Santa Claus tendría hoy serios problemas para encontrar renos salvajes: este es el motivo
El animal más emblemático de la Navidad se enfrenta a un futuro desolador: el declive de sus poblaciones se ha acelerado en los últimos años, y pronto podría ser irreversible.



Periodista especializado en ciencia, sociedad y medio ambiente
En la helada extensión del Ártico, una fuerza silenciosa ha moldeado la vida durante milenios. Los renos han pastado en la tundra desde la Edad de Hielo, soportando ventiscas, migraciones que abarcan miles de kilómetros y cambios climáticos drásticos.
Pilares culturales, ingenieros ecológicos y parte indiscutible de las comunidades de estas tierras polares, estos mamíferos artiodáctilos de la familia de los cérvidos son algo más que las estrellas de la Navidad. Representan el claro ejemplo de la resistencia y la adaptación a las temperaturas más gélidas… pero se enfrentan a un enemigo invisible: el cambio climático.
Rudoph no tienen quien lo sustituya
Si Santa Claus tuviera que buscar un sustituto para Rudolph en la tundra del Ártico, es posible que tuviera serios problemas para dar con un ejemplar en libertad. A pesar de la gran capacidad de resistencia de estos cérvidos, el cambio climático está haciendo estragos entre sus poblaciones, y es posible que pronto pueda ser demasiado tarde.
Supervivientes natos en un entorno hostil
La resistencia de los renos al cambio climático es sobradamente probada. Los renos salvajes se alimentan casi exclusivamente de líquenes, unos hongos que crecen entre las rocas en lugares especialmente inhóspitos. Sin embargo, ni siquiera hay líquenes en toda la tundra ártica, por lo que estos animales se ven forzados a llevar a cabo largas migraciones para poder subsistir, habida cuenta de que necesitan de media entre 5 y 10 kilos de alimento a diario.
Esta capacidad de resiliencia incrementada ha convertido a estos mamíferos en supervivientes natos. Sin embargo, hay un enemigo invisible que podría azotarlos a medio y largo plazo: el aumento de las temperaturas.
Advertencias desde la ciencia
Un equipo de investigadores dirigido por científicos de las universidades de Adelaida y Copenhague analizó este año el registro de estos animales durante los últimos 21.000 años, examinando cómo respondieron ante acontecimientos climáticos del pasado. La investigación, publicada en Science Advances, advierte que hay que actuar antes de que sea demasiado tarde.
«Aumentar la inversión en la gestión y conservación de las poblaciones de renos y caribúes, especialmente en América del Norte, donde se prevé que las pérdidas sean mayores. Ello beneficiaría la supervivencia de esta especie y los servicios que presta a los ecosistemas árticos y a las comunidades que dependen de ellos», afirma el estudio.

Unos pastores conducen una manada de renos en la península de Yamal, una región remota situada en el noroeste de Siberia, en el círculo polar Ártico.
A partir de registros de fósiles, ADN antiguo y modelos informáticos, los investigadores elaboraron un patrón de predicción futura que desvela una tendencia inquietante: las poblaciones de renos han experimentado importantes descensos durante los períodos de rápido calentamiento climático, aunque «las pérdidas previstas en las próximas décadas debido al cambio climático futuro probablemente serán aún más graves que las del pasado», afirma la doctora Elisabetta Canteri, investigadora de ambas universidades.
Los caribúes podrían casi desaparecer antes de final de siglo
Los caribúes -como se llama a los renos en América del Norte- son las poblaciones en mayor riesgo. Su número podría descender hasta en un 80% para finales de este siglo si no se toman medidas importantes para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y se aumenta la inversión en conservación de vida salvaje, según afirma el profesor asociado Damien Fordham, subdirector del Instituto de Medio Ambiente de la Universidad de Adelaida y codirector de la investigación.
Una especie extraordinariamente adaptada
El reno, o caribú en América del Norte (Rangifer tarandus), es en realidad una única especie de mamífero artiodáctilo, denominación que reciben aquellos cuyas extremidades terminan en un número par de dedos, de los cuales apoyan en el suelo como mínimo dos. Una gran «familia» en la que se encuentran desde los hipopótamos hasta los cerdos, pasando por los cetáceos.
Rudolph y sus compañeros de reparto son los más adecuados para recorrer miles de kilómetros por todo el planeta, pues se cuentan entre las criaturas más adaptadas al medio hostil. Un dato: la característica nariz roja del reno más famoso del mundo responde a un hecho verdadero en la naturaleza: sus narices son termorreguladoras, esto es, están provistas de una red de capilares que las mantiene siempre calientes, un recurso especialmente útil en los climas de frío extremo en los que prosperan los renos.
Un declive alarmante
Sin embargo, a pesar de su enorme capacidad de adaptación, los renos no están precisamente de enhorabuena, ni siquiera en fechas navideñas. En menos de dos décadas, las poblaciones de algunos lugares como América del Norte y Groenlandia han decaído cerca de un 65%, según informa el Arctic Report Card 2024, publicado por el Programa Ártico de la NOAA (Oficina Nacional de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos). Esta es una muy mala noticia, no solo para estos animales, sino también para los ecosistemas en los que habitan.
Ingenieros del ecosistema ártico
Los renos y los caribúes ayudan a mantener la diversidad vegetal en la tundra. Se alimentan de algunas plantas e influyen en el crecimiento de otras, lo que provoca una clara disminución de la diversidad vegetal cuando estos mamíferos desaparecen de la tundra.
«La reducción de la diversidad vegetal de la tundra como consecuencia de la pérdida de renos y caribúes tendrá muchos efectos en cadena, entre ellos la reducción del almacenamiento de carbono en los suelos árticos», afirma el profesor Eric Post, de la Universidad de California Davis, quien también contribuyó al estudio que documenta el declive de estas poblaciones durante los últimos 20.000 años.
En definitiva, el futuro de los renos pende de un hilo muy delgado. Aunque estos animales han sobrevivido miles de años, enfrentándose a glaciaciones y otros cambios extremos, el ritmo al que avanza el cambio climático podría ser su talón de Aquiles de estos emblemáticos animales. Los científicos advierten de que la ventana de oportunidad para actuar no deja de estrecharse: cada décimo grado de aumento de la temperatura global para el que no se toman medidas de conservación se reducen las probabilidades de supervivencia, y eso sería un grave azote no solo para estos inconfundibles habitantes de la tundra, sino también para millones de pequeños que podrían ver cómo desaparece la magia de la Navidad.
Más allá de Rudolph, los renos ya han hecho su trabajo. Ahora corresponde a la humanidad decidir si seguirán siendo del paisaje, y de la tradición navideña, o si pasarán a ser solo un recuerdo de Santa Claus, y una leyenda de aquellos tiempos en los que el Ártico era realmente salvaje.
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