Laura Restrepo llama a recuperar el surrealismo frente a la violencia y el poder

«Es una cachetada, un libro que agrede un poco, que te torea», así definió Laura Restrepo a Soy la daga y soy la herida, su más reciente novela, «la más mexicana» de toda su producción, según confesó…

‘Soy la daga y soy la herida’, su más reciente novela, fue presentada como parte del penúltimo día de la 26 Feria Internacional del Libro en el Zócalo (Fil Zócalo), de la que reconoció su importante dimensión social y política. Foto María Luisa Severiano

Ángel Vargas

17 de octubre de 2026 22:28

Ciudad de México. «Es una cachetada, un libro que agrede un poco, que te torea», así definió Laura Restrepo a Soy la daga y soy la herida, su más reciente novela, «la más mexicana» de toda su producción, según confesó

La  escritora colombiana presentó esta obra, publicada por Alfaguara, la noche de este sábado como parte del penúltimo día de la 26 Feria Internacional del Libro en el Zócalo (Fil Zócalo), de la que reconoció su  importante dimensión social y política.

«En un momento en que América Latina está sufriendo unos sacudones tan brutales (con el avance de gobiernos de ultraderecha), esta plaza resiste, y haremos que así siga siendo», asentó ante las decenas de personas que casi llenaron el Foro Alaíde Foppa.

«No sólo las mexicanas y los mexicanos, sino que aquí estaremos todos los latinoamericanos respaldándonos, porque tenemos que  defender este que ahora es nuestro único bastión».

En una entretenida charla con el promotor cultural Ezra Alcázar, Restrepo reivindicó su derecho de escribir una obra violenta «que tiene suspenso y cosas extrañas», aunque aclaró que no es «una apología de la violencia». También se dio espacio para hacer apuntes y propuestas de corte político.

ImagenMaría Luisa Severiano

«Si la razón del poder y del Estado nos ha llevado a este horror que es la guerra, vamos a suprimirar la razón e inventar formas nuevas de suprimir la realidad: el surrealismo, los sueños, la fantasía, empujar el lenguaje más allá de sus propias posibilidades hasta hacerlo estallar», sentenció.

En ese sentido, describió esta nueva obra como «una inventación a que retomemos el surrealismo, porque estamos viviendo una situación similar (a cuando surgió ese movimiento). La guerra se nos viene encima y el lenguaje que tenemos es prestado. Es el lenguaje del enemigo, el de la publicidad, el de la inteligencia artificial; no nos engañemos, es Elon Musk hablándonos al oído para poder hacer de nosotros papita para el loro.

«Tenemos un lenguaje que formenta el fitness; que qué bien estar sanos y delgados, pero lo fomenta hasta un punto que no hay tiempo para el trabajo intelectual. No hay tiempo para pensar, no es chick ni sexy pensar. Entonces, tenemos un lenguaje prestado: la cabeza tiene dentro el gusano que nos ha metido el enemigo».

De acuerdo con la autora, «hay que volver a empezar desde el principio. Y para mí los surrealistas son el movimiento que hicieron eso con mayor audacia y valor: si la razón está pervertida, busquemos vías distintas de expresarnos. Hagamos de la sensibilidad, de la imaginación, de lo irracional, de la locura, de la historia, una nueva vía».

Agregó: «Dejémosle la razón  a los Hitler, Mussolini, los Franco, vámonos por otros caminos. Creo que es la gran invitación que debemos hacernos en esta feria a teatreros, filósofos, artesanos, pintores, escritores: Inventemos otra forma, digámosle a Musk que se vaya para la Luna y maneje allá a los satélites de tu país, que nosotros aquí tenemos otro refugio».

Una tragicomedia sobre la violencia y el poder

En Soy la daga y soy la herida, la autora construye un universo donde la violencia, el poder y el absurdo se encuentran, a partir de la historia de un verdugo metódico que trabaja bajo las órdenes de un dios cruel —“pónganle Netanyahu, pónganle Trump”—  que decide sobre la vida y la muerte. Pero todo cambia cuando aquél se enamora de la nieta de su próxima víctima.

Entre lo histórico y lo mitológico, lo real y lo alucinado, la novela construye una tragicomedia sobre los ciclos de terror y los delirios de los gobernantes autoritarios. Con un tono ágil y visual, Laura Restrepo propone un nuevo territorio narrativo: el brutal noir, donde incluso un cortacabezas puede revelar una inesperada humanidad.

Ante el cometario de Alcázar de que se trata de un relato muy visual y cinematográfico, Restrepo adelantó que actualmente negocia con el Fondo de Cultura Económica para  convertirla en novela gráfica, pues “la literatura tiene un pudor que la novela gráfica no tiene”.

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