Luis Pedraza Leduc: 534 años después, la invasión sigue
En nuestros días, no llegan en frágiles barcos ni con visibles armas rusticas como sables y pistolas de un solo tiro. Ahora llegan de diversos lugares del planeta, con armas sofisticadas o sin armas visibles. Pero siempre armados y dispuestos a eliminar pueblos o civilizaciones completas.
[Una nota necesaria: Nuestro diario digital circuló ayer lunes solo parcialmente, por razones agenas a nuestra voluntad. Pero ya estamos devuelta con la mejor información y análisis nacional e internacional]


Buenos días. Hoy es feriado en el país por motivo de «celebrar» la llegada de invasores y conquistadores europeos a nuestras tierras en 1492. Quinientos treinta y cuatro años después siguen llegando. No llegan en frágiles barcos ni con visibles armas rusticas como sables y pistolas de un solo tiro. Ahora llegan de diversos lugares del planeta, con armas sofisticadas o sin armas visibles. Pero siempre armados y dispuestos a eliminar pueblos o civilizaciones completas.
Llegan para firmar un contrato que les provea millonarias ganancias, o a sustituir empresas del gobierno, a prestar dinero para endeudar a los pueblos con deudas impagables, a robar recursos naturales o descaradamente tumbar gobiernos a la buena o a la mala.
Llegan distribuyendo mentiras y promesas que borran memorias y datos históricos en la gente. Promueven una educación que no eduque ni cree conciencia en las masas. Se apoderan del conocimiento y lo usan para multiplicar sus ganancias.
Estos nuevos invasores son poderosos a nivel internacional. Pretenden imponer la forma de gobernar por encima de gobiernos y estados que deben ser soberanos. Siempre consiguen lacayos que le hacen coro y les colocan de alfombra roja para recibirles.
En la colonia llamada Puerto Rico los invasores hacen fiesta. Negocian el pago de una deuda de $120 mil millones para pagar a fondos buitres. La metrópoli asigna más de $1,300 millones para hacer reparaciones luego de desastres naturales mediante contratos a empresas privadas.
Hay millones de dólares provistos por el gobierno para comprar petróleo, gas, pagar a suplidores de equipos para dar mantenimiento a la infraestructura del país; otros miles de millones de dólares para servicios de salud, educación, protección social, viviendas, en fin para gobernar. Todo se compra y se vende mediante contratos con la empresa privada.
Los esquemas de corrupción se reproducen sin menor disimulo. Los cabilderos son nombrados en puestos claves en el gobierno para asegurar los contratos que interesan. Y lo peor es que tras décadas y décadas robando, los electores han favorecido a estos impostores.
Compartimos dos columnas de opinión y una noticia que reflejan el nivel a que ha llegado este cuadro de invasores de gabán y corbata representando empresas privadas, unas que existen y otras de dudosa existencia.
Luis Pedraza Leduc
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