La caída de Orbán sacudirá a la ultraderecha europea



Por Miguel Urbán
13/04/2026 08:40-Actualizado a13/04/2026 08:46
Este pasado domingo, el máximo exponente de la internacional reaccionaria en Europa, Viktor Orbán, perdía unas elecciones después de dieciséis años ininterrumpidos en el poder. Hungría ha celebrado unos comicios legislativos considerados cruciales no solo para el propio país, sino para toda Europa, ya que el gobierno ultraderechista del Fidesz, aliado de Putin y Trump, era desde hacía años uno de los principales dolores de cabeza de Bruselas. Porque este domingo no solo estaba en juego el futuro político de Orbán, sino que su derrota también marca, en cierta medida, un importante retroceso de la ola reaccionaria en Europa.
La gran novedad de estas elecciones ha sido la aparición de una alternativa política capaz de cuestionar la hegemonía del Fidesz. Hasta ahora, una de las grandes fortalezas de Orbán había sido precisamente la debilidad de sus rivales. El hasta ahora gran aspirante y, a la postre, ganador de las elecciones es Péter Magyar, líder del partido conservador Tisza y antiguo militante del partido gobernante, el Fidesz, quien abandonó el «mundo Orbán» hace dos años para enfrentarse al primer ministro. Su gran fortaleza ha sido lograr presentarse, desde hace meses, como una opción realista para derrotar a Orbán. Así, Magyar ha conseguido aglutinar votos de la derecha tradicional y también de votantes de la izquierda, que veían en él la única oportunidad real de vencer.
De hecho, uno de los grandes titulares de la jornada electoral ha sido la participación sin precedentes: ya a las 17 horas superaba el 74% del censo, por encima del dato final de cualquier cita electoral desde 1990. Las últimas cifras, antes del cierre de los colegios, situaban la participación cerca del 78%. Un elevadísimo nivel de movilización que estaría detrás de la aplastante victoria de la oposición, que alcanza el 54% de los votos, situándose en torno a los 138 escaños y los casi tres millones de papeletas, sacando una ventaja de más de 800.000 votos sobre el Fidesz, que se ha quedado en el 35% y 55 diputados. De hecho, la victoria ha sido tan rotunda que, a pesar de que Orbán llevaba días preparando el terreno para cuestionar el resultado, no ha tenido más remedio que admitir su derrota ante sus seguidores en Budapest, señalando que el resultado era claro y doloroso.
El poder electoral de Orbán se ha sustentado sobre tres pilares: lo que él mismo ha catalogado como la construcción de un régimen iliberal, un híbrido entre democracia y autocracia, con la Rusia de Putin como modelo; un nacionalismo xenófobo y antinmigración que ha conjugado el antisemitismo clásico de los fascismos de entreguerras con la islamofobia de la nueva ultraderecha; y una estrategia de reafirmación soberanista frente a la UE, en una Hungría en la que el recuerdo de la Unión Soviética sigue muy presente y donde la desconfianza hacia la cesión de soberanía a un centro de poder extranjero como Bruselas está socialmente muy extendida, especialmente en los territorios más rurales.
De hecho, la derrota de Viktor Orbán no era una tarea sencilla, ya que, en estos dieciséis años en el poder, el Fidesz ha implementado una captura total del Estado, con una profunda transformación iliberal del sistema institucional y electoral del país, el control de los puestos clave de la judicatura, así como de los medios de comunicación. Quizá el elemento más relevante fue la reforma electoral, con la reducción de diputados del Parlamento —de 386 a 199— y la introducción de un sistema mixto que combina circunscripciones uninominales con listas nacionales. El elemento decisivo es que 106 escaños se eligen en distritos uninominales mediante un sistema mayoritario a una sola vuelta, mientras que los 93 restantes se asignan por representación proporcional. Un sistema que, como han denunciado organismos internacionales como el Consejo de Europa, está diseñado para favorecer al partido gobernante.
Entonces, ¿por qué ha perdido Orbán? Evidentemente, las causas son múltiples; podríamos hablar de una conjunción de factores. El primero ya lo apuntábamos anteriormente: Magyar ha conseguido unificar a toda la oposición del país para derrotar al presidente en activo más longevo de la Unión Europea. De hecho, en estos dieciséis años de gobierno, Orbán no solo ha transformado el Estado húngaro a su imagen y semejanza, sino que también ha acumulado un fuerte desgaste y una considerable fatiga entre su electorado. Más aún después de numerosos casos de corrupción que han salpicado a su entorno más cercano.
Pero, por encima de todos esos factores, el elemento central detrás de la derrota del gobierno ultraderechista ha sido la economía. Hungría ha sufrido episodios de inflación muy elevada en los últimos años, con un aumento del coste de la vida, especialmente en alimentos y energía, que ha provocado una importante presión sobre los salarios. Aunque el Gobierno ha aplicado medidas como controles de precios o subsidios, estas políticas han tenido efectos limitados o temporales, generando una insatisfacción que no solo ha golpeado a la cosmopolita y tradicionalmente opositora Budapest, sino también a los feudos rurales de Orbán. De hecho, Magyar se ha impuesto en la amplia mayoría de las circunscripciones del país, con una campaña dirigida precisamente a las zonas rurales, rompiendo con la imagen tradicional de una oposición vinculada casi exclusivamente a Budapest.
Los escándalos con Rusia, después de que se filtraran unos audios del ministro de Exteriores de Hungría colaborando codo con codo con su homólogo ruso, también han sido un tema central en la campaña electoral, ante lo cual Magyar se ha comprometido a volver a los valores de las democracias liberales que encarna la Unión Europea.
Una derrota que tendrá importantes repercusiones más allá de las fronteras húngaras, no solo para Vladimir Putin, que perderá a su principal valedor dentro de la UE, sino también para Donald Trump, que en campaña calificó a Viktor Orbán como un «verdadero amigo, un luchador y un ganador», pidiendo el voto para su candidatura. De hecho, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, estuvo en Hungría en plena campaña para dar apoyo al líder húngaro, acusando abiertamente a la Unión Europea de «interferencias electorales», mientras él mismo intervenía presencialmente en un mitin en Budapest.
Hungría ha sido durante todos estos años un lugar neurálgico para la extrema derecha del continente. Desde Budapest se exporta doctrina política, se forma a nuevas generaciones y se ofrece apoyo logístico y económico a toda la red de partidos ultraderechistas europeos. Sin ir más lejos, Vox ha financiado campañas electorales —las generales de 2023 y las europeas— con créditos millonarios provenientes del banco húngaro MBH Bank, una entidad vinculada al gobierno de Orbán. El partido de Santiago Abascal recibió inicialmente más de nueve millones de euros y posteriormente otros siete millones, sumando más de 16 millones de euros en total.
La derrota de Orbán supone un varapalo importante para el principal gobierno de la ultraderecha europea, que puede impactar tanto en la moral como en los recursos materiales de la ola reaccionaria en el continente, al tiempo que aporta un balón de oxígeno a una UE necesitada de cierta tranquilidad interna. De hecho, a finales del año pasado, el académico y experto en extrema derecha Cas Mudde escribía que las esperanzas de revertir el rumbo antidemocrático dependían, paradójicamente, de las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos y de las elecciones húngaras.
La caída de Orbán no supone un desmontaje de su modelo iliberal, ni siquiera una derrota política de sus principales postulados, todavía queda mucha partida por jugar en Hungría. No olvidemos que hasta hace dos años Magyar era una persona del círculo más cercano del gobierno del Fidesz. Pero, quizás donde mayor impacto puede tener la derrota de Orbán sea a escala internacional, no solo porque Putin y Trump pierden a su mayor aliado en la UE, sino porque la internacional reaccionaria ve caer a uno de sus principales mitos y valedores, mostrando, a pesar de su auge continental, también un cierto desgaste.
Ex eurodiputado por Anticapitalistas
Magyar entierra 16 años del ultraderechista Orbán en Hungría con una incontestable victoria
- El líder de Tisza obtiene 138 diputados frente a los 55 de Fidesz y logra la mayoría de dos tercios en el Parlamento que le permite revertir gran parte de las políticas de Orbán.
- El presidente reconoce su derrota: «Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos han otorgado la responsabilidad de gobernar».

Budapest-12/04/2026 20:07-Actualizado a13/04/2026 10:27
El partido conservador de oposición Tisza ha ganado de manera incontestable las elecciones en Hungría y acaba con 16 años de Gobierno ultraderechista de Viktor Orbán. Peter Magyar, líder del partido, logra 138 diputados por los 55 de Fidesz. Magyar no solo gana las elecciones sino que consigue la mayoría de dos tercios en el Parlamento (situada en 133 escaños) que le permite revertir gran parte de las políticas de Orbán.
Orbán ha reconocido su derrota: «Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos han otorgado la responsabilidad de gobernar».
El tercer partido en la Cámara, Nuestra Patria, de extrema derecha, supera por la mínima el umbral del 5%, que le da 6 escaños. La participación ha alcanzado cifras récord: a las 18.30 de la tarde del domingo había votado el 78,8% de los electores, cuando la cifra más alta de participación, registrada en 2002, fue del 73,5%.
La derrota de Orbán priva a Rusia de su aliado más cercano en la UE, mientras que para Ucrania podría significar la liberación de un préstamo de la Unión Europea de 90.000 millones de euros (105.000 millones de dólares), vital para su esfuerzo bélico, que el líder húngaro ha estado bloqueando.
También podría allanar el camino para unas reformas que, según Tisza, tendrían como objetivo frenar la corrupción y poner fin al retroceso democrático del que la UE lleva tiempo acusando al primer ministro.

Orbán, nacionalista euroescéptico, ha creado un modelo que el movimiento MAGA de Donald Trump y sus admiradores en Europa consideran un modelo a seguir. Pero muchos húngaros estaban cada vez más cansados de Orbán, de 62 años, tras tres años de estancamiento económico y un aumento vertiginoso del costo de la vida, así como por los informes que indican que los oligarcas cercanos al Gobierno están amasando cada vez más riqueza.
Péter Magyar es un insider que creció a la sombra del Partido-Estado en que se ha convertido el Fidesz. Nacido en Budapest en 1981, Magyar se afilió al partido de Orbán en 2002, a los veintiún años. No era un militante cualquiera: su tío abuelo, Ferenc Mádl, fue presidente de la República. Magyar hizo carrera dentro del aparato: Ministerio de Asuntos Exteriores, Representación Permanente ante la UE, Oficina del Primer Ministro y, entre 2019 y 2022, dirección del Centro de Préstamos Estudiantiles. Su exmujer, Judit Varga, fue ministra de Justicia de Orbán. A Magyar no le son ajenos ni los círculos del poder ni los entresijos del Fidesz.
La posición europeísta de Magyar
Tras confirmarse su victoria en las elecciones, Magyar lanzó un mensaje europeísta. «El lugar de nuestra patria estuvo, está y estará en la UE», dijo ante decenas de miles de sus seguidores, concentrados a orillas del río Danubio, enfrente del Parlamento de Hungría.
«Arreglaremos todas nuestras disputas con los países vecinos», agregó Magyar, sin nombrar explícitamente a Ucrania, con la que Orbán estuvo enfrentado en los últimos meses por la interrupción del tránsito de petróleo ruso hasta Hungría.
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El líder de Tisza, de 45 años, anunció además que sus primeros viajes al exterior los llevará a Bruselas y Polonia, cuyo primer ministro, el liberal conservador Donald Tusk, era uno de los principales críticos de Orbán dentro de la UE.

Celebración en la UE
Varios líderes europeos felicitaron este domingo a Magyar por su victoria. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, celebró este domingo que Hungría retome «su camino hacia Europa». «Hungría ha elegido a Europa. Europa siempre ha elegido a Hungría. Un país retoma su camino hacia Europa. La Unión se fortalece», afirmó la jefa del Ejecutivo europeo a través de un mensaje en redes sociales, escrito también en húngaro.
La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, también felicitó a Magyar, quien además es eurodiputado por el Partido Popular Europeo, y añadió que «el lugar de Hungría está en el corazón de Europa».
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha celebrado el triunfo de Magyar y ha manifestado que «hoy ganan Europa y los valores europeos».
Sánchez en su cuenta de X ha felicitado «a todos los ciudadanos húngaros por unas elecciones históricas». «Deseando trabajar juntos, @magyarpeterMP, por un futuro mejor para todos los europeos», ha referido en su perfil de esa red social.
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El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo: «¡Acabo de hablar con Peter Magyar para felicitarlo por su victoria en Hungría! Francia saluda una victoria de la participación democrática, del apego del pueblo húngaro a los valores de la Unión Europea y por Hungría en Europa».
«Hungría ha decidido. Felicitaciones por ganar las elecciones, querido Péter Magyar. Espero con ilusión la cooperación en pos de una Europa, fuerte, segura y sobre todo unida», escribió canciller alemán, Friedrich Merz, por su parte.
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