De Puerto Iguazú a Miami: cómo intervino la Casa Rosada en la fuga de Flavio Bolsonaro
El Gobierno puso a disposición la PSA, Migraciones y los servicios de inteligencia para facilitar la salida. Santiago Caputo coordinó la salida. Desde Miami, el brasileño se proclamó “presidente electo”, aunque luego se desdijo.



Mientras la militancia del PT colmaba la avenida Paulista para festejar la histórica remontada de Lula da Silva, Donald Trump, Javier Milei y Flavio Bolsonaro orquestaban la fuga del candidato derrotado y planificaban una maniobra para deslegitimar al gobierno electo. Apenas concluido el escrutinio, el presidente de Estados Unidos le pidió a su servidor en la Argentina que organizara la huida de Bolsonaro rumbo a Miami. La Casa Rosada puso a disposición a la Policía de Seguridad Aeroportuaria, Migraciones y la Secretaría de Inteligencia para un operativo que culminó este miércoles con el arribo del brasileño y su familia a Florida. Cumplido el objetivo, el hijo de Jair Bolsonaro agradeció a Trump y Milei por la ayuda, denunció “fraude electoral” y se autoproclamó “presidente electo de Brasil”. El cargo, sin embargo, le duró muy poco. Veinte minutos después, editó el comunicado y se rebajó a “líder de Brasil”. El cambio de guion llegó, sugestivamente, al mismo tiempo que el mandatario republicano aseguraba que no se “involucraría” en la disputa brasileña.

La intervención de la Casa Rosada quedó confirmada por Migraciones, la presencia del asesor Santiago Caputo en Puerto Iguazú y el agradecimiento que Bolsonaro le hizo llegar al libertario desde Estados Unidos. “Quisiera agradecer a Milei por su coraje, su sentido de la justicia y de la legalidad”, expresó. Durante la noche del embarque, Caputo siguió de cerca la organización del traslado y mantuvo contactos con la empresa Baires Fly. La contratación del Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, fue atribuida a empresas vinculadas con la embajada estadounidense. Concretada la operación, el asesor presidencial volvió a su hábitat natural, las redes sociales, y se burló de las versiones periodísticas que daban cuenta de la fuga. “Debe haber sido probablemente uno de los papelones más grandes del periodismo mundial de la historia”, afirmó, jocoso, sin aportar información sobre el plan que había protagonizado.
Operativo huir
La familia Bolsonaro ingresó a la Argentina el martes a las 22.50. Como informó Página/12, bajo la oscuridad de la noche y a escondidas, cruzó el puente internacional Tancredo Neves en una combi con patente diplomática argentina, escoltada por un vehículo policial. Cuarenta minutos después, sus integrantes abordaron en Puerto Iguazú el avión de Baires Fly que los esperaba desde el lunes. A las 0.21, la aeronave despegó rumbo a Guayaquil, Ecuador, donde reabasteció combustible antes de continuar hacia Estados Unidos. Aterrizó a media mañana. La Dirección Nacional de Migraciones confirmó durante la madrugada el paso por Misiones y dejó constancia pública de los horarios de ingreso y embarque. El organismo sostuvo que los viajeros habían presentado documentación habilitada y que no existían impedimentos legales registrados para su entrada al país.

Según contó el empresario mexicano Simón Levy, “el único enterado” de la operación era Milei. “Él ha estado en parte de la coordinación de toda esta operación”, remarcó el socio del trumpismo. En palabras del militante libertario Daniel Parisini, el Presidente “salvó personalmente” a la familia Bolsonaro de “la dictadura del tirano Da Silva”.
Simón Levy, además, anticipó que Bolsonaro encabezará desde Estados Unidos una ofensiva para destituir a Lula. “Jurídicamente se puede buscar la destitución”, sostuvo. El argumento sería la supuesta intromisión del Supremo Tribunal Federal en competencias de la Justicia Electoral.
Tierra de oportunidades
Bolsonaro, su esposa Fernanda y sus hijas Carolina y Luiza llegaron hoy a las 10.25 (hora argentina) al aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, en Miami. Ya en suelo estadounidense, el excandidato rompió el silencio con un extenso comunicado que publicó, borró y volvió a difundir. En la primera versión se autoproclamó “verdadero presidente electo de Brasil”; en la segunda, recalculó y se presentó como “líder de Brasil”. Su presidencia por comunicado había durado apenas 22 minutos.
El volantazo del hijo de Jair coincidió con el despegue letal de Trump. Consultado por la carta difundida por Bolsonaro, el mandatario estadounidense evitó pronunciarse y se limitó a señalar que sólo sabía que le habían autorizado el ingreso al país. Antes de abordar el Air Force One rumbo a Ohio, donde tenía previsto encabezar un acto de campaña, prometió “no involucrarse” en el conflicto brasileño, aunque deslizó que “fueron unos comicios muy extraños”. La postura del magnate, siempre oscilante y ambivalente, dejó aislado –por ahora– al brasileño.
A contramano de su propio partido, Bolsonaro se niega a reconocer la derrota en el balotaje del domingo, en el que Lula da Silva se impuso con el 51,79 por ciento de los votos. “Los criminales que robaron las elecciones de Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía”, expresó en el comunicado. El argumento central de su denuncia apunta contra la decisión del Tribunal Superior Electoral (TSE) de extender el horario de votación, una medida que, según sostiene, habría beneficiado al PT. Las cifras oficiales, sin embargo, desmienten su acusación: apenas 34.393 personas sufragaron durante la prórroga, frente a una diferencia superior a los 4 millones de votos a favor de Lula.
“Ustedes, que anhelaban el cambio, sepan que no voy a abandonarlos; seré la voz y el liderazgo libre de nuestra nación”, les prometió Bolsonaro a sus seguidores, a más de 6.000 kilómetros de distancia.
Impacto en Argentina
Las derivaciones de las elecciones en Brasil y la intervención de Milei en la salida del candidato de extrema derecha llegaron al Congreso argentino. Diputados de distintos bloques opositores suscribieron una declaración conjunta para exigirle al Gobierno que reconozca el triunfo de Lula y rinda cuentas por su participación en el traslado que permitió a Bolsonaro llegar a Estados Unidos.
Los legisladores reclamaron que el jefe de Gabinete, Diego Santilli; la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; y el canciller Pablo Quirno comparezcan ante la Cámara baja para explicar lo que denunciaron como una “absoluta complicidad” del Ejecutivo con la fuga.
El pronunciamiento reunió a representantes de un amplio arco opositor: Germán Martínez, de Unión por la Patria; Myriam Bregman, del Frente de Izquierda; Esteban Paulón y Mariela Coletta, de Provincias Unidas; Nicolás Massot, de Encuentro Federal; Ernesto “Pipi” Ali, de Primero San Luis; y Marcela Pagano, de Coherencia, entre otros.
El diputado de Unión por la Patria Agustín Rossi advirtió que se trata de “uno de los hechos más graves desde el retorno de la democracia” para la relación bilateral con Brasil y recordó que Bolsonaro escapó mientras era investigado por la Justicia por lavado de dinero y evasión de capitales. Desde la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro denunció la complicidad del Gobierno en la maniobra y cuestionó la asistencia brindada a través de Migraciones, la PSA y la SIDE. También reprochó la falta de reconocimiento institucional del resultado electoral en un país que, además de integrar el Mercosur, es un socio estratégico de la Argentina. El radical Pablo Juliano sintetizó el cuestionamiento con una definición: “La política exterior no puede ser un club de amigos de la ultraderecha que se cubren entre ellos”.
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Tras su llegada a Estados Unidos huyendo de la justicia de su país
Flávio Bolsonaro se autoproclamó “presidente electo” de Brasil
El excandidato ultraderechista denunció fraude electoral y persecución política en sus primeras declaraciones luego de huir con su familia.
28 de octubre de 2026

El senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, quien huyó a Estados Unidos dos días después de perder las elecciones presidenciales, se proclamó este miércoles “presidente electo” de Brasil en una carta abierta publicada en sus redes sociales. Luego cambió la frase “presidente electo” por “líder de Brasil”.
“Quiero decir, no solo a mis 60 millones de votantes, sino también al pueblo brasileño, que soy el presidente electo y que los criminales que robaron las elecciones en Brasil forman parte de una organización criminal que instauró una tiranía”, afirmó en la misiva. “Pido a la comunidad internacional que no normalicen lo que está pasando en Brasil”, señaló, pese a que el resultado de las elecciones ha sido reconocido por todas las instituciones brasileñas, oficialistas y de oposición, incluido el Partido Liberal (PL), que lo lanzó a la Presidencia.
“Quiero dejarlo claro: no huí de Brasil, salí por Brasil; salí de un régimen de excepción para poder ser el líder que mi pueblo merece”, señaló el ahora excandidato, quien se comparó con el francés Charles de Gaulle, el cubano José Martí y los opositores venezolanos Juan Guaidó, Edmundo González Urrutia y María Corina Machado.
El político también denunció que a lo largo de toda la campaña, hubo abuso de poder político y económico, así como “utilización de la maquinaria pública en favor de la reelección”. A su vez, agradeció al presidente argentino, Javier Milei, por su “coraje” y “sentido de justicia”, y al mandatario Donald Trump por acogerlo en el país.
El senador huyó de Brasil con su esposa y sus dos hijas en un jet privado operado por Baires Fly SA, una empresa mencionada en una investigación sobre presunto lavado de dinero relacionado con contratos públicos de medicamentos y suministros médicos en Argentina, informó Folha de São Paulo. La policía brasileña informó que no hay “registro oficial” de la salida del excandidato por los puestos fronterizos. En un comunicado, defendió su actuación y sostuvo que la decisión judicial de retirarle los pasaportes no lo convertía por sí sola en prófugo ni habilitaba su detención o vigilancia permanente.
Crítica conjunta a Bolsonaro
Tras la publicación de la carta, calificada de golpista por la prensa brasileña, los partidos políticos del país, tanto de izquierda como de derecha, defendieron los resultados del balotaje del domingo en los que ganó el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
Los partidos de izquierda emitieron un comunicado conjunto en el que afirman que el país no acepta la injerencia extranjera en su proceso democrático y que el candidato derrotado huyó de Brasil para evitar enfrentar la justicia. El texto señala que Flávio “buscó refugio” con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien “actuó abiertamente para interferir” en las elecciones brasileñas, y que “la impugnación del resultado es insostenible”. Los partidos también declararon que “esta no es la primera vez que la familia Bolsonaro se niega a aceptar la voluntad de las urnas”, citando el complot golpista que llevó al encarcelamiento del expresidente Jair Bolsonaro.
“Brasil no es el patio trasero de nadie, y la voluntad soberana del pueblo brasileño será respetada”, remarcó comunicado firmado por el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Comunista de Brasil (PC do B), el Partido Verde (PV), el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), Red Sustentabilidad (Rede) y el Partido Democrático Laborista (PDT).
Un día antes de la divulgación de la carta, Lula da Silva lamentó que su rival haya salido de Brasil. “Podría haberse quedado para probar que las acusaciones no son verdaderas”, mencionó el martes durante el festejo de sus 81 años, en su residencia en Brasilia. “Quien no debe, no teme, por lo que quien sale escondido de su país, debe alguna cosa”, subrayó.
La derecha le suelta la mano
Por su parte, los partidos de derecha que también defendieron el proceso democrático del domingo son Unión Brasil (União Brasil), el Partido Social Democrático (PSD), el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).
El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, afirmó en un comunicado que, si bien comprende la “indignación” de Flávio, el camino a seguir es “respetar los resultados electorales y pasar página“. ”El momento exige responsabilidad, serenidad y la construcción de una oposición fuerte”, señaló.
El presidente de União Brasil, Antonio Rueda, emitió un comunicado en el que afirmó que la democracia es “un valor innegociable” para el partido. “No depende de quién gane o pierda una elección, sino del compromiso de todos con el veredicto de las urnas”, afirmó, además de asegurar que las elecciones del domingo “se llevaron a cabo de manera justa y su resultado debe ser respetado”.
Las declaraciones de estos partidos contrastan con las que horas antes habían expresado los aliados más cercanos de Bolsonaro. El candidato a la vicepresidencia, Alfredo Gaspar, había denunciado “persecución implacable” contra Flávio Bolsonaro y manifestó su solidaridad con el senador y su familia, mientras que Sergio Moro había cuestionado las medidas judiciales en su contra y consideró comprensible que abandonara el país. Por su parte, los pastores evangélicos Silas Malafaia y Cláudio Duarte habían defendido al ultraderechista, con críticas al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes.
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Las denuncias contra Milei por su responsabilidad en la fuga de Bolsonaro
Hay por lo menos tres denuncias contra Milei por la organización de la huida del excandidato presidencial de Brasil. También están señalados el canciller Pablo Quirno y la ministra Monteoliva, entre otros.

PorIrina Hauser
28 de octubre de 2026

El Gobierno argentino fue, sin dudas, el gran facilitador de la fuga de Flavio Bolsonaro hacia Estados Unidos, de la que algunos funcionarios se jactan. Más allá de la cuestión política, tres denuncias de las últimas horas advierten que quienes participaron de todo el operativo deben ser responsabilizados penalmente por esta colaboración. Las presentaciones apuntan, por empezar, al presidente Javier Milei, pero piden que la investigación abarque al canciller Pablo Quirno, a la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva (de quien depende Migraciones) y a Santiago Caputo, entre otros. Las hipótesis van desde el posible encubrimiento del senador y excandidato con causas por lavado y otros fraudes en Brasil, el uso de recursos públicos para ayudar a un prófugo de la justicia brasileña, haber facilitado el tránsito irregular de un país a otro —o en otros términos, se refieren al tráfico de personas—, haber ayudado a la permanencia ilegal en territorio argentino, además de la omisión de controles.
Dos denuncias tramitan en Comodoro Py: la del dirigente del Frente de Izquierda (FIT) Gabriel Solano y la del diputado socialista Esteban Paulón. La primera quedó a cargo de la jueza María Eugenia Capuchetti, quien pidió a la fiscal Paloma Ochoa que evalúe si impulsará una investigación. La segunda fue radicada en el juzgado de Daniel Rafecas, aunque todo indica que se acumularía con la de Solano. Por su lado, la diputada Marcela Pagano (Coherencia) hizo otra presentación, pero en los tribunales federales de Misiones, ya que evaluó que era el lugar indicado debido a que allí ocurrieron los hechos principales que cuestiona: intervienen el fiscal Aníbal Martínez y el juez federal de Puerto Iguazú, Marcelo Cardoso.
Más allá de la posible existencia de responsabilidades penales, el constitucionalista Andrés Gil Domínguez apuntó un aspecto inquietante en su cuenta de “X”: recordó que el DNU 366/25 modificó trámites migratorios establecidos por la ley 25.871 y estableció como causal de impedimento de ingreso y permanencia de extranjeros “la omisión de informar sobre la existencia de antecedentes penales o requerimientos judiciales”. Él tiene cinco causas penales y una de ellas en particular, por lavado a través del negocio de las apuestas, es la que motivó su fuga.
Recursos estatales
El escrito de Solano pone énfasis en el cambio repentino en la versión del gobierno de Milei: de negar, ante las primeras informaciones, que Bolsonaro hubiera ingresado a la Argentina, pasó a reconocer en un tuit publicado por la Dirección de Migraciones a las 2 de la madrugada de este miércoles que a las 22.50 del 27 de octubre el excandidato había ingresado por el paso fronterizo del Puente Internacional Tancredo Neves en Misiones junto a su esposa Fernanda y sus hijas Carolina y Luiza. Él utilizó un pasaporte italiano y ellas, brasileño. La dependencia que controla las entradas al país en la frontera dijo que era documentación “hábil” y que no había “ningún impedimento legal para el ingreso al país”. Agregó que “los tránsitos fueron registrados por la autoridad de aplicación”.
Bolsonaro, para ese día, tenía suspendido el pasaporte que debió haber entregado a la justicia (pero no lo hizo y huyó), pero no había un pedido de captura de Interpol. Como explicó la exdirectora de Migraciones Florencia Carignano, no parecía haber restricciones formales, pero Milei y su gobierno tomaron la decisión política de dejarlo entrar pese a las causas judiciales en su contra y ayudarlo a irse a Estados Unidos. Citó antecedentes de su gestión donde ocurrió lo contrario. La denuncia de Solano plantea que se utilizaron recursos públicos para esa colaboración. Algunos estuvieron a la vista: agentes y vehículos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que lo escoltaron a Bolsonaro una vez que cruzó la frontera e ingresó, además de que llegó al aeropuerto en una combi con patente diplomática argentina.
Igual que las otras denuncias, pide que se investigue a miembros de áreas de inteligencia, seguridad y/o diplomática que pudieron haber tenido una participación. Además de plantear posible peculado y encubrimiento, advirtió sobre la afectación de la relación bilateral, no solo en el aspecto comercial, sino en la cooperación judicial.
Paulón señaló el papel central en toda la maniobra que un sector de la Casa Rosada le atribuyó al asesor presidencial Santiago Caputo, quien, además, publicó cinco posteos con ironía en la red “X” y habría estado presente en el lugar.
El avión de Baires Fly
Las denuncias hacen referencia al avión privado de la empresa Baires Fly que estuvo esperando a Bolsonaro durante más de 24 horas. La aeronave Gulfstream G400, matrícula argentina LV-JQW, salió del Aeroparque Jorge Newbery hacia el aeropuerto de Puerto Iguazú, donde aterrizó a las 23.45 del lunes último. La empresa habría solicitado los trámites de Aduana y Migraciones para cuatro pasajeros y tres tripulantes con partida prevista para las 2 de la madrugada hacia Estados Unidos. Ya trascendió por entonces el nombre de Bolsonaro. La PSA dijo ante consultas periodísticas que el avión no salió porque faltaban algunas de las personas. Otras versiones decían que Baires Fly S.A. no obtuvo autorización de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), además de que la Gendarmería Nacional y la PSA sostuvieron no tener registro oficial de un ingreso del senador por vía aérea o terrestre.
Todas las presentaciones recuerdan que la empresa de vuelos privados en cuestión, muy utilizada por múltiples personajes del poder, está presidida por el empresario Luis Grande, pero su cara visible es Sergio Mastropietro, recientemente procesado en la causa sobre la corrupción con medicamentos e insumos en la Agencia de Discapacidad (ANDIS): se le atribuye facilitar un mecanismo de lavado de millones de pesos con facturas por horas de vuelo que nunca se concretarían. Mastropietro tuvo una relación cercana con Federico “Fred” Machado, el hombre extraditado el año pasado para ser juzgado en Estados Unidos por lavado, narcotráfico y fraude, quien financió la de José Luis Espert en 2019. Fueron socios en una agencia de modelos llamada So Vain. Mastropietro fue el nexo entre Machado y Espert.
Otras preguntas alrededor del vuelvo apuntan a conocer quién lo gestionó y pagó. Todo apunta a un bróker de Estados Unidos y un costo de unos 140.000 dólares.
Tráfico de personas
Pagano resalta la necesidad de analizar cómo se hizo el ingreso a la Argentina y los documentos que constan, ya que la eventual falta de registro hablaría de una entrada clandestina. Ella sostiene que hay que analizar el posible delito de “tráfico ilegal de personas por los límites fronterizos”, agravado si intervinieron funcionarios, así como la “facilitación de la permanencia ilegal”: quienes alojaron (si lo necesitó) a Bolsonaro y su familia por el rato que estuvo en el país, quienes lo trasladaron y lo ocultaron. Se conoce que hubo participación de fuerzas de seguridad. Hubo una camioneta con patente brasileña y otra argentina que sería diplomática. Pide imputar abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público respecto de los organismos de control migratorio y encubrimiento en caso de probarse que funcionarios o particulares ayudaron al senador a eludir la acción de la justicia de su país. Ella no solo apunta a los posibles responsables argentinos, sino al propio Flavio Bolsonaro por su posible ingreso burlando restricciones. También le apunta Baires Fly. Pidió preservar cámaras y todo tipo de registros útiles para la investigación. Advirtió que los hechos podrían comprometer “la soberanía del Estado argentino sobre el control de sus fronteras, el cumplimiento de sus obligaciones de cooperación penal con un Estado Parte del Mercosur y la integridad de los organismos federales encargados del control migratorio, aeroportuario, aeronáutico y aduanero”.
Lula y la mitad más uno
Por
Roberto Caballero
28 de octubre de 2026

Ahora que Lula ganó y le asestó un golpe mortal a la palabra imposible, son lícitas todas las lecturas para explicar el resultado oxigenante del balotaje brasileño.
Pero convendría descartar las que, quizá embriagadas de un realismo fatalista, tras los números negativos de la primera vuelta, vaticinaron una derrota casi segura del lulismo y un fin de ciclo del PT y la izquierda regional, a tono con las pretensiones imperiales de Donald Trump.
En algunos casos, son las que descubren recién ahora la excepcionalidad del candidato, característica que le permitió colocarse por encima de toda proyección estadística, violentando en los hechos la historia electoral del Brasil, donde nunca antes un candidato derrotado en primera vuelta pudo imponerse en la segunda y definitiva.
Es verdad, Lula es un personaje singularísmo. Un obrero metalúrgico, cuatro veces elegido presidente, es un perro verde, aquí y en todo el mundo. Tan solo tres años después de salir en libertad, logró sobreponerse a la estigmatización mediática y judicial y le ganó a Jair Bolsonaro y, siete años después a Flavio, su hijo.
En este último caso, además, quebrando la racha de siete victorias presidenciales en 18 meses de la derecha regional, alimentada por el Departamento de Estado, en lo que constituyó una especie de “no al Alca” aunque esta vez aplicado a la Doctrina Donroe.
Pero el fenómeno no es obra de la Divina Providencia haciendo de las suyas y tampoco responde exclusivamente a los aciertos en la comunicación de su “ejercito digital”, que sin duda es destacable: Lula es Lula porque representa aspiraciones concretas de millones y millones de brasileños de querer vivir mejor.
Él lo sabe mejor que nadie. No olvidarse nunca es su arma secreta. Las medidas que tomó antes del balotaje no fueron destinadas a calmar, precisamente, a los mercados. Por el contrario, aumentó el plan Bolsa Familia un 15 por ciento, lanzó un programa para desendeudar a las familias, rebajó combustibles, redujo la jornada laboral –sin pérdida de salario- y prohibió las apuestas on-line.
Fue a la ONU a defender a Palestina y a Cuba, denunció la intromisión de Meta y prometió regular las plataformas y redes sociales, le dijo a Trump que Brasil era demasiado grande pare entrar en el “patio trasero” de nadie y se fue a sacar fotos con Zorhan Mamdani, el alcalde demócrata de Nueva York.
No giró al centro moderado donde, en teoría, estaban los votos que necesitaba para aumentar sus chances, como indica el manual que se van prestando los encuestadores, elección tras elección. Salió a tensar la cuerda, a presentar batalla. Rompió con el statu quo e invitó a millones de brasileños a hacerlo con él. Y la noticia es que lo consiguió.
Es inevitable hablar de la “columna Prestes” digital de Andre Janones, el propio Lula lo hizo la noche del festejo. Su canal de Wathsapp activó a 11 millones de personas, que ayudaron a intervenir la red menos colonizada por el algoritmo para responder a las fakenews del equipo de Bolsonaro, en un ecosistema donde la derecha global juega de memoria, la mayoría de las veces.
Pero sin un líder y una narrativa convocantes, sin la energía desplegada por multitudes nunca vistas en las avenidas de los principales estados en apoyo a la alianza hegemonizada por el lulismo, extraordinario fenómeno que la propia Cristina Kirchner calificó como “un verdadero 17 de octubre brasileño”, el “ejército digital” no hubiera tenido causa, ni programa, ni articulación, ni dirección.
Lula tuvo todas las excusas para abandonar y dejarse vencer. La cárcel, su reputación arrojada a los perros, la traición de algunos viejos amigos, el veto estadounidense a su candidatura, una época donde decir izquierda no significa lo mismo que hace medio siglo. Venía, en términos políticos, de una fosa oceánica. Sin embargo, como una tremenda fe en sí mismo, con su voluntad inquebrantable, logró contagiar a otros y esos otros se convirtieron en millones.
¿Hay algo que pueda tomarse de la experiencia brasileña para intervenir en la tumultuosa realidad política argentina? Bueno, depende, nuestras sociedades no son un calco. Hay diferencias políticas, culturales e históricas que no harían encajar aquí lo que funcionó allá y viceversa.
Pero que nadie relevante en el PT adoptara en los últimos años los argumentos de la derecha mediática, empresaria y judicial para desacreditar a Lula, merece ser apuntado. Cohesión alrededor de un liderazgo probado, decisión fundamental a juzgar por los resultados obtenidos en las dos últimas elecciones.
A pesar de sus diferencias de criterio, expuestas por el líder petista en su libro “Lula: la verdad vencerá”, de 2018, publicado en la Argentina por Octubre, Dilma Rousseff cerró filas con él cuando fue preso y acompañó su rehabilitación pública, sin sacar ventaja. Tal vez, porque ella misma fue víctima de una injusticia parecida.
El espacio soberano y democrático abroquelado, constituido en malla de contención de representaciones plurales y variadas, es una ventaja cualitativa digna de ser imitada, claro que primero hay que identificar qué parte de la democracia no funciona y saber qué ofrecer para bajar la insatisfacción ciudadana con el sistema.
Lula lo hizo. Todo indica que su triunfo tuvo que ver con eso más que con cualquier otra cosa. Trascendió menos, pero prometió una revolución educativa con eje en la escuela de doble jornada para nivel inicial e intermedio. Aumentó el salario indirectamente por la reducción de la jornada laboral. Reforzó los ingresos populares, en general. Para desendeudar a las familias, chocó de frente contra las apuestas online. No tuvo miedo en desafiar a la poderosa asociación del fútbol brasilero, que se financia a través de la ludopatía, como ocurre acá.
En esto y en casi todo lo demás, Lula escuchó a las mujeres. El día de la victoria, el escenario desde el cuál habló al mundo se pobló de ellas, una pintura cada vez más rala en los ámbitos de poder y en algunas convocatorias políticas, salvo en el kirchnerismo y la izquierda.
Lula tiene la edad de los sabios. Su cabeza, su corazón y su coraje desbordan frescura y atrevimiento. Sería un error de ansiedad atribuir su victoria única y exclusivamente al uso del wathsapp, para eludir una pregunta que es anterior a la supertecnología: ¿cómo se interpretan y se representan las necesidades de las mayorías populares?
Lula respondió del modo correcto y la mitad más uno lo apoyó.
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