Descripción
Una vergüenza para la izquierda
El uso de Puerto Rico como punto de partida de la agresión al pueblo de Venezuela, y a partir de este evento, las intenciones manifiestas de avanzar contra la Revolución Cubana, debería constituir motivo de bochorno para toda la izquierda en Puerto Rico (como también para el resto de América Latina). Siglos de coloniaje, con momentos de lucidez revolucionaria y adhesión a valores latinoamericanistas que abanderaron a Betances, Hostos y Albizu durante los últimos dos siglos, hoy son arrojados por la borda de un barco que en pleno hundimiento solo tienen como asidero a figuras de la cultura como el bayamonés Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny) y Ricky Martin, mientras la gobernadora de turno aplaude la presencia de la asquerosa bota militar extranjera en nuestra tierra. La Nueva Pensamiento Crítico repudia con fuerza este vasallaje que llega al nivel de la impudicia mientras llama a la izquierda a salir de su marasmo e inmovilización y a asumir con gallardía su rol histórico frente a la conjura imperialista y las mentiras impúdicas y descaradas del Sr. Donald Trump y su camarilla de secuaces.
En un acto sin precedente, al amparo de la oscuridad de la noche del 2 al 3 de enero de 2026, en violación de leyes internacionales que solo defienden cuando están del lado de sus corporaciones transnacionales, un sector élite de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, después de semanas de acoso naval, asaltos a barcos petroleros y continuos asesinatos de pescadores inocentes, plantaron falsas banderas en la ciudad de Caracas, asesinaron mediante “bombardeos de distracción” a decenas de civiles que dormían en sus casas, mataron a una treintena de ciudadanos cubanos hoy mártires de la revolución y secuestraron al presidente de Venezuela y su esposa (Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores) y los sometieron horas más tarde ante un tribunal en la ciudad de Nueva York, después de conducirlos a unos 3,470 kilómetros desde Caracas. En aquella jurisdicción extranjera, sin base legal alguna, los acusaron de narcotráfico. El cargo no resistió la primera vista, fue rechazado por el propio tribunal gringo apenas examinada las primeras “evidencias”.
La acción imperialista yanqui es un acto desesperado de un imperio en declive que da sus últimos zarpazos. El accionar lo retrotrae a los tiempos de la Doctrina Monroe de principios del siglo 19, en que el expansionismo de los Estados Unidos no necesitaba cobijarse bajo leyendas cínicas para apoderarse de territorios ajenos. Andrew Jackson, uno de los héroes del actual presidente Trump, como general a cargo de los ejércitos de su país durante la década de 1820, sencillamente invadía a su antojo tierras mexicanas y plantaba allí banderas estadounidenses en el afán expansionista de los tiempos de los primeros fermentos imperialista de ese país. Fue así cómo robaron a México la mitad de su territorio.
Sin decoro alguno, Trump y su camarilla admiten sus mentiras y su menosprecio a la legalidad internacional establecida por ellos mismos a partir del final de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Dan los primeros pasos para desmantelar la Organización de la Nacionales Unidas, fortalecen en armas a uno de los genocidas más connotados de nuestro tiempo, Benjamín Netanyahu, en su propósito de convertir Gaza en un paraíso turístico bajo el control de Israel, y buscan el control de Groenlandia y Canadá, además de toda América.
Lo señala muy bien en la sección “Documentos” de esta edición Concepción Cruz Rojo:
“En este proceso son esenciales las experiencias de los países socialistas y antiimperialistas, ahora que nos encontramos celebrando el centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, nos fijaremos en Cuba, un país hermano con el que nos unen lazos de hermandad y amistad entre nuestros pueblos. Un país que ha sido ejemplo de internacionalismo en el mundo y de afrontamiento de desastres naturales y guerras imperialistas. Cuando llegan tormentas y huracanes al Caribe, Cuba destaca por su movilización cívico militar para proteger viviendas, cultivos y personas. Gobierno y pueblo son uno para resistir los fenómenos de la naturaleza y a todo tipo de agresiones imperialistas. No han tenido más remedio, desde su nacimiento han sufrido continuas agresiones criminales, desde intentos de invasión, ataques terroristas contra población civil, a turistas como forma de hundir una importante fuente económica, la oleada de secuestros a barcos y aviones, asesinando a pasajeros civiles y a su tripulación. Ataques biológicos y un bloqueo criminal que es el más largo de la historia.
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