Crece la presión republicana para que Trump dé por terminada la guerra en Irán
El coste de la gasolina y la opción de un conflicto largo complican el apoyo de su partido al presidente. La ofensiva amenaza la campaña de los congresistas que aspiran a la reelección este año



Washington – 12 MAR 2026 – 00:45 AST
Con un presidente tan aficionado a los mensajes contradictorios, los debates se deslizan a menudo en Washington por el campo de la semántica, cuando no directamente de la filosofía. Estos días, por ejemplo, todo gira en torno al sentido de un final; el final de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, que se encamina hacia su tercera semana. Trump dijo este lunes que este está cerca, en vista de que los mercados se sumían en el caos. También, que solo llegará tras una “rendición incondicional” de Teherán. O que, como aseguró este miércoles en una entrevista con Axios, los bombardeos cesarán cuando él quiera que paren.

Las dudas sobre el aspecto que tendría ese final se suman a las de las justificaciones para lanzar el ataque (una decena, solo en los primeros siete días) o a los mensajes contradictorios sobre el tiempo que puede durar la guerra: “unos días”, “cuatro semanas” que se convirtieron en “cinco”, “lo que haga falta”… El miércoles por la tarde llegó el penúltimo marco temporal, cuando Trump definió su ofensiva contra Teherán como “un pequeño desvío de la atención de dos semanas”. Lo hizo en Cincinnati (Ohio), adonde viajó para defender sus políticas económicas ante esa entelequia llamada Middle America.
Hay, por lo tanto, muchas incertidumbres, pero también una certeza: la guerra no le conviene a los congresistas republicanos, embarcados como están en un año electoral. Algunos de ellos están empezando a presionar a Trump para que dé por terminada la guerra.
El próximo mes de noviembre, los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado se enfrentan a la reelección. Una guerra en Oriente Próximo de las que Trump prometió que no habría si él regresaba a la Casa Blanca no es, con sus consecuencias en la inflación o el precio de la gasolina y el gas, el mejor argumento de campaña.

“Creo que cuanto antes lleguemos a lo que el presidente mencionó ayer, un fin decisivo y claro a este conflicto, mejor”, declaró el senador republicano Josh Hawley (Missouri) en un acto del portal de información parlamentaria Punchbowl News. Por la noche, Hawley dijo en Fox News que ha llegado “el momento de declarar victoria”, y de “agradecer a las tropas por su servicio“. ”Ha sido extraordinario e histórico“, añadió, sobre una campaña que este jueves cumple 13 días, con el teatro de operaciones instalado en el estrecho de Ormuz y entre nuevas amenazas de sus consecuencias sobre el mercado petrolero global.
Para atreverse a expresar en público lo que muchos republicanos dicen en privado en el Capitolio, Hawley se apoyó en las palabras de Trump del lunes, pronunciadas en un retiro de los representantes conservadores de la Cámara organizado por una institución llamada Instituto del Congreso en Doral (Florida), en uno de los hoteles propiedad del presidente. Allí, este dijo que “la guerra está casi terminada”.
En ese mismo foro, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, que aplaudió durante dos minutos, junto a otros miembros destacados del partido, la entrada de Trump, habló de la guerra, palabra que hace toda clase de malabarismos para no pronunciar, como de “un problema temporal”. Lisa McClain (Míchigan), la cuarta republicana con más poder en la Cámara, empleó en declaraciones a CNN la expresión “instantánea en el tiempo”, mientras Nicole Malliotakis (Nueva York) confió en que las turbulencias económicas que ha traído la aventura bélica se queden en “volatilidad a corto plazo”. Un plazo tan corto, como antes de las elecciones de noviembre.
Con vistas a esa cita con las urnas, está claro que los republicanos estaban más cómodos con el mensaje de Trump de hace tan solo un par de semanas, cuando este se dirigió al Congreso en su discurso sobre el Estado de la Unión. Uno de los argumentos para defender el historial de su primer año de regreso en el poder fue el precio de la gasolina, que, recordó, “alcanzó un máximo de más de 6 dólares por galón [5,2 euros por 3,785 litros]” en algunos estados con su predecesor, Joe Biden, en la Casa Blanca. “Ahora está por debajo de los 2,30 dólares por galón en la mayoría de los estados”, se jactó el presidente entonces.
A primera hora de la tarde de este miércoles (hora de Washington, seis más en la España peninsular), el precio medio del galón en el país era de 3,58 dólares, según la web de la Asociación Estadounidense del Automóvil. Era el más alto de los últimos 21 meses, tras 11 días seguidos de subidas.
Datos como ese han empujado también a algunos asesores de Trump en la Casa Blanca a animar en privado al presidente a buscar un plan de salida de la guerra, con el argumento de que el ejército ya ha logrado en gran medida sus objetivos, según ha publicado The Wall Street Journal. Esos asesores han expresado su preocupación, sostiene el diario conservador, de que un conflicto prolongado acabe mermando el apoyo de los simpatizantes de Trump a su aventura bélica, mientras su popularidad sigue estancada y los sondeos hablan de que una mayoría de los estadounidenses no respaldan que su país se haya lanzado a una guerra en Irán.
Fuentes anónimas
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, describe las informaciones desveladas por el Journal como “disparates provenientes de fuentes anónimas que no conviven con el presidente Trump”. “Sus principales asesores están dedicados las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a garantizar que la Operación Furia Épica siga siendo un éxito rotundo, y el final de estas operaciones lo determinará en última instancia el comandante en jefe”, añadió Leavitt al periódico neoyorquino.
Muchos de los republicanos del Capitolio −donde en dos ocasiones en estas dos semanas el partido ha votado en contra de limitar el poder de la Casa Blanca para hacer la guerra− siguen encajando en esa definición de la lealtad trumpiana esbozada por la portavoz.
Aunque seguramente ninguno llegue tan lejos como el senador Lindsey Graham (Carolina del Sur), uno de los aliados más ciegos del presidente. Entre ataques a España por su negativa a dejar que el Ejército estadounidense use las bases de Rota y Morón, Graham declaró a Fox News que quiere que Arabia Saudí y otras naciones árabes “den un paso al frente” y asuman los objetivos de Estados Unidos e Israel. También dijo: “Voy a regresar a Carolina del Sur y les pediré [a mis votantes] que envíen a sus hijos e hijas a Oriente Próximo [a luchar]”.
Esas palabras le valieron las críticas de su propio partido; desde la representante Nancy Mace (también diputada por Carolina del Sur) a Anna Paulina Luna (Florida), que le dijo que, “si quiere ir a luchar en el extranjero”, “que se ofrezca el primero en ofrecerse como voluntario”. Graham, por cierto, no tiene hijos.
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La guerra sume a los iraníes en el miedo y la incertidumbre
La falta de refugios y las colas para comprar comida agravan el desgaste de la población ante los bombardeos

Madrid – 12 MAR 2026 – 00:45 AST
A casi dos semanas desde el inicio de la guerra, los testimonios de los iraníes vislumbran angustia e inquietud. “Los primeros días le decía a mi hija que estos ruidos eran por la fiesta de Chaharshanbé Suri (en Irán la noche del último miércoles del invierno se celebra con fuegos artificiales), pero ahora tiene pesadillas todas las noches», explica preocupada Simin, residente en Teherán. “Elnaz [su hija] tiene mucho estrés; con el más mínimo ruido se nos encoge el corazón”. Ella, especialista en gestión turística, trabajaba antes en una agencia de viajes, pero ya lleva varios meses en paro.
Al comienzo de la guerra, muchos recibieron con alivio la noticia de la muerte de Ali Jameneí. Sin embargo, reconocen que la prolongación del conflicto y la ausencia de una salida clara empiezan a generar inquietud. Farid, contable casado de Isfahán, en el centro de Irán, lo resume así: “Nuestra alegría duró solo aquella noche en que supimos que Jameneí ya había muerto; después comenzaron, poco a poco, las preocupaciones”.
Se refiere sobre todo a las dificultades cotidianas que afronta la población. “Para mucha gente el problema ahora es conseguir alimentos básicos a precios elevados, las colas para comprar pan y la incertidumbre constante sobre qué lugar bombardearon anoche y cuál atacarán esta noche”, lamenta Farid. Él perdió a un amigo durante las protestas de enero y asegura que aún mantiene la esperanza. “Estoy dispuesto a soportar las dificultades y luchar hasta que este régimen se vaya”, agrega. Aun así, no todos los iraníes parecen capaces de resistir una guerra prolongada.
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“Durante la guerra entre Irak e Irán, antes de los bombardeos sonaban las sirenas. Yo cogía de la mano a mis hijos y bajábamos al sótano, y después sonaba la sirena que indicaba que el peligro ya había pasado”, recuerda Shirin, profesora jubilada residente en la capital. “Pero ahora es muy extraño, entendemos que ha habido un ataque por el sonido de las explosiones, y luego los vecinos suben en ascensor a la azotea para ver dónde ha caído”, comenta.

Muchos ciudadanos se muestran descontentos y desesperanzados por la ausencia de un sistema de alerta, por la debilidad de la defensa antiaérea, por la falta de refugios y por la ausencia de información en los medios de comunicación internos. Katayun, entrenadora de fitness, dice: “Al principio, cuando murió Jameneí, nos pusimos muy contentos, pero ahora siento que nos han abandonado. Algunas noches nos refugiamos en el cuarto de baño porque no tiene ventanas”.
En estas circunstancias, los niños son las principales víctimas de los conflictos. Los docentes señalan el descenso en el rendimiento académico y la ineficacia de la plataforma Shad (la red de educación en línea de las escuelas iraníes), que no funciona con la intranet interna. “Los niños están exhaustos por la falta de sueño, muchos no tienen acceso a Shad“, explica Setayesh, profesora de primaria. Añade que, en la práctica, ”la plataforma no rinde y muchos alumnos también están ausentes».

El Consejo de Coordinación de las Organizaciones Sindicales de Profesores también menciona en su relato sobre la situación de la capital que, a pesar de que la población necesita esperanza y tranquilidad. “La apariencia de la ciudad se ha vuelto extrañamente militarizada”, reseña. “En las plazas y en los principales cruces se exhiben vehículos de represión y cañones de ametralladoras”, añade y señala los numerosos controles establecidos por el régimen para intimidar a la población. “Parece que antes de preocuparnos por el cielo debemos temer a las calles de nuestra propia ciudad”.
Shirin también teme por su seguridad: “Cerca de nosotros no hay ningún centro militar ni lugar sensible, pero hay una escuela a una calle de distancia”. Su hijo le ha pedido que se traslade a su casa porque, según sostiene, ha visto que los basijíes (una fuerza paramilitar conformada por voluntarios) han convertido ese lugar en su base.
Las declaraciones del martes de Ahmad Reza Radan, jefe de la Policía y las Fuerzas de Seguridad de Irán, en las que amenaza a los ciudadanos, van en la misma línea. “Si alguien sale a la calle respondiendo al deseo del enemigo, no lo consideraremos un manifestante, sino un enemigo”, dijo. Y lanzó una amenaza directa contra los manifestantes: “[Con ellos] haremos lo mismo que con el enemigo; todas nuestras fuerzas tienen el dedo en el gatillo”.
Cortes de internet y caída de bancos
Desde el comienzo del conflicto, el régimen iraní, con el pretexto de las amenazas a la seguridad, ha cortado el acceso general a internet. Según declaró el martes Fatemeh Mohajerani, la portavoz del Gobierno, el acceso solo se concede a personas e instituciones que difunden la versión oficial.
“Llevábamos dos años vendiendo por internet joyas artesanales con diseños iraníes. El negocio iba bien, pero con los cortes y las restricciones constantes de internet nuestro trabajo prácticamente ha desaparecido”, lamenta Samin, una emprendedora que junto con su hermana arrancaron una start-up hace unos tres años. Ella añade que para conectarse a internet tienen que usar una VPN cuyo precio ha subido mucho y que solo permiten accesos momentáneos, a menudo únicamente para enviar mensajes de texto.

Tras los bombardeos de las dos últimas noches, varios grandes bancos iraníes, como el Banco Melli y el Banco Sepah que pagan los sueldos de funcionarios y militares, han dejado de funcionar y las tarjetas bancarias no sirven, lo que agrava aún más los problemas económicos de la población.
Cada día que pasa desde el inicio de la guerra, los testimonios reflejan un cansancio creciente, así como una mezcla de ansiedad y desaliento. La esperanza inicial de cambio se va apagando en la mente de muchos y deja paso a las preocupaciones más inmediatas de la vida diaria. Bajo un cielo turbio por el humo y el polvo de los bombardeos, entre mesas cada vez más vacías y vidas marcadas por la incertidumbre, se libra otra guerra silenciosa que apenas aparece en los cálculos de los dirigentes políticos.
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Por qué la guerra en Irán dispara el precio del diésel por encima de la gasolina
La dependencia europea de importaciones, los bajos inventarios y el freno exportador de China amplifican el impacto del conflicto de Oriente Próximo en el mercado del gasóleo


Madrid – 12 MAR 2026 – 00:45 AST
El mercado energético global vive días de extrema volatilidad desde que Estados Unidos atacó a Irán, hace más de una semana. El recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo ha inyectado una prima de riesgo inmediata en los mercados de materias primas. Lo que hasta hace poco era una tendencia alcista moderada en el precio del petróleo, se ha convertido en una carrera frenética por asegurar el suministro de combustible. El impacto se ha dejado sentir con especial intensidad en los derivados del crudo, castigando con especial dureza al gasóleo frente a la gasolina.
En las últimas semanas, el barril de brent, de referencia europea, ha pasado de cotizar en torno a los 60 dólares a rozar los 120. La volatilidad domina las sesiones; la diferencia entre el máximo y el mínimo diarios en Wall Street ha llegado a alcanzar casi 30 dólares. Para el consumidor que acude a repostar, el precio del crudo es solo una pieza del engranaje. El coste final en el surtidor depende sobre todo de las cotizaciones internacionales de los combustibles ya refinados, que siguen sus propias dinámicas de oferta y demanda y que, según los analistas, están experimentando distorsiones significativas.

Mientras el petróleo acumula una subida cercana al 40%, la gasolina ha aumentado en torno a un 10% y el diésel se ha disparado un 20%, duplicando el ritmo de encarecimiento en el surtidor. Si se observan las cotizaciones internacionales de productos refinados —las que realmente sirven de referencia para mercados como el Mediterráneo o el noroeste de Europa— la brecha es aún mayor. El gasóleo ha llegado a registrar incrementos de hasta el 55%, frente al 26% de la gasolina y el 33% del brent, según explica Inés Cardenal, directora de Comunicación de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos.

La consecuencia ya se percibe en las estaciones de servicio. El diésel ha pasado de los 1,383 euros por litro a comienzos de año a los 1,789 euros registrados este lunes, superando con creces a la gasolina 95, que se sitúa en los 1,662 euros, según datos del Ministerio de Transición Ecológica. El sorpasso es llamativo porque, históricamente, el diésel ha disfrutado de un colchón fiscal en España de aproximadamente 10 céntimos de euro por litro menos que la gasolina. Pero la actual crisis ha borrado esa ventaja. Al ser la cotización del producto refinado tan elevada, la menor carga impositiva ya no basta para mantenerlo más barato.
Parte de la explicación reside en una debilidad estructural de la industria energética europea. Fuentes empresariales que piden anonimato señalan que Europa dispone de suficiente capacidad de refino para ser exportadora neta de gasolina, pero sufre un déficit crónico de gasóleo, lo que la obliga a depender de las importaciones para satisfacer su demanda interna. Gran parte de este diésel que consume el continente proviene precisamente de Oriente Próximo, una región ahora bajo la sombra de los ataques militares y la inestabilidad política, lo que deja a los mercados europeos muy vulnerables ante cualquier interrupción en el flujo de suministros.
A esta fragilidad geográfica se suma el bajo nivel de inventarios. Las reservas europeas de gasóleo se encuentran significativamente por debajo de la gasolina, lo que reduce el margen de maniobra ante una crisis de oferta y empuja los precios al alza de forma casi automática cuando asoma el temor de la escasez, según explica Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy.
El contexto se complica además por la política comercial de China. El gigante asiático ordenó la semana pasada la suspensión de las exportaciones de combustible ante el conflicto en Oriente Próximo. Fuentes oficiales citadas por la agencia Reuters aseguraban que el Gobierno había instado a sus refinerías a frenar las ventas de productos refinados para garantizar su propia seguridad energética.
Cardenal insiste en que la decisión tiene un peso considerable en el mercado global. Aunque el país importa grandes cantidades de crudo, su capacidad de refino la convierte en uno de los mayores exportadores mundiales de gasóleo. Al cerrar el grifo para proteger sus reservas internas y abordar una posible disminución en su propio suministro, retira del mercado global un volumen de producto que es vital para equilibrar los precios.
Todo esto coincide con el hecho de que el diésel es un producto muy inelástico desde el punto de vista de la demanda. A diferencia de la gasolina, cuyo consumo puede reducirse parcialmente si el ciudadano decide usar menos el coche privado, el gasóleo es la sangre que mueve el transporte de mercancías por carretera y los sectores industriales estratégicos, donde no existe una alternativa inmediata y el consumo es difícil de recortar, de acuerdo al análisis de Rafael Salas, investigador del ICAE.
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La falta de elasticidad en el producto amplifica cualquier shock en la oferta. Ante la mera amenaza de desabastecimiento, los precios del diésel tienden a reaccionar con más agresividad que en otros combustibles. La volatilidad del brent, con caídas y subidas abruptas en cuestión de horas —como se ha visto en las sesiones de esta semana―, refleja en última instancia un mercado dominado por el miedo y la especulación geopolítica. Los analistas advierten de que el rumbo futuro sigue siendo incierto y dependerá tanto de la duración del conflicto en Irán como de su intensidad y de la respuesta de los organismos internacionales.
La Agencia Internacional de la Energía ha acordado este miércoles liberar reservas estratégicas, en la mayor intervención de la historia, para inundar el mercado y tratar de contener los precios. La OPEP también sigue de cerca el conflicto a fin de decidir si interviene en el flujo de producción. Pero mientras las refinerías europeas sigan operando al límite de su capacidad y la dependencia de las importaciones de gasóleo desde zonas en conflicto no se mitigue, el diésel continuará siendo el eslabón más débil de la cadena energética.
El efecto no se limita al transporte. También tiene impacto en el Índice de Precios al Consumo (IPC). El último avance diario del ICAE muestra que el impacto conjunto de los carburantes y la electricidad amenaza con elevar la inflación de marzo en 10,2 décimas. El análisis desglosa que el gasóleo ha repuntado un 25,6% desde el inicio de las hostilidades, lo que supone una contribución de cinco décimas a la inflación general. La gasolina, por su parte, se ha encarecido un 13,2% en el mismo periodo, aportando 2,5 décimas al IPC. En un contexto donde combustibles y electricidad representan el 7,5% del peso total del IPC, el organismo advierte que los precios de la cesta de la compra dependerán, en gran medida, de la duración del conflicto en el estrecho de Ormuz, cuya reapertura es vital para destensar los mercados internacionales.
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