Entre el río y el mármol: la dignidad como vocación pública
Reseña del libro: Del Río al mármol. Memorias de un servidor público del exsenador Cirilo Tirado Delgado.


Dr. Carlos I. Hernández Hernández
Hay libros que se escriben para recordar, otros para explicar, y unos pocos —como Del Río al mármol. Memorias de un servidor público— para encender linternas en la niebla densa de la historia. La obra de Cirilo Tirado Delgado no solo relata una vida: convoca a los espíritus ciudadanos del país a despertarse, a reconocerse en la ética del servicio como un acto amoroso y firme, donde la vocación, la memoria y la esperanza no son abstracciones, sino raíces vivas que aún germinan entre las grietas del mármol pulido del Capitolio —ese templo revestido en piedra italiana donde también habita, aunque a veces sonámbula, la conciencia de un pueblo.
La obra de Cirilo Tirado Delgado es, al mismo tiempo, autobiografía y documento histórico, pero también es una invitación al país a reencontrarse con la ética del servicio, esa que se construye desde la vocación, la memoria y la esperanza.
En estas memorias, Tirado traza un recorrido que parte desde las márgenes del Río Grande de Patillas hasta las elevadas esferas del Senado de Puerto Rico, sin perder en el camino ni la humildad ni el compromiso con el pueblo. Su voz, serena pero firme, se instala como testigo y partícipe de un país que ha vivido turbulencias políticas, embates naturales, y reformas sociales que no siempre han respondido al bien común. Desde la primera página, el lector comprende que está ante una narrativa honesta, marcada por el deseo de contar no solo una vida, sino un país entero.
La figura materna, Carmen, emerge como el eje ético del relato. Su resiliencia, su dignidad frente a la pobreza y su amor incondicional marcan el tono espiritual del libro. En su madre, Cirilo encuentra no solo consuelo, sino una lección indeleble: el valor no está en el título, sino en la acción. Esa enseñanza lo acompañará a lo largo de su carrera, desde su primer empleo como educador hasta su rol como legislador, donde defendió con pasión los derechos del magisterio y promovió reformas legislativas cruciales para la transparencia gubernamental.
Uno de los grandes méritos del libro radica en cómo Cirilo entrelaza su historia personal con los grandes momentos de la historia política reciente de Puerto Rico. Desde su participación en el plebiscito de 1967, pasando por las elecciones de 1984, hasta su liderazgo en la reforma del Código de Ética del Senado, el autor no solo documenta, sino que analiza, interpela y propone. En cada capítulo hay una reflexión implícita sobre la responsabilidad cívica y la necesidad de reconstruir la confianza pública en las instituciones.

La obra también se detiene en las grietas del sistema: los escándalos de corrupción, la fragilidad del sector público, el abandono de los sectores vulnerables. Pero lejos de caer en el desencanto, Cirilo responde con propuestas, con trabajo, con memoria. Su relato sobre la fundación de la Comisión de Ética y su implementación de procedimientos de rendición de cuentas en el Senado es testimonio de que otra política es posible. No se trata de discursos, sino de acciones concretas que marcaron un antes y un después en la administración pública puertorriqueña.
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Uno de los pasajes más emotivos del libro es la evocación del huracán Santa Clara, que arrasó con casas y esperanzas, pero no con la solidaridad de su comunidad. Ese evento, narrado desde la mirada del niño que fue, se convierte en metáfora de un país que ha aprendido a resistir. En este sentido, la obra recuerda que la historia no es solo una sucesión de leyes o campañas electorales, sino también una acumulación de gestos cotidianos, de silencios compartidos, de duelos y resurrecciones colectivas.
El tono literario del texto es mesurado y cálido, con una prosa que no busca adornos innecesarios, pero sí alcanzar al lector en su sensibilidad. En varios momentos, Tirado logra articular una ética del afecto, donde la política no es simplemente negociación de poder, sino acto de cuidado. Así lo demuestra su atención al sistema educativo, su defensa de la salud pública, y su insistencia en la justicia ambiental. Todo esto se enmarca en una espiritualidad profunda —no confesional, sino humana— que reconoce en el prójimo una extensión del propio país.
Especial mención merece su reflexión sobre la emigración puertorriqueña y la nostalgia de la diáspora. Lejos de asumir una visión romántica o distante, el autor capta la ambivalencia de quienes parten en busca de oportunidades, pero mantienen en el corazón el mapa de la isla. Tirado logra conectar esa experiencia con las luchas por equidad y pertenencia que se viven en la isla, evidenciando que el puertorriqueñismo es una práctica viva, plural y transnacional.
Del Río al mármol no es un texto de despedida ni de ajuste de cuentas. Es, más bien, una siembra. En un tiempo donde la política suele ser sinónimo de conveniencia, esta obra se levanta como un canto a la vocación pública. En cada página, Tirado nos recuerda que servir al país es un acto sagrado, que la memoria es una herramienta de resistencia, y que la ética no se negocia: se practica.
En resumen, esta obra nos confronta con preguntas esenciales: ¿qué significa servir? ¿qué país estamos construyendo? ¿qué lugar ocupa la memoria en nuestra vida política? Y lo hace con la ternura firme de quien no impone respuestas, sino siembra preguntas como semillas en la conciencia del lector. Del Río al mármol no debe leerse como el epílogo de una carrera política, sino como un prólogo colectivo que nos convoca — como si el mármol del Capitolio respirara lentamente y el sonido del río —murmullo antiguo y alerta— nos rozara el alma, convocándonos a soñar, una vez más, el país que merecemos: justo, generoso, con su nombre pleno de sentido, Puerto Rico… puerto de esperanza e isla de posibilidades.
Un Puerto Rico que haga justicia a su nombre: puerto abierto a la esperanza, territorio fértil para los que aún creen en la dignidad como brújula, y faro encendido para los que se atreven a imaginar, con amor y coraje, un porvenir más justo, más nuestro y luminoso.
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Dr. Carlos I. Hernández Hernández
Historiador Oficial de Puerto Rico.
- Tags: capitolio, Cirilo Tirado, Cirilo Tirado Delgado, Del Río al mármol. Memorias de un servidor público, senado, senador
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