Los condenados de la tierra
Con un artículo del Dr. Carlos Rojas Osorio

José Clemente Orozco: Los agachados. 1948, carbón sobre papel.
Tomado de la edición de noviembre de 2025 de la revista Nueva Pensamiento Crítico

07 de febrero de 2015 – 29 de junio de 2015
Los condenados de la tierra es el título de un libro paradigmático del escritor martiniqueño Frantz Fanon publicado en 1961, donde reflexiona ampliamente sobre el colonialismo. El título transcribe el primer verso de La Internacional, himno por excelencia del movimiento obrero y revolucionario: ¡Arriba, parias de la tierra!
La frase es a su vez muy elocuente para describir el conjunto de obras reunidas en esta Galería, que cristalizan las interpretaciones de los artistas en torno a terribles contextos sociales y desde uno de los conflictos políticos más emblemáticos del siglo XX: la Revolución mexicana. Para José Clemente Orozco este acontecimiento supuso la revelación de un nuevo orden, donde las masas y el pueblo protagonizaron un sainete dramático y bárbaro: con estas palabras el pintor jalisciense describe en su autobiografía los cambios sociales de esos años revolucionarios.
Orozco dibuja los abusos del poder, el sufrimiento y las miserias humanas. Estos asuntos trascenderán la anécdota local para instituirse en el gran tema que atravesará prácticamente la totalidad de su obra figurativa, inclusive en sus trabajos realizados en los Estados Unidos: el drama humano, la violencia física, cadáveres y humillaciones. Como ilustra el nombre de esta exposición y el título del libro de Fanon: Orozco expone la condición del condenado.
Por su parte, David Alfaro Siqueiros retrata igualmente la pobreza como una manifestación socialmente trágica, más allá de la referencia directa a los episodios revolucionarios. En algunas obras describe este tópico desde un dibujo preciso de gran fuerza psicológica, mientras que, en otras, el trazo suelto y rotundo de largos brochazos define situaciones que reflejan la intensidad de los posicionamientos políticos de las masas obreras y revolucionarias.
Esta Galería recoge una notable selección de obras de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros: artistas emblemáticos de la Colección de Alvar Carrillo Gil. Ambos fueron sus amigos personales y de ellos atesoró un nutrido conjunto de trabajos. Conservó casi 170 obras del primero y alrededor de cincuenta notables piezas del segundo, actualmente en el acervo del Museo de Arte Carrillo Gil.
A este coleccionista yucateco le interesaron las obras de los artistas modernos mexicanos en donde se describe al país sin acentos folcloristas y que formalmente estuvieran en sintonía con las vanguardias europeas: referente insustituible del arte del siglo XX. En este sentido, para Orozco y Siqueiros, representar capítulos de la historia de México no sólo supone hacer la crónica visual de estos eventos, sino instituir la pintura y el dibujo como resultado de arriesgadas exploraciones formales.
Para los intelectuales modernos, el paisaje mexicano está muy ligado a la pobreza de sus habitantes, como si el suelo yermo y la naturaleza espinosa de los magueyes definieran el carácter miserable y violento de la vida humana en la tierra.
Esta visión del paisaje como condicionante de la conducta del hombre, derivada del positivismo filosófico del siglo XIX, se trasladó a buena parte de la producción artística del siglo XX; por esta razón, en esta Galería destacan escenas donde los pintores mexicanos José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros retratan unas geografías desoladas, en donde hombres y mujeres deambulan como fantasmas.
Del mismo modo, las arquitecturas en estos escenarios son muy elocuentes de la violencia del hombre y otra manifestación de la condenación de la tierra. Orozco representa el espacio construido desde unos volúmenes muy simples y esquemáticos, de formas geométricas. Estas casas en el paisaje agreste están siendo arrasadas, con lo cual el artista refuerza la destrucción de los tiempos de revolución. Por su parte, Siqueiros describe un paisaje quemado y pétreo gracias al empleo de innovadores materiales como la piroxilina: una laca de usos industriales con la cual consiguió en sus pinturas acabados muy originales.
Los artistas reunidos en esta exposición y que encabezan la Colección Carrillo Gil dibujan un diáfano panorama del arte moderno mexicano entre la segunda década del siglo XX y hasta finales de los años sesenta. No es nada extraordinario recordar que esto es debido a la trascendencia del lugar que exponen estas obras, a su espíritu local y a su espacio simbólico en tanto representaciones del país.
Resulta interesante constatar cómo la Colección Carrillo Gil se mantiene entre dos ámbitos aparentemente opuestos: por un lado, destacan la revisión de la historia violenta de México que expone la obra gráfica de José Clemente Orozco y las tensiones que David Alfaro Siqueiros describe en sus representaciones de ámbitos políticos e históricos, esencialmente mexicanos. Por otro lado, se impone el ímpetu renovador y rupturista de las vanguardias europeas que se manifiestan en el excepcional conjunto de lienzos cubistas de Diego Rivera, así como en los artistas ligados a la abstracción, como Gunther Gerzso. Igualmente son muy interesantes los acercamientos a este lenguaje desde el género paisajista por parte de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
Frente a los escenarios terribles que se exponen en las Galerías 1 y 2, las obras en este espacio dan cuenta de otro mundo, de allí el título escogido para este núcleo de la exposición. A Carrillo Gil no le interesaron particularmente las aportaciones que Diego Rivera hiciera después de sus años en Europa entre 1911 y 1921, por el contrario, se sintió fascinado por su etapa cubista, distante de la retórica política de sus murales posteriores y de su figuración clasicista de raigambre local. Del mismo modo, frente a la obra socialmente comprometida de los artistas ligados al muralismo, contrasta la presencia de Gunther Gerzso. Un creador cuyo trabajo sedimenta las diversas abstracciones europeas y latinoamericanas: desde el espacialismo de ascendencia italiana, sus experimentos en los ámbitos del informalismo matérico y sobre todo su abstracción geométrica, que se alza como la más relevante obra de este pintor mexicano de ascendencia húngaro-alemana.
De este modo, el acervo del doctor Alvar Carrillo Gil expone las tensiones por las cuales discurrió la modernidad artística en México y Latinoamérica: un reto intelectual que consistió, desde la barbarie periférica, en intentar colmar el deseo por acceder a la cultura vanguardista europea. Es desde este lugar de conflicto entre lo local y lo universal (una dicotomía aparentemente superada), entre la condenación de la tierra y el otro mundo, donde se encuentra la esencia de esta colección.

Ángeles Alonso Espinosa l Curadora
José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Gunther Gerzso, Diego Rivera l Artistas
FRANTZ FANON, CINCUENTA AÑOS DESPUÉS. HOMENAJE

Dr. Carlos Rojas Osorio
Frantz Fanon nació el 20 de julio de 1925, en Fort France, Martinica. Su madre, mestiza, era de Alsacia, y su padre Félix Casimir Fanon “de evidente progenie africana”. [1] Martinica era entonces una colonia francesa y estuvo “enmarcada por los valores de una cultura colonial para para la cual la saturación del color negro de la piel significaba “ser menos blanco”. En el caso de Frantz la situación era peor, porque era el más negro de ocho hermanos”. Los negros de Martinica fueron “arrastrados a la isla para trabajar como esclavos”. (Valdés, 2016: 24) Comenta Valdés García: “los valores de una cultura blanca colonial son tan aceptados y ´naturalizados, tan dados como ´normales´ que les resulta complicado a los propios pueblos del Sur desacreditar los fundamentos inculcados durante más de quinientos años y distinguir la fuerza enraizada de una convicción”. (24)
La crítica del racismo se habría iniciado desde la revolución haitiana con A. Firmín, Jean Price-Marce, W du Bois, el renacimiento negro de Harlem, el movimiento de la negritud en Paris, la poesía de Guillén en Cuba, y de Palés Matos en Puerto Rico”. () En Martinica fue la obra de Aimé Cesaire el punto de partida de Fanon. Cesaire fue su maestro en el Instituto Schoelcher. “De su maestro aprendió que ser negro es bueno y hermoso, y que los valores de la cultura europea eran un mecanismo distorsionador de la identidad”. (25)
Muy joven Frantz se alistó en el ejército francés para ir a la Segunda guerra mundial. Los maestros le advirtieron que ese no era el principal problema. Y él respondió que “le preocupaba la libertad donde fuera cuestionada, fuera de negros, blancos o amarillos”. (25) Y comenta Félix Valdés: “esa convicción le acompañó siempre”.
Después de la guerra regresa a Martinica y termina sus estudios en el Liceo. Y en 1947 regresa a Francia para estudiar medicina. Luego pasa a Lyon para estudiar psiquiatría. Allí publicó un periódico de estudiantes negros, Tom-tom. Al mismo tiempo se dedica a la lectura y estudio de los filósofos, Merleau Ponty, Jean Paul Sartre, Nietzsche. Hegel, Marx. Conoció y cuestionó las teorías psiquiátricas. Su tesis se tituló “Un ensayo sobre la desenajenación del negro”, pero la publicó como “Piel negra, máscaras blancas”.
Los condenados de la tierra. La obra que mayor reconocimiento le dio a Franz Fanon fue Los condenados de la tierra, cuya primera edición en francés fue en 1961. Y su primera edición en español es de 1963. Esta obra se abre a una perspectiva más amplia, más universal pues se convierte en el mayor manifiesto del Tercer Mundo porque invoca a todos los colonizados y oprimidos del mundo, mientras que Escucha blanco, tenía como referente el Caribe colonial. También hay un cambio profundo en la base filosófica, ya no es el hegelianismo o el existencialismo, sino el marxismo. Esta obra lleva un prólogo del filósofo existencialista Jean Paul Sartre.
Nos dice Fanon que el foco temático del colonialismo sigue en pie, y comienza por relacionarlo con la violencia. “La descolonización es siempre un fenómeno violento”. [2] Y agrega de modo enfático: “La descolonización, que se propone cambiar el orden del mundo es, como se ve, un programa de desorden absoluto”. (1969: 30) La descolonización no es obra de magia, ni amigable, sino un proceso histórico complejo. En efecto, en un proceso de descolonización se enfrentan dos fuerzas en franco antagonismo. La fuerza colonizadora es explotadora y se despliega con “bayonetas y cañones”. “Es el colono el que ha hecho y sigue haciendo al colonizado. El colono saca su verdad, es decir, sus bienes del sistema colonial”. (31) La descolonización transforma al colonizado; cambia su ser, su lenguaje; en realidad es “la creación de hombres nuevos”. Esa transformación no es mágica, ni sobrenatural, es el resultado del proceso de descolonización; este hombre nuevo se ha convertido en “hombre en el proceso mismo por el cual se libera”. (31) De objeto alienado en el proceso de colonización pasa a convertirse en sujeto de su propia historia. La descolonización implica, pues, una transformación de una situación integral, compleja, abarcadora. Fanon se vale de una frase evangélica “los últimos serán los primeros” para indicar el cambio radical al cual la descolonización debe llevarnos. “El colonizado que decide realizar ese programa, convertirse en su motor, está dispuesto en todo momento a la violencia”. (32) La contradicción entre las fuerzas colonizadoras y las fuerzas colonizadas es tal que sólo la violencia puede trastocar la situación. El colonizador tiene de su lado la policía, los soldados y los cuarteles. Pero el colonizador también tiene de su lado las ideologías y las instituciones en que cristalizan, como la iglesia que enseña la prudencia y “el respeto al orden establecido”. “Crean en torno al explotado una atmósfera de sumisión y de inhibición que aligera considerablemente la tarea de las fuerzas del orden”. (33) A todo esto agrega Fanon la labor de la educación oficial, “profesores de moral, de consejeros, de ´desorientadores”. “El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. El intermediario no aligera la opresión, no hace más velado el dominio. Los expone, los manifiesta con buena conciencia de las fuerzas del orden. El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado”. (33) Colonizadores y colonizados habitan en sectores urbanos diferentes, nunca complementarios, se relacionan solo en la forma de exclusión recíproca, sin posible conciliación. La ciudad del colono está poblada de blancos y de extranjeros. La ciudad del colonizado, del indígena, la ciudad negra, o la ciudad árabe, lleva el peso de la mala fama; para los colonos es una ciudad revoltosa.
Fanon anota que ciertos análisis marxistas de los sistemas coloniales deben ser modificados. Incluso la idea de sociedades precapitalistas debe ser cambiada. La observación de Fanon se refiere al hecho según el cual el colono es siempre un extranjero, y que ha llegado con ayuda de los cañones. No es tanto la propiedad la que cuenta, sino que viene de fuera y se impone a la fuerza. Son los “otros” contrarios a los colonos. “La violencia que ha presidido la constitución del mundo colonial, que ha ritmado incansablemente la destrucción de las formas sociales autóctonas, que ha demolido sin restricciones los sistemas de referencia de la economía, los modos de apariencia, la moda, será reivindicada y asumida por el colonizado desde el momento en que, decidida a convertirse en la historia, en la acción, la masa colonizada penetre violentamente en las ciudades prohibidas”. (35)
La descolonización no es un advenimiento a un equilibrio armónico. “La impugnación del mundo colonial por el colonizado no es una confrontación racional de los puntos de vista. No es un discurso sobre lo universal, sino la afirmación desenfrenada de una originalidad formulada como absoluta”. (35) El lenguaje del colono animaliza al colonizado; usa un lenguaje zoológico. Hay un vocabulario colonial. El colonizado se sabe humano, y en ese saberse “comienza a bruñir las armas para hacer triunfar” su humanidad. (37) El colonizado se ríe de los valores “occidentales”, se endurece en su crítica. “En el periodo de descolonización, se apela a la razón de los colonizados. Se les proponen valores seguros, se les explica prolijamente que la descolonización no debe significar regresión, que hay que apoyarse en valores experimentados, sólidos, bien considerados”. (38) Los valores blancos se han impuesto mediante la violencia, por ello el colonizado en vías de descolonización, con justicia, invierte las cosas y se burla de los valores blancos. A veces esta situación se disimula porque algunos intelectuales colonizados pretenden entrar en diálogo con la burguesía. Esto es debido al hecho de que en el periodo de descolonización la burguesía colonial busca medios de diálogo. Se trata de un combate de retaguardia. Pero los pueblos colonizados no creen en esas maniobras. Para el pueblo el valor más importante es la tierra que es la que nos da el pan. “El famoso principio que pretende que todos los hombres somos iguales encontrará su ilustración en las colonias cuando el colonizado plantee que es el igual del colono”. (39) El colonialismo penetra también en los intelectuales. Por ejemplo, reclamando la doble ciudadanía, como hicieron algunos liberales franceses en la lucha descolonizadora argelina. “Todos los valores mediterráneos, triunfo de la persona humana, de la claridad, de la Belleza, se convierten en adornos sin vida y sin color”. (41) Son valores inútiles porque no se materializan en las luchas concretos del pueblo colonizado.
El intelectual burgués defiende el individualismo y pretende introyectarlo en el colonizado. Cada cual encerrado en su subjetividad y en la torre de marfil del pensamiento. Pero la lucha no puede surgir del atomismo individual, sino del barrio, de la célula, de la comunidad. La comunidad es la que ilumina su propio camino y alumbra su propia razón. El pueblo ve la globalidad de sus objetivos, los intelectuales colonizados se pierden en los detalles. El pueblo no quiere la verdad absoluta. La verdad del pueblo es la que “precipita la dislocación del régimen colonial”. (44) La historia de la colonización es la historia del pillaje. “El colonizado descubre lo real y lo transforma en el movimiento de la praxis, en el ejercicio de la violencia, en su proyecto de liberación”. (51) Muchos indígenas consideran abstracto “el poder del proletariado”, pues su lucha es de “carácter nacionalista”. Muchas veces en las luchas nacionalistas se descuida a los campesinos. En cambio, Fanon anota que: “es evidente que en los países coloniales sólo el campesinado es revolucionario. No tiene nada que perder y tiene todo que ganar”. (54) El campesino descubre primero que todos que solo vale la violencia. Su lógica es descolonización o nada. En el próximo capítulo señala que, en cambio, en las revoluciones burguesas e incluso proletarias los campesinos “constituyen frecuentemente un freno a la revolución”. (102) Observación que Marx hizo también con relación a la revolución francesa, donde los campesinos de La Vandée fueron contrarios a la revolución. Fanon percibe más bien un campesinado revolucionario en las luchas anticolonialistas.
“La no violencia es un intento de arreglar el problema colonial en torno de un tapete verde de una mesa de juego, antes de cualquier gesto irreversible, cualquier efusión de sangre, cualquier acto lamentable”. (54) El dirigente anticolonial no debe tener miedo a la violencia. “Hay una astucia de la historia que actúa terriblemente en las colonias”. (61) Al igual que Eugenio María de Hostos[3], Fanon afirma que “Todas las colonias están llamadas s la desaparición”. (71)
En la dinámica del Tercer Mundo ocurre que las antiguas colonias una vez independizadas se convierten “en económicamente dependientes”. (90) Muchas veces se mantienen los antiguos circuitos comerciales que siguen siendo de tipo colonialistas; se llega pues a un neocolonialismo. Por eso lo que ahora cuenta es la distribución de la riqueza. La explotación capitalista es enemiga del Tercer Mundo. El socialismo debe dirigirse a la totalidad del pueblo. Hay que recomenzar, y reformularlo todo. “El colonialismo y el imperialismo no saldaron sus cuentas con nosotros cuando se retiraron de nuestros territorios sus banderas y sus fuerzas policiacas. Durante siglos, los capitalistas, se han comportado en el mundo subdesarrollado como verdaderos criminales de guerra”. (92)
El nazismo transformó a Europa en una colonia. Las riquezas de los países colonizados “han sido robadas a los pueblos subdesarrollados”. (94) Los puertos de Holanda, Liverpool, Burdeos se especializaron en la trata de negros. Las grandes compañías invierten en los países subdesarrollados imponiendo grandes exigencias, muchas de ellas irrealizables. Hacen préstamos, pero a cambio de que compren productos manufacturados en la metrópoli. No corren ningún riesgo. La lucha anticolonialista puede encontrar un buen aliado en el lumpen proletariado, pero sólo si los dirigentes de dicha lucha saben ganárselos a su favor. “Todo movimiento de liberación nacional debe, pues, prestar el máximo de atención a ese lumpen-proletariat”. (125) “Este responde siempre a la llamada a la insurrección, pero si la insurrección cree poder desarrollarse ignorándolo, el lumpen-proletariat, esta masa de hambrientos y desclasados, se lanzará a la lucha armada, participará en el conflicto, pero del lado del opresor”. (125) [4] “El opresor, que jamás pierde la ocasión de hacer que los negros se peleen entre sí, utilizará con una singular alegría la inconsciencia y la ignorancia que son las taras del lumpen-proletariat”. (126) “Esta reserva humana disponible, si no es organizada de inmediato por la insurrección, se encontrará como mercenaria”. (126)
El antirracismo es un motivo suficiente para integrarse a la lucha. Es la voluntad del colonizado que tiene razones más que suficientes para la insurrección. Los dirigentes anticoloniales no deben dejarse llevar por las concesiones que haga el colonizador. “El colonizado debe convencerse de que el colonialismo no le hace ningún don. Lo que el colonizado obtiene por la lucha política o armada no es resultado de la buena voluntad o del buen corazón del colono, sino que traduce su imposibilidad para demorar las concesiones”. (131) La elevación de conciencia del pueblo debe ser tarea de sus dirigentes. “La insurrección se prueba a sí misma en su racionalidad”. (34) En la lucha el colonizado se encuentra con una nueva realidad, una realidad que solo conoce a través de la acción. Fanon insiste en el neocolonialismo, es decir, en la nueva relación de dependencia económica en que por lo general se encuentran los países aunque hayan conquistado la independencia política. “Se siguen exportando las materias primas”. (139) “En sus inicios, la burguesía nacional de los países coloniales se identifica con la burguesía occidental en sus finales”. (140) Y en correspondencia, la burguesía nacional se ve frecuentemente apoyada por la burguesía occidental. Los burgueses nacionales se convierten en gerentes de las empresas de la burguesía capitalista. Los burgueses nacionales confían sus capitales en los bancos de la burguesía occidental. Muchos gastos suntuarios caracterizan a la burguesía nacional. “La burguesía occidental, cuando es fuerte en su función de poder, no vacila en afirmar ideas democráticas con pretensión universitaria. Esa burguesía, sólida económicamente, necesita condiciones excepcionales para no respetar su ideología humanista. La burguesía occidental, aunque fundamentalmente racista, consigue casi siempre disfrazar ese racismo multiplicando los matices, lo que le permite conservar intacta su proclamación de la eminente dignidad humana”. (149) Pero también la burguesía nacional neocolonialista es racista. “El racismo de la joven burguesía nacional es un racismo defensivo, un racismo basado en el miedo. No difiere esencialmente del vulgar tribalismo, es decir, de las rivalidades entre çofs, sectas”. (150) El continente africano se ha impuesto la utopía de su unidad. Pero las burguesías nacionales neocolonialistas crean un sistema nacional de explotación y dificultan de mil formas la realización de esa “utopía”. “Los circuitos económicos del joven Estado se hunden irreversiblemente en la estructura neocolonialista. La economía nacional, antes protegida, es ahora literalmente dirigida. El presupuesto se alimenta de préstamos y donaciones”. (152) El pueblo continúa explotado, en su insoportable miseria. “La nueva casta es tanto más insultante y repulsiva cuanto que la inmensa mayoría, las nueve décimas partes de la población, siguen muriéndose de hambre”. (153) Ante esta situación el pueblo tiene que despertar. La nueva casta absorbe la casi totalidad de las riquezas del país. Miseria del pueblo que se opone al enriquecimiento de la nueva casta. Esto conduce a la dictadura. “Pero las amenazas que estallan van a provocar el fortalecimiento de la autoridad y la aparición de la dictadura”. (153) Los antiguos dirigentes nacionalistas se convierten ahora en una pantalla entre el poder de la burguesía nacional y el pueblo. Y en realidad “contribuye a frenar la conciencia del pueblo”. (153) El antiguo dirigente nacionalista ahora se limita a apaciguar al pueblo, no se atreve a quebrantar la burguesía nacional. “Durante la lucha de liberación, el líder despertaba al pueblo y le prometía una marcha heroica y radical, Ahora multiplica los esfuerzos para adormecerlo y tres o cuatro veces al año le pide que se acuerde de la época colonial y aprecie el inmenso camino recorrido”. (154) Ni el campesino que ara la tierra, ni el perpetuo desempleado puede convencerse de que algo haya cambiado, aunque se agiten las banderas y se canten los himnos nacionales. El dirigente cuyo deber era facilitar la libre circulación de las ideas, ahora se limita a la defensa de sus intereses individuales. “Después de la independencia el partido no ayuda al pueblo a formular sus reivindicaciones, a cobrar mayor conciencia de sus necesidades y a asentar su poder”. (155) “Después de la independencia el partido se sumerge en un letargo espectacular”. (156) “Ahora que han cumplido su misión histórica de llevar la burguesía al poder, son invitados con firmeza a retirarse para que la burguesía pueda cumplir tranquilamente su propia misión”. (156)
En la situación neocolonial hay enriquecimiento de la burguesía nacional, pero también, corrupción, corrupción económica y corrupción de las costumbres; acaparamiento, multiplicación de los privilegios y oportunismo. En América Latina ha existido una caricatura de fascismo y que es resultado de la situación neocolonial. “En esos países pobres, subdesarrollados donde, por regla general, la mayor riqueza se da al lado de la mayor miseria, el ejército y la policía que – otra regla que habrá que recordar- están aconsejados por expertos extranjeros. La fuerza de esa policía, el poder de ese ejército, son proporcionales al marasmo en que se sumerge el resto de la nación. La burguesía nacional se vende cada vez más abiertamente a las grandes compañías extranjeras. A base de prebendas el extranjero adquiere concesiones, los escándalos se multiplican y los ministros se enriquecen”. (157) Al endurecerse la situación, el ejército prevalece. La posible respuesta es: “el esfuerzo conjugado de las masas encuadradas en un partido y de los intelectuales altamente conscientes y amados de principios revolucionarios debe cerrar el camino a esa burguesía nociva”. (160)
La fase burguesa sería útil si se preocupara por el desarrollo nacional, en la industria, en la agricultura, en la cultura, en el desarrollo de la técnica e incluso del proletariado. Pero en ningún caso ha cumplido esa tarea. Y la burguesía nacional no ha servido a la causa de la nación. “Hay que oponerse resueltamente a ella porque no sirve para nada”. (161) Solo desarrollan una economía neocolonialista. “En realidad, la fase burguesa en la historia de los países subdesarrollados es una etapa inútil. Cuando esta casta sea aniquilada, devorada por sus propias contradicciones, se advertirá que no ha sucedido nada desde la independencia, que hay que recomenzar todo, que hay que partir de cero”. (161) La burguesía es producto del predominio del capital, depende de realidades económicas concretas. La burguesía nacional está al servicio de la burguesía extranjera. Comerciantes e intelectuales mantienen una voluntad de identificarse con la burguesía extranjera. El pensamiento burgués neocolonial también se sirve del pensamiento burgués extranjero, occidental. La burguesía nacional no goza de grandes capitales como la burguesía extranjera. De ahí que Fanon afirma que la burguesía en los países subdesarrollados “es una burguesía en espíritu”; (163) Entiendo que quiere decir que su base es sobre todo ideológica. Su ideología se pone al servicio de la burguesía internacional. Asimismo, la burguesía nacional repite hasta el cansancio que en países recién independizados es necesario un gobierno fuerte. La dictadura es una necesidad. Y el partido se encarga de la vigilancia y el control de las masas. “La masa informe del pueblo es concebida como una forma ciega, que hay que controlar constantemente, sea por la mixtificación o por el miedo que le inspiran las fuerzas de la policía”. (166) Frente al partido el pueblo o se calla o lo elogia; pero en la soledad manifiesta su desesperanza y la ira contenida. Fanon habla de una dictadura racial que practica el partido. A la dictadura burguesa se suma la dictadura racial. Fanon anota que “los pueblos no son rebaños y no necesitan ser conducidos”. (168) La relación del pueblo con su líder debe ser de intercambio; el pueblo y también puede conducir al líder. Debe evitarse la descentralización. Las regiones no pueden ser abandonadas al centralismo del partido.
Fanon dedica un capítulo a la cuestión de la cultura nacional. Hace primero una crítica a la tendencia de quedarse en el pasado, a mirar solo las tradiciones o el folclore nacional, a la mera repetición de costumbres y prácticas pretéritas. “Cuando un pueblo sostiene una lucha armada o una política contra un colonialismo implacable, la tradición cambia de significado”. (205) “Luchar por la cultura nacional es, en primer lugar, luchar por la liberación de la nación, matriz a partir de la cual resulta posible la cultura”. (214) Su idea es, pues, que la cultura nacional debe ir al compás de la realidad de la lucha nacional. Más que al pasado la cultura nacional debe ser creativa y proyectarse al futuro. El intelectual colonizado se lanza hacia la cultura occidental. “Pero cuando los partidos nacionalistas movilizan al pueblo en nombre de la independencia nacional, el intelectual colonizado puede rechazar algunas veces esas adquisiciones, que resiente de súbito como enajenantes”. (200) La historia es escrita por occidentales y rara vez reconocen los episodios de la cultura beligerante por su independencia nacional. Puede que en un periodo posterior el intelectual se convierta a una literatura de combate, de lucha y que se anime a un movimiento de despertar del pueblo. Aparece entonces una literatura revolucionaria. En la prisión, en la guerrilla, “sienten la necesidad de expresar la nación”. (203) Hombres y mujeres se dan cuenta de la excepcionalidad de la situación y sienten la necesidad de hacer obra literaria. “La cultura nacional argelina cobra cuerpo y consistencia en el curso de esos combates, en la cárcel, frente a la guillotina, en los puestos militares franceses sitiados y destruidos”. (214) Y esta es la tesis principal de Fanon con relación a la cultura: “El intelectual colonizado se dará cuenta, sin embargo, más tarde o más temprano de que no se prueba la nación con la cultura, sino que se manifiesta en la lucha que realiza el pueblo contra las fuerzas de ocupación”. (203-204) El intelectual colonizado debe descolonizarse, pues no se da cuenta que usa técnicas del opresor, del burgués, del ocupante. Y cuando actúa así obra como un extranjero. La verdad nacional se muestra en la ebullición de la lucha y es la que prefigura un nuevo saber. “Sí, el primer deber del poeta colonizado es determinar claramente el tema popular de su creación. No puede avanzarse resueltamente, sino cundo se toma conciencia primero de la enajenación”. (207) El poeta en un mundo colonizado debe comenzar por superar la enajenación y solo así avanzará en la auténtica creación cultural. “El hombre colonizado que escribe para su pueblo, cuando utiliza el pasado debe hacerlo con la intención de abrir el futuro, de invitar a la acción, de fundar la esperanza. Pero para asegurar la esperanza, para darle densidad, hay que participar en la acción, comprometerse en cuerpo y alma en la lucha nacional”. (213) Lo decisivo es “abrir el horizonte”, iluminar el sendero del combate y los fines de su liberación “levantarse a sí mismo y a su pueblo, entonces hay que colaborar muscularmente”. (213) No hay que contentarse con el pasado del pueblo, sino trabajar con el pueblo para precisar el futuro, “preparar el futuro donde ya existen retoños vigorosos”. (214) Y de modo más enfático escribe: “La cultura nacional es el conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido. La cultura nacional, en los países subdesarrollados, debe situarse, pues, en el centro mismo de la lucha de liberación que realizan esos países”. (214) Fanon ve una contradicción en la posición de Leopoldo Senhgor que defiende la cultura negra-africana, y luego “no vaciló en ordenar a su delegación que apoyara las tesis francesas sobre Argelia”. (216) Y proclama: “La adhesión a la cultura negra africana, a la unidad cultural de África exige primero un apoyo incondicional a la lucha de la liberación de los pueblos. No puede desearse el esplendor de la cultura africana, si no se contribuye concretamente a la existencia de las condiciones de esa cultura, es decir, a la liberación del Continente”. (214) Los meros discursos, los meros reclamos culturales no tienen sentido si no están encaminados hacia la lucha por la liberación: “una lucha constante contra las nuevas formas de colonialismo y una negación obstinada a ilusionarnos con la cima”. (216)
Las potencias coloniales tienden a deshacer o desfigurar las culturas de los pueblos colonizados. Y muchas veces el intelectual se enajena con la cultura del colonizador, de la burguesía europea. Y muchas veces el pueblo se acantona en sus culturas heterogéneas. Lo que significa que la situación colonial hace sufrir una parálisis a la cultura nacional. Se inhibe todo desarrollo de la cultura propia. “La cultura nacional es, bajo el dominio colonial, una cultura impugnada, cuya destrucción es perseguida de manera sistemática”. (218) Esta actitud ofensiva genera también en el colonizado una actitud agresiva. “La negación cultural, el desprecio por las manifestaciones nacionales motrices o emocionales, la proscripción de toda especialidad de organización contribuye a engendrar conductas agresivas en el colonizado”. (218)
El colonizador francés de Argelia atribuye a los argelinos una tasa elevada de criminalidad. También lo dijeron los colonizadores europeos de Marruecos. Y los científicos colonialistas usaron toda clase de teorías para explicar dicha tasa de criminalidad. Fanon enfatiza la que, como psiquiatra, con razón, le pareció la más horrible de todas. El argelino es criminal por su naturaleza, pues su conducta es atávica, obedece a la parte más primitiva del cerebro por su escaso desarrollo de la corteza cerebral. Ante un Congreso de Alienistas y neurólogos, el Dr. Porot decía: “el indígena nordafricano, cuyas actividades superiores y corticales están poco evolucionadas, es un ser primitivo cuya vida en esencia vegetativa e instintiva está regida sobre todo por su diencéfalo”. (Citado por Fanon, p. 278) Fanon explica que el diencéfalo es la parte más antigua del cerebro, y es el que domina en los vertebrados. Con mucha razón Fanon replica, a dicha explicación de carga obviamente colonialista. “Ahora todo el mundo sabe, entre nosotros, que la criminalidad del argelino no es consecuencia del carácter nato del argelino ni de la organización de su sistema nervioso. La guerra de Argelia, las guerras de liberación nacional hacen surgir a los verdaderos protagonistas”. (284) Y explica: “La criminalidad del argelino, su impulsividad, la violencia de los asesinatos no son, pues, la consecuencia de su organización del sistema nervioso, ni es una originalidad de carácter, sino el producto de una situación colonial”. (286) Fanon apuesta por “el hombre nuevo”. “Se revela ante el público la existencia de un nuevo tipo de hombre. El presente no está ya cerrado sobre sí mismo sino acuartelado. El narrador libera su imaginación, innova, hace obra creadora”. (221) “Literatura de combate porque informa la conciencia nacional, le da forma y contornos y le abre nuevas e ilimitadas perspectivas”. (220) Hombres nuevos y mujeres nuevas es a lo que aspiramos mediante un proceso de liberación. “La independencia no es una palabra que deba exorcizarse, sino una condición indispensable para la existencia de los hombres y de las mujeres realmente liberados, es decir, dueños de todos los medios materiales que hacen posible la transformación radical de la sociedad”. (287)
En las conclusiones, Fanon destaca la situación de una Europa decadente, caminando hacia el abismo de su propia destrucción. Una Europa que ha producido obras importantes pero que también ha realizado genocidios, destrucción de culturas y civilizaciones. “Esa Europa que nunca ha dejado de hablar del hombre, que nunca ha dejado de proclamar que sólo el hombre le preocupa, ahora sabemos que con qué sufrimientos ha pagado la humanidad cada una de las victorias de su espíritu”. (288) La creación del hombre nuevo implica tareas nuevas y nuevas exigencias. Estados Unidos imitó a Europa, y de ese modo crea monstruosidades semejantes a las de Europa. El Tercer Mundo no debe imitar a Europa ni a Estados Unidos. “Hay que reformular el problema del hombre”. El Tercer mundo debe reiniciar la historia. Algunas cosas de Europa son prodigiosas, pero no debemos olvidar sus crímenes; la esclavitud, la explotación, el genocidio y la exclusión.
La idea del “hombre nuevo” es también la conclusión de todo el libro: “Por nosotros mismos, por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo”. (292)
En breve, Los condenados de la tierra continúan el análisis del colonialismo que había iniciado con Escucha blanco. Como dije, la filosofía de fondo es ahora el marxismo, y no el hegelianismo o el existencialismo. El marxismo de Fanon, al igual que el de otros teóricos marxistas como Lenin, Mao, Mariátegui, tiene muy en cuenta a los campesinos y no solo al proletariado strictu sensu. Su foco son las luchas anticolonialistas. Pero, por otra parte, después de un largo análisis del colonialismo, Fanon se adentra en un análisis del neocolonialismo, y comprueba que muchos de estos países que han alcanzado la independencia solo han cambiado de amos, y que la burguesía nacional sigue siendo colonial, neocolonial. En este sentido, Fanon adopta el socioanálisis marxista. Le da mucha importancia al análisis de las ideologías, tanto en la fase colonial como en la neocolonial. Su perspectiva es la del Tercer Mundo, y en ese sentido hay una crítica severa al eurocentrismo, o mejor aún, al occidentalismo. Como el foco de su análisis es el colonialismo y el neocolonialismo, se centraliza en las realidades y las luchas nacionales. Al igual que en Escucha blanco, en esta obra Fanon es enfático en denunciar el racismo. Afirma de modo general que la burguesía occidental es racista y que implanta en las colonias regímenes racistas. Pero incluso las burguesías nacionales no logran desprenderse del racismo,
BIBLIOGRAFIA
Fanon, Frantz.
_____ Los condenados de la tierra, México, Fondo de Cultura Económica, 1969. Prólogo de Jean Paul Sartre.
_____ Sociología de una revolución, Xtapalapa, 2022.
Comentarios
De Oto, Alejandro. “Notas metodológicas sobre el humanismo en Franz Fanon”, La crítica al margen, Hacia una cartografía concepetual para redescubrir la modernidad, Mardrid, Akal, 2016.
Maldonado Denis, Manuel. Martí y Fanon, y otros ensayos, Río Piedras, Editorial Antillana, 1987.
Maldonado, Nelson. “La topología del ser y la geopolítica del saber. Modernidad, imperio y solidaridad”, en Epistemologías del sur, edición de Boaventura de Sousa Santos y María Menesses, Madrid, Akal, 2015.
Rojas Osorio, Carlos. ¡Escucha blanco!, en Estudios de Filosofía Latinoamericana, Lajas, Akelarre, 2024.
Sgarro, Tommaso. Frantz Fanon, Descolonizar lo humano, Barcelona, Herder, 2025.
Valdés García, Félix. Fanon, cincuenta años después. México, Rosa Luxemburgo Stiftung, 2016
[1] Félix Valdés García, Fanon, cincuenta años después. México, Rosa Luxemburgo Stiftung, 2016, p. 24.
[2] Cito conforme a Franz Fanon, Los condenados de la tierra, México, FCE, 1969, p. 30.
[3] Hostos: “las colonias no se preparan para la servidumbre, porque es una fatalidad histórica la emancipación de toda colonia; se preparan para la libertad, que es su objetivo”. Hostos. Obras, la Habana, Casa Las Américas, 1976, p. 82. Edición de Camila Henriquez Ureña.
[4] Michel Foucault hizo notar que es la burguesía la que divide el proletariado, utiliza el lumpen.
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