La censura sabe callar: de Bogotá a San Juan
Colombia vacía las paredes de un museo. Puerto Rico es sutil, pero el peligro llega tarde. La exclusión aquí se ejerce con silencios, recortes presupuestarios y decisiones que borran memorias incómodas.

Las paredes vacías hablan. Y a veces gritan.
En el Museo Nacional de Bogotá desaparecieron más de 30 afiches, fotografías y objetos que contaban historias incómodas: las luchas feministas, los derechos de las personas LGBTIQ+, las víctimas de la violencia política y el proceso de paz de 2016. Entre las piezas retiradas había símbolos de luchas por la igualdad y objetos vinculados a una memoria que no puede borrarse sin alterar la historia. El desmantelamiento ocurrió en medio de la llamada “ contrarrevolución cultural ” anunciada por el presidente colombiano Abelardo de la Espriella, quien declaró la guerra al “wokismo ”.
La decisión reabre la pregunta: ¿quién decide qué merece ser recordado y qué debe desaparecer de la vista pública? Borrar la memoria es una forma de ejercer poder.
Y Puerto Rico debería prestar atención. Tampoco olvidar que eso ha pasado aquí, y todavía pasa. Aquí no hay que entrar a un museo y arrancar 30 piezas de las paredes para entender cómo funciona la exclusión. A veces basta con no colocar una obra donde debía estar. Con dejar morir una institución por falta de recursos. Con paralizar un proyecto educativo. Con guardar silencio cuando alguien pregunta demasiado.
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




































