John Cryan, neurobiólogo: “Un creciente número de estudios vincula el consumo moderado de café con un envejecimiento más saludable y un menor riesgo de trastornos neurodegenerativos”
Un estudio publicado en Nature Communications descubre cómo el café modifica las bacterias intestinales y revela una conexión inesperada con la memoria, el estrés y la salud cerebral.

John Cryan, explicando sus descubrimientos


Periodista especializado en temas de ciencia, naturaleza, tecnología y salud
Un equipo de científicos ha confirmado que el consumo habitual de café modifica la microbiota intestinal y se relaciona con cambios en la memoria, el estrés y las respuestas emocionales. El hallazgo, obtenido mediante un experimento con 62 adultos, revela que los efectos de esta bebida sobre el cerebro podrían depender de algo más que la cafeína: las bacterias que habitan en nuestro intestino.
La investigación, dirigida por el neurobiólogo John F. Cryan, de la Universidad de Cork (Irlanda), y publicada en la revista Nature Communications, aporta nuevas pistas sobre una cuestión que intriga desde hace años a los científicos: por qué el consumo moderado de café aparece relacionado, en numerosos estudios epidemiológicos, con un envejecimiento cerebral más saludable y un menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas. Aunque esta investigación no demuestra que el café prevenga la demencia o el párkinson, identifica mecanismos biológicos que podrían contribuir a explicar esas asociaciones.

Noticia relacionada
Un terremoto de magnitud 7,4 sacude Colombia: todo lo que se sabe
Rubén Moreno
Además, el café descafeinado también produjo cambios en la microbiota y en algunos indicadores psicológicos. Esta observación sugiere que otros componentes de la bebida, especialmente los polifenoles, participan en una compleja conversación entre el intestino y el cerebro que apenas estamos empezando a comprender.

Un estudio científico revela que el consumo habitual de café modifica la microbiota intestinal, un ecosistema de bacterias que podría desempeñar un papel importante en la memoria, el estrés y el envejecimiento cerebral.
El experimento con 62 personas que revela lo que el café hace en nuestro intestino
Durante décadas, el café ha sido estudiado principalmente por su contenido en cafeína, una sustancia capaz de aumentar temporalmente el estado de alerta y modificar la actividad del sistema nervioso. Sin embargo, una taza de café contiene numerosos compuestos bioactivos, entre ellos ácidos fenólicos y otros polifenoles, que pueden interactuar con los microorganismos intestinales. Estos microbios, a su vez, participan en la transformación de sustancias procedentes de la dieta y producen metabolitos potencialmente relevantes para nuestra fisiología.
Para investigar esta relación, el equipo de Cryan reclutó a 62 adultos sanos de entre 30 y 50 años. La mitad consumía habitualmente entre tres y cinco tazas de café al día, mientras que los otros 31 participantes no bebían café. Los investigadores compararon inicialmente sus perfiles psicológicos y biológicos mediante cuestionarios, pruebas de comportamiento y análisis de sangre, saliva, orina y heces. También registraron sus hábitos alimentarios para considerar posibles diferencias relacionadas con la dieta.
El experimento fue más allá de una simple comparación. Los 31 consumidores habituales dejaron de tomar café y bebidas con cafeína durante dos semanas. Después, fueron asignados aleatoriamente a dos grupos: 16 volvieron a beber café con cafeína y otros 15 consumieron descafeinado. Durante las tres semanas siguientes, ambos grupos tomaron cuatro tazas diarias de café soluble de la modalidad asignada. Este diseño permitió observar qué sucedía cuando el organismo dejaba de recibir sus compuestos habituales y cómo respondía después a su reintroducción.
Los resultados mostraron diferencias concretas en las comunidades bacterianas. Los consumidores habituales presentaban una mayor abundancia relativa de microorganismos pertenecientes a grupos como Cryptobacterium y Eggerthella. Además, retirar y recuperar el café modificó determinadas poblaciones bacterianas sin alterar de forma significativa la diversidad global de la microbiota. Es decir, no se produjo necesariamente una transformación completa del ecosistema intestinal, sino cambios más específicos en algunos de sus integrantes.

Pero los investigadores encontraron algo todavía más interesante. Las modificaciones intestinales aparecieron incluso cuando se reintrodujo café sin cafeína. El estudio también identificó diferencias en sustancias derivadas del metabolismo de los polifenoles y observó una considerable variabilidad entre individuos. Esto plantea una posibilidad relevante: dos personas que beben una cantidad similar de café podrían procesar sus componentes de manera distinta debido, al menos en parte, a la composición de sus respectivas microbiotas.
Ni todo es cafeína ni todo ocurre en el cerebro: el inesperado papel de las bacterias intestinales
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional mediante señales nerviosas, inmunitarias, hormonales y metabólicas. Esta red, conocida como eje microbiota-intestino-cerebro, constituye uno de los campos más dinámicos de la neurociencia contemporánea. Las bacterias intestinales no solo intervienen en la digestión: también pueden influir en procesos relacionados con la inflamación y la respuesta al estrés. Por eso, comprender cómo responde este ecosistema a una bebida tan cotidiana resulta especialmente interesante.
En el estudio de Cryan y sus colaboradores, los participantes que bebían café habitualmente mostraron inicialmente puntuaciones más elevadas de impulsividad y reactividad emocional que quienes no lo consumían. Estas diferencias disminuyeron durante las dos semanas de abstinencia, lo que indica que la relación entre el café y el comportamiento no puede resumirse en una influencia positiva y uniforme. Algunas de sus asociaciones podrían resultar favorables en determinados contextos, mientras que otras reflejan respuestas más complejas.
Al recuperar la bebida, tanto los participantes asignados al café convencional como quienes recibieron descafeinado comunicaron menores niveles de estrés percibido y menos síntomas depresivos. En el grupo que consumió cafeína también se observaron reducciones en las puntuaciones de ansiedad y malestar psicológico, junto con niveles inferiores de algunas proteínas inflamatorias. Son resultados interesantes, aunque obtenidos en una muestra pequeña y durante un periodo limitado, por lo que no equivalen a demostrar un tratamiento para estos problemas.

El descafeinado presentó un patrón diferente. Quienes lo consumieron mostraron mejoras en algunas pruebas de memoria, en la calidad del sueño y en la actividad física registrada. Que una bebida prácticamente desprovista de cafeína se relacionase con estos cambios constituye una de las observaciones más sugerentes del experimento. Los autores consideran que los polifenoles y sus productos metabólicos podrían participar en estas respuestas, aunque todavía no se ha establecido una cadena causal que conecte inequívocamente cada modificación bacteriana con cada resultado psicológico.
Los análisis también detectaron diferencias en metabolitos intestinales relacionados con procesos neurobiológicos, entre ellos compuestos derivados del triptófano y el ácido gamma-aminobutírico, conocido como GABA. Los investigadores identificaron un conjunto de nueve metabolitos, incluidos la cafeína, la teofilina y determinados ácidos fenólicos, vinculados estadísticamente con especies bacterianas y medidas cognitivas. Estos resultados ofrecen pistas sobre posibles mecanismos, pero no demuestran que los cambios en dichas sustancias intestinales provoquen directamente mejoras cerebrales.
Más Sobre…
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.





































