Los riesgos de que una derrota haga todavía más peligroso a Trump fuera de las fronteras de EEUU
Del resultado depende si el presidente llega a 2029 con las manos libres o con un Congreso dispuesto a frenarlo en su imperialismo indisimulado que ha convertido la política exterior en un asunto de bolsillo


02/11/2026 21:30-Actualizado a02/11/2026 21:40
Estados Unidos vota este martes y el mundo contiene la respiración. Las elecciones estadounidenses siempre trascienden sus fronteras y agitan los cimientos del orden internacional, pero esta vez más que de costumbre. Lo que salga de las urnas condicionará los dos últimos años de Trump en el poder, y en Bruselas, Kiev, Teherán, Caracas o La Habana se seguirá el recuento casi con la misma atención que en Washington. Para muchos votantes, además, la política internacional pesará en la papeleta casi tanto como la cesta de la compra.
Las elecciones de mitad de mandato rara vez se ganan o se pierden en el exterior, pero este año la política internacional ha ocupado buena parte de una campaña bronca y polarizada. El resultado medirá cuánto margen conserva Trump para ejercer su poder más allá de las fronteras, porque por el Congreso pasan decisiones como los aranceles, los poderes de guerra o los presupuestos que financian cada operación.
Una campaña atravesada por el exterior
La política exterior de Trump se ha colado en estas elecciones por el bolsillo. La guerra arancelaria encareció las importaciones, y el enfrentamiento con Irán, con el estrecho de Ormuz en el centro, disparó el precio del combustible. Ocho de cada diez votantes quieren que el próximo Congreso haga de la rebaja del coste de la vida una prioridad, según la encuestadora AP-NORC, y el 78% de los estadounidenses culpa a las políticas de Trump de que los precios suban más que los sueldos, según Reuters/Ipsos.
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La guerra pesa aunque se libre a miles de kilómetros: el 62% de los votantes la sitúa entre los asuntos más importantes, y la aprobación de la política exterior de Trump ha caído al 33%, el nivel más bajo de las ocho mediciones de AP-NORC en este segundo mandato. Los candidatos han tomado nota. En Michigan, los demócratas hacen campaña contra la guerra para atraer a votantes castigados por la subida de la gasolina y los alimentos, y hasta un aspirante republicano grabó un anuncio en un supermercado pidiendo que termine, y pronto.
La Casa Blanca también ha hecho política exterior pensando en las urnas, casi siempre con el precio del combustible de fondo. En los últimos meses, Trump ha presionado a Kiev para que deje de atacar refinerías rusas, en un intento de desviar la culpa por el encarecimiento de la gasolina. En Venezuela, a las pocas semanas del secuestro de Nicolás Maduro, Washington cerró un opaco acuerdo de 2.000 millones de dólares para la venta de crudo venezolano y obtuvo además una reforma exprés de la Ley de Hidrocarburos que abre el sector a la inversión privada y extranjera. El objetivo era asegurar un flujo constante de barriles en plena crisis energética. En la misma línea, Trump ha preferido aplazar la reanudación de la guerra en Irán que le pide Benjamin Netanyahu antes que arriesgarse a una nueva escalada en vísperas de las urnas.
Los sondeos explican que Trump haya levantado el pie del acelerador, y los frentes abiertos tampoco le dan motivos para acelerar. En Irán, los resultados no son los que buscaba, con un Gobierno iraní débil pero atrincherado. En Cuba, sometida desde principios de año a un bloqueo petrolero draconiano, lo único que le queda por apretar es la palanca militar, y esa opción es impopular. Solo el 17% de los estadounidenses apoya tomar el control de Cuba por la fuerza y el 58% se opone, según The Economist/YouGov. El presidente mantiene la amenaza para su electorado de Florida, donde el 73% de los cubanoamericanos respalda una acción militar para derrocar al Gobierno cubano. En un mitin en ese estado llegó a decir que se ocuparían de Cuba “a la vuelta de Irán”.
Trump no puede permitirse ir a contracorriente de las encuestas, y la aritmética de estas elecciones lo confirma. Los republicanos tienen 53 escaños en el Senado frente a 47 de los demócratas, y les bastan 50 para conservarlo, porque el vicepresidente JD Vance deshace los empates. Casi todos los modelos dan por perdida la Cámara de Representantes, y la incertidumbre se concentra en el Senado, que Decision Desk HQ otorga a los demócratas con un 64% de probabilidad.
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La lección de 2018 y el pato cojo con el dedo en el gatillo
Trump ya gobernó con un Congreso dividido. En 2018 los demócratas recuperaron la Cámara, y eso no le frenó en el exterior. En 2019 vetó la resolución que le obligaba a retirarse de la guerra saudí en Yemen y declaró una emergencia para vender armas a Riad sin pasar por el Capitolio. En enero de 2020 ordenó matar al líder militar iraní Qasem Soleimani sin consultar a nadie. En diciembre de ese mismo año, ya derrotado en las urnas y a pocas semanas de abandonar la Casa Blanca, reconoció de forma unilateral la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Este mandato ofrece una advertencia aún más clara. En junio, ambas cámaras aprobaron una resolución que le ordenaba poner fin a la guerra con Irán, y la Casa Blanca la ignoró alegando que invadía sus poderes como comandante en jefe. Por eso el problema para Trump no es solo perder, sino si la derrota es lo suficientemente grande para amedrentarle a él y a los suyos. Con el Senado en sus manos conserva un escudo para nombramientos, tratados y vetos. Si pierde también la Cámara Alta, ese escudo desaparece.
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Trump encara la segunda mitad de su último mandato, aunque no lo dé del todo por cerrado. En agosto admitió que le gustaría optar a un tercer mandato, pero que la ley es un obstáculo serio, y en octubre, en un mitin en Iowa, bromeó con que tenía “derecho” a volver a presentarse. La Constitución no deja resquicio. La Enmienda 22, ratificada en 1951 tras los cuatro mandatos de Franklin D. Roosevelt, establece que nadie puede ser elegido presidente más de dos veces. Cambiarla exigiría dos tercios de ambas cámaras y la ratificación de tres cuartas partes de los estados, 38 de 50, una mayoría que hoy ningún partido puede siquiera imaginar.
La teoría del pato cojo sostiene que un presidente sin reelección pierde fuerza: el Congreso deja de temerle, los suyos miran al sucesor y la agenda interna se atasca. La historia reciente matiza esa idea en un punto clave. Cuando el frente doméstico se cierra, los presidentes se refugian en el exterior, donde la Constitución les da más margen. George W. Bush perdió las dos cámaras en 2006 y respondió con más tropas en Irak, justo lo contrario de lo que habían pedido las urnas. Barack Obama perdió el Senado en 2014 y cerró en los dos años siguientes el acuerdo nuclear con Irán y el deshielo con Cuba.
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En el caso de Trump, ese incentivo se multiplica. No tiene ninguna elección propia por delante, busca un legado y dispone de herramientas ejecutivas que ya ha demostrado estar dispuesto a usar aunque el Congreso se oponga. La derrota podría limitar sus opciones en casa sin hacerle más prudente fuera.
Los escenarios
El escenario más temido en la Casa Blanca es perder las dos cámaras. Con el presupuesto, las citaciones y los nombramientos en manos demócratas, Trump tendría que gobernar a golpe de veto. Su política exterior no desaparecería, pero se volvería más cara: más difícil de financiar, de defender y de institucionalizar. Si los republicanos salvan el Senado, el país revivirá 2019: investigaciones y bloqueos legislativos en la Cámara Baja, con el núcleo de la política exterior intacto. Es un terreno que Trump ya conoce y en el que se movió con soltura. Y si resiste en ambas cámaras, presentará el resultado como un plebiscito ganado pese a una guerra impopular. Tendría un cheque en blanco para Irán, Venezuela y Cuba.
Pero el reparto de escaños no lo explica todo. Gane quien gane, el nuevo Congreso no toma posesión hasta enero, y durante esos dos meses Trump sigue gobernando con las mayorías actuales. Es la ventana más barata para volver a atacar Irán o para tomar decisiones difíciles de revertir, y es justo cuando la presión de Netanyahu tiene más recorrido.
Después, todo dependerá de cómo encaje Trump el golpe. Una derrota contundente podría empujarle a buscar un legado. La mediación ofrecida por Qatar y Pakistán para la crisis en Oriente Medio sigue abierta, y un acuerdo con Teherán le permitiría presentarse como el presidente que cerró la guerra que él mismo abrió, además de dejar a los demócratas sin su mejor argumento para 2028. La reacción contraria también es posible: acorralado en casa, podría buscar fuera, con nuevas operaciones militares o más presión sobre los aliados de la OTAN, el poder que pierde en el Capitolio.
Ninguno de estos caminos excluye a los demás. La ventana de dos meses puede ser el preludio de esa huida hacia delante, y una derrota total puede acabar en un acuerdo con Irán. Lo que se decide el martes no es si Trump sigue imponiendo su ley al mundo, sino el precio que tendrá que pagar por hacerlo.
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EEUU decide en las urnas si su democracia aún puede poner límites a Trump
Las elecciones de medio mandato son el último test para medir qué queda del sistema democrático del país después de dos años de asalto continuo por parte del magnate.

Washington DC-02/11/2026 21:30-Actualizado a02/11/2026 21:40
Los estadounidenses tienen la oportunidad de recordarle a Donald Trump que no es intocable y que todavía debe rendir cuentas. Después de casi dos años extralimitándose en el ejercicio de su poder como presidente, este martes los ciudadanos van a las urnas para decidir quién controla el Congreso federal. Aunque se trata de unas legislativas, las elecciones de medio mandato se han convertido en un referéndum sobre Trump. Pero, sobre todo, en el último test de estrés del sistema de contrapoderes del país.
En las últimas horas de campaña, los sondeos electorales proyectan una ola demócrata, con altas probabilidades de que el partido recupere el control de ambas cámaras del Congreso. De las siete carreras críticas para determinar la mayoría del Senado, seis se perfilan como favorables para los candidatos demócratas, quienes aventajan a sus rivales republicanos por un margen considerable.
La encuesta de The New York Times muestra cómo solamente Iowa sigue siendo una competición ajustada entre el demócrata Josh Turek y la republicana Ashley Hinson. Pero, más allá de si los pronósticos de los sondeos se cumplen, hay otras preguntas que flotan en el aire: ¿Trump aceptará una derrota? ¿Que los demócratas controlen el Congreso supondrá algún cambio real en la manera de gobernar del republicano?
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Las elecciones de medio mandato vuelven a situar al país ante una pregunta que quedó sin respuesta en 2024. Trump ganó las elecciones presidenciales frente a Kamala Harris y, por tanto, no necesitó activar las teorías de fraude electoral que había estado sembrando durante la campaña. Ahora, el magnate ha vuelto a resucitar aquellos fantasmas, con una diferencia: esta vez está en el poder.
Desde hace semanas, Trump ha pasado de las palabras a los hechos. En julio, el presidente estadounidense se dirigió a la nación para asegurar que habían descubierto vulnerabilidades en el sistema electoral que era necesario corregir. Concretamente, afirmó que personas indocumentadas habían estado votando ilegalmente para favorecer a los demócratas.
La acusación no era nueva: ya había estado difundiendo esa idea durante la campaña presidencial. La novedad es que, gracias al control total del Departamento de Justicia —dirigido por su antiguo abogado, Todd Blanche—, la semana pasada la Administración estadounidense puso en marcha en California la Operación Proteger el Voto.
En el marco de este dispositivo, orientado a reforzar las teorías del fraude electoral, 11 personas fueron detenidas en distintas ciudades de California, mientras que otras 17 fueron imputadas por supuestamente haberse registrado ilegalmente para votar y, en algunos casos, haber llegado a emitir su voto. La elección de California tiene una evidente relevancia política: es el principal bastión demócrata del país y el estado que aporta más escaños a la Cámara de Representantes.
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Este lunes, justo en la víspera electoral, la Casa Blanca ha vuelto a presentar un recurso ante el Supremo para pedir que se aparten unos 20.000 votos por correo en California, alegando que podrían ser emitidos por personas no ciudadanas.
En Alaska, que en las últimas semanas se ha convertido en un estado crucial para determinar el control del Senado, la Casa Blanca también presentó una demanda ante un juez para pedir que declare nulo el resultado si no gana el candidato republicano. El motivo es que, en la contienda en la que compiten la demócrata Mary Peltola y el republicano Dan S. Sullivan, ha aparecido un tercer candidato que puede alterar el resultado: Dan J. Sullivan.
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Según informaciones de The New York Times, J. Sullivan se habría inscrito después de que los demócratas lo animaran a hacerlo, algo que tanto él como el equipo de Peltola niegan. Los republicanos sostienen que se trata de una maniobra para confundir a los votantes y dividir el voto. Por el momento, el juez federal ha desestimado esa petición, pero la Casa Blanca podría volver a recurrirla.
Queda en el horizonte también la cuestión de si, en enero, cuando toque certificar el nuevo Congreso, los líderes de la Cámara de Representantes y del Senado aceptarán los resultados. La Cámara Baja está presidida por el republicano Mike Johnson, un leal a Trump, y el Senado, por John Thune. Trump podría intentar repetir la jugada de 2021 y pedir a sus legisladores que no reconozcan el resultado en algunos estados. En el Senado, si los demócratas obtienen una mayoría ajustada, bastaría con negarse a reconocer a uno o dos senadores para asegurarse de que los republicanos siguen siendo mayoría.
Pero, más allá de si se aceptarán los resultados de los comicios, también está la cuestión de si Trump acatará lo que decida el Congreso en los próximos dos años. Con la guerra de Irán, de la que ni siquiera informó a los legisladores, el presidente estadounidense ya dejó claro que gobernaba en solitario. La muestra más reciente de su voluntad de desoír al Parlamento fue el acuerdo para adquirir toneladas de diésel ruso. El mandatario cerró el trato pocas semanas después de que el Senado hubiera aprobado el mayor paquete de sanciones a Rusia desde que empezó la guerra de Ucrania.
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Netanyahu presiona a Trump para lanzar un ataque masivo contra Irán en plena confusión política en Israel
El líder republicano evalúa un gran ataque a Irán, pase lo que pase con las elecciones legislativas de este martes y arrastrado por Netanyahu, que quiere aprovechar el caos político israelí tras los comicios.

Juan Antonio Sanz
02/11/2026 21:30
La alarma está en el aire. La están recogiendo medios de información de Estados Unidos y el propio Benjamín Netanyahu lo ha dado a entender en diversas ocasiones. El primer ministro israelí está presionando al presidente de EEUU, Donald Trump, para que, una vez se celebren este martes las elecciones de medio término –midterms– en Estados Unidos, Washington y Tel Aviv reanuden a gran escala la guerra contra Irán, que en estos momentos está en un impasse, reducida a ataques puntuales con drones y minas a barcos que circulan a duras penas por el estrecho de Ormuz.
Los comicios celebrados en Israel el 27 de octubre, sin un ganador claro y con Netanyahu en un callejón sin salida para renovar su mandato, también influyen en la ecuación iraní. El jefe de Gobierno judío lo ha repetido: quiere “terminar el trabajo” iniciado en Irán el 28 de febrero por EEUU e Israel y destruir al régimen islámico. Y de paso desviar la atención de la población israelí hacia esa guerra para impulsar sus espurios intereses políticos. Trump había decidido aparcar la reanudación de los bombardeos a gran escala contra Irán con motivo de estas elecciones, con altas probabilidades de que los demócratas se impongan a los republicanos de Trump.
La tensa situación en EEUU derivada del elevado precio de los combustibles y de la subida del coste de la vida en general, con graves problemas en los sectores agrícola y transportes, aconsejó a Trump este alto en los ataques a Irán. De esta manera, además, el Pentágono podría reabastecer sus menguados arsenales y replantear una estrategia militar que ha demostrado ser un fracaso y que ha dado alas, al menos propagandísticas, al régimen de los ayatolás.
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Trump vuelve a amenazar a Irán en plena campaña
Pero el presidente estadounidense ya ha dejado caer que, aunque mantiene la diplomacia en la sombra para reabrir Ormuz y poner punto final al conflicto, está preparado para reactivar la guerra en cualquier momento. Las últimas noticias procedentes de su entorno, reflejadas por medios como el rotativo británico Financial Times o el canal estadounidense Axios, apuntan en ese sentido.
Tras llamar a Netanyahu la víspera, Trump volvió a amenazar este domingo con la reanudación de los bombardeos durante un mitin en Iowa. “La única razón por la que aún no he terminado con Irán es que quiero ser amable… Pero, en algún momento, vamos a tener que darles un mazazo“, remarcó el líder republicano. Agregó, con poco tacto para sus electores menos pudientes, que el alza de los costes de combustible para los ciudadanos estadounidenses debido a la guerra de Irán “es un precio muy pequeño a pagar” si a cambió se podía garantizar la seguridad global. En ese mitin, Trump prometió que esta crisis “terminará muy pronto”. “Ya lo verán”, añadió.

Al respecto, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, había sido más prudente un día antes: Trump “no ha tomado una decisión” sobre la reanudación de la guerra contra Teherán, aseguró. Lo que venía a confirmar que, efectivamente, se está evaluando al más alto nivel ese ataque masivo. Las palabras de Trump pueden ser mera propaganda, como suele hacer, pero hay que tomarse las cosas en serio cuando de por medio anda Netanyahu, artífice del genocidio de Gaza, de empujar a la Casa Blanca a la guerra contra Irán, de la paralela y sangrienta invasión del sur del Líbano o del asesinato de líderes enemigos como práctica habitual del ejército “más moral del mundo”, como el líder del Likud califica a las fuerzas armadas israelíes.
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Tan en serio hay que tomarse esta tormenta que se cierne sobre Irán que incluso Rusia tocó las campanas a rebato. “Las señales de que se están planeando nuevas acciones militares contra la República Islámica son extremadamente alarmantes”, dijo este lunes la portavoz del ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova.
“Una llamada franca” de Trump a Netanyahu
El portal Axios confirmó también en vísperas de las elecciones de mitad de mandato, citando a fuentes israelíes y de EEUU, que Trump habló el sábado con Netanyahu. “Una llamada franca”, precisó el analista de Axios, que abordó “el estado de las negociaciones de EEUU con Irán y cuán deprisa se puede volver al combate. Axios tiene línea directa con la Casa Blanca y la Embajada de Israel en EEUU, de ahí que sus observaciones sean interesantes, incluso si están mediatizadas.
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Según esa información, Netanyahu “está presionando a Trump para golpear a Irán inmediatamente después de las elecciones de medio término” de este martes. En todo caso, Trump de momento no rechaza las negociaciones, “una estrategia que preocupa a Netanyahu”, agregó Axios, que calificó la conversación como “directa” y “difícil”.
Netanyahu “está presionando a Trump para golpear a Irán inmediatamente después de las elecciones de medio término” de este martes (Axio)
Lo cierto es que los contactos entre Teherán y Washington continúan, en la sombra y a través de intermediarios. Este lunes, el Gobierno iraní afirmó que, si la Casa Blanca acepta sus condiciones, podría abrirse el estrecho de Ormuz, cuyo cierre impide el libre trasiego del petróleo y gas del golfo Pérsico, poniendo en un brete a las economías mundiales.
Según el portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán, Ismail Bagaei, el tráfico marítimo por Ormuz podría estar restablecido en dos días si EEUU aceptara tales condiciones que incluyen la reanudación de las conversaciones para alcanzar un armisticio definitivo. También pide Irán el fin del bloqueo estadounidense a los puertos y buques iraníes, así como el descongelamiento de los activos financieros iraníes en terceros países, el reconocimiento del control del estrecho de Ormuz por el régimen islámico y Omán, y el levantamiento de las sanciones internacionales que pesan sobre la exportación de petróleo iraní.
“La pelota está en el campo de Estados Unidos”, señaló Bagaei, sin admitir que la mayor parte de las condiciones de Irán jamás serán aceptadas por Washington.
Recelos iraníes a una nueva trampa de Netanyahu.
En otro episodio de esta maraña diplomática, la semana pasada, el vicepresidente de EEUU, J. D. Vance, envió una carta al secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, para reanudar las negociaciones. Sin embargo, las sospechas saltaron en Teherán, donde se recuerda que el primer día de la guerra, EEUU e Israel asesinaron a bombazos al entonces líder supremo iraní, Alí Jameneí, y a muchos funcionarios y familiares suyos, cuando se encontraba reunido precisamente para decidir las condiciones del diálogo recién propuesto por la Casa Blanca. Un asesinato urdido por Netanyahu y sus pretorianos. En Teherán se teme una nueva celada contra el actual líder iraní, Mojtaba Jameneí, herido en aquel ataque a traición. En cualquier caso, los contactos siguen, con Catar recuperando su papel de intermediario.
Contactos, eso sí, muy marcados por las dudas. No es para menos si el principal saboteador de mediaciones y negociaciones en Oriente Medio, Benjamín Netanyahu, es parte muy destacada en esta crisis. El diario Financial Times informó hace unos días que el líder judío quiere retomar esos ataques a gran escala contra Irán, contando, claro está, con la participación indispensable de EEUU. Tal bombardeo masivo, cuyos objetivos abarcan desde las infraestructuras iraníes a las figuras más prominentes del régimen, debería haberse producido a mediados de octubre, como aperitivo para los israelíes que votaban el día 27, en unos comicios en los que Netanyahu, de momento, no ha conseguido renovar sus aspiraciones a seguir gobernando. Pero de haberse producido ese ataque, lo que para Netanyahu habría sido un “pro” de cara a los comicios en Israel, donde la mayor parte de la población apoya la guerra contra Irán, para Trump habría sido un “contra”, dada la situación energética mundial, que se habría agravado por la escalada en la contienda, y en medio de unas perspectivas electorales nada halagüeñas para el líder republicano.

Según los planes de Netanyahu, los ataques a Irán habrían sido mucho más intensos que los lanzados en las primeras semanas de marzo, al comenzar la guerra. Esa estrategia le habría sido comunicada al secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, hace una semana en la visita sorpresa que hizo a Israel para encontrarse con Netanyahu. Sin embargo, la ofensiva se suspendió y el líder ultraderechista israelí se quedó sin una carta clave para sumar apoyo en las elecciones y obtener escaños suficientes para formar gobierno de nuevo. Respaldo popular que tampoco consiguió el bloque opositor, que ahora depende de las dos formaciones políticas de árabes israelíes que muchos de los diputados opositores detestan.
Nuevos objetivos militares y civiles en Irán
La nueva ofensiva contra Irán, a expensas de lo que ocurra en las midterms, tendría nuevos objetivos militares y civiles que no fueron dañados en estos ya ocho meses de guerra. Una guerra que Trump pretendía resolver en “cuatro o cinco semanas”.
El hecho de que las fuerzas militares israelíes estén en “alerta elevada” desde hace semanas no augura nada nuevo. Las propias declaraciones de Trump señalan que esta vez el bombardeo podría ser mortalmente intenso y con bombas de penetración para instalaciones subterráneas dirigidas contra los centros de investigación nuclear iraníes, por ejemplo, Fordow y Natanz, ya golpeados el año pasado en la guerra relámpago de junio. Teherán defiende el carácter pacífico de sus investigaciones atómicas, pero EEUU e Israel consideran que ese programa tiene como objetivo la fabricación de bombas nucleares. Ni en los ataques de 2025 ni en esta nueva conflagración, EEUU e Israel han sido capaces de desmantelar el programa nuclear iraní.
El tema atómico, en cualquier caso, permanece como el pretexto que tanto estadounidenses como israelíes podrán siempre utilizar para atacar Irán o desestabilizar la dictadura chií. Este sábado, Trump señaló a la prensa que EEUU “tiene que ocuparse” de uno dos lugares en Irán, relacionados con el programa nuclear persa y la producción de petróleo. El presidente estadounidense le quitó importancia al asunto y afirmó que podrían terminar con esa amenaza “en diez minutos” y que ese ataque ya estaba “planeado”. “No necesitamos preocuparnos de esto. Lo podemos hacer rápidamente”, agregó en referencia concreta a uno de esos centros nucleares iraníes subterráneos.
Trump asegura que puede acabar”en diez minutos” con la amenaza nuclear iraní
Otro de los objetivos marcados sería la isla de Jarg, la piedra angular de la exportación iraní de petróleo, y cuya destrucción o captura pondría a Teherán en un punto de no retorno en esta contienda.
En Irán, las autoridades del país consideran que las elecciones estadounidenses para renovar los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los cien asientos del Senado en realidad no variarán el rumbo ya marcado para la república islámica en la Casa Blanca y el gabinete de guerra israelí. El mayor temor, como indicó la agencia EFE desde Teherán, es que una ofensiva a gran escala destruya las infraestructuras vitales para la población iraní y multiplique las carencias de productos vitales, con un alza aún mayor si cabe en la inflación, actualmente situada en el 89% en el cómputo interanual.
Y suceda lo que suceda con las midterms, Trump sigue siendo el presidente de EEUU y tiene dos años más de mandato por delante, tiempo más que suficiente para que, airado por una eventual derrota electoral, reforzado por una magra victoria o empujado por Netanyahu, pueda devastar Irán.
Trump reitera que la guerra no se va a alargar mucho más tiempo. A principios de octubre ya auguró que el conflicto “terminará muy pronto y probablemente justo después de las elecciones de medio mandato”, coincidiendo curiosamente con los planes de Netanyahu. Esta semana quizá conozcamos el alcance de esas palabras y de la persistente influencia israelí en la Casa Blanca.
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Trump entra en la lista de depredadores de la prensa de Reporteros Sin Fronteras por sus ataques y vetos
El presidente estadounidense entra en esta lista por pretender reducir el periodismo a comunicación política y por las restricciones que ha impuesto a los profesionales de la información.

París-02/11/2026 05:05-Actualizado a02/11/2026 18:23
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha entrado en la lista de depredadores de la prensa, que elabora Reporteros sin Fronteras (RSF), por sus ataques para reducir el periodismo a comunicación política y las restricciones que ha impuesto a los profesionales de la información.
En la lista anual de 2026 publicada este lunes, Trump figura allí con otros dirigentes que ya estaban en ediciones anteriores y que han seguido utilizando el aparato del Estado para amordazar a los medios, como los presidentes de Rusia, Vladímir Putin; Nicaragua, Daniel Ortega (junto a su mujer, Rosa Murillo), o de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko.
RSF subraya que en el caso del presidente estadounidense, desde el comienzo de su segundo mandato en enero de 2025, “sus ataques contra la prensa superan cada vez más el marco de la retórica y de las políticas públicas para traducirse en restricciones físicas impuestas a los periodistas”.
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La organización insiste en que Trump ha “multiplicado los ataques para reducir el periodismo a comunicación política” y recuerda que con él a las riendas del país, Estados Unidos ha bajado en un año siete puestos en su clasificación sobre la libertad de prensa para quedarse en una poca honrosa sexagésimo cuarta posición.
Entre los depredadores de la prensa por poner en peligro la seguridad de sus profesionales repiten este año las Fuerza Armadas de Israel, el Partido Comunista Chino o los cárteles mexicanos, a los que Reporteros responsabiliza de “un clima de terror en un país supuestamente ‘en paz'”, pero en el que en lo que llevamos de año casi un periodista ha sido asesinado cada mes por el crimen organizado.
Uno de los que entran en ese grupo de los que amenazan la seguridad, y en el que aparece el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, es el presidente egipcio, Abdulfatah al-Sisi, al que se responsabiliza sólo en las últimas semanas de haber encarcelado a los periodistas del sitio de verificaciones Matsaddash y del cierre de Mada Masr, un medio de referencia.
En el terreno económico, RSF señala a los gigantes tecnológicos estadounidenses Alphabet (propietario en particular de Google) y Meta (Facebook, WhatsApp, Instagram), pero también multimillonarios como el francés Vincent Bolloré (propietario entre otros de periódicos, televisiones y radios) y el georgiano Bidzina Ivanichvili por debilitar medios de comunicación independientes o poner la independencia editorial bajo presión.
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Reporteros repite la designación de Elon Musk como uno de los depredadores por propiciar la desinformación, en particular sirviéndose de su red social X, así como propagar el odio hacia los periodistas y obstaculizar la libertad de información.
En ese mismo apartado está el presidente argentino, Javier Milei, porque desde su llegada al poder en diciembre de 2023 “multiplica los ataques contra los periodistas y los medios críticos, a los que acusa regularmente de corrupción, de mentiras y de manipulación política.
Los que salen de la lista
RSF ha sacado a varios de los depredadores que aparecían de su lista de 2025 por no estar ya en la primera línea de acción.
Es el caso de quien fue líder supremo iraní, Alí Jameneí, porque murió en un bombardeo en las primeras operaciones de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra su país.
En el caso de Nicolás Maduro por haber sido depuesto como presidente de Venezuela con una operación militar estadounidense que lo detuvo y lo llevó a un penitenciario en Estados Unidos, mientras que los ex primeros ministros de Hungría, Viktor Orbán, y de Serbia, Aleksandar Vucic, ya no están por haber sido apartados del poder por las urnas.
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