habían trabajado en el sector agrícola. Estos inmigrantes habían ingresado al país como parte del “Programa Bracero” para trabajar en los campos durante la guerra. Al terminar esta, y una vez que su mano de obra barata dejó de ser necesaria, el gobierno de los EE. UU. emprendió un intento de deportación masiva en el que fueron afectados entre medio millón y un millón de personas: inmigrantes indocumentados, trabajadores mexicanos con contratos formales para laborar en los EE. UU. y ciudadanos estadounidenses de origen mexicano.
Durante las distintas etapas de la histeria anticomunista, el Estado utilizó la deportación como una herramienta de represión contra activistas de izquierda. Miles de inmigrantes, particularmente europeos, fueron deportados a sus países de origen debido a su afiliación o participación en organizaciones radicales. Esta es una política que Trump ha reavivado en casos como los de Mahmoud Khalil, Rumeysa Ozturk y otros activistas sociales que luchan por la causa palestina.
Las brutales políticas migratorias de Trump continúan esta historia de control migratorio. Impulsado por la necesidad de aumentar el nivel de explotación de los trabajadores y mantener dividida a la clase obrera, su gobierno está fortaleciendo la efectividad de su maquinaria de terror contra los inmigrantes. Con el doble de agentes de ICE, una participación cada vez mayor de las policías locales en los arrestos de inmigrantes y la construcción de nuevos centros de detención donde son recluidos en condiciones inhumanas, el gobierno federal ha arrestado a un número récord de inmigrantes en los últimos meses.
En agosto, ICE detuvo a casi 51,000 inmigrantes. Esta cifra no está muy lejos de su objetivo de realizar 2,000 arrestos diarios. En contraste con las aparatosas redadas realizadas en lugares como Los Ángeles, Chicago y Minneapolis —bastiones de comunidades inmigrantes con una larga experiencia de lucha—, Trump ha cambiado de táctica desde principios de este año. Su enfoque se ha concentrado en detener inmigrantes en las zonas fronterizas del sur controladas por el Partido Republicano: la región de San Diego, California, así como Arizona y Nuevo México, pero sobre todo Texas y Florida. Otros estados también han experimentado incrementos significativos en los arrestos, como Montana, Virginia Occidental y Nueva Jersey.
A través del acuerdo 287(g) entre las autoridades federales y las policías locales, ahora vemos un aumento importante en la colaboración entre las fuerzas represivas de distintos niveles de gobierno contra los inmigrantes indocumentados.
La gran mayoría de los arrestados no tiene antecedentes penales, lo que contradice la justificación del Estado de que su política migratoria existe para garantizar la seguridad de los estadounidenses. Cada vez más inmigrantes detenidos pertenecen a grupos que anteriormente no eran objeto de arrestos, como personas casadas con ciudadanos estadounidenses, inmigrantes en búsqueda de asilo y personas con visas de trabajo.
ICE ha concentrado sus arrestos en aeropuertos y tribunales de inmigración, donde los inmigrantes acuden a sus citas obligatorias, así como en espacios públicos como estaciones de autobús, tiendas y barrios. En estos lugares, los agentes se han disfrazado de trabajadores de distintos oficios —como electricistas— para mantener un perfil bajo. También están aumentando las redadas de ICE en los centros de trabajo, particularmente en los sectores de la agricultura, la construcción, la salud y la manufactura.
Este terrorismo de Estado contra la comunidad inmigrante tiene un efecto devastador. Los inmigrantes viven sus vidas con mayor cautela. Temen salir a comprar alimentos, conducir al trabajo o enviar a sus hijos a la escuela. Existe una creciente desconfianza hacia las instituciones gubernamentales, lo que limita la participación de los inmigrantes en servicios sociales y de salud, así como su disposición a denunciar crímenes en sus comunidades.
Los recientes asesinatos a sangre fría de Lorenzo Salgado Araujo en Houston, Texas, y de Johan Sebastián Durán Guerrero en Maine son recordatorios del peligro que los inmigrantes enfrentan en su vida cotidiana. Los aproximadamente 600,000 arrestos y 450,000 deportaciones durante el segundo mandato de Trump traumatizan no solo a quienes son arrestados, sino también a sus familiares, vecinos y compañeros de trabajo, quienes pueden tardar meses o incluso años en volver a verlos, si es que sobreviven a los centros de detención, donde han muerto decenas de personas detenidas.
El estado de terror al que la clase dominante somete a la clase obrera inmigrante en los EE. UU. tiene como objetivo limitar su combatividad de clase y su solidaridad con otros sectores de la clase obrera estadounidense.
La respuesta de la clase obrera en Minnesota en enero ante la ocupación militar de ICE es un ejemplo prometedor de nuestra capacidad para enfrentar a la burguesía. Los habitantes de Minnesota desplegaron su poder organizativo —parte del cual surgió durante las protestas contra el asesinato de George Floyd en Minneapolis en 2020— para organizar un amplio movimiento de resistencia contra Trump.
Los inmigrantes y activistas movilizaron redes de respuesta rápida para alertar sobre los movimientos de ICE, organizaron el suministro de alimentos y medicamentos para inmigrantes que no querían salir de sus casas y salieron a las calles en protestas de decenas de miles de personas, con el respaldo del movimiento sindical del estado. La jornada de lucha en Minneapolis mostró una inspiradora unidad entre diversos sectores en lucha que continúa hasta hoy. Aunque Trump tuvo que retirar a la gran mayoría de sus agentes en febrero, todavía mantiene una fuerza más pequeña en el estado que continúa hostigando a los inmigrantes.
Pero la victoria de nuestra lucha en Minnesota, aunque provocó un cambio de estrategia por parte del gobierno federal, no ha frenado una política migratoria que continúa avanzando de manera arrolladora. Las masas continúan movilizándose a nivel local contra la construcción de nuevos centros de detención, en defensa de activistas víctimas de la represión y en apoyo a inmigrantes que enfrentan procesos legales.
Sin embargo, debemos llevar el ejemplo de Minnesota al nivel regional y nacional, unificando a todos los sectores obreros y activistas en coaliciones amplias y democráticas para elaborar un plan de movilización que ponga en jaque la estrategia antiinmigrante de la clase dominante.
¡Fin a las redadas!
¡Respeto al debido proceso de los inmigrantes!
¡Cerrar los centros de detención y frenar la construcción de nuevos centros!
¡Papeles para todos!
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