La literatura salvaje florece en medio de la crisis climática: 25 libros para enamorarse de la naturaleza
Las librerías se convierten en un bosque de obras cuya calidad literaria trasciende el tema que tratan. Un halcón peregrino, la vida en las montañas, en el Ártico o en el delta del Ebro componen una biblioteca fascinante sobre el medio natural



“Aquel fue mi primer peregrino. Desde entonces he visto muchos, pero ninguno que lo superase en velocidad y fuego. Durante 10 años pasé todos mis inviernos buscando esa brillantez efusiva, la pasión y la violencia súbitas que los peregrinos arrebatan al cielo”. Son unas líneas del principio de El peregrino, de J. A. Baker, el libro que el autor británico (1926-1987) dedicó a los halcones peregrinos y que constituye una de las cumbres de la literatura de naturaleza, Nature Writing o liternatura, un género cuyo auge en España refleja el creciente interés por el entorno no solo desde el punto de vista conservacionista sino de puro disfrute estético, ambas cosas señal de una sociedad en positivo progreso (al menos en esto).
John Alec Baker, que ese era su nombre completo, se enamoró de los peregrinos —el epítome de los halcones, su representación más ideal—, dos parejas de los cuales observaba volar, arrebatado, en su Essex natal. Fue una revelación, una iluminación, un éxtasis, una epifanía. Pocas veces se ha descrito un animal como una fuerza y un símbolo de todo lo esencial de la naturaleza como lo hizo Baker en The Peregrine, del que afortunadamente contamos en castellano con una espléndida traducción de Marcelo Cohen (Sigilo, 2016). El lírico y épico encuentro de Baker con los halcones, a los que seguía a diario, produce pasajes de extraño regocijo que revelan de qué alturas (y valga la palabra) es capaz la literatura de naturaleza, adoptando incluso el narrador, en una conmovedora metamorfosis, la identidad de la propia ave: “Vio el horizonte manchado de pueblos lejanos, vio el estuario levantar la boca azul y plata y mostrar las lenguas de verde. Y más allá de todo vio el brillo rectilíneo del mar flotando sobre la tierra marrón y blanca como una orla de mercurio. El mar hinchándose como suele, elevaba su tormenta de luz y, atronando, llamaba a liberarse al halcón, encadenado a la tierra”.
En la introducción que escribió para una reciente edición de The Peregrine, Robert Macfarlane —otro de los grandes escritores de naturaleza y autor de otro clásico moderno como Las montañas de la mente: historia de una fascinación (Alba, 2010), sobre la atracción de las cumbres, y de títulos como Bajo tierra, Las viejas sendas o el reciente ¿Están vivos los ríos?— considera el libro de Baker una obra maestra de la literatura de no ficción y destaca cómo el autor, en estado de gracia, convirtió un acto de bird watching en una especie de ritual sagrado. En su profundidad, hálito literario y percepción del eco espiritual de la naturaleza, El peregrino comparte la cima del género con otras obras señeras como El leopardo de las nieves —el clásico relato de 1978 de Peter Matthiessen sobre su viaje en los años setenta al corazón de Asia con el gran zoólogo George B. Schaller en pos de la nívea y esquiva pantera (Siruela, 2022)— y Sueños árticos, de Barry Lopez, el excitante y conmovedor viaje al lejano norte que tanto contribuyó en los años ochenta a despertar la conciencia ecológica mundial descubriendo al tiempo cómo la naturaleza destella con reverberaciones metafísicas (Capitán Swing, 2017). “La serena luz ártica se proyectaba sobre la tierra como un suspiro, como un aliento”, escribía Lopez.

En la actualidad, uno de los autores que ha recogido el testigo de los grandes y cuyos libros merecen también formar parte de la imprescindible biblioteca de la naturaleza es Jonathan C. Slaght, que ha viajado a los confines de la federación rusa, donde el río Amur hace frontera con China, para alumbrar dos libros extraordinarios de íntima comunión con la naturaleza más abrumadora: uno centrado en los grandes búhos pescadores de la zona (Búhos de los hielos del Este, 2022) y otro, recién aparecido, sobre el tigre siberiano (Tigres entre dos imperios, 2026), ambos en Siruela. Si de tigres se trata, nuestra biblioteca ha de contar con otros dos libros sensacionales. Uno es El tigre, de John Vaillant (Debate, 2012, lo reedita ahora Errata Naturae), el mismo autor de la gran historia y reflexión acerca de los pavorosos incendios que nos asolan, El tiempo del fuego (Capitán Swing, 2025). Trata sobre un felino devorador de hombres en la misma zona visitada por Slaght. Y el otro libro es El embrujo del tigre, de Sy Montgomery, una autora que escribe de manera apasionante y deliciosa sobre los misteriosos (y tan peligrosos) tigres de las Sundarbans de Bengala (Errata Naturae, 2018). Me resisto a no mencionar un viejo clásico iniciático sobre los felinos listados, El tigre y el hombre, de Bengt Berg (Juventud, 1954), con algunas páginas muy hermosas sobre la fiera.
En el lado opuesto del tigre está el cordero, y a las ovejas ha dedicado una de nuestras figuras de la liternatura, Gabi Martínez, decisivo en ponerla en el mapa, uno de sus libros más señeros, Un cambio de verdad (Seix Barral, 2020), emotiva búsqueda de las raíces personales entre rebaños y consideraciones ecológicas. De Martínez también destacan sus rastreos de animales invisibles y Delta (Seix Barral, 2023), sobre la amenaza del cambio climático al delta del Ebro y a su riqueza medioambiental.
En nuestra selección han de figurar obras de un amplio espectro, desde las de Gerald Durrell y David Attenborough, de perspectiva más centrada en la ciencia y el relato zoológico (sin olvidar que la trilogía de Mi familia y otros animales es un gran canto al goce de la naturaleza y sus criaturas, hermanos incluidos), hasta esos libros que entran ya directamente en lo más poético como las obras de la heredera de Thoreau, Annie Dillard, autora de Una temporada en Tinker Creek y Enseñarle a hablar a una piedra, donde escribe “desde las profundidades del misterio e incluso las cimas del esplendor”, ambas en Errata Naturae. O las de Mary Oliver, tan impregnadas de paisaje y de aves y del sentido espiritual del medio —Horas de invierno, también en Errata—, por no hablar de tantos de sus poemas como La garza blanca se alza sobre Blackwater, Cuando estoy entre los árboles, Cisne, Coyote en la oscuridad o Jilgueros (Devociones, poesía reunida, Lumen, 2025, traducción de Andreu Jaume)—. Hay que dar cabida también, añadiendo si se quiere Bajo el viento oceánico u otro título, el librito de la gran Rachel Carson El sentido del asombro (Encuentro, 2012), donde formula su concepto del wonder y reivindica la capacidad de maravillarse con asuntos como la migración del correlimos o más poéticamente, el timbre del cascabel del hada. “Ningún niño debería crecer sin conocer el coro de los pájaros al amanecer en primavera”, sostiene.
Una editorial recién lanzada al ruedo de la literatura de naturaleza es Carbrame, cuyo editor, él mismo naturalista y escritor, José Ramon de Camps, apuesta a la vez por publicar textos nuevos y por recuperar clásicos del género. Varios de los libros que ha publicado merecen figurar en la biblioteca ideal de la liternatura. Entre ellos, la desenfadada La vida nocturna, que no va de bares sino del comportamiento de los animales durante la noche. Escrita por la joven investigadora alemana Sophia Kimmig, contiene frases a las que no dejas de darles vueltas, como “cualquiera que haya tenido la suerte de acariciar la pata de un mapache no olvidará esa sensación”. Otro título que destacar es Al encuentro del zorro, del propio De Camps, que recoge “rastros y leyendas” de un animal al que admira. El capítulo dedicado a la variedad blanca del zorro común (que no es albinismo sino leucismo) es muy evocador: “El zorro blanco, en el fondo, es una pregunta. Una posibilidad. Una rendija en la lógica. Y los que caminan mucho por el campo lo saben. Que no se trata de verlo. Se trata de estar preparado para verlo”. Cultivar el sentido del asombro, diría Carson.
Y puestos a cerrar como hemos empezado, con halcones, y recalcando aquello del last but not least, ahí va uno de los libros más maravillosos, conmovedores y melancólicamente destellantes —y valga la contradicción— que se han publicado jamás sobre la naturaleza y su poder de conmoción en nuestros corazones: H de halcón, de Helen Macdonald (Ático de los Libros, 2015; la historia se convirtió en 2025 en película, que puede verse en Filmin). Es una historia real, el relato autobiográfico de la autora de la superación del dolor y la pérdida provocados por la muerte de su padre mediante la cría de un halcón de cetrería (en puridad un azor, goshawk en inglés, Astur gentilis). En la íntima comunión con Mabel, la salvaje hembra de rapaz, una relación tan intensa como la de Baker con sus peregrinos y aún más estrecha (“aguantándolo en mi puño, era como sostener una antorcha flameante, podía sentir el calor de su miedo en mi cara”), Macdonald halla tonos a la vez desgarradores y vivificantes. El adiestramiento del feroz azor para su uso cetrero se convierte en una metáfora del apaciguamiento del sufrimiento mediante la paciencia y el amor. Pocas cosas se han escrito tan bellas. Cuando el ave alza el vuelo de la mano de la joven es como regresar a El peregrino, de Baker, que describió así la despedida del halcón: “Y yo me quedé sin nada más que el soplo del viento, el sol oculto, el cuello y las muñecas duros de frío, los ojos en carne viva, y el esplendor perdido”.
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Jacinto AntónVer biografía
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