Medio siglo después, Cuba mantiene viva memoria del Crimen Barbados
Cuba conmemora hoy medio siglo del Crimen de Barbados, atentado terrorista que segó 73 vidas y cuya impunidad refleja la agresión sistemática orquestada desde Estados Unidos

La Habana, 6 oct (Prensa Latina) Cuba conmemora hoy medio siglo del Crimen de Barbados, atentado terrorista que segó 73 vidas y cuya impunidad refleja la agresión sistemática orquestada desde Estados Unidos.
El 6 de octubre de 1976, un Douglas DC-8 de Cubana de Aviación fue destruido por dos cargas explosivas minutos después de despegar del aeropuerto de Bridgetown, Barbados.
La explosión, a unos seis mil metros de altura, causó la muerte de 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos, entre ellos los 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima que regresaban de ganar todos los títulos en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Caracas.
El perito cubano Julio Lara Alonso demostró que la segunda explosión se produjo en el baño trasero de la cabina de pasajeros, lo que provocó el derribo de la aeronave. Los pilotos lograron mantener el control del avión en llamas el tiempo suficiente para reportar la emergencia antes del impacto contra el mar.
Las investigaciones establecieron que los autores intelectuales fueron los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, quienes en junio de ese año habían fundado en República Dominicana la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), con el propósito de ejecutar más de veinte actos terroristas contra representaciones diplomáticas cubanas.
Documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) revelan que esa agencia conocía los planes del atentado desde al menos cuatro meses antes.
Un informe fechado el 22 de junio de 1976 alertaba sobre los planes de Bosch para colocar explosivos en un vuelo de Cubana de Aviación.
La información fue distribuida entre el Departamento de Estado, el Pentágono y el FBI, pero nunca se compartió con las autoridades cubanas.
Pese a las pruebas, sucesivas administraciones estadounidenses protegieron a los responsables.
A 50 años del hecho, Cuba sostiene que la verdad sobre el Crimen de Barbados permanece vigente y que las responsabilidades no prescriben.
Los documentos desclasificados confirman el conocimiento previo de agencias estadounidenses sobre los planes del atentado, mientras que los principales responsables recibieron protección y nunca enfrentaron plenamente la justicia.
La memoria de las 73 víctimas continúa viva en el pueblo cubano y sustenta la permanente demanda de esclarecimiento y rendición de cuentas.
La nación caribeña ha denunciado que este crimen se enmarca en una agresión sistemática de más de 60 años contra la isla, que ha dejado tres mil 478 muertos y miles de lesionados por acciones hostiles, sabotajes y actos terroristas.
Según el gobierno cubano, esa política se ha expresado también mediante el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington, vigente desde hace más de seis décadas, con pérdidas acumuladas superiores a los 178 mil 700 millones de dólares.
La política de asfixia afecta directamente el acceso de la población a medicamentos, alimentos y servicios básicos. El 6 de octubre fue declarado en Cuba como Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, y también fue adoptado por la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom) como Día Caricom-Cuba contra el Terrorismo.
kmg/mks
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Barbados en la memoria

La Habana, 6 oct (PL) Hoy se cumplen 50 años del abominable Crimen de Barbados, que entre otras víctimas incluyó al equipo cubano juvenil de esgrima, el cual acababa de conquistar la lid centroamericana de la disciplina.
Por Lemay Padrón Oliveros
En pleno vuelo, un avión civil cubano sufrió el impacto de una bomba colocada en su interior por un grupo de terroristas desalmados, y al caer se llevó consigo la vida de 73 personas: 11 guyaneses, cinco norcoreanos y 57 cubanos.
Era el 6 de octubre de 1976 y el DC-8 con matrícula CUT 1201 prácticamente acababa de partir del aeropuerto internacional Seawell, de Barbados, con 24 personas ligadas directamente al deporte en su interior.
Los deportistas acababan de ganar para su país todas las medallas de oro entregadas en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de esgrima, celebrado por esos días en la ciudad venezolana de Caracas.
Por encima de los seis mil metros de altura que aproximadamente había alcanzado el avión marchaba el orgullo de todos estos jóvenes por haber representado dignamente a su Patria, y que perdieron sus vidas mientras sobrevolaban una playa caprichosamente llamada Paradise (paraíso).
Fueron 16 atletas, la mayoría aún en edad juvenil, pues sólo cuatro rebasaban los 21 años, cuatro entrenadores, dos técnicos y los dos responsables del grupo. De los esgrimistas, ninguno tuvo oportunidades de dejar descendencia.
Deportivamente sobresalían los floretistas Leonardo McKenzie e Inés Luaces, con excepcionales condiciones para imponerse al más alto nivel; actualmente la principal sala polideportiva de Las Tunas lleva el nombre de él, y la Escuela de Alto Rendimiento de Camagüey el de ella.
La capitalina Sala de Armas de las calles Prado y Trocadero, sede del centro de entrenamiento de esgrima de los equipos nacionales de mayores y juveniles no volvió a ser la misma nunca más, pues varios de sus mejores alumnos no volverían a empuñar sus aceros.
En el aspecto deportivo, la muerte de aquellos jóvenes atletas truncó un promisorio porvenir para la disciplina de las armas y las caretas en Cuba, e interrumpió un ciclo competitivo que la Isla demoró años en restablecer.
De hecho, en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 ningún cubano escaló el podio en esa especialidad, sequía internacional que duró hasta 1982, cuando los caribeños ganaron plata por equipos en el Campeonato Mundial de Francia.
La siguiente presea olímpica llegó 16 años después del atentado, cuando se conquistó un bronce en florete en Barcelona 1992, y de ahí en adelante el florete y la espada regalaron varios puestos de relevancia en Campeonatos Mundiales y Juegos Olímpicos.
Pero ese 6 de octubre el deporte se vio afectado también porque de las dos víctimas que estaban embarazadas (la atleta Nancy Uranga y la trabajadora de la Flota Camaronera del Caribe Sonia Coto), la primera llevaba en su vientre el fruto de su amor con un futbolista.
La historia de Uranga es más curiosa porque a última hora tomó el vuelo, pues inicialmente debía viajar a la capital venezolana una atleta de 12 años de edad, demasiado alta para su edad, llamada María González. En la pista del Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, uno de sus entrenadores informó a la niña que las normas internacionales le prohibían participar, y por eso llamaron a Uranga para que ocupara su puesto en el fatal viaje a la cita regional.
Enseguida se demostró la responsabilidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos en el atentado, en las personas de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, reclutadores de los ejecutantes: Freddy Lugo y Hernán Ricardo.
Desgraciadamente los principales autores del terrible atentado nunca fueron juzgados, pero su objetivo principal, que era socavar la dignidad del pueblo cubano y dividir al país, no lo consiguieron.
En materia deportiva el fracaso fue más contundente, pues los éxitos de la esgrima continuaron llegando.
kmg/lp
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