La inteligencia de EE. UU. muestra que China tiene un papel más activo en la guerra de Irán
China podría haber enviado misiles a Irán, y Pekín está permitiendo que empresas vendan a Teherán suministros que pueden usarse en la producción militar, según funcionarios estadounidenses.





Por Mark MazzettiEric Schmitt y Julian E. Barnes
Reportando desde Washington
12 de abril de 2026
Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han obtenido información de que, en las últimas semanas, China podría haber enviado un cargamento de misiles portátiles a Irán para su conflicto con Estados Unidos e Israel, según funcionarios estadounidenses.

Los funcionarios dijeron que la información de inteligencia no es concluyente respecto al envío del cargamento, y que no hay pruebas de que los misiles chinos ya se hayan utilizado contra las fuerzas estadounidenses o israelíes durante el conflicto.
Pero incluso un debate en Pekín sobre el envío de misiles a Irán indica hasta qué punto China se considera implicada en el conflicto. Los servicios de inteligencia han evaluado que China está adoptando en secreto una postura activa en la guerra, al permitir que algunas empresas envíen a Irán productos químicos, combustible y componentes que pueden utilizarse en la producción militar para la guerra.
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Los misiles disparados desde el hombro, conocidos como MANPADS, son capaces de derribar aviones que vuelen a poca altura.
Durante mucho tiempo, China se ha mostrado reacia a enviar material militar acabado a Irán, pero algunos funcionarios del gobierno quieren que Pekín permita que sus empresas suministren directamente a las fuerzas de seguridad iraníes durante el conflicto con Estados Unidos.
Si el gobierno chino ha permitido el envío de misiles, sería una escalada significativa y un indicio de que al menos algunos dirigentes chinos trabajan activamente para provocar una derrota militar estadounidense en una guerra que ha asolado Medio Oriente.
La información sobre el posible apoyo chino a Irán llega cuando los servicios de inteligencia estadounidenses han visto pruebas de que Rusia ha proporcionado al ejército iraní información satelital específica para ayudar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán a atacar barcos estadounidenses, junto con instalaciones militares y diplomáticas en todo Medio Oriente.
En conjunto, el apoyo militar a Irán muestra cómo los poderosos adversarios de Estados Unidos han visto una oportunidad de aumentar los costos para Estados Unidos por el inicio de la guerra y, de manera potencial, entorpecer al ejército estadounidense en el conflicto.
El apoyo chino a Irán llega en un momento delicado de las relaciones entre Estados Unidos y China. El presidente Donald Trump tiene previsto viajar el mes que viene a China para reunirse con el presidente chino Xi Jinping, en una cumbre que se espera aborde una serie de cuestiones comerciales, tecnológicas y militares. La cumbre estaba prevista inicialmente para marzo, pero se retrasó debido a la guerra en Irán.
Las agencias de inteligencia estadounidenses han seguido de cerca el apoyo que Rusia y China han prestado a Irán durante la guerra. Los funcionarios estadounidenses han considerado que Rusia está más dispuesta a ayudar, al enviar ayuda alimentaria, suministros militares no letales e imágenes por satélite a Teherán. Sin embargo, Moscú parece haber descartado el suministro de material militar ofensivo o defensivo, por temor a provocar a Estados Unidos.
En general, los funcionarios chinos han querido proteger, al menos públicamente, su imagen de parte neutral. Antiguos funcionarios afirman que Irán depende de China para obtener componentes para sus misiles y drones, pero Pekín puede argumentar que dichos componentes, por cruciales que sean, pueden utilizarse para fabricar mucho más que armamento. China también proporcionó información de inteligencia y suministró piezas de doble uso a Irán, del mismo modo que lo hizo con Rusia durante su guerra con Ucrania.
Un reportaje de la CNN del sábado decía que China se preparaba para enviar un cargamento de misiles de hombro a Irán en las próximas semanas.
Un portavoz de la embajada de China en Estados Unidos negó rotundamente que su gobierno hubiera enviado misiles a Irán durante la guerra.
“China nunca ha proporcionado armas a ninguna de las partes en conflicto; la información en cuestión es falsa”, dijo Liu Pengyu, el portavoz. “Como importante país responsable, China cumple sistemáticamente sus obligaciones internacionales. Instamos al lado estadounidense a que se abstenga de hacer acusaciones infundadas, establecer conexiones de forma maliciosa y de recurrir al sensacionalismo; esperamos que las partes pertinentes hagan más para ayudar a rebajar las tensiones”.
China depende en gran medida del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz, y está ansiosa por no hacer nada que prolongue la guerra, según funcionarios estadounidenses. Al mismo tiempo, al menos algunos funcionarios chinos están interesados en apoyar a Teherán en una guerra que se considera que debilita la posición y la fuerza de Estados Unidos.
China es el mayor socio comercial de Irán y el mayor comprador de petróleo iraní. Según un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China, grupo fundado por el Congreso para examinar los vínculos bilaterales de Estados Unidos con China, “las compras chinas representan aproximadamente el 90 por ciento del petróleo exportado por Irán, lo que proporciona decenas de miles de millones de dólares en ingresos anuales que sostienen el presupuesto gubernamental y las actividades militares de Irán”.
Sin embargo, los expertos sobre China han señalado que la retórica pública de China durante la guerra de Irán ha sido neutral en su mayoría, posiblemente debido a los profundos lazos económicos que China mantiene con las naciones árabes del golfo Pérsico las cuales han sido atacadas por Irán durante el conflicto.
“En todo caso, retóricamente se están alineando más con sus socios del Golfo que con Irán”, dijo Henrietta Levin, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “La relación económica, tecnológica y energética con el Golfo es, en muchos sentidos, estratégicamente más importante para China que cualquier relación que mantenga con Irán”.
Anton Troianovski colaboró con reportería desde Washington.
Mark Mazzetti es un periodista de investigación con sede en Washington D. C., especializado en seguridad nacional, inteligencia y asuntos exteriores. Ha escrito un libro sobre la CIA.
Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo durante más de tres décadas.
Julian E. Barnes cubre las noticias relacionadas con las agencias de inteligencia estadounidenses y los asuntos de seguridad internacional para el Times. Lleva más de dos décadas reportando sobre temas de seguridad.
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Editorial de The New York Times: La guerra de Trump está debilitando a EE. UU. de 4 maneras
13 de abril de 2026 a las 02:30 ET

Por El Comité Editorial
El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y unos valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.
Cuando el presidente Donald Trump atacó Irán el 28 de febrero, dijimos que su decisión fue imprudente. Fue a la guerra sin solicitar la aprobación del Congreso ni el apoyo de la mayoría de sus aliados. Ofreció justificaciones endebles y contradictorias al pueblo estadounidense. No explicó la razón por la que este cándido intento de cambio de régimen acabaría mejor que los intentos anteriores de Estados Unidos en Irak, Afganistán y otros lugares.
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En las seis semanas que han pasado desde entonces, la imprudencia de su guerra ha quedado aún más en evidencia. Ha desdeñado la planificación militar diligente y ha actuado por instinto visceral e ilusiones. Después de que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, hiciera un pronóstico a Trump de que los ataques inspirarían un levantamiento popular en Irán, el director de la CIA replicó que esos escenarios eran “ridículos”, reportó el Times. Y, sin embargo, Trump siguió adelante. Estaba tan seguro de sí mismo que no elaboró ningún plan para responder a una contramedida obvia que Irán tenía: provocar un aumento de los precios del petróleo al bloquear el estrecho de Ormuz. Tampoco elaboró una estrategia viable para asegurar el uranio enriquecido que Irán puede usar para reconstruir su programa nuclear.
La semana pasada pasó de hacer amenazas ilegales e inmorales sobre eliminar a la civilización iraní a acordar un alto al fuego de último momento que asegura pocos de los objetivos militares que anunció. Irán sigue desafiando una parte crucial del acuerdo y bloqueando la mayor parte del tráfico que cruza el estrecho de Ormuz. La irresponsabilidad de Trump ha dejado a Estados Unidos al borde de una derrota estratégica humillante.
Como hemos dicho, el régimen de Irán no merece consideración ni simpatía. Lleva décadas oprimiendo a su pueblo y respaldando el terrorismo en otros lugares. Y la guerra actual, combinada con los ataques de junio de Estados Unidos e Israel y con otras operaciones israelíes desde 2023, debilitó a Irán en aspectos críticos. Su armada, su fuerza aérea y sus defensas antiaéreas se han degradado y su programa nuclear ha retrocedido. Su red asesina de aliados regionales —como Hamás, Hizbulá y el gobierno derrocado de Siria— se ha erosionado.
Sin embargo, estos éxitos no pueden ocultar los modos en que la guerra ha debilitado a Estados Unidos. Encontramos cuatro retrocesos cruciales para los intereses nacionales de Estados Unidos que son el resultado directo del descuido de Trump. Asimismo, estos reveses debilitan la democracia mundial en un momento en el que los autoritarios en China, Rusia y otros países ya se sentían envalentonados.
El golpe más tangible para Estados Unidos y el mundo es el aumento de la influencia que Irán ha obtenido en la economía mundial al militarizar el estrecho de Ormuz. Alrededor del 20 por ciento del petróleo y del gas natural licuado del mundo se transporta a través del estrecho, que colinda con la costa sur de Irán.
Antes de la guerra, los dirigentes iraníes temían que un bloqueo del tráfico provocara nuevas sanciones económicas y un ataque militar. Una vez que el ataque se produjo de cualquier manera, Irán cerró el estrecho a casi todo el tráfico, excepto a sus propias embarcaciones. Esta medida es poco costosa porque implica sobre todo una amenaza, a saber, que un dron, un misil o una pequeña embarcación pueda hacer estallar un buque petrolero. La reapertura forzosa del estrecho, por el contrario, requeriría una enorme operación militar que podría incluir soldados en el terreno y una ocupación prolongada.
La falta de previsión de Trump respecto al estrecho revela una incompetencia flagrante. El alto al fuego de dos semanas no restablece el statu quo porque Irán sigue limitando el tráfico y ha amenazado con imponer cuotas como parte de un acuerdo de paz definitivo. La guerra ha demostrado a los dirigentes iraníes que controlar la vía navegable es una posibilidad real. Con el tiempo, es probable que otros países desarrollen alternativas, como oleoductos, pero esas soluciones no llegarán a corto plazo. Por ahora, Irán parece haber ganado una ventaja diplomática con la que solo podía soñar hace seis semanas. La única forma aparente de cambiar la situación sería que una coalición mundial exigiera la reapertura del estrecho, el tipo de coalición que Trump es claramente incapaz de liderar.
El segundo revés afecta a la posición militar de Estados Unidos en el mundo. Esta guerra, junto con la ayuda estadounidense reciente a Ucrania, Israel y otros aliados, ha agotado una parte sustancial del arsenal de algunas armas, como los misiles Tomahawk y los interceptores Patriot (que pueden derribar otros misiles). Los expertos creen que el Pentágono utilizó más de una cuarta parte de sus misiles Tomahawk únicamente en la guerra contra Irán. Recuperar la dimensión anterior del arsenal llevará años, y mientras tanto Estados Unidos tendrá que tomar decisiones difíciles sobre dónde mantener su fuerza militar. El Pentágono ya ha retirado las defensas antimisiles de Corea del Sur.
La guerra también ha revelado que el ejército estadounidense es vulnerable ante las nuevas formas de guerra. Estados Unidos utilizó municiones de alta tecnología por un valor de miles de millones de dólares para destruir las fuerzas aéreas y navales tradicionales de Irán, mientras que Teherán utilizó drones baratos y desechables para interrumpir el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y atacar objetivos en la región. El mundo vio cómo un país que gasta en su ejército una centésima parte de lo que gasta Estados Unidos puede intentar superarlo en un conflicto. Es un recordatorio de la necesidad urgente de reformar el ejército estadounidense.
El tercer gran costo de la guerra recae sobre las alianzas de Estados Unidos. Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y la mayor parte de Europa occidental se negaron a apoyar a Estados Unidos en esta guerra, algo que no es sorprendente, considerando el trato que Trump les ha concedido. Cuando exigió su ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz, la mayoría de los aliados se negaron. Estos países seguirán siendo aliados en aspectos importantes, pero han dejado claro que ya no consideran a Estados Unidos un amigo fiable. Están trabajando para construir relaciones más sólidas entre ellos, de modo que puedan resistir mejor a Washington en el futuro. “Quizá el mayor daño a largo plazo para Estados Unidos de la guerra en Irán se produzca en sus relaciones con los aliados de todo el mundo”, escribió el miércoles Daniel Byman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
La situación en Medio Oriente es más matizada. La decisión de Irán de atacar a sus vecinos árabes durante la guerra puede acercar a esos países a Estados Unidos. Pero eso es incierto. Arabia Saudita y otros países del golfo Pérsico han resultado perjudicados económicamente por la guerra y se sienten abandonados por el alto al fuego de Trump. Las últimas seis semanas les han dado motivos para cuestionar su juicio y su comprensión de sus intereses.
El cuarto revés afecta a la autoridad moral de Estados Unidos. A pesar de todos los defectos de este país, sigue siendo un faro para muchos en el mundo. Cuando los encuestadores preguntan a la gente adónde iría si pudiera, Estados Unidos es sistemáticamente la respuesta número 1. El atractivo de Estados Unidos se debe no solo a su prosperidad, sino también a su libertad y a sus valores democráticos. Trump ha erosionado esos valores durante toda su carrera política y quizá nunca tanto como la semana pasada, cuando profirió amenazas detestables sobre eliminar a toda una civilización en Irán. Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, hizo una serie de comentarios sanguinarios, incluida la amenaza de no ofrecer “ni cuartel ni piedad a nuestros enemigos”.
Esos casos serían crímenes de guerra. Trump y Hegseth han adoptado un enfoque cruel del conflicto armado que el mundo, liderado por Estados Unidos, rechazó tras la Segunda Guerra Mundial. Al hacerlo, han minado los cimientos del liderazgo mundial de Estados Unidos, que busca situar la dignidad humana en el centro de la defensa de un mundo más libre y abierto.
Nuestro comité editorial se opone desde hace tiempo al enfoque de Trump en la política y el gobierno. Sin embargo, sus fracasos en las últimas seis semanas no nos complacen. Para empezar, ha habido personas muertas y heridas y destrucción en Irán, Israel, Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos y otros lugares. Al menos 13 militares estadounidenses han muerto en la guerra.
También es un error que cualquier estadounidense —los críticos de Trump, entre ellos— desee que este país fracase. Todos tenemos un interés en el país que él dirige. También el resto del mundo libre. No hay otras democracias con la fuerza económica y militar para contrarrestar a China y Rusia. Cuando Estados Unidos es más débil y más pobre, como nos ha hecho esta guerra, el autoritarismo sale beneficiado.
La mejor esperanza ahora puede sonar ingenua, pero sigue siendo cierta. Trump debería reconocer por fin la ineptitud de su enfoque impulsivo y egoísta. Debería hacer partícipe al Congreso y buscar la ayuda de los aliados de Estados Unidos para minimizar los daños causados por su guerra.
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La guerra está convirtiendo a Irán en una potencia mundial
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