Shakira protagoniza la entrevista más breve, incómoda y extraña de ‘La revuelta’
A pesar de las risas, la cosa no fluía; era lo más parecido a ver la incomodidad de dos desconocidos atrapados en un ascensor. En ‘First Dates’ no habría habido una segunda cita; serían la pareja que ni se mira cuando abona la cuenta a medias



“Veremos si se emite en televisión o en un reel de Instagram”, se lamentaba Broncano cuando aún no sabía si Shakira se dignaría a aparecer por el Macondo Park, el recinto madrileño en el que la diva celebra la cultura latina. No piensen en Catulo o Julio César, sino en Maluma y Manuel Turizo. Como ya es costumbre, pasó en La casa de la música y en el programa de Henar Álvarez; ella no iba al programa, sino que era el programa el que iba a ella.
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Para complicar más el asunto, la entrevista no se confirmó hasta el día anterior y el horario estaba condicionado por la grabación del programa previsto para ese día en el Teatro Albéniz y un compromiso personal del presentador que debía coger un avión esa misma tarde. Todo esto nos lo contó el propio Broncano desde el coche en el que se dirigía a la grabación y mientras ingería un sándwich porque eran las cinco y todavía no había comido. ¿Esa frase no la hemos oído antes en algún sitio? Para rellenar, porque no las tenían todas consigo y algo había que emitir, documentó el viaje hasta el estadio. “Primera vez que a esta hora en televisión española se está emitiendo un vídeo grabado con un móvil”, afirmaba un poco nervioso y un mucho acongojado.
El tiempo corría y la autora de Antología no daba señales de vida, lo que dio lugar a “videos agónicos” y reflexiones desesperadas: “Lo que parecía ilusionante empieza a derrumbarse”. La tardanza solo podía pillar desprevenido a alguien que no conozca la discografía de la colombiana. “Si es cuestión de confesar, no sé preparar café y no entiendo de fútbol, creo que alguna vez fui infiel, juego mal hasta al parqués y jamás uso reloj”, cantaba en Inevitable. Ella siempre dice la verdad en sus canciones, aunque también ha dicho eso de “no se puede vivir con tanto veneno” y solo hay que hacer zapping a la hora de La revuelta para darse cuenta de que sí, hay gente que puede vivir con tanto veneno y más.
Pasaban los minutos y la de Barranquilla no asomaba, así que tocó hacer del defecto virtud. Broncano y Ponce se montaron en un carrito de golf para enseñarnos el recinto mientras hablaban “de cosas de amigos” y nos regalaron un plano secuencia que ríanse ustedes del inicio de Sed de mal. Como La revuelta brilla cuanto más se aleja de lo convencional, el resultado ha sido un programa inclasificable que sube directamente al podio junto a “la berrea” y La petanca del año.
Cuando ya ni recordábamos a quién estábamos esperando, apareció la cantante. Su presencia fue breve, pero, como dijo el presentador, “10 minutos con Shakira son como horas con una persona normal”. No tengo claro que sea un halago. Fueron exactamente 17 minutos. Suficientes para demostrarme que se puede tener menos química en pantalla que Aida Bao y Aitor Albizua en Cosas nuestras, algo que creía imposible. Shakira y Broncano emiten en frecuencias distintas. El presentador se movía en su caos habitual y la diva quería centrar la conversación en su residencia de 13 conciertos en Madrid —quizás alguien debería haberle dicho lo peligroso que es juntar las palabras residencia y Madrid—. Broncano quería hablar de baños portátiles y Shakira de su Macondo particular, bautizado así en honor a su amigo Gabriel García Márquez. En medio de un intercambio errático, supimos que echa de menos una vida más básica y que en Miami habla catalán con sus hijos cuando quiere que nadie los entienda.
A pesar de las risas, la cosa no fluía; era lo más parecido a ver la incomodidad de dos desconocidos atrapados en un ascensor. En First Dates no habría habido una segunda cita; serían la pareja que ni se mira cuando abona la cuenta a medias. Se ve que Shakira tiene bula porque, aparte de hacerle el programa a domicilio, no hubo preguntas clásicas. No sabemos cuánto petting ha hecho este mes ni mucho menos cuánto factura; no querrá darle más temporadas a Celeste. Nos queda el consuelo de que el invitado que había acudido aquella tarde al Albeniz era Jordi Mollá y los seguidores de La revuelta saben que ese es el programa que no hay que perderse.
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