Bad Bunny: un antes y un después
Benito Antonio Martínez Ocasio establece pauta histórica en la industria del entretenimiento puertorriqueño.

Por Gustavo Monroy
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Los ojos de la industria del entretenimiento a nivel global están puestos en Puerto Rico tras el inicio, la noche del 11 de julio de 2025, de la residencia en el Coliseo de Puerto Rico de la estrella musical Bad Bunny, la cual lleva por nombre “No me quiero ir de aquí”.
Por espacio de diez semanas, Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila del intérprete natural del pueblo de Vega Baja, se presentará en el llamado “Choliseo” con un concepto conocido en grandes capitales del mundo del espectáculo, como Las Vegas o Londres mediante el que un artista se instala en un recinto por un espacio de tiempo para que su fanaticada viaje a ese destino a disfrutar de su presentación.
No solo la prensa puertorriqueña, sino medios de alcance internacional tales como Bloomberg, CNN o la BBC comenzaron a reseñar el alcance de este proyecto desde mucho antes de la primera función. Todos han coincidido en destacar el impacto positivo que esta serie de conciertos tendrá en la economía de Puerto Rico, azotada por la quiebra, la imposición de una Junta de Supervisión Fiscal, una especie de gobierno paralelo al elegido por los ciudadanos de la isla impuesto por los Estados Unidos, y una crisis de energía eléctrica que mantiene en vilo y continúa desangrando los bolsillos de los puertorriqueños con aumentos de tarifa tan continuos y constantes como las fallas de este servicio.
De esta manera, el “Conejo Malo”, como se le conoce también al carismático exponente de música urbana trae a su patria, Puerto Rico, tanto un respiro a nivel económico como emocional, puesto que la fanaticada que presenció su meteórico ascenso desde sus comienzos está de plácemes con la oportunidad de volver a verlo en el escenario.
Como Bad Bunny tiene acostumbrado a sus admiradores boricuas e internacionales, las imágenes de la primera función difundidas en las redes sociales dieron fe de su creatividad, junto a su equipo de trabajo, así como de su persistencia en subrayar el orgullo que siente por sus raíces, cultura y raza. La puesta en escena combina alta tecnología al servicio de una ambientación inspirada en el verdor del paisaje montañoso del país, con una estructura que asemeja a uno de los mogotes propios de la topografía de Vega Baja, que incluye animales de corral e incluso un flamboyán florecido, así como la recreación de una casa de cemento propia de urbanizaciones o parcelas isleñas. Bad Bunny junto a su cuerpo de baile asumen con su vestimenta diversos personajes. Comienza con un tribuyo al jíbaro de la montaña y al afrodescendiente de la costa, pasa a un aspecto casual propio de la generación que creció moviendo su cuerpo al ritmo del reguetón y continúa con la elegancia tropical del conjunto de gabán, pantalón largo y camisa con la que se identificó el salsero de los años 80. En fin, pura nostalgia visual que parea a perfección con la temática constante del repertorio del artista, quien suele evocar con sus letras tiempos pasados mejores y felices, así como la denuncia de asuntos que impactan de manera negativa al pueblo puertorriqueño como la gentrificación y el desplazamiento en favor de grandes intereses extranjeros. No faltó en las inmensas pantallas ubicadas incluso en el techo del coliseo, la proyección de una serie de mensajes alusivos a los logros internacionales alcanzados por puertorriqueños en disciplinas como el deporte, junto a datos particulares sobre la naturaleza y la cultura popular isleña.
De regreso a las repercusiones de la residencia de Bad Bunny en la realidad borinqueña durante los próximos dos meses, expertos estiman que cerca de 600,000 personas viajarán a Puerto Rico para disfrutar de alguna de las 30 funciones, que la inyección en la economía puertorriqueña podría ascender a los 196 millones de dólares y la venta de 37 mil noches de hotel. El furor público por formar parte de esta experiencia es tal que, con todo y que cada presentación de la residencia está vendida en su totalidad, la producción puso a la venta el 11 de julio un millar de boletos a través de la plataforma Ticketera, y en cuestión de segundos más de 80 mil personas se conectaron con la esperanza de lograr una de las ansiadas taquillas. Este dato llevó a que conocedores de la materia proyectaran que, de desearlo Bad Bunny y de haber disponibilidad de fechas, con toda probabilidad podrían abrirse una veintena adicional de fechas de su residencia.
No cabe duda que con esta hazaña, Bad Bunny ha cambiado la historia del mundo del entretenimiento en Puerto Rico y envía el mensaje, a presente y futuras generaciones, de que nada es imposible cuando se sueña y se trabaja con esfuerzo, determinación y ahínco.
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

































