Trump tiene grandes planes para el petróleo venezolano, pero la realidad es otra
La fijación del presidente de EE. UU. con el petróleo de Venezuela plantea la cuestión de cuánto vale realmente el “dominio energético” hoy en día.
Pero los grandes planes de Trump para el petróleo venezolano ya se han topado de bruces con la realidad, empezando por la aparente reticencia de las principales compañías petroleras estadounidenses a sumergirse de inmediato en Venezuela y el hecho relacionado de que, a diferencia de Rusia o Arabia Saudita, Estados Unidos no tiene una compañía petrolera nacional dispuesta a cumplir las órdenes del gobierno.



Reportando desde Washington
13 de enero de 2026
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Para una Casa Blanca que persigue el “dominio energético”, la jugada del presidente Donald Trump para obtener el petróleo de Venezuela es muy prometedora.

Tener el control efectivo de las exportaciones de petróleo de Venezuela podría ampliar la capacidad de Estados Unidos para proyectar su poder en todo el mundo sin preocuparse tanto por las consecuencias económicas y políticas de las crisis de los precios del petróleo. Podría reducir la influencia de los productores de petróleo de Medio Oriente y dejar a los grandes consumidores, como China, más dependientes de Estados Unidos.
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El director del fondo soberano de Rusia, Kirill Dmitriev, dijo que ahora Washington podría tener una “enorme influencia en el mercado” del comercio mundial de petróleo. Tong Zhao, analista sobre China de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, dijo que en Pekín existía la preocupación de que la expansión de la influencia estadounidense en América Latina pudiera “permitir a Estados Unidos cortar a voluntad el suministro de petróleo y otros recursos estratégicos de la región a China”.
Pero los grandes planes de Trump para el petróleo venezolano ya se han topado de bruces con la realidad, empezando por la aparente reticencia de las principales compañías petroleras estadounidenses a sumergirse de inmediato en Venezuela y el hecho relacionado de que, a diferencia de Rusia o Arabia Saudita, Estados Unidos no tiene una compañía petrolera nacional dispuesta a cumplir las órdenes del gobierno. Además, está librando su campaña por un mayor control de los mercados petroleros mundiales en una época en la que Estados Unidos ya es menos sensible a las perturbaciones del suministro mundial de petróleo que en décadas pasadas, cuando Trump perfeccionó su mentalidad de “tomar el petróleo”.
Venezuela tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, pero actualmente solo produce alrededor del 1 por ciento del petróleo mundial debido a años de sanciones y mala gestión. Trump ha dicho que las empresas estadounidenses gastarán miles de millones de dólares para mejorar las infraestructuras del país y aumentar su producción, un proceso que, según los analistas, llevaría años.
La estrategia de Trump plantea la cuestión de cuánto vale realmente el “dominio energético” hoy en día, dado que muchos analistas creen que ya hay un gran exceso de oferta de petróleo en los mercados mundiales.
“Con Trump, el estatus de Estados Unidos como el mayor petroestado del mundo es cada vez mayor”, dijo Cliff Kupchan, presidente del Grupo Eurasia, una empresa de evaluación de riesgos políticos. “En mi opinión, es una mala apuesta”.
Trump, sin embargo, proyecta confianza.
“Ya estamos en funcionamiento”, dijo Trump al recibir a ejecutivos petroleros en la Casa Blanca el viernes, y habló como si ya estuviera a cargo de las exportaciones de petróleo de Venezuela.
Momentos después, el director ejecutivo de la mayor petrolera estadounidense, Exxon Mobil, dijo a Trump que Venezuela era “inviable” y no se comprometía a realizar grandes gastos. El domingo, Trump dijo a los periodistas a bordo del Air Force One que el gigante petrolero estadounidense estaba “haciéndose el simpático”.
“Probablemente me inclinaría por mantener a Exxon fuera” de Venezuela, dijo Trump. “No me gustó su respuesta”.

Fue un tira y afloja que demostró la obsesión de Trump por el petróleo como botín del ataque de Estados Unidos a Venezuela y la captura de su líder, Nicolás Maduro, el 3 de enero. También reveló los límites de su influencia como presidente estadounidense, en un mundo en el que las empresas energéticas no se muestran nada entusiastas por ver aún más combustibles fósiles en los mercados mundiales. El precio de referencia del petróleo en Estados Unidos cotizó la semana pasada cerca de los 56 dólares por barril, cerca de su nivel más bajo en cinco años.
“1973 pasó hace mucho”, dijo Amy Myers Jaffe, investigadora de energía y geopolítica de la Universidad de Nueva York. “El petróleo ya no es nuestro talón de Aquiles”.
Jaffe se refería al embargo de petróleo de 1973, cuando los países árabes exportadores de petróleo castigaron a Estados Unidos por su apoyo a Israel y, al hacerlo, demostraron la vulnerabilidad de depender de las importaciones de petróleo extranjero. Ahora, Estados Unidos no solo es el mayor productor de petróleo del mundo, dijo, sino que “gran parte de nuestra economía funciona con otras fuentes de energía”.
Sin embargo, la visión del petróleo como fuerza motriz de la geopolítica ha estado grabada en la mente de Trump desde al menos la década de 1980. Mencionó la crisis del petróleo de 1973 en su libro El arte de la negociación de 1987, y señaló en él que el embargo petrolero “devastó” las líneas aéreas estadounidenses. Después de haber regresado a la Casa Blanca el año pasado, Trump anunció la formación de un Consejo Nacional para el Dominio de la Energía con el objetivo de reducir “nuestra dependencia de las importaciones extranjeras”.
El ataque de Trump a Venezuela se ha convertido en una oportunidad única para poner en práctica lo que ha pedido desde hace tiempo: tomar el petróleo de otro país.
“Van a entrar con cientos de miles de millones de dólares para perforar petróleo, y es bueno para Venezuela y es estupendo para Estados Unidos”, dijo Trump tras reunirse el viernes con ejecutivos petroleros, sin aclarar qué empresas harían esas inversiones y realizarían las perforaciones.
Al menos en teoría, tener cierto control sobre las exportaciones de petróleo venezolano podría proporcionar a Trump una influencia internacional adicional. Meghan O’Sullivan, directora del Proyecto de Geopolítica de la Energía de la Harvard Kennedy School, dijo que uno de los resultados podría ser una menor influencia del cártel petrolero de la OPEP y de los “adversarios de Estados Unidos que podrían tratar de influir en los mercados petroleros”.
Zhao, analista del Carnegie sobre China, dijo que Pekín parecía estar nervioso por el creciente papel de Estados Unidos en los mercados petroleros, más aún debido a la inestabilidad en Irán. Aunque solo alrededor del 5 por ciento de las importaciones totales de crudo de China proceden de Venezuela, dijo, este país podría adquirir mayor importancia como fuente “si el acceso de China al petróleo iraní se viera sometido a presión”.
Mientras Trump considera otra posible intervención militar extranjera —esta vez en Irán—, el papel del petróleo en la geopolítica podría volver a cobrar relevancia. O’Sullivan, quien formó parte del gobierno de George W. Bush durante la guerra de Irak, afirmó que Trump estaba menos limitado por la amenaza de un aumento repentino de los precios del petróleo como resultado de una acción militar en Medio Oriente de lo que podrían haberlo estado presidentes anteriores.
Sin embargo, dijo, Trump aún podría verse desafiado por los productores de petróleo del Golfo, como Arabia Saudita, que necesitan precios del petróleo más altos.
“Es posible que no se sientan inclinados a extraer más petróleo para garantizar precios bajos de la gasolina para el consumidor estadounidense si las acciones de Trump provocan más disturbios”, dijo O’Sullivan en un correo electrónico.
Kupchan, presidente del Grupo Eurasia, predijo que Trump pronto podría manifestar también su interés por el petróleo iraní. Añadió que la atención prestada al petróleo parecía distraer al gobierno de Trump de la necesidad de aumentar la competitividad de Estados Unidos en la venta de tecnologías eléctricas de vanguardia al mundo, un terreno en el que China destaca.
“Trump no se equivoca al pensar que el petróleo venezolano e iraní pueden tener alguna influencia”, dijo Kupchan. “Lo importante, sin embargo, es que la contrapartida es realmente grave”.
Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
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Un abogado que Maduro no contrató es expulsado de su caso
La semana pasada se presentó un abogado que decía representar al presidente destituido de Venezuela, y afirmó actuar a petición de personas cercanas al exmandatario.



Por Benjamin Weiser y Jonah E. Bromwich
13 de enero de 2026
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Un juez federal de Manhattan resolvió el lunes una disputa entre abogados sobre quién debía defender al presidente depuesto de Venezuela, Nicolás Maduro, y apartó del caso a uno de ellos.
El juez, Alvin Hellerstein, señaló que el abogado que pretendía unirse al equipo de defensa de Maduro, Bruce Fein, no había sido contratado por él, mientras que el abogado que compareció en nombre del líder venezolano, Barry Pollack, sí.
Pollack comunicó formalmente al tribunal que era el abogado de Maduro el lunes 5 de enero, poco antes de que el dirigente fuera procesado por conspiración narcoterrorista y otros cargos. Maduro se declaró inocente de todos los cargos.
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El martes de la semana pasada, Fein presentó una solicitud para unirse al caso, que el juez aprobó inicialmente.
Pollack entonces actuó de forma enérgica para que Fein fuera destituido. “Confirmé con Maduro que no conoce a Fein y que no se ha comunicado con él, y mucho menos lo ha contratado”, escribió Pollack al juez el jueves.
El viernes, Fein expuso las razones de su esfuerzo, hasta ahora inútil, por representar a Maduro. Afirmó que había intervenido en el caso “de buena fe”, basándose en información de “personas situadas de forma creíble en el círculo íntimo del presidente Maduro” que indicaban que el líder venezolano quería su ayuda en su defensa.
En un correo electrónico enviado a The New York Times, Fein dio más detalles y dijo que no había recibido dinero ni promesas de dinero y que se había enterado “de que personas cercanas a Maduro —incluido su cuñado— sospechaban de traición y no confiaban en nadie en la representación inicial de Maduro, organizada apresuradamente”.
“Me dijeron que el tiempo era esencial y actué en consecuencia”, dijo Fein.
Fein declinó hacer comentarios sobre la sentencia; Pollack no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios.
Hellerstein, en su fallo, dijo que la solicitud de Fein de unirse al equipo de defensa de Maduro carecía de base legal.
“Las personas anónimas no pueden designar abogado; solo un acusado puede hacerlo”, dijo el juez.
Fein solicitó que el juez Hellerstein entrevistara en privado a Maduro para “determinar definitivamente” sus deseos. Esto también fue rechazado.
“Si Maduro desea contratar a Fein, tiene capacidad para hacerlo”, escribió Hellerstein. “Fein no puede designarse a sí mismo para representar a Maduro”.
Benjamin Weiser es periodista del Times y cubre los tribunales federales y la fiscalía de Manhattan, así como el sistema judicial en general.
Jonah E. Bromwich cubre la justicia penal en la región de Nueva York para el Times. Se enfoca en la influencia política y su efecto sobre el Estado de derecho en las cortes federales y estatales de la zona.
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Trump dice que Cuba ya no recibirá petróleo ni dinero de Venezuela
El presidente pidió a Cuba que considere hacer un trato con EE. UU. pero no queda claro qué puede obtener de la isla el país más poderoso del mundo.


Por Katie Rogers
13 de enero de 2026
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El presidente Donald Trump dijo en una publicación en las redes sociales que “no llegaría más petróleo ni dinero” a Cuba desde Venezuela, y que el ejército de Estados Unidos ayudaría a poner distancia entre ambos países.
Fue un giro brusco respecto a hace tan solo unos días, cuando Trump dijo que el gobierno cubano podría caer por sí solo tras la audaz captura de las fuerzas estadounidenses de Nicolás Maduro, el dirigente venezolano que enfrenta a acusaciones de narcotráfico en Estados Unidos. En la publicación en las redes sociales del domingo por la mañana, el presidente instó a Cuba a “hacer un trato, antes de que sea demasiado tarde”.
No está claro a qué se refería con un trato —el gobierno cubano tiene pocos recursos que ofrecer al gobierno estadounidense— y la Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios.
“Venezuela ya no necesita protección de los matones y extorsionadores que la mantuvieron secuestrada durante tantos años”, escribió Trump. “Venezuela tiene ahora a los Estados Unidos de América, el ejército más poderoso del mundo (¡por mucho!), para protegerla, y la protegeremos”.
Trump también compartió la publicación de un usuario en Truth Social que sugería que el secretario de Estado Marco Rubio debería ser el presidente de Cuba. “A mí me parece bien”, escribió Trump. Rubio considera desde hace tiempo que tomar el control de Venezuela es una forma de forzar un cambio gubernamental en Cuba.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, respondió a Trump diciendo que su país estaba preparado para defenderse de las amenazas estadounidenses.
“Cuba es una nación libre, independiente y soberana”, escribió Díaz-Canel en X. “Nadie nos dicta qué hacer”. Añadió que la isla caribeña estaba “dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre”.
La destitución de Maduro supuso un duro golpe para la sólida relación entre Venezuela y Cuba, cuyos gobiernos mantienen estrechos vínculos económicos y políticos. El gobierno cubano había ayudado durante mucho tiempo a Maduro a mantenerse en el poder; en 2019, la inteligencia cubana avisó a Maduro de un complot para derrocar a su gobierno, y agentes cubanos dentro de su país lo ayudaron a aplastarlo.
La orden de Trump a Cuba de llegar a un acuerdo fue también un mensaje a la nueva dirigente de Venezuela, Delcy Rodríguez. Ella se enfrenta a presiones para que Estados Unidos esté involucrado en la producción de petróleo del país y, a su vez, que recorte lo que manda a otros países, incluida Cuba.
No está claro si Venezuela cederá a las exigencias del gobierno estadounidense de poner fin a los envíos de petróleo a Cuba. Si no lo hace, Trump podría ordenar a las fuerzas estadounidenses —que ya participan en un bloqueo parcial de la industria petrolera de Venezuela— que se apoderen de cualquier petrolero que parezca dirigirse a la isla.
La pérdida de petróleo venezolano sería “catastrófica” para Cuba, según Jorge Piñón, exejecutivo petrolero mexicano y experto en energía cubana que trabaja en la Universidad de Texas en Austin.
Piñón dijo que la demanda diaria de combustible de Cuba era de unos 100.000 barriles de petróleo y que la producción nacional cubría menos de la mitad de esa cantidad. Venezuela suministraba a Cuba entre 30.000 y 35.000 barriles diarios, según datos comerciales. Gran parte del resto, en los últimos años, procedía de exportaciones mexicanas y de limitados envíos rusos.
Cuba ha ejercido durante mucho tiempo una influencia desmesurada sobre los responsables políticos de Washington, debido a la proximidad de la isla al extremo sur de Florida, su ideología comunista, la resonancia histórica de la crisis de los misiles en Cuba de 1962 y, no menos importante, el poder político de la numerosa comunidad cubanoestadounidense del sur de Florida, de la que forma parte Rubio.
David C. Adams colaboró con la reportería.
Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Trump.
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