El mito de los 10.000 pasos diarios se desmorona: un análisis de 64.000 personas durante 8 años revela una fórmula más flexible para vivir más
Un exhaustivo análisis científico desmiente (otra vez) la meta de los 10.000 pasos diarios al demostrar que combinar intensidad y volumen reduce el riesgo de mortalidad en adultos.



Colaborador de National Geographic España
Actualizado a 31 de octubre de 2026, 08:00
Un exhaustivo trabajo científico publicado en la revista British Journal of Sports Medicine ha cuestionado la exigencia de alcanzar la famosa cifra de 10.000 pasos. Este análisis, centrado en los hábitos y la longevidad de un grupo de personas maduras, revela que la relación entre el ejercicio físico y la tasa de mortalidad responde a una combinación flexible de factores bastante más personalizada que la cifra estándar recomendada durante décadas por diversas campañas comerciales.
La investigación llevada a cabo por especialistas pertenecientes a la University of Sydney analizó de forma minuciosa los registros de salud de más de 64.000 personas adultas a lo largo de un periodo medio de seguimiento de ocho años. Mediante el empleo de un algoritmo avanzado de acelerometría, los expertos lograron evaluar de manera conjunta tanto el volumen diario como la intensidad del paso. Las conclusiones de este trabajo de investigación demuestran de forma incontestable que existen múltiples vías eficientes para disminuir significativamente el riesgo de fallecimiento por cualquier causa.
A tenor de los resultados obtenidos, el científico del comportamiento Nicholas Koemel, experto que desarrolla su labor profesional dentro de la Monash University, aclara la base histórica de esta creencia popular al señalar que “ese objetivo de pasos tan citado en realidad provino de una campaña japonesa de podómetros de la década de 1960 en lugar de evidencia científica”. Del mismo modo, el experto subraya la relevancia de cada desplazamiento individual al manifestar que “el mensaje importante es que cada paso cuenta, y cómo das esos pasos también puede importar“.

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Los datos recogidos por los autores revelan patrones sumamente reveladores tras clasificar a la cohorte estudiada en cuatro grupos según su volumen de actividad física habitual. Curiosamente, los individuos que registraban un volumen inferior a los 5.000 pasos por día a un ritmo ligero mostraron un beneficio para la salud muy similar al de aquellos que completaban trayectos de hasta 7.500 desplazamientos marcha a una velocidad algo más moderada. Esta equivalencia demuestra que la prisa al caminar compensa en gran medida la falta de distancia recorrida en la rutina diaria.
Combinaciones de ritmo y volumen
En este sentido, los investigadores detectaron que alcanzar una cadencia media máxima de entre 90 y 100 pasos por minuto durante los 30 minutos más activos de la jornada se consolida como un punto óptimo muy valioso para la prevención cardiovascular. Asimismo, si no se toma en consideración el ritmo de la marcha, el rango situado entre los 7.500 y 10.000 pasos diarios terminó vinculándose con la cota de menor riesgo de fallecimiento de todo el estudio. Esta amplia flexibilidad abre un abanico de posibilidades mucho más accesible para toda la población.
Según explican detalladamente los propios firmantes dentro de su trabajo, “nuestros hallazgos contribuyen a la base de evidencia de los enfoques basados en pasos que se centran tanto en el número de pasos diarios como en la intensidad de la actividad física para reducir el riesgo, y pueden servir de base para intervenciones basadas en pasos para adultos de mediana edad y mayores, en particular para personas con dificultades para aumentar el número de pasos diarios o la intensidad de la actividad física“. Esta perspectiva integral permite adaptar las pautas de actividad a las limitaciones particulares de tiempo o movilidad que pueda presentar cada persona.

No obstante, la comunidad científica recuerda que la naturaleza observacional del análisis impide establecer relaciones causa y efecto definitivas entre el tipo de caminata y la salud. A pesar de haber controlado variables clave como la dieta o la edad de los voluntarios, podrían existir ciertos factores no identificados en el entorno de las personas analizadas. Sin embargo, la extensa muestra utilizada convierte esta aportación en una referencia crucial para actualizar las futuras pautas globales sobre ejercicio físico.
Los propios especialistas responsables del informe concluyen afirmando que “nuestro estudio va más allá de los enfoques de métrica única (por ejemplo, centrarse únicamente en el recuento diario de pasos) para examinar combinaciones de diferentes dimensiones de los pasos en relación con el riesgo de mortalidad, lo que servirá de base para futuras directrices clínicas y de salud pública relacionadas con los pasos.”. De este modo, la ciencia abre un prometedor camino para cuidar la salud del corazón mediante objetivos adaptados a las capacidades reales de la población moderna.
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