Radiografía de los puertorriqueños en Connecticut: el 22% de las familias vive bajo el nivel de pobreza
El 7.2% de los boricuas no tiene trabajo y cuatro de cada 10 mujeres están fuera de la fuerza laboral del estado



Nota del editor
Esta historia marca el inicio de una colaboración entre El Nuevo Día y Connecticut Public para cubrir y darle voz a la diáspora puertorriqueña en el estado de Connecticut. Para sugerencias o ideas de historias, puede contactar a la periodista Itzel Rivera a itzel.rivera@gfrmedia.com.
“Este se acaba de bajar de un bote”, le decían –en inglés– a Jhonnathan Rivera Lanzot en los pasillos de su escuela elemental. Él, sin embargo, no entendía porque no dominaba el idioma; apenas tenía 11 años y se acababa de mudar deLoíza a New Haven, Connecticut.
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Era una familia de seis integrantes en un apartamento de dos dormitorios, que luego se transformó en uno de tres cuando los padres de Jhonnathan colgaron una cortina en la sala para crear el espacio donde él dormiría con sus dos hermanas, pues el otro cuarto era de su abuela materna.
Hoy, los Rivera Lanzot son uno de los 105,871 hogares puertorriqueños en el estado, según laEncuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2023 (ACS, en inglés) que hace la Oficina del Censo.
De los 3.6 millones de habitantes de Connecticut, los boricuas representan el 7.97%, o 288,383. La cifra coloca a Connecticut como la jurisdicción con mayor proporción de puertorriqueños –en relación con la población total del estado– en Estados Unidos, y se dividen en 50.8% mujeres y 49.2% hombres.
¿Cuál es el perfil?
Los puertorriqueños comenzaron a emigrar a Connecticut a principios de los 1900 para trabajar en comercios de intercambio, principalmente en las industrias del ron y de la avicultura. También, en busca de naturalizar su ciudadanía, explicó Charles Venator Santiago, fundador de la Iniciativa de Estudios Puertorriqueños (PRSI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Connecticut(UCONN). Los residentes de Puerto Rico no obtuvieron derecho a la ciudadanía estadounidense hasta el 1917.
La mayor ola migratoria inició después de la crisis económica que dejó la Segunda Guerra Mundial, en el período de 1945 a 1950, cuando surge un alto reclutamiento de campesinos boricuas para trabajar en las tabacaleras del estado.
Cuando se miden las poblaciones de las regiones del estado, la zona del Valle de Naugatuck es la que proporcionalmente tiene más boricuas. Allí, el 12.39% de la población es natural de Puerto Rico. Le sigue, en ese renglón, el área de la capital con un 10.7% y, en tercer lugar, la región del Gran Bridgeport con un 9.34%.
El resto se concentra en la región sur del territorio.




En cuanto a las ciudades, las cuatro más pobladas por boricuas son Hartford, Bridgeport, Waterbury y New Haven.Otras dos con una considerable cantidad de puertorriqueños son New Britain y Meriden.
“Connecticut es como el estado transitorio para los puertorriqueños, la comunidad ha disminuido un poco porque muchos llegan a ver cómo les va y, de lo contrario, se mudan a estados aledaños como New York,New JerseyoMassachusetts, pero muchos también se quedan”, señaló Venator Santiago, en entrevista telefónica con El Nuevo Día.PUBLICIDAD
Trabajo, esfuerzo y desigualdad
La familia de Jhonnathan decidió marcharse de la isla a New Haven en el verano de 1990 en busca de mejores servicios médicos, ya que él y su hermana mayor padecían de osteogénesis imperfecta, una condición de los huesos.Su padre dejó su cargo como director de programas federales en Puerto Rico para laborar en una manufacturera en Connecticut.
“No tiene nada de malo, era para que la familia saliera adelante, pero muchos de los puertorriqueños trabajan en fábricas o en mantenimiento para evitar hablar inglés o porque no culminaron sus estudios”, dijo Rivera Lanzot a este medio.
Un28% de los puertorriqueños en el estado tiene ocupaciones de administración, negocios o trabajos relacionados con ciencias y artes, según la ACS. El otro 20.4%, en ventas u oficinas; y un 27.9%, en cargos de servicio como profesionales de la salud, docentes, conductores, camareros o personal de mantenimiento.

El otro 17.1% tiene puestos en empresas de producción y transportación de materiales y el restante 6.6%, en compañías de construcción. La mayoría trabaja bajo el salario mínimo, que es de $16.35 por hora y no alcanza los $35,000 anuales.
El ingreso medio que recibe una familia boricua es de $48,656 al año, versus promedio de la población de Connecticut de $91,665, como indica la ACS.
Según el informe de la ACS, en 2023, el 21.9% de todas las familias boricuas en el estado vivía bajo el nivel de pobreza general.Los niveles de pobreza más altos los enfrentan las familias puertorriqueñas donde la jefa del hogar es una mujer con hijos menores de 18 años.PUBLICIDAD
La tasa de pobreza entre los puertorriqueñoses superior a la del promedio hispano en el estado, que es 18.7%, y a la de Connecticut en sí, que es de 7.4%. En 2023,la tasa de pobreza general en Puerto Rico se situaba en 36.5%, teniendo la isla una cantidad de población similar a la del estado.
Los indicadores que establecen cuando una familia vive bajo el nivel de pobreza son el ingreso monetario anual del hogar, el tamaño de la vivienda, las edades de los miembros, la relación entre los integrantes y el acceso a servicios básicos. Se compara con un umbral federal de pobreza preestablecido y no se toman en cuenta las prestaciones no monetarias, como los cupones de alimentos, la vivienda pública ni Medicaid.

El 64.9% de los puertorriqueños renta y solo el 35.1% es dueño de sus hogares. La mayoría de estos espacios son de un solo cuarto y la renta media es de $1,276 al mes. El boricua destina más del el 30% de su salario a la renta y el 42.6% vive en unidades de un solo cuarto.
“La tasa de desempleo también es consistente, un 7.2% de los puertorriqueños en el estado están desempleados”, añadió Venator Santiago, también profesor en la UCONN, considerando que la tasa actual de desempleo en Puerto Rico es de 5.5%.
“Lo preocupante es que el 40% de las mujeres boricuas están fuera de la fuerza laboral, que es distinto a estar desempleado, o sea que cuatro de cada 10 puertorriqueñas tampoco trabajan”, continuó.PUBLICIDAD

Las razones son desconocidas aún, pero la investigación que el docente está preparando enfocada en el tema sugiere que las puertorriqueñas que no trabajan se dedican a ser amas de casa, a cuidar a familiares con discapacidades o viven con los beneficios que el Estado les ofrece, lo que indica, en efecto, que están viviendo “a un alto nivel de pobreza”, comentó Venator Santiago.
Un 36.8% de los boricuas en Connecticut recibe ayudas delPrograma de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) y un 26.4%, asistencia educativa y social.
Acceso a salud y preocupaciones
Los datos más recientes de la ACS revelan que un 12.6% de los puertorriqueños menores de 18 años tienen alguna discapacidad. Entre los 18 y 65 años, el 16.3% tiene impedimentos y, en el caso de losadultos mayores de 65 años, el 42.8% está incapacitado, lo que podría explicar la teoría de Venator Santiago sobre las mujeres que no trabajan para cuidar familiares.
“Así que tenemos gran cantidad de mujeres fuera del mercado, una tasa considerable de desempleo y discapacidad y, encima, el 26% de la población boricua en el estado son jóvenes dependientes, que no trabajan”, apuntó.
De hecho, hasta 2023, el 43% de los puertorriqueños en Connecticut tenía cobertura médica pública y el 4% no tenía ningún tipo de plan médico, lo que podría causar el próximo año una “crisis de salud” si se recortan los fondos de Medicaid, planteó el educador.

“En Puerto Rico, querían darnos únicamente medicamentospara tratar la condición de los huesos. Nos mudamos a New Haven y surgieron otras oportunidades para mejorar, y así fue”, relató, en tanto, Rivera Lanzot.PUBLICIDAD
Aun así, el acceso a servicios médicos no es una de las principales preocupaciones de los boricuas en la diáspora. El informe más reciente de la PRSI en este tópico, publicado en 2024, ubica en sexto lugarel tema de la salud.
Los primeros tres asuntos más importantes para los boricuas en Connecticut son la economía e inflación, el acceso a la vivienda asequible y los impuestos.
La encuesta reflejó, también, que la mayoría opta por no recibir servicios médicos porque, cuando van a las clínicas u hospitales, no hay traductores que hablen español, por lo que no confían en los servicios que están recibiendo.
Niveles de educación e idioma
El lenguaje y la enseñanza tampoco son una inquietud primordial. Solo un 8.8% de los puertorriqueños en Connecticut tiene un grado universitario, mientras que el 36.5% tiene, al menos, diploma de escuela superior y el 22.8% –mayor de 25 años– no tiene ninguno.
Las mujeres puertorriqueñas en el estado tienen los salarios más bajos, pero los niveles más altos de educación; un 16% posee bachillerato o maestría. En general, el 26.4% de los boricuas entra a colegios comunitarios a estudiar grados asociados, principalmente programas de administración de empresas, pero muchos no terminan, destacó Venator Santiago.

En Connecticut, el 40.8% de los puertorriqueños habla únicamente inglés. Son boricuas de segunda y tercera generación nacidos y criados en el estado que, posiblemente, en casa tampoco le hablaban español. La otra parte, un 59.2%, habla, al menos en el hogar, tanto español como inglés.
Edgardo Rodríguez Molina, quien nació en Bridgeport hace 53 años y es de ascendencia puertorriqueña, ha visto cómo la comunidad boricua en el estado se ha transformado.
“He visto que la comunidad boricua ha evolucionado considerablemente, a veces para bien y en algunas ocasiones me pregunto si para mal, creo que nosotros mismos evitamos mirar hacia adelante y desarrollarnos”, comentó.
“Mis padres siempre preservaron la cultura en casa a través del idioma, hablábamos en español y algunos veranos viajábamos a la isla”, relató Rodríguez Medina, de padres oriundos de Naranjito y Río Piedras, reconociendo que los boricuas deberían estar más dispuestos a aprender.
Cultura, comunidad y poder
Jhonnathan recuerda que, en su crianza, en el medio de la sala había un cuadro con un flamboyán pintado que su padre trajo en la mudanza. Su abuelita también preparaba café en la greca todas las mañanas.
“La calle en la que vivíamos le decían ‘Mini-Loíza’, de tantos loiceños que había y, por suerte, el colmado de abajo del apartamento era de dueños boricuas”, narró conmovido.

El colmado bajo el antiguo hogar de Rivera Lanzot es uno de los más 30,000 comercios puertorriqueños y latinos registrados actualmente en la base de datos de la Asociación de Comerciantes Hispanoamericanos.
“La calidad de vida de los puertorriqueños en Connecticut ha mejorado algo, pero, aún con todo el emprendimiento, sigue siendo la comunidad con las proporciones más altas de desigualdades y pobreza, con los salarios más bajos y los costos de vivienda más altos”, dijo Venator Santiago.PUBLICIDAD
Son muchos los logros y las preocupaciones de la diáspora puertorriqueña en Connecticut, pero, si en algo coinciden Rivera Lanzot, Rodríguez Medina y Venator Santiago, es en que hay la intención de rescatar una cultura puertorriqueña autóctona.
“Es más una visión, algo imaginario, porque no es lo mismo que estar en la isla”, afirmó el profesor, quien emigró también hace 18 años a Estados Unidos y reside en Hartford hace siete años.
Hoy, los boricuas ocupan 12 asientos en la Legislatura estatal y lideran el Caucus de Puertorriqueños y Latinos. De hecho, las únicas dos representantes estatales –latinas– mujeres en Connecticut son puertorriqueñas. Por otra parte, existe una coalición de siete entidades a través del estado que organiza las paradas y los festivales puertorriqueños en cada ciudad, iniciativa traída para agrupar a los boricuas, en 1964, por María Sánchez, primera legisladora puertorriqueña en Connecticut.

“El enfoque de los puertorriqueños aquí es trabajar y hacer dinero, y eso ha creado una separación porque nos quedamos sin presencia, todo el mundo a trabajar y para su casa”, comentó Rodríguez Medina, en referencia a que la comunidad debería estar más presente.
Para Rivera Lanzot, ahora cofundador de Puerto Ricans United, Inc., lo importante es que “sigamos teniendo representación y ayudándonos fuera y dentro de la isla”.
Por cierto, sus dos hijos nacieron en Connecticut, pero también hablan español y comen mofongo. Rodríguez Medina, por su parte, aún hace bacalaítos y alcapurrias con las recetas de su abuela.
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Itzel Rivera Riveraitzel.rivera@gfrmedia.com
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