Trump se enfrenta a la realidad de la guerra en Irán
Las predicciones del presidente Trump de un conflicto relativamente corto con consecuencias económicas mínimas parecen desmoronarse.



Zolan Kanno-Youngs es corresponsal en la Casa Blanca. Reportó desde The Villages, West Palm Beach y Doral, Florida.
3 de mayo de 2026
Tras dos meses de guerra en Irán, el presidente Donald Trump se enfrenta a la complicada realidad de un conflicto que ha resultado costoso, profundamente impopular y que carece de un final claro.

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Los mercados energéticos están en turbulencia. El Pentágono ha hecho pública su primera estimación del costo de la guerra: 25.000 millones de dólares hasta ahora. Los principales republicanos del Congreso empiezan a impacientarse. Y Trump arremete contra aliados extranjeros, como Alemania, que no han mostrado interés en sumarse al conflicto.
El viernes, ante un grupo de sus partidarios, Trump insistió en que no se arrepentía de nada.
“Hice algo que fue, no sé, imprudente, valiente, pero fue inteligente”, dijo Trump en The Villages, una comunidad de jubilados en una zona sólidamente republicana. “Lo volvería a hacer”.
Aun así, las predicciones de Trump de un conflicto relativamente breve con consecuencias económicas mínimas parecen desmoronarse a su alrededor.
Trump ha defendido en varias ocasiones la guerra, que comenzó junto a Israel el 28 de febrero, y ha dicho que es imperativo que Irán nunca tenga armas nucleares. Estados Unidos e Israel han derribado objetivos militares y matado a altos dirigentes iraníes —incluido el líder supremo—, pero el gobierno de ese país sigue intacto y es capaz de infligir daño a Estados Unidos.
A medida que continúa el conflicto, Trump ha instado a los estadounidenses a ver las cosas “en perspectiva”, y ha citado las largas guerras de Vietnam e Irak para sugerir que la intervención de Estados Unidos en Irán “no es nada larga”.
Hace apenas tres semanas, Trump dijo que Irán había aceptado todas sus exigencias y sugirió que un avance estaba cerca. Irán colaboraría con Estados Unidos para retirar su uranio enriquecido, bajarían los precios de la energía y se apaciguaría una crisis mundial cada vez mayor con posibles graves ramificaciones políticas.
Nada de eso ha ocurrido.
Trump ha emitido mensajes contradictorios sobre el futuro de la guerra, pues ha argumentado que Irán quería llegar a un acuerdo al tiempo que afirmaba que los dirigentes de Teherán estaban tan “desunidos” que era difícil saber quién llevaba la voz cantante. También dijo que no valía la pena que sus enviados viajaran 18 horas en avión para negociar un acuerdo que quizá no llegara a buen puerto.
Y el viernes, tras decir que no estaba satisfecho con la última propuesta de Irán para reabrir el estrecho de Ormuz, Trump dijo: “francamente, quizá sea mejor que no hagamos ningún trato. ¿Quieren saber la verdad? Porque no podemos permitir que esto continúe”.El sábado, pareció redoblar la apuesta, y dijo en las redes sociales que estaba revisando la propuesta más reciente de Irán, aunque no podía “imaginar que fuera aceptable”.
Trump ha dicho que su modelo para Irán era la operación estadounidense en Venezuela en enero, cuando las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro. Pero ambos escenarios son muy diferentes. En Venezuela, solo se derrocó a Maduro, mientras que gran parte del resto del gobierno permaneció en su lugar y estaba dispuesto a colaborar con el gobierno de Trump. Ese no es el caso de Irán, en parte porque los dirigentes iraníes controlan amplias capacidades militares.

Por el momento, ambas partes parecen enfrascadas en una lucha de voluntades. Washington ha mantenido el bloqueo de la navegación iraní mientras los iraníes se han negado a acceder a sus exigencias de entregar el uranio enriquecido. El viernes, Trump calificó a la Marina estadounidense de actuar como “piratas” mientras celebraba la captura de uno de los buques cargueros iraníes. El sábado, un general iraní de alto rango dijo que era posible un nuevo enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos, según un informe de la agencia de noticias Fars.Trump también ha reconocido que podrían reanudarse los ataques militares. El sábado dijo a los periodistas en Florida que la reanudación de los ataques militares en Irán es una posibilidad, aunque no quiso dar detalles. “Pero es una posibilidad que podría ocurrir”, dijo.
Se espera que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado durante semanas, lo que aumenta la probabilidad de que los precios elevados de la energía se prolonguen. A pesar de las afirmaciones de Trump de que los precios del gas bajarán pronto, el secretario de Energía, Chris Wright, reconoció el mes pasado que podrían seguir siendo elevados durante el resto del año.
El cierre del estrecho también complica el importante viaje que Trump realizará a China dentro de dos semanas. El presidente Xi Jinping ha exigido a Estados Unidos que reabra la vía fluvial por la que China importa alrededor de un tercio de su petróleo y gas.
La guerra ha agravado las divisiones entre Trump y sus aliados a nivel mundial. Después de que el canciller alemán, Friedrich Merz, dijera que Trump estaba siendo “humillado” por la guerra con Irán, Trump arremetió contra el dirigente y su gobierno anunció que retiraría miles de soldados de Alemania. Sugirió que podría hacer lo mismo con Italia y España, que se han distanciado de la guerra.
El presidente se ha negado a pedir permiso al Congreso para continuar la guerra, a pesar de haber superado el viernes el plazo legal de 60 días para hacerlo. Su gobierno ha argumentado que no necesita dicha aprobación porque el alto al fuego detuvo esencialmente el reloj.
Apenas unas horas después de que se enviara la carta al Congreso, el presidente socavó su propio argumento.
“Saben que estamos en guerra”, dijo Trump en Florida. “Porque creo que estarán de acuerdo en que no podemos permitir que unos lunáticos tengan un arma nuclear”.
Algunos republicanos rechazaron el argumento del reloj detenido mientras crece la preocupación por el costo de la guerra a solo seis meses de unas elecciones intermedias en las que se prevé que los republicanos sufran pérdidas. A principios de esta semana, funcionarios del Pentágono dijeron que la guerra había costado hasta ahora 25.000 millones de dólares, aproximadamente el costo de la ampliación de los subsidios de Obamacare que estuvo en el centro del cierre del gobierno que se prolongó el año pasado.
Trump ha respondido repitiendo una y otra vez —incluso en una cena de Estado con la familia real y en un discurso sobre recortes fiscales en Florida— que la guerra vale cualquier subida de los precios de la gasolina si significa acabar con las capacidades nucleares de Irán.
Sin embargo, la mayoría de las encuestas muestran que la guerra es impopular entre los estadounidenses.
Matthew Bartlett, estratega republicano y exfuncionario del Departamento de Estado que trabajó en el primer gobierno de Trump, dijo que es probable que la falta de coherencia en los mensajes no satisfaga a los votantes.
“Los mensajes han sido más que un desastre”, dijo Bartlett. “Cabe señalar que esta semana los aspectos políticos, económicos e incluso diplomáticos siguen empeorando. La trayectoria ha sido descendente en todos los ámbitos y eso no es nada bueno mientras nos sumergimos en otra semana e incluso otro mes de guerra”.
Zolan Kanno-Youngs es corresponsal de la Casa Blanca para el Times, y cubre al presidente Donald Trump y su gobierno.
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Trump es el que no tiene las cartas sobre la mesa
3 de mayo de 2026

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Columnista de Opinión
El presidente Donald Trump recurre a menudo a metáforas de póquer. Le dijo al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que no tenía “ninguna carta” para enfrentarse a Rusia. Trump dijo a los dirigentes iraníes que no tenían “ninguna carta” para enfrentarse a él.
¿Podría alguien decirme cuándo es la noche de póquer en la Casa Blanca de Trump, porque me gustaría mucho sentarme a esa mesa?
Trump apuesta a que, al bloquear a Irán para impedirle exportar su petróleo, podrá obligar a Teherán a negociar según sus condiciones. Pero algunos expertos creen que Irán cuenta con suficientes ingresos y puede almacenar suficiente petróleo para aguantar al menos varios meses.
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Mientras tanto, Irán apuesta a que, al asfixiar el estrecho de Ormuz —y hacer subir los precios de la gasolina y de los alimentos para los estadounidenses y todos sus aliados—, Trump acabará actuando de acuerdo con su etiqueta TACO: Trump siempre se echa para atrás (“Trump Always Chickens Out”).
Es doloroso presenciarlo. Trump y Teherán se dicen mutuamente: “Aguantaré la respiración hasta que te pongas azul”. Ya veremos quién jadea primero.
La verdadera pregunta es: ¿Cómo ha podido el régimen de Irán resistir tanto tiempo —dos meses— contra el poderío militar combinado de Israel y Estados Unidos? La respuesta: Trump no comprende hasta qué punto la guerra asimétrica ha reconfigurado la geopolítica en los últimos años.
Pero no quiero ser demasiado duro con nuestro presidente. No es el único. Irán es para Trump lo que Ucrania es para Vladimir Putin, lo que Hizbulá y Hamás han sido para Benjamín Netanyahu y —atención— lo que la próxima generación de ciberdelincuentes será para China y Estados Unidos y cualquier otro Estado-nación.
Piénsalo: en junio pasado, Ucrania introdujo de contrabando en Rusia 117 drones baratos ocultos en el interior de camiones y destruyó o dañó una veintena de aviones estratégicos rusos, incluidos bombarderos estratégicos de largo alcance con capacidad nuclear valorados en varios millones de dólares.
Este año, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán utilizó drones Shahed-136 de 35.000 dólares para atacar dos centros de datos de Amazon Web Services, que costaron decenas de millones de dólares, en los Emiratos Árabes Unidos (un tercer centro de datos de Amazon, en Baréin, resultó dañado en un ataque cercano). Los dejó fuera de servicio, lo que interrumpió los servicios bancarios y de otro tipo en toda la región del golfo Pérsico.
Anteriormente, los comandantes de Hamás dijeron que fabricaban pequeños cohetes con tuberías de asentamientos israelíes abandonados, bombas israelíes sin explotar y otras municiones, e incluso con piezas de un buque de guerra británico de la Primera Guerra Mundial hundido frente a la costa de Gaza. Israel se vio obligado a utilizar misiles Patriot, que cuestan 4 millones de dólares cada uno, para interceptarlos.
En otras palabras, ya estamos en una nueva era en la que las pequeñas potencias y los pequeños grupos pueden aprovechar las herramientas de la era de la información —guiados por GPS y controlados digitalmente— para obtener ventajas asimétricas.
“Siempre hemos pensado en el poder en términos de capacidad para crear destrucción masiva”, me dijo en una entrevista John Arquilla, antiguo profesor de análisis de defensa en la Escuela Naval de Posgrado y autor del libro de próxima publicación Troubled American Way of War. En un mundo interdependiente, “tanto los que son muchos como los pequeños ahora tienen la capacidad de crear ‘perturbaciones masivas’ en el mundo físico o virtual”, desde el estrecho de Ormuz hasta el ciberespacio.
Trump inició esta guerra de forma temeraria, sin aliados, sin ninguna planificación de escenarios y, obviamente, sin entender realmente las ventajas de Irán en la guerra asimétrica. Sin embargo, sería un desastre para la región y para el mundo que el régimen maligno de Irán saliera intacto y sin reformas de esta guerra, porque los malos están a punto de disponer de un arsenal asimétrico aún más poderoso.
Esto es lo verdaderamente nuevo e inquietante: estamos pasando con velocidad de la era de la guerra asimétrica basada en “herramientas de la era de la información” que pueden causar perturbaciones masivas a lo que mi tutor tecnológico, Craig Mundie, antiguo jefe de investigación y estrategia de Microsoft, llama una era de guerra asimétrica basada en “herramientas de la era de la inteligencia” que pueden causar perturbaciones de forma barata a una escala mucho mayor en cualquier lugar y bajo demanda.
Se trata de una distinción muy importante. La era de la información —es decir, el periodo de las computadoras, los celulares, internet y el GPS— nos proporcionó herramientas que amplifican el poder y el alcance de un operador entrenado. Aumentó enormemente el poder de cualquier programador, operador de drones, ladrón de ransomware, jáquer, influente en las redes sociales o especialista en desinformación. Hizo más poderosa a cualquier unidad pequeña, pero los humanos necesitaban tener conocimientos básicos para manejar estas herramientas digitales. Y la intención humana siempre las dirigía.
En la era de la inteligencia, los agentes de inteligencia artificial basados en grandes modelos de lenguaje —como Claude de Anthropic, Gemini de Google y ChatGPT de OpenAI— ahora pueden ser dirigidos por humanos con una sola orden, y ejecutarán de forma autónoma y autooptimizada ciberataques de varias fases por sí mismos.
Dicho de otro modo, las herramientas de la era de la información amplificaron enormemente a los operadores entrenados dentro de las organizaciones, incluidas las terroristas. Las herramientas de la era de la inteligencia sustituyen a los operadores entrenados por agentes de IA mucho más inteligentes, autónomos y hábiles, con mayor alcance destructivo a un costo reducido.
Estas capacidades propias de la era de la inteligencia “que pueden superpotenciar a los individuos, y que muchos creían que llegarían en 18 meses o dos años, ya están aquí”, me dijo Mundie. “Cuando la naturaleza de doble uso de estas tecnologías de IA se democratice por completo —y hacia ahí nos dirigimos pronto—, supondrán una amenaza material para todas las sociedades desarrolladas” por parte de personajes con un poderío extraordinario “que históricamente nunca antes habían tenido cartas que jugar en absoluto”.
En otras palabras, todo el mundo con un chatbot/agente de IA potencialmente tendrá cartas. ¿Cómo podría verse eso? Echa un vistazo a un reciente artículo del Times escrito por Gabriel J. X. Dance. Empieza así:
“Una noche del verano pasado, David Relman se quedó helado ante su computadora mientras un chatbot de IA le decía cómo planear una masacre.
Relman, un microbiólogo y experto en bioseguridad de la Universidad de Stanford, había sido contratado por una empresa de inteligencia artificial para hacer pruebas de estrés a un producto antes de su lanzamiento al público. Aquella noche, en el despacho del científico, en su casa, el chatbot le explicó cómo modificar en un laboratorio un patógeno muy conocido para que resistiera los tratamientos conocidos.
Peor aún: el bot describió con lujo de detalles cómo liberar la superbacteria, al identificar una falla de seguridad en un gran sistema de transporte público, dijo Relman”.
Mi interpretación: has leído mucho sobre cómo Irán ha utilizado drones baratos de 35.000 dólares para cerrar el estrecho de Ormuz. Espera a ver cómo puede aprovechar grandes modelos de lenguaje y sus agentes de IA a un costo muy bajo.
¿Cómo obtendrá Irán acceso? Recuerda la historia que se publicó hace unas semanas: el gigante de la IA Anthropic anunció que su modelo de inteligencia artificial más reciente, Mythos, era sencillamente demasiado eficaz para encontrar vulnerabilidades en los sistemas operativos y otros programas de software con los que funcionan tantas empresas y servicios públicos. Días después, OpenAI hizo un anuncio similar sobre su propio modelo centrado en la ciberseguridad, GPT-5.4-Cyber.
Como informó Bloomberg, los fallos que Mythos ha descubierto son del tipo que “a menudo representan una mina de oro para los hackers, porque ofrecen una ventana de rienda suelta dentro de los sistemas vulnerables”.
Tanto Anthropic como OpenAI eligieron restringir la publicación de estos sistemas de IA solo a los generadores de software más críticos y responsables, para poder encontrar y arreglar sus vulnerabilidades antes de que estas herramientas pudieran publicarse algún día de forma más generalizada. Pero, ¿adivinas qué ocurrió?
Usuarios no autorizados se hicieron con Mythos de todas formas.
Bloomberg informó la semana pasada que algunas personas ajenas a la empresa obtuvieron acceso, pero Anthropic dijo que no tenía pruebas de que el acceso afectara a ninguno de sus sistemas. El grupo de usuarios no autorizados “está interesado en jugar con los nuevos modelos, no en causar estragos en ellos”, informó Bloomberg, con base en información de una fuente no identificada.
Es difícil exagerar el grado de desestabilización que podrían generar estos rápidos avances en la sofisticación de la IA, y por eso Mundie y yo llevamos tiempo sosteniendo que las dos superpotencias de la IA —Estados Unidos y China— necesitan encontrar la manera de seguir compitiendo estratégicamente (y seguramente lo harán) al mismo tiempo que cooperan para neutralizar estas nuevas amenazas asimétricas de la era de la inteligencia, de forma parecida a lo que hicieron Estados Unidos y la Unión Soviética para limitar la proliferación de armas nucleares en la Guerra Fría.
De lo contrario, ninguno de ellos estará a salvo. Ni lo estará nadie.
Cuando el chatbot se volvió malvado
La guerra está convirtiendo a Irán en una potencia mundial
¿Hasta qué punto la IA hará perder empleos?
Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre asuntos internacionales. Se unió al periódico en 1981 y ha ganado tres premios Pulitzer. Es autor de siete libros, entre From Beirut to Jerusalem, el cual ganó el Premio Nacional del Libro. @tomfriedman • Facebook
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