Realismo mágico por los pelos
En su origen, el realismo mágico permitía que elementos poéticos e inexplicables convivieran de manera natural con la rutina diaria sin causar sorpresa en los personajes


Dicen que no existe nada nuevo bajo el sol, excepto la historia (y la literatura) que no conoces. Esta advertencia se manifiesta claramente cuando, por ejemplo, los nuevos gurús de la gerencia redescubren las Meditaciones de Marco Aurelio y transforman el estoicismo en un manual de autoayuda para que los empleados toleren en silencio las inequidades del mundo laboral.
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Lo mismo sucede con la pretensión de reintroducir el realismo mágico como si fuera algo nuevo. En su afán de promoción, las casas editoriales intentan comercializar esta manera de mirar y narrar la realidad como si fuera una fórmula que puede utilizarse en cualquier contexto. Así ocurre con la novela del escritor español David Uclés La península de las casas vacías publicada en 2024, presentada como una “historia total” de la Guerra Civil española narrada desde el realismo mágico. La trama sigue a los miembros de una familia de olivareros en Jándula, un pueblo mítico inspirado en Quesada, (provincia de Jaén, Andalucía), la tierra natal de los abuelos del autor. A lo largo de sus 700 páginas se describen eventos extraordinarios que sucedieron durante la guerra y que trastocan la vida de los personajes, tales como escopetas que disparan rosas, lágrimas que cambian de color según la emoción, o un poeta que cose la sombra de una niña tras un bombardeo. Esta obra se convirtió en un éxito en ventas superando los 300,000 ejemplares y alcanzando más de 35 ediciones. También ganó el Premio Cálamo al Libro del Año 2024 y catapultó a su autor a una fama que rápidamente explotó con su segunda novela, La ciudad de las luces muertas, ganando el prestigioso Premio Nadal de Novela en enero de 2026.
En su origen, el realismo mágico permitía que elementos poéticos e inexplicables convivieran de manera natural con la rutina diaria sin causar sorpresa en los personajes. Aunque este enfoque literario alcanzó su máximo esplendor en Hispanoamérica durante las décadas de 1960 y 1970 con autores como Gabriel García Márquez y Juan Rulfo, los expertos en la materia apuntan que su verdadera precursora fue la escritora mexicana Elena Garro con su novela Los recuerdos del porvenir (1963). A pesar de su originalidad, Garro fue excluida del canon oficial por el hecho de ser mujer y sistemáticamente opacada por los celos de su propio esposo, el legendario poeta y ganador del Premio Nobel de literatura de 1990 Octavio Paz. Independientemente de su origen, la etiqueta de “realismo mágico” fue solo una descripción teórica que los críticos aplicaron de manera posterior para intentar agrupar una herencia cultural que estos autores plasmaban ya de forma orgánica en sus obras.
Mucho antes de que el realismo mágico se pusiera de moda, el escritor cubano Alejo Carpentier criticaba severamente el surrealismo europeo en el prólogo de su novela El reino de este mundo, publicada en 1949. Carpentier acusaba a autores como André Breton de forzar la fantasía mediante trucos elaborados como un ejercicio intelectual, convirtiendo lo que era llamativo y diferente en un espectáculo de feria. Para el escritor cubano, las maravillas de América no requerían de los relojes derretidos de Dalí ni del repertorio con el que los artistas surrealistas europeos forzaban la fantasía, como por ejemplo, combinar a la fuerza una máquina de coser y una langosta sobre una mesa de disección. Así fue como acuñó el concepto de “lo real maravilloso”, una visión anterior y distinta al realismo mágico, que defendía que en nuestro continente la magia no era una técnica inventada por el escritor, sino una realidad que se vivía y se respiraba a diario.
Quienes insisten en encasillar nuestra literatura dentro de esta categoría ignoran que autores latinoamericanos importantes se han negado rotundamente a ponerse esa etiqueta. A mediados de los años noventa, una nueva generación entendió que el mandato de la magia se había vuelto una restricción comercial y decidió romper con el molde. Fue así como apareció en Chile la antología de cuentos titulada McOndo (1996), editada por Alberto Fuguet y Sergio Gómez. El título del libro combinaba el Macondo de García Márquez con los emblemas de la vida moderna como McDonald’s. El prólogo de este libro se convirtió en el manifiesto de una generación que se negó a seguir escribiendo lo mismo, enfocándose en aspectos nuevos como la realidad urbana de las grandes ciudades. Casi al mismo tiempo, en México, un grupo de narradores publicó el Manifiesto del Crack, una declaración colectiva donde autores como Ignacio Padilla y Jorge Volpi reclamaron el regreso a novelas complejas, profundas y de alcance global, que no tuvieran que encajar dentro del estereotipo de tierra mágica y misteriosa. Ambos proyectos demostraron, cada uno a su manera, que nuestra literatura es demasiado diversa para reducirla a una sola manera de narrar.
Una cosa es encontrar conexiones inesperadas y afortunadas en la literatura, y otra muy distinta es traer el realismo mágico por los pelos. Independientemente de la incuestionable originalidad y valor literario que tuvo en su momento, el realismo mágico no puede seguirse utilizando como cliché para perpetuar la estampa de una América Latina rural, exótica y congelada en el pasado. Sin embargo, hay quienes todavía piensan que se puede alcanzar la fama y el éxito económico escribiendo bajo las pautas de un modelo agotado. Lo que hizo García Márquez ya está hecho. El Nobel colombiano levantó una arquitectura literaria irrepetible, pero su universo pertenece a un momento y a un lugar específico. Intentar imitar a Macondo hoy solo produce caricaturas porque la magia no funciona como un condimento que se añade al relato al gusto del autor. El verdadero reto desde el punto de vista literario consiste en transmitir las historias desde la originalidad y la autenticidad. Basta ya de estar cogiendo pon con Melquíades.
José Nieto Mingo argumenta sobre el encasillamiento de obras literarias en determinados géneros y comenta sobre el origen ignorado del realismo mágico
En su origen, el realismo mágico permitía que elementos poéticos e inexplicables convivieran de manera natural con la rutina diaria sin causar sorpresa en los personajesPUBLICIDAD
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