El ‘sitio’ de Minneapolis: así resisten los vecinos de la ciudad demócrata el asedio migratorio de Trump

Con una mezcla de solidaridad y rebeldía, los vecinos de Minnesota llevan semanas perfeccionando la red con la que plantan cara a los agentes federales y han logrado torcer la mano del Gobierno de Estados Unidos

Las caras de la protesta en Minneapolis. En la fila de arriba, de izquierda derecha, Sarah Charging, Mike Camilleri, Abe Eversman tras una máscara de primate,, Josiah Myeog, Julie Prokes y Lesley Ernst. Abajo, también de izquierda a derecha, Nekima Levy Armstrong, Jim Winterer, una mujer vestida de rana, Cathy Anderson, Joey Keillor y Rogelio Aguilar.iker seisdedos
Iker Seisdedos

Iker Seisdedos

Minneapolis – 01 FEB 2026 – 00:40 AST

Desde hace semanas, los teléfonos vibran sin cesar en Minneapolis. Son cientos de pequeños calambrazos al día; uno por cada mensaje que reciben los vecinos apuntados en los grupos de Signal que vigilan y hostigan a los 3.000 agentes de la policía secreta migratoria de Donald Trump desplegados en la ciudad.

En esa red social encriptada, el papel de cada cual viene definido por un código de emoticonos: coches, platos, corazones vendados… Los hay que patrullan las calles en busca de los federales enmascarados, que circulan en coches sin marcar y van armados hasta los dientes. Están los que administran los primeros auxilios cuando la cosa se tuerce, los que fotografían matrículas y los que las cotejan con las bases de datos disponibles.

Hay varias llamadas al día de puesta en común. Cuando alguien avisa de una redada en marcha, los vehículos de los “observadores” que están en la zona salen zumbando para tratar de impedirla o, al menos, para ser testigos o entorpecer la cacería al inmigrante. Una vez allí, soplan sus silbatos, graban a los agentes con el móvil y se encaran con ellos. A veces acaban arrestados.

Cada barrio de las Twin Cities (que forman las ciudades gemelas de Minneapolis y St. Paul; 3,7 millones de habitantes en total) tiene su propio grupo. Y no es tan fácil ser admitido. El motivo se entiende después, con la primera advertencia al recién llegado: mejor no compartir ninguna información personal, porque “la extrema derecha se ha infiltrado” en ellos. Además, el FBI ya ha advertido de que analizará su contenido.

Memorial en honor a Alex Pretti en el lugar en el que unos agentes lo mataron en Minneapolis.Foto: Jack Brook (AP)

Así están las cosas en la nueva normalidad de la Minneapolis ocupada, que resiste desde hace dos meses a la Operación Metro Surge, ordenada por el Gobierno federal para acelerar las deportaciones en Minnesota, un Estado demócrata.

El hecho de que el porcentaje de indocumentados sea menor que en muchas otras partes del país no impidió que Trump advirtiera el 13 de enero a sus habitantes que les había llegado “EL DÍA DEL AJUSTE DE CUENTAS Y LA VENGANZA”. No estuvo claro entonces a qué se refería exactamente, pero esta semana no quedaron dudas de que la resistencia de ese “gran pueblo” está arruinando los planes de la Casa Blanca.

“La mayor deportación de la historia”

Minneapolis es la séptima parada, tras Los Ángeles, Washington, Chicago, Portland, Memphis y Nueva Orleans, de la autoritaria huida hacia delante de Trump, ansioso por firmar la “mayor deportación de la historia” de Estados Unidos y por tachar nombres de su lista de enemigos.

En todas esas ciudades, los agentes federales y la Guardia Nacional se encontraron con baches, pero lo de Minnesota se parece más a un muro infranqueable, especialmente desde que los agentes del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) y la Patrulla Fronteriza mataron a balazos a dos estadounidenses indefensos: el enfermero de cuidados intensivos de un hospital de veteranos Alex Pretti y la poeta Renée Good.

Lejos de amedrentar a los manifestantes, esas muertes, grabadas con los móviles de ciudadanos como Kayla Schultz —que asistió a la de Pretti y no le tembló el pulso— han atizado el activismo de miles de vecinos: desde los veteranos activistas hasta los que, como contó Joey Keillor a EL PAÍS, nunca habían protestado antes.

Protesta frente a los agentes federales de Minneapolis, el pasado 24 de febrero.Associated Press/LaPresse (APN)

“Se han topado con la gente más dura del país”, advierte Jaylani Hussein, líder de esa comunidad somalí que Trump ha empleado como pretexto para la ocupación al hacerla responsable en conjunto de un fraude masivo en las ayudas públicas. “Sobrevivimos a los peores inviernos, y lo hacemos sabiendo que podemos confiar en nuestros vecinos. Hemos creado el manual de resistencia para las ciudades que nos sigan en la lista”.

Ese manual está basado en la solidaridad, y no se entiende sin el precedente de las protestas por el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco, ni sin los vínculos e infraestructuras forjados entonces en las Twin Cities. Aunque esta vez sea distinta. “Lo de ahora carece de precedentes”, confirma Jim Winterer, periodista jubilado. Ha vivido toda su vida en Minnesota y fue de los pocos que levantó la mano cuando en una manifestación esta semana el orador preguntó si había alguien entre el público que hubiera participado en las protestas contra la guerra de Vietnam.

La columnista Lydia Polgreen, que ha cubierto conflictos por todo el mundo, escribió en The New York Times que lo visto sobre el terreno en Minnesota, Estado que no votó republicano ni cuando arrasó Ronald Reagan en 1980, le recordaba al inicio de una guerra civil. Aquí prefieren el paralelismo con la revolución contra los ingleses que hace 250 años trajo la independencia de Estados Unidos. “Esta vez el rey se llama Trump”, aclaró Ken Brown, mientras se manifestaba con un cartel diseñado por él mismo que acusaba a los agentes del ICE de ser “los orcos” del presidente.

Detención por parte de los agentes del ICE de un hombre en Minneapolis el pasado 24 de enero.Foto: Associated Press/LaPresse (APN)

Brown recordó, como decenas de otros entrevistados estos días, el momento en el que sintió la “necesidad de hacer algo”. En su caso fue pronto, cuando empezó a ver agentes enmascarados patrullando su ciudad. Pero pudo haber sido al asistir a los brutales arrestos de los que levantan acta los observadores de Signal o a las muertes en directo de Pretti y Good, dos estadounidenses blancos, como la inmensa mayoría de los que protestan.

Puente sobre la autopista

Ese “algo” puede ser, simplemente, aguantar durante horas el frío sujetando carteles que piden la expulsión o la abolición de ICE en los puentes sobre las autopistas, para que los conductores toquen sus bocinas al pasar. Los inquilinos de un edificio en el cruce de la calle 28 y la avenida Thomas salen desde hace semanas cada miércoles por la tarde a soplar con fuerza sus silbatos. Hay vecinos que donan o reparten comida a las familias necesitadas, o a las que no se atreven a salir a la calle por miedo a ser arrestadas y deportadas. Otros regalan dónuts, gafas y máscaras antigás, barras para los labios cortados por el frío y calentadores para las manos o los pies en una ciudad que esta semana ha alcanzado los 25 grados bajo cero.

A veces, basta con consumir: Miguel Zagal, de la Taquería La Hacienda contó el miércoles pasado que el negocio de sus padres estuvo tres semanas cerrado por miedo, y que, cuando volvieron a abrir, el barrio se volcó tanto en echarles una mano que cada día se quedaban sin comida antes del cierre. En otras ocasiones, funciona no gastar: muchos en la ciudad se han sumado a un boicot a los grandes almacenes Target, una de las 15 empresas del Fortune 500 con sede en Minneapolis. ¿El motivo? La prisa con la que sus gestores se plegaron a las exigencias de la Casa Blanca y eliminaron los programas de diversidad, igualdad e inclusión adoptados por un cálculo empresarial tras la muerte de Floyd.

La nativa americana Sarah Charging, miembro de las Tres Tribus Afiliadas de Dakota del Norte, empezó a protestar tras la muerte de Good, a la que un agente del ICE llamado Jonathan Ross, que aún no ha sido acusado de nada, disparó tres tiros a bocajarro. Desde entonces, Charging se planta “cuatro o cinco veces” por semana, “antes o después del trabajo” ante el edificio federal Obispo Whipple, la mole brutalista a la que llevan a los detenidos. Tanto a los inmigrantes indocumentados, a los que envían a otros Estados para entorpecer su defensa, como a los estadounidenses que detienen en las protestas o a los refugiados arrestados por error a los que luego no les pagan los billetes de vuelta desde lugares como Florida o Texas.

Al lado de un cartel que da bienvenida al complejo, en el que alguien ha tachado la palabra “empleados” y ha escrito “cerdos”, un coche que dice “Haven” (refugio) hace guardia 24 horas al día para asistir a los que sueltan sin cargos, muchas veces, de madrugada. “Les confiscan los teléfonos móviles y les quitan los abrigos”, advierte Cathy Anderson, una de las voluntarias.

Agentes federales arrestan a un manifestante a las puertas del edificio federal Whipple.Adam Gray (AP)

En el Whipple no es raro que huela a gas lacrimógeno y hay gente a todas horas que, con o sin megáfono, gritan e insultan a los uniformados que custodian la entrada o a los 4X4 con cristales tintados que ingresan en el recinto, en torno al que han levantado una valla para contener a los manifestantes. A veces, los agentes cargan o lanzan botes de humo. A eso de las 10.00 del viernes, uno de ellos se fue para los que en ese momento estaban allí concentrados, y arrastró a un hombre por el suelo y lo detuvo sin aparente motivo.

Disfraz de rana

Estos días, en el Whipple había muchas banderas estadounidenses del revés, vieja señal marinera para advertir del peligro que aquí sirve de espejo de un país en crisis, y una mujer disfrazada de rana, que definió su estrategia de protesta como un acto de “frivolidad táctica”. Mike Camilleri, profesor de Denver (Colorado) y padre de tres hijos, contó que había conducido 13 horas para “tomar nota” y así poder contar a sus vecinos cómo se defendió “el pueblo libre de Minnesota”. Una jubilada llamada Lesley Ernst llevaba un silbato colgado del cuello y un cartel que decía “Jesús te ama”. “Supongo que soy uno de esos agitadores violentos de los que habla Trump”, dijo con ironía.

El presidente de Estados Unidos suele añadir, sin pruebas, que todo esto está financiado por agentes “desestabilizadores” como el magnate progresista George Soros. Aunque la aportación de Julie Prokes parezca mucho más modesta. Funcionario estatal, esta semana se la cogió libre para montar una mesa en el parking del Whipple, que ofrece gratis a los manifestantes desde barritas energéticas hasta café caliente o los silbatos que, dijo, fabrica en una impresora en 3-D en su casa, “a razón de 50 por día”. “Todo lo pago de mi bolsillo”, aclaró. También ofrece su coche, encendido a todas horas y con la calefacción puesta, por si alguien necesita entrar en calor.

Además de en ese improvisado puesto, los silbatos los dan gratis en muchos puntos de Minneapolis: desde Birchbark Books, la librería de la premio Pulitzer Louise Erdrich, a la pastelería que hay frente al lugar en el que hace un par de sábados unos agentes de la patrulla fronteriza acribillaron por la espalda a Pretti. Por allí, como por el sitio en el que Good perdió la vida, centenares de personas pasan cada día para llorar en silencio, presentar sus respetos, compartir sus pensamientos en voz alta, dejar una vela encendida o un papel con algo escrito.

En todos esos escenarios predominan los hombres y mujeres blancos. No solo porque representan el 77% del censo de Minnesota, un Estado en proceso de diversificación demográfica. También porque miles de personas, especialmente entre las familias hispanas y asiáticas, llevan semanas sin salir de sus casas por miedo a ser arrestadas. No son solo los indocumentados; también los ciudadanos y aquellos que residen legalmente en una ciudad en la que se ha vuelto una imprudencia ir por la vida sin el pasaporte encima.

Una mujer se encara con un silbato a Greg Bovino, el 7 de enero en Minneapolis.Evelyn Hockstein (REUTERS)

Ese ambiente de pesadilla disuade a muchos latinos de sumarse a las protestas, o de participar en los grupos que vigilan los movimientos del ICE. Rogelio Aguilar —que asistió a la manifestación multitudinaria que tomó el viernes esas calles de Minneapolis del himno improvisado Bruce Springsteen poco después de que este actuara por sorpresa en una sala de la ciudad—, se cuenta entre los que sí se atreven. Llevaba una bandera y un poncho mexicanos, y contó que estos días se da largos paseos por la ciudad de esa desafiante guisa, porque, agregó, “los chicanos son siempre los que dan un paso al frente”.

Aguilar, que se ha vuelto conocido en estas calles, dice que lo hace por la gente que no pueden protestar. Gente como Clara y Manuel, por ejemplo, que accedieron a hablar con EL PAÍS en el modesto apartamento del sur de Minneapolis en el que llevan recluidos dos meses.

No tienen papeles; por eso Clara y Manuel son nombres ficticios. Apenas trabajan, así que viven de la solidaridad de los vecinos, que, cuentan, son “puros güeros”. “Descubrir que estaban ahí para nosotros ha sido la parte positiva de todo esto”, explica ella, que a veces pierde la esperanza de que algún día “vuelva lo de antes”, y puedan sacudirse “el miedo”.

Su hijo mayor, que es estadounidense, va a la compra y lleva a los pequeños al colegio, donde estos escuchan historias sobre lo que está pasando que obligan a sus padres a tener conversaciones que nunca creyeron que llegarían a tan temprana edad.

En la ciudad, sigue muy fresco el recuerdo de Liam Conejo Ramos, el niño de cinco años al que el ICE usó de anzuelo para tratar de arrestar a su madre. Cuando lo detuvieron, llevaba un gorro que le venía grande y una mochila de Spiderman que le han quitado en el centro de detención de Texas en el que aguardaba a ser deportado junto a su padre, antes de que este sábado un juez federal ordenara la liberación de ambos. La imagen se convirtió en un símbolo de la brutalidad del operativo de Trump. Pero no ha logrado que esta remita: otros dos niños de su colegio han sido arrestados esta semana.

Una vecina de Clara y Manuel, hispana también, explicó que, aunque ella sí cuenta con papeles, le da miedo “hasta ir a la esquina a sacar la basura”, y que cuando le toca médico se mete en una app para pedir un “raiter”, un conductor voluntario. “Si el que está al volante es blanco”, dice, “entonces vas más segura”.

El presidente de Estados Unidos relevó el lunes al frente del operativo a Greg Bovino, con su aspecto de paramilitar de saldo, para poner al llamado zar de la frontera Tom Homan, y ha hablado de “desescalada” para hacer frente a una crisis de imagen por la muerte de dos ciudadanos estadounidenses y las evidencias que desmienten que su policía migratoria solo va a por “lo peor de lo peor”.

The New York Times informó de que el jefe en funciones del ICE, Todd Lyons, al que un juez amonestó dos días antes por entorpecer la justicia, envió el miércoles un documento a sus agentes. En él, les autoriza a hacer registros en viviendas sin orden judicial, pese a que la ley lo prohíbe.

También se han intensificado las detenciones de ciudadanos estadounidenses. Un grupo de ellos, a los que ya se les conoce como los “16 de Minnesota”, adquirió notoriedad a su pesar cuando la fiscal general, Pam Bondi, publicó en X sus fotos y su información personal, sin importarle la presunción de inocencia o el hecho de que les estaba poniendo una diana digital en la espalda.

Nekima Levy Armstrong, el pasado 19 de enero en St. Paul (Minnesota).Angelina Katsanis (AP)

El viernes, dos periodistas fueron arrestados. El día anterior, Nekima Levy Armstrong rememoró a EL PAÍS su propio calvario. Armstrong fue detenida por participar en una protesta en una iglesia de St. Paul, a cuyo pastor se vincula con el ICE. La Casa Blanca difundió después una foto de ella, manipulada con inteligencia artificial. “Me sacaron llorando, histérica, cuando en ningún momento derramé una lágrima”, recordó Armstrong, abogada de profesión, cuyo caso dio la vuelta al mundo como otro ejemplo de la falta de escrúpulos de la Administración de Trump. “Además, exageraron mis rasgos y oscurecieron mi piel. Eso solo tiene un nombre: racismo”.

La activista denuncia que le colocaron grilletes, “como si fuera una asesina”, que aún no le han devuelto el teléfono y que los agentes se tomaron fotos con ella y con las otras dos personas detenidas por esos mismos hechos como quien posa con un trofeo.

“Pueden hacer todo eso, pero no van a callarnos. No lograrán intimidarnos. Seguiremos enfrentándonos a sus armas con nuestros silbatos”. La advertencia, que seguramente suscribirían muchos aquí, la soltó Armstrong a mitad de la conversación. Interrumpida por el zumbido constante del teléfono móvil, esta acabó con el mismo ruego al forastero que todas las demás en la nueva normalidad de Minneapolis: “Ve con cuidado y mantente a salvo”.

Sobre la firma

Iker Seisdedos

Iker SeisdedosVer biografía

Recibe la mejor información en tu bandeja de entrada

Us El País US en Facebook

Us El País US en Instagram

Us El País US en TwitterComentarios27Ir a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En

El terror migratorio de Trump provoca la mayor crisis interna de su segundo mandato

El presidente de Estados Unidos manda señales contradictorias sobre su disposición a rebajar la presión en Minnesota, una brutal campaña que ya le ha pasado factura en las encuestas

Carteles que recuerdan a Renée Good y a Alex Pretti, el jueves pasado en Minneapolis.Foto: Seth Herald (REUTERS)
Iker Seisdedos

Iker Seisdedos

Minneapolis – 01 FEB 2026 – 00:40 AST

En el mundo en el que vivimos −que es el mundo de Donald Trump− una semana puede ser una eternidad y un miércoles cualquiera, contener más giros en su trama que la película de un guionista tramposo. Pocas cosas sobreviven al parpadeo nervioso del ciclo incesante de noticias, y a veces cuesta recordar lo que pasó hace apenas 10 días. Como cuando, en lo que parece otra vida, Europa vivía en vilo por los planes del presidente de Estados Unidos de hacerse con Groenlandia. De ahí que la obstinación en los titulares de Minneapolis como símbolo de la resistencia a la brutal política migratoria de la Casa Blanca y a su agenda autoritaria haya hecho perder los nervios a Trump, tan acostumbrado a controlar el relato.

No es arriesgado definirla como la peor crisis interna de su segunda presidencia, alimentada además por las mentiras de su Administración. No ha parado de agravarse en estas semanas, en las que los estadounidenses que no se cuentan entre sus fieles despejaron un par de dudas. Ya está claro que la cruzada contra la inmigración de Trump va mucho más allá de la persecución de lo que él suele llamar “lo peor de lo peor”. También, que el republicano iba en serio cuando prometió en campaña que pondría toda la fuerza federal a disposición de una cruzada personal contra sus enemigos. Es una lista que no solo incluye a los indocumentados, o a aquellos que simplemente lo parecen, sino también a los activistas de izquierda que se han movilizado en Minneapolis y a los políticos demócratas de Estados como Minnesota.

Donald Trump, el viernes en el Despacho Oval.Foto: Evan Vucci (AP)

Primero fue, el pasado 7 de enero, la muerte de Renée Good, estadounidense de 37 años a la que un agente del ICE llamado Jonathan Ross disparó a bocajarro tres veces, en una actuación que el Gobierno defendió desde el principio, sin esperar a la investigación, y que animó al vicepresidente, J. D. Vance, a decir que Ross gozaba, en calidad de agente federal, de “inmunidad absoluta”. Más allá de que tal cosa no es verdad, como sabe cualquier jurista de carrera como él, la idea resonó en un país a cuyos ciudadanos les gusta identificarse con el mito originario de una serpiente de cascabel que se revuelve cuando el poder pisotea sus libertades individuales.

Después vino el disparo en una pierna a un venezolano y la detención de un niño de cinco años llamado Liam Conejo, al que los agentes del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) trataron de usar como anzuelo para cazar a su madre. Un juez federal ordenó este sábado su liberación.

Las falsedades de la Administración de Trump sobre el altercado en el que dos agentes de la Patrulla Fronteriza mataron el 24 de enero pasado de 10 balazos por la espalda al enfermero Alex Pretti, al que previamente habían desarmado, unidas al hecho de que todo sucediera durante un fin de semana en el que medio país estaba recluido en casa por una tormenta invernal, contribuyeron a que el suceso calase hondo en la opinión pública. Tanto, que Trump tuvo que buscar una cabeza de turco.

El sacrificado fue Greg Bovino, jefe sobre el terreno del operativo antiinmigración más ambicioso lanzado hasta la fecha y rostro de sus tácticas más violentas. Su sustituto, Tom Homan, el llamado zar de la frontera de la Casa Blanca, llegó a Minneapolis con otro tono y con la promesa de una “desescalada”, y de “restaurar la ley y el orden”.

Protesta a la puerta del hotel en el que supuestamente se alojaba Greg Bovino, el pasado lunes.Foto: Seth Herald (REUTERS)

En una de sus clásicas idas y venidas, las buenas intenciones de Trump duraron lo que tardó en recordar lo poco que le gusta contener sus impulsos. El jueves pasado, tras salir a la luz un vídeo de un altercado de Pretti con una patrulla del ICE 11 días antes de su muerte, Trump definió a la víctima como un “agitador y, quizás, un insurrecto”, e insistió en que no piensa echarse atrás, como siguieron demostrando las acciones de los suyos sobre el terreno, donde continuaron las redadas, se multiplicaron los arrestos de manifestantes y empezaron los de periodistas y dos niños más fueron deportados.

No debería sorprender viniendo de un presidente que indultó a unos 1.500 procesados por el asalto al Capitolio en su primer día de vuelta en el Despacho Oval, y que define lo que pasó el 6 de enero de 2021 como un “día de amor”. El presidente de Estados Unidos parece confiado en que su tarea de demolición de la verdad ha dado sus frutos en la década que lleva en política, justo ahora que se cumplen nueve años desde que su primera Casa Blanca inaugurara una nueva era orwelliana y se inventara el concepto de “hechos alternativos” para referirse a las mentiras.

Creer lo que uno ve

“El problema para nuestro presidente”, advirtió el miércoles Ken Brown, uno de los miles de manifestantes que salieron a las calles de Minneapolis para oponerse a las políticas de Trump, “es que en la América de hoy, o crees lo que te dicen, o te fías de tus ojos. Y si eres de los que se fían de lo que ven, solo tienes una opción: salir a protestar”.

Un sondeo del Pew Research Center hecho público esta semana indica que los estadounidenses creen más en sus propios ojos y los vídeos que trascendieron de la muerte a sangre fría de Pretti que lo que les dice su presidente, cuyo índice de aprobación ha bajado tres puntos desde otoño, hasta situarse en el 37%, un mínimo.

Solo un 27% apoya la mayoría o la totalidad de las políticas de Trump, una cifra que ascendía al 35% cuando asumió el cargo el año pasado. Ese descenso se debe exclusivamente al cambio de idea de los republicanos, según la encuestadora. En lo que se refiere a las tácticas del ICE, siete de cada 10 estadounidenses consideran inaceptable que la policía migratoria tome decisiones en función de la apariencia física o el idioma que hable una persona. Y seis de cada 10 rechaza que estos oculten su rostro mientras trabajan.

Este sábado, Trump habló de demoscopia en un mensaje en Truth, su red social, aunque no se refirió a la encuesta del Pew, sino a otra que afirma que las simpatías en el mundo MAGA (Make America Great Again) no han cambiado tras la muerte de Pretti, lo que podría volver a dar por buena aquella famosa frase suya, de enero de 2016. Dijo: “Podría disparar a alguien en la Quinta Avenida y no perdería ni un solo voto entre esa gente”.

Lo cierto es que las críticas de esta semana de Trump al hecho de que la víctima portara legalmente un arma en el momento en el que se interpuso entre los agentes de la Patrulla Fronteriza y una mujer a la que iban a arrestar, le valieron la reprobación de la Asociación Nacional del Rifle, una poderosa organización en defensa de la Segunda Enmienda sin cuyo apoyo un republicano lo tiene muy difícil para ganar unas elecciones. Y las críticas también han llegado del mundo MAGA. Steve Bannon, uno de sus referentes, dijo en su pódcast que no creía en “ninguna desescalada”. “No hace falta bajar la tensión”, añadió Bannon. “Hay que subirla”.

La derecha moderada se muestra cada vez más incómoda con la política migratoria actual. Mientras el último editorial de The Wall Street Journal aconseja al presidente “centrarse en los delincuentes más peligrosos” y dejar en paz a los inmigrantes que cumplen con la ley, llevan décadas en Estados Unidos y viven aterrorizados ante la posibilidad de su deportación, las voces que piden la dimisión de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, se han escuchado también desde el Partido Republicano.

Kristi Noem, en la reunion del Gabinete de Trump el pasado jueves.Evelyn Hockstein (REUTERS)

Noem, que corrió a llamar a Pretti “terrorista doméstico” cuando su cadáver aún estaba caliente, y mintió al decir que se encaró a los agentes “blandiendo su arma”, recibió, tras las primeras dudas, el respaldo de Trump, que en la última reunión el jueves pasado de su Gabinete, eso sí, no le dio la palabra. Los medios estadounidenses han informado estos días de las diferencias en el seno del Gobierno entre los partidarios de la mano más dura contra la inmigración (además de Noem, el subjefe de Gabinete, Stephen Miller) y los que temen que esta acabe pasando factura a los suyos en las elecciones del próximo noviembre.

En la manifestación de Minneapolis, algunos bromeaban sobre lo desesperado que debía de estar el Gobierno de Trump por lograr que la opinión mire a otro lado como para publicar, como hizo este viernes, tres millones de nuevos documentos del millonario pederasta Jeffrey Epstein, en cuyos papeles sale constantemente el presidente de Estados Unidos, que fue amigo de Epstein, como salen decenas de otros hombres de poder, sin que eso pruebe que cometieron ningún delito. Una ley aprobada en otoño obliga al Departamento de Justicia a difundir todos los materiales sobre el caso que obran en su poder, pero su fiscal general, Pam Bondi, lleva más de un mes arrastrando los pies, mientras los demócratas acusaban a la Casa Blanca de correr una cortina de humo detrás de otra para no desclasificar ese material.

El anuncio de la liberación de archivos del millonario pederasta lo hizo el vicefiscal general, Todd Blanche, en la misma conferencia de prensa en la que anunció que su departamento ha abierto una investigación federal de derechos civiles sobre la muerte de Pretti, y que esta será independiente de la revisión interna que está llevando a cabo el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés).

Pese a que Blanche se apresuró a restar importancia a la decisión (“la describiría como una investigación estándar del FBI”, dijo), esta supone un cambio de actitud del Departamento de Justicia. No está claro que vaya a servir al propósito de Trump de distraer la atención de una sociedad aquejada de su déficit. Tampoco, si dentro de 10 días, Minneapolis se recordará vagamente, como se recuerda ahora Groenlandia. Lo único claro es que los vecinos de esa ciudad del Medio Oeste, unidos en una resistencia sin precedentes, no están dispuestos a dejar que eso pase.

Sobre la firma

Iker Seisdedos

Iker SeisdedosVer biografía

Recibe la mejor información en tu bandeja de entrada

Us El País US en Facebook

Us El País US en Instagram

Us El País US en TwitterComentarios90Ir a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En

Gil Kerlikowske, exresponsable del control de fronteras de EE UU: “Trump busca en Minneapolis el caos, el miedo y la intimidación”

El excomisionado de Aduanas y Protección Fronteriza durante la Administración de Obama critica la ofensiva de Trump en Minnesota, donde los agentes de inmigración han matado a dos ciudadanos en menos de un mes

Gil Kerlikowske
El entonces jefe de Aduanas y Protección Fronteriza, Gil Kerlikowske, recorre un centro de detención temporal en Donna, Texas, en 2016.Eric Gay (AP)

Paola NagovitchJesús Jank Curbelo

Nueva York / Houston – 01 FEB 2026 – 00:40 AST

Gil Kerlikowske (Fort Myers, Florida, 76 años) se conecta a la videollamada exactamente una hora después de acceder a la entrevista. A sus espaldas, cuelga en la pared un retrato de Abraham Lincoln, el “salvador” de la Unión estadounidense que tanto se dice que peligra estos días. A su lado, varios escudos policiales dan fe de una larga carrera en las fuerzas del orden. Uno de ellos lleva las insignias de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP son sus siglas en inglés), de la que fue comisionado durante la presidencia de Barack Obama. La misma oficina que esta semana acaparó titulares después de que dos de sus agentes mataran a tiros a un hombre en Minneapolis.

Tras la muerte de Alex Pretti a manos de la Patrulla Fronteriza, que forma parte de la CBP, y la de Renée Good, ambos ciudadanos estadounidenses, con poco más de dos semanas de diferencia en la misma ciudad, el teléfono de Kerlikowske no ha parado de sonar. Más de 40 medios lo han contactado con la misma pregunta: ¿Qué está ocurriendo en Minneapolis? La respuesta, dice, es “caos”. Kerlikowske, quien fue comisionado de la CBP de 2014 a 2017, es un gran crítico de la ofensiva que Donald Trump lleva a cabo en la ciudad más poblada de Minnesota, donde su Gobierno mantiene un enorme despliegue de agentes de inmigración en medio de protestas masivas y una brutal represión policial.

Kerlikowske conoce profundamente cómo deben operar estas agencias, y dice que lo que está pasando ahora no se parece en nada a cómo debería aplicarse la ley. “El mundo realmente está observando lo que sucede”, asegura sobre Minneapolis. “Si no fuera por esos videos, la gente diría: ‘Bueno, esto es lo que dijo el presidente o el vicepresidente’. Pero ahora que la gente ha visto esos videos, ha hecho su propio juicio y se da cuenta de que lo que dicen estos altos cargos no es lo que sucedió”.

Ahora profesor de práctica en criminología y justicia penal en la Universidad Northeastern, Kerlikowske ha pasado más de 40 años dedicado a las leyes. Antes de liderar la CBP, fue director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de Obama, jefe de policía de Seattle y comisionado de policía de Buffalo.

Pregunta. ¿Cuál fue su reacción cuando vio los videos de la muerte de Pretti?

Respuesta. La reacción, no solo mía, sino en todo el país y, francamente, en todo el mundo, ha sido de shock. La gente no puede entender cómo alguien que estaba intentando ayudar a una mujer a la que la Patrulla Fronteriza había tirado en la nieve terminó siendo rociado con gas pimienta, y luego seis o siete agentes no pudieron esposarlo y controlarlo.

P. ¿Cómo deberían haber manejado los agentes esa situación?

R. La gente necesita entender un par de cosas. Tenemos derecho a protestar, observar y grabar. Lo que no tenemos es derecho a obstruir o interferir con las fuerzas del orden cuando están haciendo su trabajo. Dicho esto, lo apropiado habría sido simplemente decirle: “No interfieras. Si lo haces, serás arrestado”. Ese habría sido el procedimiento correcto. Lo que estamos viendo una y otra vez es que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza van inmediatamente a usar sus herramientas menos letales, aunque siguen siendo peligrosas, como el gas pimienta, bolas de pimienta o gas lacrimógeno, en lugar de simplemente arrestar a la persona.

Pósters de Renee Good y Alex Pretti, en Minneapolis, el 28 de enero.
Pósters de Renée Good y Alex Pretti, en Minneapolis, el 28 de enero.Seth Herald (REUTERS)

P. ¿Los agentes de la Patrulla Fronteriza están entrenados para manejar situaciones como la que se vive en Minneapolis?

R. No. Ni la Patrulla Fronteriza, ni la CBP ni el ICE están entrenados, no tienen experiencia, y ciertamente no están bien liderados ni supervisados, para vigilar en entornos urbanos. Ya sea Seattle, donde yo trabajé, Buffalo, o cualquiera de estas grandes ciudades como Minneapolis. Vigilar una ciudad requiere un nivel específico de habilidad, experiencia, conocimiento y entrenamiento que desafortunadamente no vemos ni en la CBP ni en el ICE.

P. ¿Qué se puede esperar de la investigación sobre el tiroteo?

R. Sería muy escéptico con la investigación. El FBI tiene experiencia en investigar el uso de la fuerza y debería abrir una investigación criminal de derechos civiles, como a menudo lo hicieron cuando yo era comisionado. [El Departamento de Justicia anunció el viernes, después de hacerse esta entrevista, que abriría dicha investigación.] También debería haber una investigación interna por parte de la Oficina de Responsabilidad Profesional de Aduanas y Protección Fronteriza. Pero lo que me preocupa es que, después del asesinato de Renée Good y el tiroteo de Alex Pretti, ha habido un ir y venir sobre quién está investigando. Y las autoridades estatales y locales han sido excluidas, cuando siempre estuvieron involucradas cuando yo estaba allí. Eso es problemático porque necesitas esa confianza, relación, comunicación y transparencia. Los jefes de policía locales, los sheriffs y los alcaldes tienen que responder a sus electores. Si los dejas fuera, solo erosionas aún más la confianza.

P. Trump culpa al gobernador Tim Walz y al alcalde de Minneapolis por la escalada de violencia, mientras que las autoridades locales culpan al Gobierno federal.

R. La gente en Minneapolis tiene todo el derecho de protestar por lo que están viendo y, como el gobernador y el alcalde han dicho repetidamente, hacerlo de manera pacífica. Hagan saber sus puntos, hagan sus grabaciones, griten, usen obscenidades. Ese es nuestro derecho en este país. Pero culpar al alcalde y al gobernador por las acciones de los manifestantes no es apropiado.

P. Usted ya ha trabajado con Tom Homan [el zar de la frontera de la Casa Blanca, que esta semana fue designado responsable del operativo en Minnesota]. ¿Qué cree que puede hacer, ahora que está sobre el terreno, para abordar la situación?

R. Reemplazar a Gregory Bovino y marginar a la secretaria [de Seguridad Nacional] Kristi Noem y a su asesor Corey Lewandowski tiene mucho sentido. Tom [Homan] ha estado en esto por mucho tiempo y entiende el sistema. Así que creo que podemos ver una disminución de la tensión. Pero también se nota que esta Administración, en lugar de seguir su estrategia habitual de doblar la apuesta cuando reciben críticas, parece muy interesada en encontrar una salida que les permita salvar la cara con gracia. Especialmente después de que ocho senadores republicanos votaran este jueves para no financiar al Departamento de Seguridad Nacional.

El zar de la frontera, Tom Homan, durante una conferencia de prensa en Minneapolis el 29 de enero.
El zar de la frontera, Tom Homan, durante una conferencia de prensa en Minneapolis el 29 de enero.CRAIG LASSIG (EFE)

P. ¿Qué opina sobre la posible retención de fondos para ese departamento, del que dependen el ICE y la CBP?

R. Lo que piden los senadores son cosas realmente básicas, cosas con las que cualquier agencia profesional de aplicación de la ley opera. Estos senadores conocen los departamentos de policía de sus Estados. Saben que usan cámaras corporales, que no llevan máscaras, que no hacen patrullas aleatorias para detener gente en la calle, en Walmart o en estacionamientos. Entonces se preguntan: ¿por qué el ICE y la CBP no pueden operar de la misma manera?

P. ¿Cómo describiría la ofensiva de la Administración de Trump en Minneapolis y otras ciudades demócratas? ¿Se trata de aplicación de leyes de inmigración o de política?

R. Se trata más de caos, de difundir miedo e intimidación. Cuando marcharon al Parque MacArthur en Los Ángeles con música de rock, dijeron: “Esta es la nueva normalidad. Acostúmbrense”. Desafiaron al alcalde, desafiaron al gobernador. Lo mismo en Chicago, donde dejaron claro que no querían cooperar con las autoridades locales.Estos alcaldes y gobernadores fueron elegidos por el pueblo. Estés o no de acuerdo con sus políticas, merecen respeto. Lo más perturbador es que en el pasado las fuerzas del orden estatales y locales trabajaban con el ICE y la CBP en distintos programas. Ahora se ve un desdén total del ICE y la CBP hacia las autoridades locales. La gente olvida que la inmigración es responsabilidad exclusiva del Gobierno federal. No es responsabilidad de Estados y municipios.

P. ¿Qué hace la Patrulla Fronteriza en ciudades como Minneapolis, tan lejos de la frontera?

R. La Patrulla Fronteriza no tiene nada que hacer en las ciudades. Se llama Patrulla Fronteriza por una razón: operan mejor en la frontera, dentro de las primeras 25 millas, en los puntos de control como los que hay en Texas.Escuché al comandante Bovino decir que saben vigilar ciudades porque tienen oficinas en Buffalo y Detroit. Déjame decirte: fui comisionado de policía en Buffalo durante cinco años y nunca vi un agente de la Patrulla Fronteriza en la ciudad. Es pura propaganda cuando dicen que saben vigilar ciudades. Vigilar una ciudad es un desafío difícil, igual que vigilar la frontera es difícil para ellos. Son cosas distintas.

Gil Kerlikowske, a la izquierda, saluda a funcionarios de aduanas mexicanos en 2016 en Tijuana, México.
Gil Kerlikowske, a la izquierda, saluda a funcionarios de aduanas mexicanos en 2016 en Tijuana, México.Gregory Bull (AP)

P. Si comparara cómo se hacían las cosas en su época con cómo se hacen ahora, ¿cuáles son los mayores cambios?

R. No hay comparación con lo que se hacía bajo Obama o bajo Joe Biden. Yo soy un gran defensor de la Patrulla Fronteriza. En el verano de 2014 tuvimos 68.000 niños no acompañados cruzando, principalmente en McAllen, en el Valle del Río Grande. Vi a los agentes tratar a esos niños y a las familias con humanidad. Les ofrecían agua, primeros auxilios. Traían camisetas de sus propios hijos para dárselas. Ahora, la moral de la Patrulla Fronteriza está por los suelos. Si les preguntas, estarían felices de volver a la frontera, a hacer lo que están entrenados para hacer y en lo que son bastante efectivos.

Recibe la mejor información en tu bandeja de entrada

Us El País US en Facebook

Us El País US en Instagram

Us El País US en TwitterComentarios3Ir a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En

Un juez ordena la liberación de Liam Conejo Ramos, el niño de cinco años arrestado por el ICE en Minneapolis

El magistrado exige a las autoridades migratorias que lo suelten antes del martes, junto a su padre, de un centro de detención de Texas, y acusa a la Administración de Trump de actuar “con crueldad”

Detención de niño de cinco años por ICE
Liam Conejo Ramos, en el momento de su detención.Ali Daniels (AP)
Iker Seisdedos

Iker Seisdedos

Minneapolis – 31 ENE 2026 – 18:58 AST

Con una cita de Benjamin Franklin, otra de Thomas Jefferson y dos referencias bíblicas, un juez federal de Texas ordenó este sábado que el niño de cinco años Liam Conejo Ramos sea puesto en libertad del centro de inmigración de la localidad de Dilley, al sur de San Antonio, en el que está recluido junto a su padre, Adrián Conejo Arias. A ambos los detuvo el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) el pasado 22 de enero en un operativo cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo como ejemplo de la brutalidad de la policía migratoria de Donald Trump.

El fallo, firmado por el magistrado Fred Biery, un nombramiento de Bill Clinton, exige la liberación del niño ecuatoriano y de su padre antes del martes. El texto breve termina con una emoción impropia de un escrito legal, después de que el juez advierta de que “en última instancia, debido al complejo sistema de inmigración de Estados Unidos, los peticionarios podrían regresar a su país de origen, de forma involuntaria o por autodeportación. Pero este resultado debería producirse a través de una política más ordenada y humana que la que existe actualmente”.

A continuación, Biery echa mano de una famosa cita de Franklin, recurrente desde que Trump regresó al poder con deje autoritario: “Filadelfia, 17 de septiembre de 1787: ‘¿Y bien, Dr. Franklin, qué tenemos?’. ‘Una república’, si logran conservarla”. El magistrado firma “con el dedo judicial en el dique constitucional”. Y reproduce de cierre una foto del pequeño que dio la vuelta al mundo. En ella, se le ve con la cara llorosa, asustado, vestido con un gorro que le viene grande y una mochila de Spiderman, que al parecer era su favorita y que le quitaron en el centro de detención. Un agente enmascarado lo sujeta por detrás. Debajo de la imagen están las citas a dos versículos del Nuevo Testamento: “Mateo 19,14″ y “Juan 11,35″.

La parte de Jefferson se refiere a una enumeración de quejas que este hizo “contra un rey con aspiraciones autoritarias que gobernaba” la naciente nación antes de la Guerra de la Independencia. Entre otras, las siguientes: “Ha enviado aquí multitud de funcionarios para acosar a nuestro pueblo. Ha fomentado la insurrección interna entre nosotros. Ha acuartelado grandes cuerpos de tropas armadas. Ha mantenido en tiempos de paz, ejércitos permanentes sin el consentimiento de nuestras legislaturas”. “Nosotros, el pueblo, escuchamos ecos de esa historia”, remata el juez.

La demanda nombra, entre otros, a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, a la fiscal general, Pam Bondi, y al director en funciones del ICE, Todd Lyons. “El caso tiene su origen en la búsqueda gubernamental, mal concebida e implementada de forma incompetente, de cuotas diarias de deportación, aparentemente incluso si ello implica traumatizar a niños”, considera Biery en su escrito. “Este tribunal y otros envían regularmente a prisión a personas indocumentadas y ordenan su deportación, pero lo hacen siguiendo los procedimientos legales adecuados”.

Un par de párrafos después, el magistrado escribe, tras amonestar un par de veces a la Administración de Trump: “Observar el comportamiento humano confirma que, para algunos de nosotros, la pérfida sed de poder sin límites y la imposición de la crueldad en su búsqueda no conocen fronteras y carecen de toda decencia. Así solo se maldice el Estado de derecho“.

Más menores

Cuatro menores fueron detenidos el 22 de enero, el mismo día que Liam, en el distrito escolar de Columbia Heights, en Minneapolis, por el ICE, como parte de la Operación Metro Surge, con la que la Administración de Trump ha mandado tres mil agentes a Minnesota para combatir la inmigración irregular. Esos agentes han matado a dos personas en este tiempo: los ciudadanos estadounidenses Renée Good, poeta, y Alex Pretti, enfermero. Ambos tenían 37 años.

Liam y Adrián Conejo fueron detenidos en la entrada de su casa cuando el niño regresaba del colegio. Los agentes, según denunciaron las autoridades educativas, trataron de usar al crío como anzuelo para llevarse también a la madre, que estaba dentro de la vivienda con otro hijo. Esta tuvo que tomar la imposible decisión. O salía a consolar al pequeño Liam o se quedaba dentro para evitar la deportación.

La familia vino de Ecuador en 2024. Y está legalmente en Estados Unidos, esperando la contestación de una solicitud de asilo, según sus abogados. Las autoridades migratorias sostienen que el permiso expiró el pasado abril.

Un grupo de congresistas, entre ellos, Joaquín Castro, de Texas, visitó el centro para evaluar sus condiciones y también se reunieron con el padre del niño. Este, según contó Castro, les dijo que su hijo “no es el mismo” tras la detención. Su defensa ha denunciado que las condiciones en el centro de detención son terribles: agua en mal estado, a menudo no potable y comida con insectos, tierra y otros restos.

Esta semana en Minneapolis se ha producido el arresto de dos niños más, según denuncia la junta escolar de Columbia Heights.

Sobre la firma

Iker Seisdedos

Iker SeisdedosVer biografía

Recibe la mejor información en tu bandeja de entrada

Us El País US en Facebook

Us El País US en Instagram

Us El País US en TwitterComentarios19Ir a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En

Valiente Minneapolis

Frente a un poder que gobierna mediante la confusión, la única respuesta posible es construir realidad juntos: ciudadanos que graban, medios que verifican

Máriam Martínez-Bascuñán

Máriam Martínez-Bascuñán

01 FEB 2026 – 00:30 AST

Propaganda chapucera, memes oficiales, imágenes de IA que ni pretenden convencer, solo saturar y confundir. Hay hasta un término ridículo para ello: slopaganda. Es curioso que la tosquedad de esas imágenes no sea un defecto sino su rasgo central. Por eso decir “esto es obviamente falso” no funciona como refutación: es exactamente la reacción que se busca. Si la propaganda del siglo XX aspiraba a parecer verdad, esta nueva forma exhibesu falsedad. Piensen en Trump caminando junto a un pingüino hacia una bandera de Groenlandia. Algunos señalaron que los pingüinos viven en el Polo Sur. Pero corregir el dato es no entender nada. El mensaje no es “esto es real” sino “podemos hacer que lo falso circule como si fuera real, y no puedes hacer nada”. El “error” es irrelevante.

Estamos, pues, ante un cambio de régimen simbólico. No se trata de mala propaganda, sino de otra lógica de poder comunicativo. Hay una diferencia entre un Estado que miente y un Estado que trolea. El primero todavía rinde homenaje a la verdad ocultándola; el segundo ha abandonado el juego por completo. Bush mintió sobre Irak, pero fabricó pruebas falsas para parecer veraz. Hoy el poder ya ni siquiera pretende decir la verdad. Esto es lo que significa que la Casa Blanca publique memes generados por IA, imágenes manipuladas, provocaciones deliberadas. No es torpeza comunicativa: es una forma de gobierno. El Estado ya no gobierna a pesar de la confusión sobre los hechos, sino gracias a ella. Gobierna produciendo saturación. La pregunta es entonces inevitable: ¿cómo se construye la densidad de lo real en un tiempo en que la irrealidad se ha convertido en técnica de gobierno? ¿Es posible resistir a esto?

Minneapolis nos está dando algunas pistas. Trump eligió esa ciudad como campo de batalla por ser bastión demócrata con una importante comunidad somalí, el escenario perfecto para una ofensiva migratoria. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, la ciudad estalló. Aquella violencia sirvió como excusa a Trump para presentarse como el presidente del orden y justificar el despliegue de la fuerza. Ahora buscaba repetir ese guion, pero encontró otra cosa: vecinos que se ayudan y se avisan, que se organizan, redes solidarias que quedaron de 2020 y se han reactivado, grupos de Signal que se crean cada mañana y se borran cada noche. Los ciudadanos salen juntos, observan juntos. Saben lo que ha ocurrido porque estaban allí. La Casa Blanca publicó una imagen de la activista Nekima Levy Armstrong siendo arrestada: lloraba, su piel estaba oscurecida. Pero existía un vídeo real, grabado por los propios agentes. En él, Armstrong está serena. Cuando se descubrió la manipulación, la respuesta oficial fue: “Los memes continuarán”. En otro contexto, quizá habría funcionado. Pero en Minneapolis no. Allí la gente sabía lo que había pasado. La manipulación no cuajó. ¿Por qué? Porque la propaganda de saturación tiene un punto ciego: funciona cuando cada uno está solo frente a su pantalla. Donde no hay comunidad, la imagen no tiene contra qué estrellarse. Minneapolis tiene algo que el poder no esperaba: densidad. No una prueba aislada, sino una experiencia compartida, una comunidad que valida colectivamente lo que ve y lo que vive. Esa es la lección. Frente a un poder que gobierna mediante la confusión, la única respuesta posible es construir realidad juntos: ciudadanos que graban, medios que verifican, comunidades que comparten lo que ocurrió. Sin esa cadena, el régimen de irrealidad gana. Porque la alternativa es que alguien ponga su cuerpo y su vida para que creamos lo que vemos. Y no deberíamos necesitar mártires para saber qué es verdad.

Sobre la firma

Máriam Martínez-Bascuñán

Máriam Martínez-BascuñánVer biografía

Usted no ha visto lo que ha visto

Como en ‘1984’, la Casa Blanca de Trump pretende construir una realidad a la medida de sus intereses

Mikel Jaso
Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel Vásquez

01 FEB 2026 – 00:30 AST

Lo contaba Timothy Garton Ash en un discurso que dio hace unos años en Barcelona. Durante sus viajes por la Europa comunista, la gente se le acercaba con libros de George Orwell en ediciones samizdat: copias de libros prohibidos que se hacían de manera clandestina (samizdat quiere decir, más o menos, “publicado por uno mismo”, o “editorial de uno mismo”) para evitar la censura. Eran copias de 1984 y Animal Farm, gastadas de tanto leerlas, que los lectores agitaban en el aire mientras le preguntaban a Ash: “¿Cómo lo sabía?”. Se referían, por supuesto, a todo lo que les estaba pasando o les había pasado a las víctimas del totalitarismo: ¿cómo lo sabía Orwell? ¿Cómo sabía ese inglés tan inglés, que nunca viajó a los países del Telón de Acero, que sólo supo del mundo comunista por sus lecturas y por las noticias que le llegaban, lo que ocurría del otro lado?

Por supuesto que no se referían a la represión de todos los días, la persecución de la disidencia y el terror político, ingredientes predecibles de todo totalitarismo. Se referían más bien a las novedades que Orwell entendió mejor y antes que el resto de los intelectuales de su tiempo: la falsificación de la Historia, la mentira organizada y el lavado de cerebros, toda la capacidad de los totalitarismos para transformar la realidad hasta dejarla irreconocible, o para distorsionar nuestra percepción hasta hacernos dudar de nuestros propios ojos. Eso es lo que le pasa al pobre Winston Smith en 1984. Si la novela de Orwell se ha metido en nuestras conversaciones de los últimos años —desde 2016, por poner una fecha arbitraria, pero yo recuerdo instancias anteriores— es por eso: porque nos parece que en ella hay herramientas para desmontar lo que nos está ocurriendo ahora. El hecho de que sigamos citando a Orwell, de que no hayamos parado de hacerlo en los últimos 10 años, es síntoma de algo grave: porque el mundo de Donald Trump se parece cada vez más a la dictadura del Partido en Oceanía.

Lo pensaba yo esta semana después de tres incidentes profundamente preocupantes, pero que se ahogaron —predeciblemente— en la marea de desmanes con la que la Administración Trump ha colonizado nuestra atención y dominado sin resquicios los ciclos de los noticieros. El primero es el asesinato de una mujer, Renee Good, que se vio envuelta en un altercado con agentes del ICE, la agencia de persecución de inmigrantes que se ha convertido en una fuerza paramilitar de terror de Estado que no da cuentas a nadie o cuya impunidad está garantizada de antemano por Trump y sus fascistas. Todos vimos las imágenes: la camioneta de la mujer atravesada en la vía, los agentes que se le acercan con ademanes amenazantes, el agente que trata de sacarla a la fuerza del vehículo; y entonces ella maniobra para irse de allí, y todos la vemos comenzar a irse, pero otro agente le pega tres tiros casi a quemarropa, sin justificación ninguna. El segundo incidente fue otro asesinato: el enfermero Alex Pretti, armado con un teléfono móvil, se enfrenta a los agentes del ICE que están matoneando a una ciudadana, y minutos después está en el suelo, sometido por los matones. Y a pesar de que está sometido y golpeado, los agentes lo asesinan: 10 tiros en total.

Fueron dos asesinatos cometidos contra ciudadanos inocentes. De inmediato produjeron la repulsa de siempre, pero esta vez, además, produjeron otra reacción: la maquinaria del trumpismo se puso en marcha inmediatamente, como perros que responden al pito, para decirle a la gente que lo que estaba viendo no había sucedido en realidad. Que Renee Good no se estaba yendo, a pesar de que la vemos irse, sino que estaba atacando al agente con su camioneta: usando su camioneta como un arma. Que Alex Pretti llevaba un arma (aunque un agente se la haya quitado) y era un “pistolero” que “iba a provocar una masacre”. Que los dos no eran ciudadanos, sino “terroristas domésticos”. En fin: que lo que ha pasado en realidad no ha pasado, y lo que hemos visto es en realidad algo muy distinto de lo que hemos visto.

Pocos días después —pero se siente como si hubieran pasado meses—, Trump fue al Foro de Davos a destrozar como pudiera el orden internacional y a atacar, con su mezcla particular de matonismo y puerilidad, a los líderes de esa Europa que puede muy bien ser la única resistencia. Al matonismo y la puerilidad les añadió dos ingredientes que van y vienen: el tono de mafioso y las equivocaciones de su mente senil, invulnerable a las correcciones de la información o la cultura. Y entonces dio un discurso soporífero en su tono soporífero, y en él usó muchas más palabras de las necesarias para echar atrás sus pretensiones imperialistas mientras seguía reventando los puentes con los aliados de toda la vida y, de paso, destrozando más si cabe la reputación y el soft power de Estados Unidos en el mundo. Pues bien: para referirse a Groenlandia, el territorio que se quiere tomar —por las buenas o por las malas, como en una pésima película de vaqueros—, Trump dijo tres veces el nombre de Islandia. Lo señaló enseguida la periodista Libbey Dean: “En sus comentarios en el World Economic Forum, el presidente Trump confundió aparentemente Groenlandia con Islandia unas tres veces”.

Y ocurrió de nuevo: los organismos de la propaganda trumpista, comenzando por la vergonzosa Casa Blanca, pusieron en marcha los mecanismos para probar que lo que vimos no ocurrió nunca. Islandia en inglés es Iceland: ese es el nombre del país, pero la palabra también podría partirse en dos y significaría “tierra de hielo”: ice land. Y por eso la jefa de prensa de Trump, una mujer que ha dado una nueva definición a la palabra cinismo, pudo responder sin que a su cuenta de X se le moviera una ceja: “No es así, Libby. Su discurso escrito se refería a Groenlandia como ‘un pedazo de hielo’ porque eso es lo que es”. Y luego: “Tú eres la única que está confundiendo las cosas”. Todos lo habíamos visto: Trump dijo Islandia en vez de Groenlandia por senilidad, ignorancia, cansancio, mediocridad o descuido. Pero Karoline Leavitt hizo un pase jedi con la mano y nos dijo que no: eso que vimos no fue lo que vimos. Lo que vimos fue otra cosa.

En la primera parte de 1984, Winston Smith reflexiona sobre la forma como el Partido ha construido una realidad a la medida de sus intereses. Piensa en la Policía del Pensamiento, en la falsificación de la historia, en la imposibilidad de saber cómo fue el pasado en realidad, en la destrucción de las certezas. “Después de todo”, se dice, “¿cómo sabemos que dos más dos es cuatro? ¿O que la fuerza de gravedad funciona? ¿O que el pasado no se puede cambiar? Si tanto el pasado como el mundo exterior existen sólo en la mente, y si la mente se puede controlar, ¿entonces qué?” Y concluye: “El Partido le pedía a uno que rechazara la evidencia de sus ojos y sus oídos. Era su orden definitiva, la más esencial”.

Esa fue la orden que llegó desde la Oficina de Prensa de la Casa Blanca. “Tú eres la única que está confundiendo las cosas”, le dijo Karoline Leavitt a una periodista. Y yo sentí que nos hablaba a todos.

Sobre la firma

Juan Gabriel Vásquez

Juan Gabriel VásquezVer biografía

Las declaraciones contra el ICE de los artistas presentes en los Grammys 2026

Lady Gaga ha sido la última en alzar la voz contra el cuerpo policial migratorio bajo el mandato de Donald Trump, pero numerosos artistas nominados también lo han hecho recientemente

Lady Gaga en Los Angeles, California, en marzo de 2025.Kevin Mazur (Getty Images)

Ana Rojas

01 FEB 2026 – 00:30 AST

A pocos días de la ceremonia de los Premios Grammy 2026, que reúne a las mayores estrellas de la música en Los Ángeles, Estados Unidos continúa en una profunda crisis social y política que no pasa desapercibida a pesar del brillo y glamour de la temporada de premios.

En Minneapolis, dos casos recientes de muertes de ciudadanos estadounidenses, Renee Nicole Good y Alex Pretti, a manos de agentes federales de inmigración han generado una gran controversia, evidenciando la polarización del país en torno a la política migratoria y el uso de la fuerza por parte del ICE.

Mientras muchos artistas consagrados que participarán en la ceremonia no se han pronunciado hasta el momento, otros han alzado la voz en rechazo a estas acciones. La más reciente ha sido Lady Gaga, quien durante un concierto en el Tokyo Dome expresó su dolor por las noticias relacionadas con la policía migratoria bajo el mandato de Donald Trump.

“Mi corazón duele al pensar en las personas, los niños, las familias que están siendo atacadas sin piedad por el ICE. Estoy pensando en su dolor y cómo sus vidas están siendo destruidas frente a nosotros”, dijo la cantante, haciendo referencia a la muerte de Alex Pretti en Minnesota y al temor que vive esa comunidad.

Gaga dedicó su canción Come to Mama a quienes sufren y a quienes se sienten solos o desesperados, y pidió a los líderes que actúen con compasión y responsabilidad. “Necesitamos volver a un lugar de seguridad y paz… No deberíamos tener que luchar tanto por respeto y bienestar,” afirmó. A lo largo de su carrera, ha utilizado su plataforma para defender causas sociales, incluyendo los derechos LGBTQ+, y continúa siendo una voz activa en temas de justicia social durante su gira.

Pero Gaga no es la única que ha sido crítica públicamente contra el ICE, que acumula la mayor cifra de muertes bajo custodia policial en la historia del cuerpo. A continuación, otros ejemplos de artistas que estarán presentes en Los Ángeles y que han expresado su rechazo:

Sabrina Carpenter

Sabrina Carpenter rechazó el uso no autorizado de su canción Juno en un video publicado por la Casa Blanca, que mostraba redadas del ICE. La cantante calificó el uso de su música como “malvado y repugnante” y pidió que no se utilice para respaldar agendas con las que no está de acuerdo. Este caso se suma a denuncias similares de artistas como Olivia Rodrigo, Beyoncé y Foo Fighters, quienes han criticado el uso de sus canciones en contenidos relacionados con políticas migratorias.

Sabrina Carpenter prohibir móviles
Sabrina Carpenter en la Met Gala, en Nueva York, en mayo de 2025.TheStewartofNY (Getty Images)

Billie Eilish

Hace escasos días, Billie Eilish hizo un llamado público a otras personalidades de la industria para que se pronuncien contra el ICE tras la muerte de Alex Pretti: “hey mis compañeras celebridades van a alzar la voz? O…?”, escribió la intérprete. Ganadora de nueve premios Grammy, Eilish ha compartido en redes denuncias al ICE como un “grupo terrorista financiado por el gobierno”. Respaldó la demanda para abolir la agencia y exigió justicia y responsabilidad.

Karol G

En el verano de 2025, Karol G se pronunció en apoyo a la comunidad latina ante las protestas y el aumento de detenciones migratorias. En redes sociales expresó: “No sé callarme cuando algo me duele” y llamó a valorar la identidad latina como motivo de orgullo, no de rechazo ni miedo. La estrella colombiana también estará presente en Los Ángeles este 1 de febrero como nominada y una de las presentadoras del evento.

Bad Bunny

El cantante puertorriqueño anunció hace meses que decidió excluir a Estados Unidos de su próxima gira mundial por temor a las redadas del ICE durante sus conciertos. Aunque ha tenido éxito en presentaciones en el país en el pasado, la intensificación de operativos y arrestos diarios generó preocupación en su equipo, por lo que prefirió ofrecer a sus fans estadounidenses la opción de verlo en Puerto Rico antes de iniciar su gira global en noviembre.

Benito ha enviado varios mensajes de apoyo a la comunidad migrante en los últimos meses, y su actuación en el Super Bowl genera gran expectación dada la coyuntura actual del país. En medio de la polarización y las críticas desde el entorno MAGA, Benito será el primer headliner latino del Halftime Show en presentarse en solitario.

Concierto de Bad Bunny en el Estadio GNP, en Ciudad de México, el 11 de diciembre de 2025.Angélica Escobar

SZA

En diciembre de 2025, SZA criticó duramente al Gobierno estadounidense por usar su canción Big Boy en un video promocional en favor del ICE, calificando esta acción como “malvada y aburrida”. La artista denunció en Twitter que la Casa Blanca busca “promoción gratuita” provocando a los artistas. La portavoz de la Casa Blanca defendió el video, agradeciendo a SZA por “atraer atención al trabajo del ICE contra criminales peligrosos”. Este incidente se suma a otros casos de uso no autorizado de música en propaganda política.

Doechii

Durante los BET Awards en junio de 2025, Doechii aprovechó su discurso de aceptación para denunciar el despliegue de la Guardia Nacional en Los Ángeles para controlar protestas contra las redadas del ICE. Denunció estos operativos como “ataques despiadados contra pueblos oprimidos” y destacó cómo comunidades negras, latinas, inmigrantes, transgénero y palestinas sufren una opresión sistémica que atraviesa múltiples grupos. Su mensaje se suma a voces como Kim Kardashian, Pedro Pascal, Eva Longoria y Billie Joe Armstrong, quienes han pedido un trato digno para la población migrante.

Doechii en los Grammys, en Los Ángeles, California, en febrero de 2025.Kevin Mazur (Getty Images)

Chappell Roan

En octubre de 2025, durante un concierto en Los Ángeles, Chappell Roan pronunció la frase “Fuck ICE forever”, que fue coreada por el público. Expresó su amor por la ciudad y su comunidad, pero mostró su rechazo hacia las operaciones del ICE, que intensificaban sus redadas migratorias. El Departamento de Seguridad Nacional criticó sus comentarios, defendiendo la labor del ICE supuestamente contra criminales peligrosos.

Tyler, the Creator

Esta pasada semana, Tyler lanzó un mensaje contundente contra el ICE y quienes apoyaron a Donald Trump, compartiendo en redes una escena de la película Paid in Full con la frase “fuck ICE”, y añadió: “Y cualquiera que haya votado por ese hombre”. Tyler ya había expresado su oposición al ICE meses antes, durante las protestas en Los Ángeles.

Recibe la mejor información en tu bandeja de entrada

Us El País US en Facebook

Us El País US en Instagram

Us El País US en TwitterComentariosIr a los comentariosNormas ›

Más información

Archivado En


Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo