Perpetua comedia de absurdos
Lo que ocurre en la AAA lo hemos visto un millón de veces y, lo verdaderamente escandaloso, es que se siga permitiendo



Durante las pasadas semanas, el saludo que han recibido miles de personas al abrir el grifo para lavarse los dientes, y empezar el día, ha sido un sonido gutural parecido al que hace alguien que no tiene nada en el estómago intentando vomitar.
Ese alarido, surgido como de las profundidades de un cuerpo con mucho dolor, nos dice a todos, a los que no tienen agua y a los que la tienen también, que en el 2025, habiendo atravesado todos los traumas que hemos vivido en los pasados 20 años, muy poco ha cambiado la manera en que se ejerce la administración pública en Puerto Rico.
El sonido gutural surge porque la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), por razones que no han sido explicadas en detalle, perdió, súbitamente para quien no esté mirando con cuidado, la capacidad de llevarle agua potable a todo el que lo necesita, que es para lo que existe esa corporación pública.
Se parece, en ese sentido, a su prima hermana, la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), que desde mediados de la década pasada, por razones que hoy todos conocemos, pero al parecer no hemos internalizado, careció de la capacidad de producir toda la electricidad que la sociedad necesita para vivir, un trauma que, cuatro años después de la privatización, vivimos aún con extraordinaria intensidad.
Mirado en un contexto más amplio, lo ocurrido en la AAA se parece también a lo que ha pasado a lo largo de todo este siglo con el aparato estatal en Puerto Rico; perdió la capacidad de responder a las necesidades de la sociedad que lo sostiene, por las mismas razones, y esto es extremadamente importante que se entienda, por las cuales ha habido decenas de miles de personas que, durante las pasadas semanas, no han tenido en sus casas acceso a algo tan elemental, tan básico, como lo es el agua potable.
El gobierno de Puerto Rico, y algunas de sus corporaciones públicas más importantes, colapsaron y quebraron principalmente porque fueron encargadas a personas no por sus talentos, experiencias y capacidades, sino por sus conexiones políticas. Terminaron nuestras dependencias más críticas dirigidas por activistas políticos, puestas a función del partidismo y atosigada de gente muy leal a su político y muy poco al país al que se supone que sirva.
Esto no es, ni ha sido por mucho tiempo un secreto para nadie. Ha sido demostrado, incluso, en innumerables estudios, uno de los cuales, bastante reciente, lo publicaron en el 2021 los investigadores Elizabeth Pérez Chiquésy Edgar Bustos, en la revista Gestión y Política Pública, del Centro de Investigación y Docencia Económica, una entidad educativa del gobierno mexicano.
El estudio titulado, “Control político del servicio civil: el caso de Puerto Rico”, dice, entre otras grandes verdades: “La realidad de la administración pública en Puerto Rico muestra que los dos principales partidos políticos, cada vez que tienen oportunidad de gobernar, intentan, mediante prácticas informales institucionalizadas, construir capital político y financiero echando mano de las estructuras e instituciones formales del Estado”.
La política en las agencias es la causa de que, año tras año, década tras década, casi nada funcione y el gobierno, por lo general, sea más causa de frustración, de encono y de impotencia, que de satisfacción y apoyo, para la mayoría de los ciudadanos. Es la causa principal de la bancarrota, de la austeridad, de la recesión y de toda la pena y vergüenza de las pasadas dos décadas.
Si alguien lo había olvidado, ahí salió la AAA a recordárnoslo. Es como una comedia de absurdos que nos obligan a ver en perpetua repetición.
Cuando el agua empezó a escasear, y la gente miró a la AAA como no se había mirado hace tiempo, porque llevamos diez años siendo atormentados día y noche por la crisis de energía eléctrica, se vio, entonces, que la gerencia de la corporación pública estaba (¡sorpresa!), según ha sido reportado, ocupada por personas con muy poca experiencia en temas de agua e infraestructura, pero mucha en política.
Un líder sindical, José “Cheíto” Maldonado, dijo a este periódico que partidarios de la gobernadora Jenniffer González y del exgobernador Pedro Pierluisi, quienes se enfrentaron el año pasado en una primaria cuyas heridas, se sabe, no han sanado, están matándose allá adentro.
“Está bien arraigada la cuestión política aquí dentro. Está bien marcado y, si pueden meter el pie, están metiendo el pie, y quienes sufrimos es el pueblo. Los que estaban tratan de hacer quedar mal al que está; es una lucha política”, dijo Maldonado, presidente de la Unión Independiente Auténtica (UIA) de la AAA al reportero de este periódico Manuel Guillama Capella.
En el camino, mientras nos entreteníamos con la AEE, los politiqueros de siempre echaban al desperdicio a la AAA, que fue en los años 90 objeto de nada más y nada menos que tres intentos de privatización y que es la única de las grandes corporaciones públicas de Puerto Rico que no quebró, como la AEE,la Autoridad de Carreteras y Transportación, COFINA y el Banco Gubernamental de Fomento (BGF). Hoy se sabe que durante el relativamente largo periodo de estabilidad fiscal que ha vivido, se dejó a la infraestructura volverse obsoleta, igual que la AEE y todo lo demás en Puerto Rico.
El desenlace en la AAA también lo conocemos bastante. La población frustrada por la falta del servicio, negocios cerrando u operando a medias y, la final, una capa burocrática adicional para que intente lo que no han podido quienes tienen la responsabilidad, que es, a fin de cuentas, lo que significa el nombramiento de Carlos Pesquera, como una especie de “zar del agua”. A Pesquera se le paga para que haga lo que se supone que hagan quienes ya cobran por eso y que no pierden su empleo por sus buenas relaciones políticas. Típico gobierno de Puerto Rico.
La fórmula ya la conocemos bien: politiquería equivale a fracaso. Lo escandaloso aquí es precisamente que, habiéndolo visto tantas veces antes, conociendo como conocemos las terribles consecuencias de esta manera de hacer las cosas, viviendo hasta el trauma y la vergüenza (los que la tenemos) de la bancarrota y el tutelaje desde afuera, haya gente que siga actuando como antes y otros aplaudiéndoselo.
Benjamín Torres Gotay
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.




































