América Latina, entre «marea rosa/roja» y «marea azul»
A partir de las independencias, durante el siglo XIX-histórico (no es cronológico) predominó en América Latina la confrontación entre conservadores y liberales


Por Juan J. Paz-y-Miño Cepeda | 14/10/2026 | América Latina y Caribe
A partir de las independencias, durante el siglo XIX-histórico (no es cronológico) predominó en América Latina la confrontación entre conservadores y liberales. Los caudillos de ambos bandos llenaron la historia en cada país. Y bajo ese manto también se produjeron conflictos entre proteccionistas y librecambistas, centralistas, federalistas, regionalistas o autonomistas. Junto a los conservadores actuó la iglesia católica. Defendían el régimen oligárquico-terrateniente, combatido por los liberales como “feudalismo”. Gracias al liberalismo se logró abolir la esclavitud, establecer el laicismo, separar iglesia y Estado, consagrar libertades civiles, derechos individuales y modernizar la economía. Latinoamérica lentamente pasó de la dependencia frente a Europa al ascenso monroísta de los Estados Unidos.
En todo caso, ese bipartidismo expresó conflictos entre élites criollas oligárquicas, porque la enorme mayoría de población estuvo subordinada a su poder y excluida de la participación democrática y de las elecciones. Además, conservadores y liberales crearon identidades culturales y familiares que se mantuvieron por décadas, de manera que sus disputas a menudo se definieron con guerras civiles. Colombia es la que mejor ilustra esa situación: Guerra de los Supremos (Guerra de los Conventos, 1839-1842), Guerra de los Mil Días (1899-1902) y el pacto (1956) del Frente Nacional (1958-1974) que, para superar “La Violencia”, alternó en el poder a conservadores y liberales, con exclusión de cualquier otro sector político.
América Latina del siglo XXI –mutatis mutandis– es comparable con el siglo XIX-histórico del bipartidismo tradicional. El punto de partida es el inédito ciclo de la marea rosa/roja, con una serie de gobiernos progresistas y de nueva izquierda, inaugurado por Hugo Chávez en Venezuela (1999-2013). En él se identifican: Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Daniel Ortega (Nicaragua) y el gobierno revolucionario de Cuba; los “moderados”: Lula da Silva y Dilma Rousseff (Brasil), Néstor Kirchner y Cristina Fernández (Argentina), Ricardo Lagos y Michelle Bachelet (Chile), Fernando Lugo (Paraguay), Tabaré Vázquez y “Pepe” Mujica (Uruguay) e incluso Leonel Fernández (República Dominicana). Todos, pese a las diferencias, fueron ubicados en esa corriente “rosa/roja” por los estudios sociopolíticos de la época. Contra la vigencia del neoliberalismo instalado en la región desde la década de 1980, los progresistas se caracterizaron, en general, por impulsar economías sociales, ejecutando políticas de Estado que hicieron énfasis en la redistribución de la riqueza y el fomento de la productividad nacional, expandiendo, además, servicios públicos de alto impacto como seguridad social, educación y salud. Consolidaron posiciones latinoamericanistas, rechazando injerencias externas de contenido imperialista.
Como reacción a ese dominio “izquierdista” sobrevino un ciclo de marea azul con gobiernos de derecha y empresariales, que recuperaron la vía neoliberal y la dependencia geopolítica con Estados Unidos: Mauricio Macri (Argentina), Michel Temer y Jair Bolsonaro (Brasil), Sebastián Piñera (Chile), Iván Duque (Colombia), Pedro Pablo Kuczynski (Perú), Mario Abdo Benítez (Paraguay). Siguió el corto y débil segundo ciclo de marea rosa/roja en algunos países: Andrés Manuel López Obrador (México), Alberto Fernández (Argentina), Luis Arce (Bolivia), Pedro Castillo (Perú), Gabriel Boric (Chile), Gustavo Petro (Colombia), Lula da Silva (Brasil), Xiomara Castro (Honduras). Pero en la actualidad ha florecido un nuevo y radical ciclo de marea azul en 13 países (de los 20 que suelen ser considerados para los análisis políticos globales): Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Lenín Moreno, Guillermo Lassso y Daniel Noboa (Ecuador), Abelardo de la Espriella (Colombia), José Antonio Kast (Chile), Keiko Fujimori (Perú), Rodrigo Paz (Bolivia), Santiago Peña (Paraguay), Nasry Asfura (Honduras), Laura Fernández (Costa Rica), Luis Abinader (República Dominicana), José Raúl Mulino (Panamá) y la administración de facto en Haití. El progresismo latinoamericano se reduce a 3 gobiernos: Claudia Sheinbaum (México), Lula da Silva (Brasil), Yamandú Orsi (Uruguay), porque es muy relativa la posición de Bernardo Arévalo (Guatemala), en tanto en Nicaragua y Cuba se viven procesos que no encajan en los ciclos descritos. Es incierto el camino en que ha quedado Venezuela tras la intervención estadounidense. Pero las recientes elecciones brasileñas, en la que el triunfo de Flávio Bolsonaro (primera vuelta) evidencia la cercana posibilidad de que el país se integre a la “marea azul” contemporánea, refuerza el vaivén del debilitamiento del progresismo latinoamericano y el auge azul en todo el continente, apoyado abiertamente por los Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump. Inicialmente 12 gobiernos se unieron al “Escudo de las Américas”, con fines militares determinados por la seguridad nacional de los EE.UU.
Aunque pueden cuestionarse los calificativos marea rosa/rojo o azul, no hay duda que América Latina está viviendo una época pendular con la sucesión de ciclos entre progresismo y derechas contemporáneas, marcados por la extrema polarización social y política, que ha convertido a la región en la más polarizada del mundo. En un polo se ubican, a la cabeza, los grandes empresarios agroindustriales, financieros y comerciantes (sociológicamente la burguesía oligárquica de la región) que movilizan las consignas neoliberales ya conocidas. Hoy actúan a su favor los movimientos religiosos evangélicos y neopentecostales, que inciden en barriadas suburbanas y zonas rurales inculcando el rechazo a todo “progresismo”. También se alían aquellas clases medias que buscan estatus y ascenso social. Y se ha logrado captar a sectores populares informales, convencidos de sus “emprendimientos” y actividades autónomas, desde las que tienden a identificarse con las posturas derechistas.
En el otro lado están las fuerzas de izquierda con distintos alcances, pues no cuentan más exclusivamente las agrupaciones marxistas. Se suman los variados movimientos y organizaciones sociales, entre los que destacan sindicatos, indígenas y campesinos; los colectivos identitarios; los pequeños y medianos propietarios, profesionales, académicos y gente dedicada a las actividades culturales; y, sin duda, amplios sectores populares, informales y de trabajadores. Son ellos quienes demandan políticas de bienes y servicios públicos de calidad, derechos sociales y redistribución de la riqueza, en una Latinoamérica que se mantiene como la región más inequitativa del mundo y con élites clasistas y racistas.
Este sui géneris bipartidismo del siglo XXI, que recuerda al del siglo XIX-histórico, ha devenido en un proceso pendular que se proyecta para el largo tiempo. En lo de fondo, se trata de una abierta lucha de clases, que se expresa, sobre todo, en torno al “modelo” de economía, pues mientras el bloque “azul” defiende su dominio a través del sistema basado en la empresa privada y el mercado libre, el “rosa/rojo” busca una economía social para el Buen Vivir. La internacionalización del narcotráfico y la delincuencia organizada ha sido aprovechada por las derechas neoliberales para lanzar políticas de seguridad ciudadana con mano dura. Diluyen así su propia responsabilidad en el estrangulamiento de las capacidades estatales y aparentan eficacia adoptando el “modelo Bukele” de “guerra interna”, que les permite afianzar la captura del Estado. Ecuador y Colombia han pasado a ser ejemplos paradigmáticos. Y en ese camino la democracia liberal y los derechos quedan pisoteados. Además, cuentan con el respaldo de los Estados Unidos que, bajo la Doctrina Donroe del Corolario Trump, no están dispuestos a consentir gobiernos de “izquierda” ni la presencia de “adversarios”, entre los cuales China se encuentra en la primera línea. La internacional derechista ha puesto en la mira inmediata a Brasil y, en el futuro, a México.
Blog del autor: https://www.historiaypresente.com/america-latina-entre-marea-rosa-roja-y-marea-azul/
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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