La congresista Omar, atacada en Minneapolis, desafía a Trump: “La intimidación no funciona conmigo”
La política de origen somalí, diana durante años de los insultos del republicano, comparece un día después de que un hombre le rociara un líquido en un acto público



Minneapolis – 29 ENE 2026 – 00:30 AST
La congresista de Minnesota Ilhan Omar no tiene planes de dejarse amedrentar por Donald Trump. Tras años de ataques verbales del presidente de Estados Unidos, Omar, estadounidense de origen somalí, fue rociada el martes con un líquido sin identificar por un hombre mientras estaba hablando en público en Minneapolis. Al día siguiente, lejos de esconderse, compareció de nuevo en el Karmel Mall, centro comercial de cuatro plantas y corazón de la comunidad somalí en la ciudad más poblada del Estado. Allí, la congresista avisó a Trump: “Creo que mi presencia en este lugar es la prueba de que el miedo y la intimidación no funcionan conmigo”.

Omar habló acompañada de la representante con Ayanah Presley (Massachusetts), compañera del ala más a la izquierda del Partido Demócrata, y de otros políticos locales y estatales, ante una mezcla de periodistas, dueños de negocios del centro comercial y activistas somalíes. “La retórica del presidente, los ataques que ha lanzado contra mí desde que asumí un cargo público, siempre han tenido como objetivo impedirme ejercer la función pública”, dijo. “Intentan intimidarme, empujarme a renunciar, y mi único mensaje es que no lo han logrado hasta ahora y no lo lograrán en el futuro”.
La política representa al quinto distrito de Minnesota desde 2019. Este miércoles, agradeció a Alex Pretti y Renee Good, dos estadounidenses muertos a manos de la policía migratoria de Trump, que tiene tomada Minneapolis desde hace casi dos meses, pidió la “abolición de ICE” (“ningún agente federal puede ser juez y verdugo en nuestras calles”) y recordó que durante su primera presidencia, los ataques de Trump la convirtieron en la congresista que más amenazas de muerte recibía.

“Después de que perdiera el poder, estas [amenazas] se desplomaron. Desde que ha vuelto a la Casa Blanca, me he convertido de nuevo en la persona más amenazada de muerte en el Capitolio”, explicó Omar, quien, tras el ataque del martes, pidió al presidente de la Cámara de Representantes, el speaker republicano Mike Johnson, un aumento de la dotación de seguridad, que Johnson, fiel aliado de Trump, le concedió.
Desde su regreso a la Casa Blanca, ha sido un año de ataques constantes por parte del presidente de Estados Unidos. Trump ha llamado “basura” a Omar, que llegó de niña al país como refugiada, la ha mandado de vuelta a su país, ha mentido repetidamente al decir que se casó con su hermano y ha ridiculizado su hiyab al definirlo como su “pequeño turbante”.
Poco antes de que la rociara con una jeringuilla un hombre de 55 años que uno de los testigos describió este miércoles a EL PAÍS como un “borracho”, el presidente de Estados Unidos dijo en un mitin en Iowa que los inmigrantes “tienen que demostrar que aman el país; tienen que estar orgullosos, no como Ilhan Omar”. La audiencia, adicta a los vituperios de su líder, celebró la referencia a la congresista de Minnesota con un sonoro abucheo.
Un “montaje”
Al día siguiente, Trump dijo en una entrevista en ABC News, de nuevo, sin pruebas, que estaba convencido de que el ataque fue “un montaje” de la congresista. Añadió: “No pienso mucho en ella”. En su comparecencia en el centro comercial somalí, esta subrayó la incoherencia de que el presidente de Estados Unidos declarara eso último, cuando la noche anterior había estado hablando “durante 20 o 30 minutos” sobre ella en Iowa. “Solo puede significar una cosa: Trump está atravesando un proceso de demencia”, advirtió la política.
Omar, una mujer menuda, reaccionó el martes a la agresión, que llegó en el preciso momento en el que esta pidió la dimisión de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional y cara visible de la agresiva agenda antiinmigración de la Casa Blanca, abalanzándose sobre el atacante, al que redujeron miembros de su equipo de seguridad. Después, la oradora insistió en seguir dando su discurso, pese a que le aconsejaron lo contrario.

El agresor ha sido acusado de asalto, y el FBI se ha hecho cargo de la investigación. Según dijo Omar el miércoles, este la atacó porque Trump le había hecho creer que era ella “la persona que protegía a los somalíes”. “Estamos protegidos por la Constitución”, dijo la congresista.
El presidente de Estados Unidos lleva meses culpando a toda la comunidad somalí en Minnesota, una de las más numerosas del país, de un fraude en la recepción de ayudas del Estado que se remonta a la pandemia. Ha habido juicios relacionados con ese fraude, así como condenas en los tribunales a ciudadanos, no solo somalíes. Trump ha usado ese escándalo para justificar el despliegue de 3.000 agentes federales en Minnesota, donde llevan dos meses embarcados en la mayor operación contra la inmigración irregular desde que el republicano regresó al poder.
Es una excusa defectuosa: la inmensa mayoría (más del 90%) de los somalíes de Minnesota, que empezaron a llegar como refugiados a este Estado del Medio Oeste en los noventa huyendo de la guerra, son ciudadanos estadounidenses o residentes legales, así que el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) no puede deportarlos, por más que Trump insista en la urgencia de hacerlo.
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¿Qué es el ICE? ¿Y cuál es la diferencia con la Patrulla Fronteriza? Claves para entender la policía migratoria de Trump
Ambas agencias, que se encuentran sobre el terreno en ciudades como Minneapolis, han expandido significativamente sus capacidades en la segunda era del republicano


Nueva York – 29 ENE 2026 – 00:30 AST
En los Estados Unidos de Donald Trump, donde los agentes federales van con los rostros cubiertos, en autos sin distintivos y en ocasiones en ropa de paisano, resulta difícil distinguir entre las agencias federales que, entre el caos y el terror, ejecutan la política migratoria de la Casa Blanca. Es más complicado aún saber cuáles son las normas por las que deben regirse e identificar cuándo han sobrepasado los límites de su poder. Esta última cuestión está en el centro del debate nacional (e incluso internacional) después de que oficiales de dos agencias migratorias mataran a tiros a dos ciudadanos estadounidenses en menos de 20 días.
Alex Pretti, un enfermero de 37 años, fue tiroteado por agentes de la Patrulla Fronteriza el pasado sábado mientras ayudaba a una mujer en una protesta en Minneapolis. Un grupo de seis oficiales le dieron una paliza para detenerlo y desarmarlo antes de matarlo. Diecisiete días antes, a unas cuadras más al sur de la ciudad, Renee Good, poeta y madre de la misma edad que Pretti, recibió tres tiros, incluido uno mortal en la cabeza, de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
El ICE y la Patrulla Fronteriza son dos entidades diferentes, pero operan bajo el mismo departamento matriz, el de Seguridad Nacional. Juntas, son las dos principales agencias migratorias de EE UU. Históricamente, han tenido facultades distintas, pero bajo la actual Administración republicana sus funciones a menudo se han solapado y sus agentes trabajan mano a mano, junto con muchos otros de agencias gubernamentales como la DEA o el FBI, que se han unido a la cruzada migratoria de Trump.
A continuación, ofrecemos una guía sobre la policía migratoria de Trump.

¿Qué es el ICE?
El ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) es la principal agencia encargada de hacer cumplir las leyes de inmigración de Estados Unidos. Nació después de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 y fue creado junto al actual Departamento de Seguridad Nacional mediante la fusión de los elementos de investigación y control interno del antiguo Servicio de Aduanas de EE UU y del Servicio de Inmigración y Naturalización.
El trabajo del ICE es interno, es decir, sus agentes no protegen las fronteras. La agencia tiene dos ramas principales: la Oficina de Detención y Deportación (ERO) y la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI). Hasta hace poco, los agentes de ERO eran los responsables de realizar las detenciones de migrantes y abogar por las deportaciones en las tribunales migratorios, mientras que los de HSI se centraban en los delitos transnacionales. Sin embargo, ahora ambos brazos trabajan hacia el mismo fin: llevar a cabo la mayor deportación de la historia deseada por Trump.
¿Cómo ha crecido bajo Trump?
Gracias al republicano, el ICE cuenta con el mayor presupuesto para una agencia en la historia de EE UU. Aprobada en julio pasado como parte de la reforma fiscal de Trump, la partida de fondos supera los 100.000 millones de dólares hasta 2029. De ese presupuesto, 30.000 millones están destinados a seguir ampliando sus filas. La agencia ya ha más que duplicado su plantilla bajo Trump, hasta alcanzar los 22.000 oficiales, según el Departamento de Seguridad Nacional. Y este año, se llevará a cabo una extensa campaña de reclutamiento dirigida a personas con tendencias o intereses conservadores.
Además, 45.000 millones del presupuesto de los próximos cuatro años se utilizarán para retener a migrantes en la red de centros de detención operada por el ICE, que incluye más de 200 centros por todo el país. Son lugares donde hay denuncias por los abusos cometidos contra los detenidos y las pésimas condiciones. El primer año de la segunda presidencia de Trump cerró con la mayor cantidad de muertes en dos décadas en estos centros: 32, de acuerdo con cifras del Departamento de Seguridad Nacional. En lo que va de 2026, al menos seis migrantes han fallecido bajo custodia del ICE.
¿Dónde están sus agentes? ¿Cómo se les puede identificar?
Desde el verano pasado, el Gobierno ha enviado a miles de agentes del ICE a varias ciudades demócratas tanto para grandes operativos como redadas más pequeñas. Ha habido operaciones a gran escala en Los Ángeles, Washington D. C., Charlotte (Carolina del Norte), Portland (Oregón) y Portland (Maine), Chicago, Minneapolis… También se ha visto a agentes realizando detenciones aleatorias y esporádicas en urbes como Nueva York, Boston o Atlanta. La lista es extensa y continúa creciendo.

Agente de ICE | Vista anterior

Agente de ICE | Vista posterior
Identificar a los agentes del ICE sobre el terreno puede ser difícil, especialmente si no forman parte de un operativo masivo ya anunciado por la Casa Blanca. Pueden ir vestidos de civil sin identificación. La mayoría lleva máscaras y chalecos antibalas con identificadores como “Policía”, “Agente federal”, “ERO” o “HSI”, las dos principales ramas de la agencia. Otros tienen insignias más pequeñas que pueden ser más difíciles de distinguir, pero deben identificarse durante las detenciones. También es posible que vayan en uniformes de estilo militar si forman parte de los equipos de respuesta especial del servicio migratorio.
En las calles, parte de la ciudadanía se ha entrenado para saber identificar a los agentes, incluso si conducen vehículos comunes. Saben, por ejemplo, que las camionetas con vidrios polarizados que no respetan las leyes de tránsito suelen ser de ellos y empiezan a sonar sus silbatos o las bocinas de sus propios carros.
¿Qué tipo de entrenamiento reciben?
Para acelerar el proceso de reclutamiento impulsado por el Gobierno de Trump, el ICE ha acortado el tiempo de entrenamiento para los agentes: ahora dura unas ocho semanas, frente a las 16 de antes. Por ello, se ofrecen cursos virtuales que se pueden completar antes o después de ese periodo, se ha eliminado el requisito del aprendizaje del español —un curso que antes tomaba más de un mes—, y la formación en el uso de armas de fuego se han hecho más corta. Por lo demás, los reclutas deben cumplir otros requisitos, como pruebas de resistencia física y de defensa, y estudiar las leyes de inmigración de EE UU. Sin embargo, la mayoría de los agentes del ICE no reciben formación especializada en control de multitudes ni en respuesta a protestas como las que han surgido en ciudades como Minneapolis.

Las acciones de los agentes en estos escenarios han provocado una ola de indignación, a medida que se les ha visto atacando a manifestantes con gases lacrimógenos y gas pimienta, en contra de órdenes judiciales que lo prohibían, y deteniendo tanto a migrantes como ciudadanos estadounidenses. Fue en uno de esos enfrentamientos contra los protestantes que un agente mató a tiros a Renee Good en Minneapolis. Ese suceso, que conmovió al país entero, planteó preguntas sobre el uso de fuerza letal contra personas que no están armadas. Según los reglamentos de la agencia migratoria, los agentes solo están autorizados a usar armas “con la intención de prevenir o detener el comportamiento amenazante que justifica el uso de fuerza letal”.
En el caso de Good, el Gobierno sostiene que el agente Jonathan Ross le disparó porque la mujer había intentado atropellarlo con su auto, a pesar de que videos grabados por testigos y el propio Ross muestran que Good intentaba huir del agente cuando este la mató.
¿Cuál es la diferencia entre la Patrulla Fronteriza y el ICE?
La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (USBP) forma parte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que a su vez opera bajo el paraguas del Departamento de Seguridad Nacional. Históricamente, la principal diferencia entre la Patrulla Fronteriza y el ICE ha sido que la primera se ocupa de vigilar las fronteras de EE UU y el segundo opera en el interior del país. Mientras que el ICE fue creado en este siglo, la Patrulla Fronteriza nació en 1924, aunque ha ido evolucionando drásticamente hasta la actualidad, siempre bajo críticas por sus tácticas violentas y racistas.

Patrulla Fronteriza | Vista anterior

Patrulla Fronteriza | Vista posterior
Aunque ningún otro presidente antes de Trump hizo tanto uso de esta norma, la agencia puede operar en un radio de hasta 182 kilómetros (100 millas aéreas) de las fronteras terrestres y costeras del país. Dentro de la llamada “zona de 100 millas”, la Patrulla Fronteriza puede “buscar” a inmigrantes indocumentados, establecer y gestionar puestos de control y realizar registros y detenciones sin orden judicial.
Entonces, ¿por qué hay agentes de la Patrulla Fronteriza en ciudades como Minneapolis?
Minneapolis se encuentra fuera de dicha zona de 100 millas, al igual que algunas de las otras ciudades a donde ha llegado la Patrulla Fronteriza bajo Trump para apoyar los esfuerzos del ICE. Sin embargo, la Ley de Inmigración y Nacionalidad de EE UU otorga a las agencias dependientes del Departamento de Seguridad Nacional —es decir, tanto al ICE como a la Patrulla Fronteriza— varias facultades más allá de la zona fronteriza, como el poder de interrogar a cualquier persona que consideren que puede ser indocumentado o realizar detenciones sin orden judicial si se cree que una persona está infringiendo la ley de inmigración y es probable que huya.
No obstante, expertos en seguridad nacional e inmigración señalan que los oficiales de la Patrulla Fronteriza no cuentan con suficiente entrenamiento para operar en áreas urbanas. Así lo manifestaba el ex comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza, Gil Kerlikowske, en una entrevista con la radio pública esta semana.
¿El ICE y la Patrulla Fronteriza trabajan juntos?
Ambas agencias participan en redadas y operativos migratorios a gran escala, como el que se lleva a cabo en Minnesota. También realizan detenciones dentro de los tribunales federales de inmigración, una práctica prohibida durante años pero que Trump revivió. Al igual que agentes del ICE, los de la Patrulla Fronteriza han sido criticados por cómo han reaccionado ante las protestas ciudadanas. La muerte de Pretti es el último en un largo historial de abusos de fuerza por parte de los oficiales de la Patrulla Fronteriza, envalentonados por Gregory Bovino, a quien el Gobierno de Trump ha puesto a cargo de varios operativos contra la inmigración en los últimos meses. El comandante en jefe de la Patrulla Fronteriza fue retirado de Minnesota después del asesinato de Pretti.

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“No entenderían que aquí no hace frío todo el tiempo
Muy, muy, muy en el fondo
Que algo aquí es bastante cálido.”Poeta Laureada de Minneapolis Junauda Petrus, “Ritual sobre cómo volver a amar Minneapolis” (2025)
Soy historiador de la democracia y de la policía, y la cuarta generación de mi familia que vive y trabaja en Minneapolis. Mi ciudad vuelve a estar en el centro de una conversación nacional sobre la violencia del Estado, apenas cinco años y medio después de que agentes de la policía de Minneapolis asesinaran a un hombre negro llamado George Floyd. Y una vez más, veo a mi ciudad responder con furia, duelo y esperanza.
Miles de agentes del ICE y sus compañeros de la Patrulla Fronteriza nos amenazan en nuestras propias calles, arrebatan violentamente a personas de sus autos y de sus hogares sin órdenes judiciales ni causa, y realizan redadas en hospitales, guarderías y escuelas (incluida una a solo dos cuadras de mi casa). Sus agencias manipulan imágenes, publican memes, se niegan a investigaciones e insisten en que lo que puedes ver con tus propios ojos no es verdad.
Su misión real no es producir miedo, sino crear contenido, ya que los videos virales de xenofobia ordenada por el Gobierno consiguen millones de clics. En una era de capitalismo algorítmico, alimentan la última manifestación del fascismo estadounidense. La crueldad visual empodera al presidente Donald Trump y a sus compinches estafadores.
Pero los habitantes de Minnesota complicaron las cosas. El 22 de enero, el vicepresidente J. D. Vance vino aquí y expresó su confusión con respecto a la “reacción muy única, muy específica de Minneapolis ante nuestra labor de cumplimiento”.

Él —como el resto de nosotros— ha estado viendo videos de personas comunes haciendo un ejercicio de resistencia ante agentes federales armados con poco más que chats de Signal, silbatos y palabras. Muestran a personas llevando comida a los vecinos, paradas afuera de escuelas para advertir a estudiantes y profesores si aparecen agentes del ICE, participando en protestas pacíficas y vigilias solemnes, recaudando dinero para cubrir la comida y el alquiler para familias asustadas, y organizando la huelga general más grande de la nación en décadas. Muestran a personas que, a pesar de haber sido baleadas, detenidas y deportadas, continúan apareciendo para apoyarse mutuamente.
En otras palabras, el espectáculo de crueldad sancionado por el Gobierno que alimenta un autoritarismo poco estadounidense ha sido respondido con una expresión comunitaria de democracia profundamente estadounidense.
Observadores externos han intentado explicarlo destacando la historia liberal de Minnesota, su orientación cívica y una cultura de cuidarnos mutuamente en un clima difícil. Sin duda, el Partido Farmer-Labor moldeó de manera distintiva la cultura política de Minnesota. Tendemos a tomarnos la vida cívica más en serio que la mayoría. Y sí, los inviernos duros fomentan la solidaridad entre vecinos.
Pero las raíces de la respuesta de muchos habitantes de Minnesota a este brutal motín policial se encuentran en una historia más reciente de organización relacional silenciosa, constante y persistente, que trabaja intencionalmente a través de todo tipo de diferencias y reúne a las personas en torno a valores compartidos.






En 2012, un grupo llamado Minnesota United for Families surgió para bloquear la aprobación de una enmienda a la constitución estatal que prohibiría el matrimonio LGBTQ. La coalición no centró su trabajo en movilizar a una base liberal ni en atacar al importante electorado conservador del Estado. En cambio, se enfocó estrechamente en cómo las personas imaginan y sienten la familia. Al reconocer las diferencias individuales y, al mismo tiempo, apelar a los valores compartidos de la mayoría, Minnesota United for Families derrotó la iniciativa. Al año siguiente, utilizaron el mismo enfoque para aprobar una ley que garantizó la igualdad matrimonial en Minnesota.
La organización relacional a través de las diferencias, con un enfoque en valores compartidos, también echó raíces en otros espacios. La organización religiosa ISAIAH reúne a personas creyentes de todo tipo para crear cambios sociales y políticos. Su trabajo interdenominacional entre mezquitas, sinagogas e iglesias fortalece la capacidad de acción cívica y ha ayudado a allanar el camino para nueva legislación sobre energía limpia, la ampliación de los derechos de voto, el acceso a licencias de conducir independientemente del estatus migratorio y licencias familiares y médicas remuneradas.
Los sindicatos de trabajadores de servicios —con una presencia desproporcionada de inmigrantes racializados— también crecieron en tamaño y fuerza en Minnesota durante la década de 2010. Enseñaron a sus afiliados que la solidaridad dependía de identificar y destacar valores y experiencias compartidas por encima de las diferencias de idioma, origen étnico y tipo de trabajo. En 2024, un periodista perspicaz lo llamó el “modelo de Minnesota” y sugirió que podría ser el futuro de la organización de la clase trabajadora.
Este enfoque organizativo sembró en la población a personas que comenzaron a imaginar el empoderamiento ciudadano de la misma manera. Impulsó la ayuda mutua localizada y temporal que marcó la vida cotidiana en Minneapolis durante el levantamiento de 2020 tras la muerte de Floyd. Ante la llegada de supremacistas blancos y la ausencia de servicios de seguridad pública, los vecinos compartieron números de teléfono, organizaron chats grupales y coordinaron equipos de vigilancia voluntarios para proteger hogares y negocios.

Que gran parte de Minneapolis y St. Paul, así como sus suburbios cercanos y racialmente diversos, cuenten ahora con madres que hacen sonar silbatos cuando aparece el ICE da testimonio de la importancia de la construcción de relaciones en aquel momento. La acción directa liderada por manifestantes de Black Lives Matter y abolicionistas de la policía no siempre logró victorias políticas, pero sí amplió la imaginación de los habitantes de Minnesota.
Ahora, aliadas con grupos históricos de defensa de los inmigrantes, estas múltiples corrientes siguen comprometidas con enfatizar el compartido interés propio. Tras el asesinato de Renee Good, incluso lograron movilizar a muchos liberales blancos de Minnesota que, hasta hace poco, se habían mostrado obstinadamente reacios a confrontar la intensa desigualdad racializada de las Ciudades Gemelas. Al ver a una madre blanca, queer y cristiana como una de las suyas, se reconocieron a sí mismos en la lucha —y los habitantes de Minnesota ya organizados los acogieron en el combate.
Juntos, están produciendo una poderosa política de “nosotros, el pueblo” que desafía el autoritarismo descarado promovido por el presidente Trump y el vicepresidente Vance. Su organización deliberada y descentralizada —que puede parecer sin liderazgo, pero que en realidad está llena de liderazgos— trasciende el tribalismo partidista. Centrados en la moral, la Carta de Derechos y la decencia humana básica, muchos tipos distintos de habitantes de Minnesota se han unido para trabajar juntos. Saben que lo que está en juego es enorme.
Lo que está ocurriendo en Minnesota no se trata solo de inmigración. Se trata del auge del fascismo estadounidense. Se trata de la democracia. Se trata del Estado de derecho. Se trata de la Constitución. Se trata del futuro de nuestra república, que pende de un hilo.
Durante una conferencia de prensa celebrada apenas un día después del asesinato de Good, el gobernador Tim Walz —exprofesor de estudios sociales en la escuela secundaria— evocó la Guerra Civil y al Primer Regimiento de Infantería de Minnesota. En la Batalla de Gettysburg, en 1863, el 1.º de Minnesota cargó contra una brigada de confederados cinco veces mayor para cubrir una brecha repentina en las líneas de la Unión. Fue un sacrificio enorme: el 82% del regimiento murió o resultó herido en 15 minutos. Ese tiempo fue justo el necesario para que llegaran refuerzos y salvaran al Ejército de la Unión de una derrota segura.
Walz sugirió que los habitantes de Minnesota de hoy podrían necesitar seguir el ejemplo de sus antepasados de la Guerra Civil. “La nación”, dijo, “nos está mirando para que mantengamos la línea en defensa de la democracia, mantengamos la línea de la decencia, mantengamos la línea de la rendición de cuentas”.
Este mes, muchos habitantes de Minnesota han puesto literalmente sus vidas en la línea para comprarle a la República un poco de tiempo.
¿Qué harás tú con nuestro sacrificio?
Michael J. Lansing es profesor de Historia en la Universidad de Augsburg, en Minneapolis. Esta columna se publicó originalmente en Zócalo Public Square.
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