Crisis del agua sobrecarga las mujeres trabajadoras

Abandono, malos manejos y corrupción en la AAA

Por Gisela Báez Sánchez

«Salimos de la crisis del agua». Los medios corporativos se hacen eco de las declaraciones del gobierno de turno y anuncian que los embalses de Carraízo y La Plata han salido de sus niveles críticos. Sin embargo, este discurso oficialista busca, de manera inmediata, acallar la indignación y tranquilizar a la población. Aunque las autoridades suspendan el racionamiento y el servicio de agua potable regrese a los hogares, la crisis del agua en Puerto Rico no ha terminado, apenas comienza. La realidad nos golpeará la cara tarde o temprano, el problema del agua es uno global, pero además en Puerto Rico es una crisis de mala administración institucional y una absoluta falta de visión de futuro. Las sucesivas administraciones coloniales han ignorado la preservación de nuestros recursos, la protección de las cuencas hidrográficas y el cuidado de los bosques. En medio de este desastre administrativo, la peor parte la siguen pagando las familias trabajadoras.

Por otro lado, la crisis del agua tiene un impacto desigual. En la posición de mayor precariedad quedan miles de mujeres trabajadoras, muchas de ellas jefas de familia. Tras extensas jornadas laborales, regresan a hogares sin servicio para cargar con todo el peso doméstico: el mantenimiento de la casa, la preparación de alimentos, la subsistencia de sus núcleos familiares y encima las filas de los oasis y la compra de agua (si el sueldo da). Los administradores del país parecen haber olvidado la brutal carga física, mental y económica que imponen sobre las mujeres y sus crías, uno de los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Por eso, cuando organizamos a las comunidades, repartimos boletines o convocamos a protestas, no lo hacemos desde el vacío. Se hace desde la experiencia vivida en carne propia por mujeres y trabajadoras que intentan sortear las mil crisis del país, la doble jornada, mientras garantizan, día a día, el alimento de sus hijxs o de sus viejxs.

Es hora de quitarnos la venda: el colapso del servicio de agua es un problema del sistema. Las administraciones actuales y pasadas (han demostrado ser lo mismo), han operado bajo las mismas lógicas de abandono, mal manejo y corrupción. Mientras el problema del agua sigue siendo una amenaza constante, se anuncia sin descaro un nuevo aumento en la tarifa de la luz.

Los sueldos permanecen estancados y la justicia salarial para la clase trabajadora brilla por su ausencia. Ante este panorama la pregunta obligada es: ¿Qué más tiene que pasar para que nos tiremos a la calle? Esta lucha, como muchas otras, no puede recaer sobre los hombros de unas pocas personas. Mejorar nuestra calidad de vida y garantizar el acceso a los servicios esenciales como un derecho humano requiere romper con la normalización del abuso. Para transformar nuestra realidad se requiere presionar a quienes gobiernan y toman las decisiones, llevarles el problema a su casa, incomodar con la protesta y el reclamo en todos los espacios posibles, organizarnos y luchar.


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