Los 90.000 millones para Ucrania dividen la UE: Alemania quiere comprar armas a Trump mientras Francia y España se resisten
Macron se opone a la adquisición de armamento estadounidense para incrementar la autonomía militar de la UE.
«España siempre ha trabajado en pro de un principio de preferencia europea, aplicado de manera gradual y flexible», explican desde el Gobierno español.


Bruselas-13/01/2026 21:35
Las divisiones en la Unión Europea, y especialmente entre Alemania y Francia en materia militar, es una constante. Berlín, que lidera un bloque de países del norte y del este del continente más históricamente partidario del paraguas militar del Pentágono, siempre apuesta por mantener los lazos en defensa con Washington y se muestra más bien reticente a reducir estas interdependencias.
En cambio, París, normalmente junto a países del suroeste del bloque comunitario, defiende una Europa más autónoma en materia militar respecto a EEUU, sobre todo desde la llegada de Donald Trump en la Casa Blanca y su desinterés con la seguridad que la potencia americana brinda a los aliados europeos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Esta vez la división entre Alemania y Francia, que son los dos Estados miembros más influyentes, regresa a raíz del uso que se plantea permitir hacer a Ucrania con los 90.000 millones de euros que la Unión Europea pretende enviar a partir de la primavera en forma de préstamos. Mientras que el bloque liderado por el país alemán quiere que Kiev pueda comprar con parte de este dinero armas fabricadas en Estados Unidos, Francia defiende limitarlo a armamento europeo, con la intención de potenciar la industria bélica del bloque comunitario y ganar autonomía militar respeto Washington.
España también se muestra partidaria de esta mayor autonomía respecto a Washington en el actual contexto geopolítico. Según explica Moncloa a Público, prefiere que el Gobierno de Volodímir Zelenski solo invierta el dinero de los nuevos eurobonos en armas europeas, informa Sato Díaz. Según afirman también fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación dirigido por José Manuel Albares, «España siempre ha trabajado en pro de un principio de preferencia europea, aplicado de manera gradual y flexible».
El primer país que se mostró partidario de que Ucrania pudiera comprar más armas estadounidenses con el préstamo de la UE fue Países Bajos. En concreto La Haya quiere que al menos puedan gastarse unos 15.000 millones de euros en la industria armamentística del país de Trump. En la misma línea, según informa el diario Financial Times este martes, Alemania argumenta que hay recursos militares que la industria europea no puede ofrecer a Ucrania, especialmente en lo que se refiere a la defensa aérea. Entre el material bélico más destacado que Berlín pone de ejemplo son los sistemas de misiles estadounidenses Patriot.
A pesar de las constantes amenazas y humillaciones de Trump a la Unión Europea, la oposición de Francia a permitir a Ucrania comprar armas estadounidenses no cuenta con el apoyo de la Comisión Europea, liderada por la alemana conservadora Ursula von der Leyen. El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, ha afirmado en más de una ocasión que Ucrania necesita poder adquirir tecnología estadounidense y que, por ahora, la industria europea no puede satisfacer todas las necesidades del país de Zelensky en su conflicto contra Rusia.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, también ha salido a defender la posición del bloque que lidera Alemania. «No es hora de actuar por nuestra cuenta, poner barreras entre nosotros y que aumenten los costes, compliquen la producción y frenen la innovación. Al contrario, debemos aprovechar aún más nuestras respectivas fortalezas«, ha defendido el ex primer ministro neerlandés, que es muy próximo al actual presidente de Estados Unidos.
De hecho, Rutte y Trump, a base de amenazas, han conseguido justamente lo contrario de los objetivos de la Unión Europea a ganar autonomía militar con respecto al Pentágono y han empujado a los aliados europeos a continuar comprando armas estadounidenses. Uno de los programas más destacados en este sentido es el PURL (Lista de Requisitos Prioritarios para Ucrania, en sus siglas en inglés), al cual también se ha adherido Pedro Sánchez, a pesar de sus críticas al plan de rearme de la UE y que impulsa el presidente de Estados Unidos. En total, Trump, que ha cortado en seco las ayudas y el envío de armas a Ucrania, ha conseguido a través de este programa que los aliados europeos compren armamento estadounidense por un valor de 4.000 millones de euros.
La división de la UE
No es la primera vez que la Unión Europea se divide sobre si deja de comprar armas estadounidenses o mantener estos lazos con la potencia norteamericana. La discusión salió a flote con mucha fuerza a raíz del Plan de Rearme impulsado por la Comisión Europea de Ursula von der Leyen, que en total pretende movilizar unos 800.000 millones de euros en cuatro años. Algunos países, como Francia, piden que este dinero, sobre todo los préstamos para compras de armas de Bruselas, vayan destinados a potenciar la industria de la Unión Europea o de aliados como el Reino Unido o Noruega. En cambio, hay otros socios que se muestran partidarios de incluir a las fábricas estadounidenses y subrayan que lo importante es rearmarse y ayudar a Ucrania cuanto antes y de la manera más eficiente.
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En este debate, por supuesto, no se puede dejar al margen las presiones del presidente de Estados Unidos. Además de que Trump ha dejado de lado las ayudas a Ucrania, cosa que obliga a la UE a doblar sus esfuerzos, quiere que los aliados europeos incrementen las compras de armas estadounidenses. Así, el hecho de que haya obligado a los países europeos a aumentar su gasto militar en un 3,5% de su producto interior bruto (PIB) es todo un negocio redondo para Trump: ahorra en ayuda a Ucrania y obtiene más dinero europeo para la industria estadounidense.
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«La UE es en estos momentos un actor geoestratégico irrelevante»
Toda una vida dedicado a enseñar las relaciones geopolíticas del orden mundial, ahora este experto asiste con asombro a la era Trump, en la que no valen las leyes internacionales.

Madrid-13/01/2026 21:35-Actualizado a14/01/2026 07:42
Catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona, doctor en Derecho y licenciado en Historia Contemporánea, Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat, especializado en partidos políticos e integración europea, describe en esta entrevista los cimientos del nuevo orden internacional que está levantando el presidente estadounidense, Donald Trump.
¿Qué va a hacer Trump en Irán?
Desde hace mucho, EEUU e Israel le tienen ganas a Irán, pero es díficil prever qué tipo de acción prepara Trump a raíz de las movilizaciones populares y la respuesta agresiva del régimen. Sería una locura bombardear con una buena parte de la población movilizándose contra el régimen.
Parece una distopía, un mundo gobernado por un todopoderoso, extravagante, inmoral, ególatra y lunático mandatario.
En realidad, el mundo está dominado por tres dirigentes autocráticos, Trump, Putin y Xi Jinping. Y un mundo dominado por estos tres líderes es un mundo inquietantemente peligroso e irrazonable.
Trump tiene al mundo aterrorizado, ¿cómo puede evolucionar esta escalada a raíz del ataque a Venezuela?
Este segundo mandato de Trump está demostrando ser mucho más brutal y agresivo que el primero. Trump ha aprendido y ahora está desplegando con mucha más coherencia un programa imperial y reaccionario. Y su obsesión tiene por una doble proyección: por un lado, estratégica y política, y por otro, económica.
Trump actúa como un empresario incluso con tintes mafiosos. Y por tanto, su primer objetivo es hacer negocios en las condiciones más favorables para sus intereses. Y a continuación extender la influencia de los Estados Unidos.
¿Cómo se está configurando el nuevo orden mundial?
Está saltando por los aires todo el viejo orden posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y lo más alucinante es esta amenaza que pesa sobre Groenlandia. Es que no me cabe en la cabeza. Es algo sencillamente asombroso, amenazas a un aliado con arrebatarle por las buenas o por las malas una parte de su territorio.
¿Estamos en un escenario prebélico?
No, no lo creo. A menudo se habla de la posibilidad de la Tercera Guerra Mundial. Lo veo muy improbable porque esta guerra, ¿entre quiénes se produciría? Rusia no está en condiciones. Su gran capacidad militar es la nuclear y desde el resto de puntos de vista no es rival. China no tiene el menor interés en una confrontación militar directa con los Estados Unidos. Por tanto, yo no veo riesgo de Tercera Guerra Mundial, al menos a medio plazo. Pero lo que acabamos de ver en Venezuela se va a repetir.
Recordemos que en los últimos años otros presidentes de EE.UU. han ordenado intervenciones militares en terceros países.
Exacto, en el pasado algunos gobiernos estadounidenses tampoco se han caracterizado por un respeto escrupuloso de la normativa internacional. Pensemos en la invasión de Irak, por ejemplo. O incluso la operación de Obama para cargarse a Bin Laden.
Pero, al menos, se intentaban guardar las formas. Recordemos queBush le hizo hacer el paripé al general Colin Powerpara justificar que Sadam Huseintenía peligrosísimas armas de destrucción masiva. Ahora ya ni eso, ni siquiera se disimula.
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El trumpismo encarna un estilo prepotente y narcisista inaudito; vamos a prácticas que creíamos que se habían superado. A partir de ahora yo voy a administrar la riqueza deVenezuela para que su petróleobeneficie a los Estados Unidos. Es que más descarado no puede ser. Se trata de un tipo de intervención más hábil que el que se produjo en Irak o en Afganistán, porque no hay botas sobre el terreno.
¿Qué tipo de intervención está dispuesto a asumir Trump?
El coste de las dos experiencias de Irak y Afganistán fue elevadísimo. Eso no se va a repetir. Creo que el proyecto de Trump es la imposición de protectorados; quiere hacerlo en Venezuela. Y esto después se puede extender a Colombia o en menor medida a México; el canal de Panamá también está en peligro.
En Canadá lo veo muy improbable. Creo que el riesgo mayor es el de Groenlandia. Si esto ocurre, dinamita por completo la OTAN.
¿Qué opciones tiene Groenlandia?
Sobre la mesa está comprarla u ocuparla militarmente; comprarla es imposible porque Dinamarca ha dicho que no está en venta. Ocuparla militarmente es facilísimo, porque además Estados Unidos ya tienen base allí. Esto es una operación que en 24 horas está hecha. Tiene otra fórmula EEUU, como es favorecer la secesión de Groenlandia. Además eso está previsto, porque los daneses reconocen que los groenlandeses tienen derecho a independizarse.
Estados Unidos podrían apoyar a los independentistas groenlandeses. Groenlandia es inviable como estado independiente, necesitaría la protección de alguien. Estados Unidos podría proponerles la fórmula de Puerto Rico, un estado libre asociado. La consecuencia más tremenda de todo esto es cargarse la OTAN. Si ocupa Groenlandia, no sé cuál va a ser la respuesta europea.
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¿Cuál es el papel de la Unión Europea (EU) en este escenario?
La UE no puede amenazar a EEUU demasiado porque tiene una gran dependencia tecnológica. Europa, una vez más, paga el precio de no ser un Estado. En estos momentos, es un actor geoestratégico irrelevante.
Estados Unidos podría proponerles la fórmula de Puerto Rico, un estado libre asociado
¿La UE tiene entonces las manos atadas?
Sí. Si ocurre la invasión de Groenlandia, Europa queda en la posición absolutamente ridícula y más subordinada que nunca. Europa es una confederación de 27 microestados nacionales que necesita de la unanimidad para tomar determinadas decisiones.
La Unión Europea no tiene instrumentos adecuados para poder reaccionar con eficacia en el mundo tan complejo que tenemos. Frente a los tres gigantes [EEUU, Rusia y China], la Unión Europea hoy no tiene nada que hacer. Ya lo dijo Josep Borrell [ex alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad] de forma muy gráfica: «En un mundo de carnívoros, la Unión Europea es un herbívoro».
La paradoja que se puede producir es la siguiente: Dinamarca podría pedir que se activara el artículo 5 de la Alianza Atlántica si Trump invade Groenlandia, pero la UE no va a declarar la guerra a Estados Unidos. No está previsto un conflicto militar entre dos aliados de la OTAN.
Y mientras, China observa.
China está observando muy atentamente todo esto. Uno de los objetivos de Trump con lo de Venezuela evidentemente ha sido sacar a China de América Latina, porque China le estaba comprando cada vez más petróleo a Venezuela.
Es evidente que aquí hay una operación estratégica de sacar a China de las Américas. Pero, por otro lado, China está observando otro conflicto con mucho interés: a ver cómo acaba lo de Ucrania. China está expectante porque todos sabemos que su proyecto es incorporar a Taiwán, como sea, o por las buenas o por las malas.
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Pero China no tiene prisa, los chinos razonan en términos, no me atrevo a decir milenarios, pero sí seculares. Por tanto, ellos saben que Taiwán un día u otro caerá, aunque sea de aquí 30 años, pero caerá. Y ahora, por tanto, están esperando a ver que cómo acaban estos dos conflictos, Venezuela y Ucrania.
Entonces, Taiwán tiene razones para temer lo peor…
Es evidente que en las circunstancias actuales Trump no movería un dedo si China decide intervenir y ocupar militarmente Taiwán. Y no va a ocurrir, a corto plazo no va a ocurrir, pero de aquí a cinco años sí estaría técnicamente en condiciones de hacerlo. La hipótesis de una guerra directa entre Estados Unidos y China, yo hoy por hoy no la veo.
La hipótesis de una guerra directa entre Estados Unidos y China, yo hoy por hoy no la veo.
Y además los chinos ya se han advertido a Putin de que no utilice la arsenal nuclear contra Ucrania. Los chinos se lo han dejado muy claro, no quieren que Rusia pierda la guerra. Esto está muy claro y le compran el petróleo para que siga financiando la guerra, pero le dejaron muy claro a Putin que armas nucleares, no. Y Putin ha tomado buena nota, porque está cogido económicamente por China. Por tanto, en la guerra de Ucrania, que tiene un desgaste terrible para los dos países, el arsenal nuclear no se va a utilizar.
Trump no movería un dedo si China decide intervenir y ocupar militarmente Taiwán
¿Rusia, que era tradicionalmente el enemigo natural de Estados Unidos, ha pasado ahora ser una potencia de segundo orden?
La Rusia postsoviética ha sido una gran decepción, ha hecho una transición pésima. Rusia tiene una fachada pseudodemocrática, es directamente una autocracia ligerísimamente barnizada de constitucionalismo. Rusia es una potencia menor. Su única gran fuerza es la arsenal nuclear, eso sí.
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Pero todos sabemos que las armas nucleares, en principio, no pueden usarse, porque implicaría la destrucción mutua. Yo creo que a veces aquí, el mundo occidental, sobre todo, el mundo europeo, hace excesivo alarmismo a propósito de la guerra del Donbass de Ucrania con relación a las capacidades expansivas de Rusia. Decir que los Bálticos y Polonia están en peligro me parece un escenario irreal. Si en cuatro años Putin no ha conseguido controlar el 100% del Donbass y no ha podido llegar a a Kiev, imaginémonos cómo va a llegar a Varsovia. Es decir, Rusia no está en condiciones, si no usa el arma nuclear, de expandirse más.
¿Qué papel jugará la OTAN en este nuevo orden o desorden mundial?
Putin lo que quiere es tener garantías de que la OTAN no va a expandirse más. Creo que estas garantías ya las tiene. Trump le ha dejado clarísimo a Zelenski que ya puede olvidarse de ingresar en la OTAN. Ucrania jamás ingresará en la OTAN. Entonces, a partir de ahí, los acuerdos de paz están resultando muy complicados, primero porque Ucrania tendrá que hacer dolorosas concesiones territoriales y las tendrá que hacer por la fuerza bruta, porque esos territorios, el 20% de la Ucrania ocupada, son irrecuperable militarmente hablando y esto lo saben Rusia, Ucrania, Estados Unidos y lo sabe la Unión Europea.
¿La paz está cerca?
Ucrania necesita alguna garantía de que esto no vuelva a pasar. Es decir, piensa que «firmamos un armisticio o en el mejor de los casos incluso una paz, pero ¿cómo podemos estar seguros de que de aquí a cinco años Rusia no nos vuelve a atacar de nuevo». Y esto es lo que ahora se está negociando.
Creo que Ucrania ya ha conseguido algo interesante, según ha trascendido. Y es que podrá mantener un ejército de 600.000 hombres, que es una barbaridad, y algo carísimo de mantener.
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O sea, que cuando acabe la guerra mantendrá un ejército de 600.000 soldados en un país destrozado, pues como no pague la Unión Europea, y seguro que tendrá que pagar, eso es inasumible. La mejor garantía que va a tener Ucrania frente a un nuevo intento de invasión por parte de Rusia es tener un ejército poderosísimo. Y en estos momentos el mejor ejército europeo es el ucraniano. No hay la menor duda.
El asunto está casi sentenciado, es decir, «OTAN, no» y cesión de territorios. Estos dos asuntos Trump los tiene clarísimos. Y es cuestión de tiempo. Aquí los europeos pintamos muy poco, los europeos pagaremos la reconstrucción, pero las bases del acuerdo entre Rusia y Ucrania las van a fijar Estados Unidos y Rusia.
En estos momentos el mejor ejército europeo es el ucraniano. No hay la menor duda.
¿Qué nuevas alianzas en Europa podrían perfilarse?
Dentro de la Unión Europea hay lugar ahora para nuevas alianzas, incluso algunas extrañas, porque, claro, tenemos, para empezar a Víktor Orbán en Hungría y después Robert Fico en Eslovaquia. El enemigo en casa. Estos son dirigentes ultranacionalistas y euroescépticos.
Italia es uno de los países más importantes de la Unión y podría tener ahora un papel clave. La Italia de Meloni se sitúa entre los que no quieren ir más allá, al contrario, incluso quisieran ir para atrás, devolver algunas competencias comunitarias a los Estados nacionales.
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Un refuerzo político en el sentido federal de la Unión Europea lo veo hoy por hoy imposible. En este sentido, Pedro Sánchez está solo. Ahora bien, las alianzas son cambiantes. Ya no hay una línea nítida entre norte y sur en cuestiones económicas. Ahora Alemania, que ha tenido siempre el mayor peso en la UE, no quiere ir más lejos y mientras Alemania no se decida a impulsar más la federación política, pues no habrá ningún avance.
Y a esto se añade que la ultraderecha pisa fuerte y llama a la puerta de muchos gobiernos europeos.
Que en Alemania el euroescepticismo sea nada menos que la segunda fuerza del país nos indica lo mal que estamos; igual ocurre en Francia. El desgaste del establishment del ‘macronismo’, la desaparición del socialismo clásico y su sustitución por una izquierda populista hace muy difícil que se pueda forjar una alianza europeísta. El eje franco-alemán está gripado. En Francia, muy probablemente la extrema derecha llegará al poder y en Alemania el segundo partido es de ultraderecha, aunque ese no llegará al poder, porque Alemania es ya casi el último país que queda en Europa que todavía practica el cordón sanitario contra los ultras.
Periodista de investigación, responsable de la información judicial en Público. Trabajó en Interviú, donde investigó corrupciones políticas y dio voz a las víctimas de violaciones de DDHH. Premio de la Coordinadora de Asociaciones de Bebés Robados, fue corresponsal de la agencia pública de noticias de México, asesora en comunicación y guionista de 360 Grados en ETB. Su email es apascual@publico.es.
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La guerra de Trump

Catedrático de Economía Pública de la Universidad de Sevilla
12/01/2026 21:30-Actualizado a13/01/2026 07:51
Uno de los defectos de quienes estamos altamente implicados o interesados en política es nuestra tendencia a valorar con nuestros parámetros ideológicos a los políticos oponentes. Ello nos lleva a pensar que los oponentes carecen de fundamento en sus pensamientos políticos y cuando tienen la personalidad de Trump nos induce a pensar que se comportan como estúpidos. En apariencia Trump, como allá por los tiempos del cine western se decía, «tiene más peligro que un mono con dos pistolas».
Pero no nos engañemos, porque si partimos de pensar que Trump es un payaso estaremos infravalorando el trasfondo geopolítico que hay tras sus acciones, trasfondo que desde mi punto de vista existe por mucho que responda a una lógica impensable para la inmensa mayoría.
Me explico, las previsiones económicas son que en unos 20 años China alcanzará la producción de los Estados Unidos y las previsiones poblacionales son que China se mantendrá en torno a los 1400 millones de habitantes y Estados Unidos en torno a los 400 millones, es decir 3,5 chinos por cada norteamericano. En términos militares ello supone una ventaja estratégica para una guerra de desgaste, como se está viendo en el caso de Ucrania, ventaja que solo es compensable con una ventaja tecnológica cada vez más difícil de mantener. Imaginemos un escenario de confrontación bélica oriente-occidente en 2045, recordemos que esto, que para la mayoría de los mortales es un escenario estúpido, para los militares del Pentágono es un escenario probable, que ya empieza a dejarse entrever en los documentos de Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
Pues bien, en ese escenario, la guerra de Trump, lo más probable es que se considere que la ventaja estratégica última de EEUU es la singularidad del continente americano, su independencia geográfica del resto de continentes, de los que los separan los dos océanos más grandes de la tierra. Una ventaja similar a la que gozó Reino Unido en la segunda guerra mundial y que se materializa en la dificultad de cualquier potencia para llegar con tropas terrestres al continente americano. Obviamente, esa ventaja tiene puntos débiles y es ahí donde entran en juego la importancia de Groenlandia y Canadá, ya que ambos son territorios americanos cercanos a Europa y Asia, respectivamente. La macroisla danesa con poco más de 50.000 habitantes es indefendible por Dinamarca, por eso Trump se ha lanzado a una especie de cortejo-amenaza, donde lo mismo habla de comprar que de invadir, y el Canadá, un territorio del tamaño de los EEUU con poco más de 40 millones de habitantes, también indefendible con esa población, al que Trump quiere convertir en el 51 estado de los EEUU. Conclusión: el norte del continente es la parte más accesible y vulnerable para una invasión y sí la estrategia es cerrar América ante un conflicto global, en la estrategia de la guerra de Trump tiene que ser territorio yankee.
En esa visión apocalíptica el petróleo juega un papel fundamental y en una conflagración mundial el Golfo Pérsico tiene difícil defensa. EEUU apoya al Estado genocida de Israel porque es su fuerza disuasoria nuclear en la zona, un baluarte guerrero dispuesto a inmolarse por ese trozo de tierra, pero que en una guerra total no tendría posibilidades de defensa por su pequeño tamaño. Por eso en un planteamiento posibilista a largo plazo la única forma de garantizar el suministro de petróleo en América sería controlar las propias reservas americanas, ¿que están dónde? En Venezuela. En la estrategia de la guerra de Trump la democracia en Venezuela importa tan poco como el genocidio en Gaza, es más, en esa lógica a EEUU le viene mejor un régimen no democrático, con un interlocutor único, el chavismo, estable y militarizado. El ejército norteamericano sabe perfectamente lo que es luchar en la selva y perder la guerra, así que lo más probable es que ni le haya pasado por la mente a sus generales meter tropas de tierra en Venezuela, mucho menos en Colombia. En eso Trump va de farol. Sra. Corina Machado, disfrute de su premio Nobel y no se meta en política y Sr. Petro pase por el despacho oval para recibir el menosprecio y después vaya a lo suyo.
En la guerra de Trump armar a Europa, el 5% del PIB de gasto militar que Trump exige a los miembros de la OTAN, es indispensable para parar el primer golpe. La explicación estaría en que, dada la situación actual, Europa tendría todas las papeletas para ser el frente de lucha. Los europeos hemos disfrutado del efecto memoria del autoexterminio y del equilibrio disuasorio, y ambos nos han permitido alejar la guerra de Europa, disminuir el gasto militar, la queja de Trump y mantenernos como referente moral y social a nivel mundial. Sin embargo, con la caída de la Unión Soviética, el equilibrio de la guerra fría desapreció. Esa caída la hemos aprovechado para europeizar, no sin dificultades, los países del este, incluyéndolos en la Unión Europea, pero no hemos hecho lo mismo con Rusia, a la que hemos seguido tratando como enemiga. Hemos fomentado su desintegración, en estos momentos casi 70 millones de europeos habitan países desmembrados de Rusia, dejando la Rusia europea reducida a su mínima expresión, y hemos llevado la OTAN a sus puertas, incumpliendo los acuerdos verbales dados sobre crear un colchón desmilitarizado entre Alemania y Rusia. La desconexión de Rusia de Europa por los embargos de la guerra de Ucrania -en Ucrania es donde se ha plantado Rusia- ha dado un empujón fatal para que Rusia caiga económicamente en manos de oriente, y el resultado es que si seguimos con la misma estrategia, en un enfrentamiento global como el de la guerra de Trump el frente estaría en las praderas ucranianas, teniendo Europa como oponente a la primera potencia nuclear del mundo, alimentada por tropas orientales como ya ha ocurrido en Ucrania. Obviamente, que Europa se arme le vale a Trump pero no a los europeos, que necesitamos ya una estrategia de autonomía e integración militar para ese tenebroso horizonte y una estrategia de paz con Rusia para evitarlo, algo que sorprendentemente hoy por hoy no contemplamos.
En esta guerra de Trump la economía no queda al margen y es un instrumento más. Esto no va de llevarse la pasta, que también, ni de fomentar el empleo en los EEUU, esto va de usar la economía como instrumento para la guerra. Los aranceles son una pieza de la guerra de Trump y tienen por objetivo garantizar la capacidad productiva propia. La pandemia dejó claro que la eficiencia económica asociada al intercambio internacional está reñida con la garantía del suministro, algo indispensable en situación de conflicto. El caso de los aranceles del acero y del aluminio son el mejor ejemplo, son económicamente antinatura para EEUU, pero básicos para garantizar que exista una industria para la producción militar futura. En este orden de cosas está también la obsesión por las tierras raras, probablemente el principal problema de EEUU, por lo que atañe a la distribución mundial de las mismas. Obviamente, a río revuelto ganancia de pescadores y si en el camino de la guerra de Trump las petroleras yankees vuelven a Venezuela, crecen los beneficios del conglomerado militar, pueden explotar territorios ricos en minerales, los oligarcas tecnológicos norteamericanos refuerzan sus ganancias monopolistas, consiguen hacernos dependientes de su gas, etc. bienvenida sea la pasta. Pero el objetivo sería militar, no económico.
En fin, Trump, como todos los presidentes norteamericanos, está obsesionado por su legado. Aprendió de su primer mandato que lo que haga internamente es deconstruible y por esa razón, y por el caso Epstein, ha abandonado la política interior, donde se limita a usar la inmigración como distracción para los suyos y para los demócratas. Él ha decidido que su legado va de allanar internacionalmente el camino para preparar a EEUU para la guerra global. Su personalidad brabucona y chulesca, de pijo creído aficionado al juego, es propicia para hacer lo que está haciendo: abandonar organismos internacionales, secuestrar presidentes, apoyar genocidas, amenazar y chantajear a países aliados, dinamitar la globalización comercial, … y como jugador de póker juega con la apuesta y con las cartas que tienen él y los demás. Eso sí, cuando se le descubre el juego decide no ir y pasar a la siguiente partida, pero ojo, no nos olvidemos que ganar en el póker consiste en llevarse todo lo que hay en la mesa.
Nos quedan tres años que aguantar la construcción del legado Trump, a ver si los norteamericanos le dan un nuevo correctivo en los próximos procesos electorales y eso lo apacigua. Mientras tanto, lo dicho, a aguantar y recordar que Trump es fanfarrón y le gusta jugar más con la apuesta que con las cartas, no lo olvidemos.
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