Irán, Taiwán y la tregua comercial: las cartas de Xi para negociar con Trump
China quiere que continúe la tregua comercial con EE. UU. Eso significa que Xi negociará con Trump para que no se impongan más aranceles, ni controles a las exportaciones, ni sanciones a sus empresas.



Por Lily Kuo
13 de mayo de 2026
Cuando Xi Jinping se reunió con el presidente Donald Trump el año pasado, el dirigente chino esgrimió el control de su país sobre los minerales críticos, una postura firme que ayudó a que Trump declarara una tregua comercial sostenida. Esta semana, cuando Xi recibe al presidente estadounidense en Pekín, tendrá otra carta poderosa para negociar: la guerra en Irán.

Mientras Estados Unidos ha estado en guerra, Xi ha hecho llamados a la paz y ha recibido a dignatarios extranjeros del golfo Pérsico y de Europa que buscaban su ayuda para terminar con la crisis. Justo antes de la visita del presidente estadounidense, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, viajó a Pekín en un recordatorio no tan sutil de la influencia de China sobre su socio en Medio Oriente.
“En realidad, la cuestión de Irán ayuda a China”, dijo Li Daokui, un destacado economista de la Universidad Tsinghua de Pekín.
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El experto sostiene que China tiene una importante influencia económica sobre Teherán que podría estar dispuesta a utilizar para alcanzar objetivos que le importan más, entre ellos, alejar a Estados Unidos de Taiwán, la isla autónoma que Pekín considera como parte de su territorio.
Esto debería darle a Xi una mayor confianza de cara a la cumbre que comienza el jueves, la primera reunión en persona de ambos líderes desde octubre. La Casa Blanca ha tratado de presionar a China, comprador clave del petróleo iraní sancionado, para que reduzca su apoyo a Teherán.
La útil influencia de China sobre Irán
China tiene sus propias razones para ayudar a finalizar el conflicto. Su economía ha sido afectada por el aumento de los precios de la energía. Una recesión mundial perjudicaría las exportaciones chinas, que son un importante motor de crecimiento. Sus reservas estratégicas de petróleo, aunque útiles, no son ilimitadas.
China ha instado a los funcionarios iraníes a negociar con Estados Unidos, pero no quiere resultar envuelta en una guerra que considera que Washington, en gran medida, debe resolver. Sin embargo, aunque no se implique militarmente, China podría estar dispuesta a colaborar con Estados Unidos en la reapertura del estrecho de Ormuz, una ruta marítima clave a través de la cual se envía hasta el 40 por ciento de las importaciones de petróleo de China.

“La parte china podría llegar a algún acuerdo con Estados Unidos diciendo: ‘Trabajemos juntos para persuadir a Irán de que mantenga abierto el estrecho’”, dijo Li, añadiendo que Pekín probablemente también querría garantías de que Estados Unidos no bloquearía la vía fluvial.
China aún podría ofrecer diversos incentivos a Teherán para que colabore con Washington, como préstamos, inversiones y ofertas de ayuda para la reconstrucción de la posguerra, según los analistas (sin embargo, es poco probable que Pekín presione a Teherán para que abandone su programa nuclear).
Discutir la venta de armas a Taiwán
Lo que Xi más desea de Trump está en otra parte: en Taiwán. Xi busca una suavización del apoyo estadounidense a la isla, ya sea mediante un retraso o una reducción de la venta de armas, o una declaración de que Washington se opone a su independencia. El gobierno de Trump ya ha retrasado el anuncio de un paquete de venta de armas a Taiwán por valor de 13.000 millones de dólares para evitar molestar a Xi.
Esta semana, Trump volvió a decir que tenía previsto discutir con China la cuestión de la venta de armas a Taiwán. Si lo hiciera, Trump podría estar violando un antiguo compromiso conocido como las Seis Garantías, un pilar de las políticas de Estados Unidos con Taiwán y Estados Unidos con China. Las garantías de la era Reagan se enviaron al presidente de Taiwán en 1982, y una de ellas se entiende generalmente en el sentido de que el gobierno estadounidense no consultaría con Pekín antes de una venta de armas a Taiwán.

Para Trump, poner esto sobre la mesa podría significar un alejamiento de décadas de política exterior estadounidense, dependiendo de cómo se abordara el tema, y sería una victoria para Xi.
Entre los estudiosos chinos más belicistas, la guerra en Irán también ha evidenciado la debilidad militar estadounidense y le ha dado a Pekín más confianza para presionar en la cuestión de Taiwán. Durante el conflicto, Estados Unidos tuvo que desviar activos militares fuera de Asia y a agotar sus reservas de municiones.
“El conflicto con Irán indica que Estados Unidos sencillamente no puede sostener una gran guerra con China por Taiwán. Eso está muy claro”, dijo Wu Xinbo, destacado especialista en estudios estadounidenses de la Universidad Fudan de Shanghái.
Redefinición de la relación
Para Pekín, en la cumbre no se trata tanto de obtener concesiones concretas como de redefinir los términos de la relación entre las dos superpotencias.
Xi buscará la validación de que su país, la segunda mayor economía del mundo, ahora es igual a Estados Unidos. Y que él, como su líder, es un homólogo de Trump. Es algo que Xi ha buscado desde que asumió el cargo en 2012 y un entendimiento que, según funcionarios y analistas chinos, anunciaría una relación más estable de coexistencia gestionada, aunque incómoda.
“Si el presidente estadounidense es el líder del mundo libre y Xi Jinping es su homólogo, ¿qué dice eso del liderazgo de Xi Jinping? Significa que también debe ser un líder mundial”, dijo Yun Sun, directora del programa sobre China del Centro Stimson de Washington.

China ha argumentado, más recientemente en un editorial de la agencia oficial de noticias Xinhua publicado el miércoles y titulado “Encontrar la forma correcta de que China y Estados Unidos se lleven bien como grandes potencias”, que Estados Unidos no debe creer que va a lograr todos sus objetivos con China. Criticó a Washington por pedirle ayuda a Pekín en asuntos que le preocupan —como ayudar a frenar el flujo de fentanilo a Estados Unidos— y, al mismo tiempo, perjudicar los intereses chinos cuando, por ejemplo, les impone sanciones a las empresas de ese país.
Sin embargo, esa dinámica ha definido la relación durante los últimos ocho años haciendo que se enfrenten por todo tipo de cuestiones: desde los orígenes de la pandemia de COVID-19 hasta la aparición de un globo espía chino sobrevolando Estados Unidos. Hoy en día, ambas partes siguen enfrentadas a causa del apoyo de China a Irán y Rusia, así como por los controles de exportación estadounidenses que privan a las empresas chinas del acceso a chips informáticos avanzados y a otras tecnologías.
China quiere ganar tiempo para fortalecerse
En última instancia, China quiere más estabilidad y que continúe la tregua comercial. Eso significa que no se impongan más aranceles, ni controles a las exportaciones, ni sanciones a sus empresas.
“Solo quieren tiempo y espacio para fortalecerse de cara a la futura competencia”, dijo Amanda Hsiao, directora de la Práctica China del Grupo Eurasia, quien estuvo recientemente en Pekín reuniéndose con académicos y funcionarios.
Pekín ya lo ha estado haciendo, construyendo lo que Xi denomina como “autosuficiencia nacional” en tecnología, pero también en comercio y ciencia. Desde que ambos dirigentes se reunieron por última vez hace seis meses, China ha afilado sus herramientas para infligir daño económico a sus rivales. Tras años de controles de las exportaciones estadounidenses, las empresas chinas están fabricando sus propios chips, mientras que firmas como DeepSeek están diseñando sistemas de inteligencia artificial que sortean las restricciones.
Pekín también ha demostrado que responderá si se le provoca: cuando Washington impuso sanciones a una refinería china en abril por comprar petróleo iraní, el gobierno de XI ordenó a sus empresas que no las cumplieran.
Sin embargo, para ayudar a establecer un tono positivo, China podría comprometerse a comprar aviones Boeing, soja estadounidense y carne de res estadounidense.
“Para los chinos, es un buen precio a pagar por la estabilidad”, dijo Hsiao.
Pei-Lin Wu colaboró con reportería.
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Por El Comité Editorial
El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.
Las cumbres entre Estados Unidos y China pueden cambiar el mundo. El viaje del presidente Richard Nixon a Pekín en 1972 le dio a Estados Unidos una ventaja sobre la Unión Soviética en la Guerra Fría. La gira del presidente Jiang Zemin por Estados Unidos en 1997 facilitó la entrada de China en la economía mundial y aceleró su ascenso nacional. La cumbre que comienza el jueves en Pekín entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping tiene lugar en otra coyuntura importante de la relación entre ambos países.
Cuando Trump ganó la presidencia por primera vez hace una década, tachó acertadamente a China de amenaza para los intereses estadounidenses y criticó a los anteriores presidentes de Estados Unidos por su ingenuidad. Sin embargo, en sus dos mandatos, Trump ha debilitado a Estados Unidos frente a China. El daño ha sido especialmente grave durante su segundo mandato.
Sus aranceles fallidos han sido el ejemplo central, pues han desencadenado acontecimientos que han sido una lección de humildad. Los aranceles resultaron ineficaces para intimidar a China incluso antes de que la Corte Suprema declarara ilegales algunos de ellos. En respuesta, China restringió el acceso de Estados Unidos a valiosos metales de tierras raras y se percató de cuánta influencia tiene. Para recuperar el acceso a los minerales, Trump accedió a permitir que China comprara semiconductores estadounidenses avanzados que impulsan la inteligencia artificial.
Trump también ha diluido instrumentos del poder estadounidense que durante mucho tiempo han sido cruciales para contener a los adversarios extranjeros. Ha distanciado a socios que pueden ayudar a contrarrestar a China, como Japón, Australia, India, la Unión Europea y Canadá. Ha recortado la financiación de la investigación científica, lo que ha disminuido la destreza estadounidense en inteligencia artificial, energía verde y otros ámbitos.
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Trump llega a Pekín sin el aura de fuerza que tanto aprecia. Su guerra en Irán ha perjudicado a la economía estadounidense, y al parecer planea presionar a Xi para que compre más productos estadounidenses, en agricultura y otros sectores. A cambio, Xi quiere debilitar el apoyo estadounidense a Taiwán y obtener un acceso aún mayor a los semiconductores estadounidenses. Cualquiera de estos intercambios sería un mal negocio para Estados Unidos.
Trump y sus ayudantes deberían reconocer que Xi tiene sus propios problemas, empezando por unos vecinos asiáticos recelosos, un declive inmobiliario, un mercado laboral decepcionante y un colapso demográfico. El resultado más seguro de la cumbre serían acuerdos estrechos sobre intereses compartidos, como límites a la inteligencia artificial para evitar el desarrollo de armas biológicas. Los dos países también deberían intentar estabilizar su relación y garantizar la continuidad de las comunicaciones militares bilaterales. Un acuerdo limitado en esta línea ganaría tiempo para que Estados Unidos deshiciera parte del daño de Trump y comenzara a reconstruirse para la larga competencia que se avecina.
La política hacia China es un área poco común en la que Trump cambió el consenso tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata. En su campaña de 2016, argumentó que China había explotado a Estados Unidos y que los líderes estadounidenses debían ser más duros. Tras asumir el cargo, impuso aranceles específicos a semiconductores, acero, electrónica, maquinaria industrial y otros productos. El gobierno de Joe Biden mantuvo o amplió en gran medida esos aranceles y reforzó las alianzas en Asia para frenar la agresión china. Durante un tiempo, Trump pareció haber iniciado una era bipartidista de realpolitik hacia un país que busca disminuir el poder estadounidense.
Sin embargo, como suele ocurrir, Trump mostró poca disciplina estratégica y les dio prioridad a sus intereses personales y políticos por encima de los de la nación. Antes de que terminara su primer mandato, había empezado a abandonar su aparente preocupación por China. En su segundo mandato, se ha vuelto aún más complaciente.
La Estrategia de Seguridad Nacional de su gobierno ya no utiliza la expresión “competencia entre grandes potencias” para describir la relación con China, como señaló Ryan Hass, de la Brookings Institution. En su lugar, Trump parece tentado a permitir que China domine Asia, mientras Estados Unidos se enfoca en América Latina y Medio Oriente. “Fue como si el presidente decidiera que Estados Unidos ahora se conforma con correr a un lado de China en lugar de frenarla o correr más rápido”, escribió Evan Medeiros para el Chicago Council of Global Affairs.
Los aranceles del segundo mandato fueron un ejemplo de sus fracasos. Se aplicaron a prácticamente todo el mundo, incluidos los aliados estadounidenses, y Trump los impuso de manera desordenada e ilegal. “Estados Unidos está perdiendo terreno en Asia”, concluyó recientemente el Lowy Institute, un centro de investigación australiano. En los últimos meses, la guerra en Irán ha continuado la tendencia. Algunos países escépticos respecto a China, como Vietnam y Filipinas, han recurrido, pese a todo, a Pekín en busca de ayuda para acceder a energía. Y la incapacidad de Estados Unidos para derrotar al ejército iraní, mucho más pequeño que el suyo, ha suscitado dudas sobre si podría ayudar a defender a Taiwán de una invasión china.
El mayor riesgo de la cumbre de esta semana es que Trump cambie las ganancias estadounidenses a corto plazo, como la exportación de más soya y otros productos agrícolas, por ventajas chinas a largo plazo. Xi, como parte de su esfuerzo por reunificar Taiwán con China continental, puede pedirle a Estados Unidos que se oponga explícitamente a la independencia taiwanesa o que retrase la venta de armas a la isla. Cualquiera de las dos medidas sería un error. Trump ya ha mostrado una preocupante falta de interés por el futuro de Taiwán como aliado democrático y socio económico.
Los semiconductores son otro motivo de preocupación. Taiwán fabrica muchos de los semiconductores que utilizan las empresas estadounidenses. China, por su parte, sigue significativamente por detrás de Estados Unidos en la carrera por desarrollar la IA más avanzada. El gobierno de Biden merece cierto crédito por la brecha, ya que se negó a permitir que las empresas estadounidenses vendieran la línea más avanzada de semiconductores a China. Trump ha mostrado una postura más débil en este asunto.
Xi tiene muchas ganas de que se eliminen las restricciones y Trump ha empezado a suavizarlas. China tiene ahora permiso para comprar los chips de gama alta H200 de Nvidia, pero sigue teniendo bloqueada la compra de los chips de gama alta de la compañía, conocidos como Blackwell. Si Trump alguna vez levanta esa restricción, le estará dando a Xi una enorme victoria.
La competencia entre Estados Unidos y China le importa al mundo entero. China quiere dominar Asia y ampliar su influencia mundial. Quiere desacreditar la democracia y restar importancia a los derechos humanos y la igualdad política. Quiere un mundo en el que se acepte la opresión étnica y religiosa. China es el aliado más importante de varias dictaduras brutales, como Rusia, Corea del Norte e Irán. Cualquiera que crea en el pluralismo, la libertad y otros valores liberales debería estar en contra de un mundo en el que Xi y el Partido Comunista Chino tengan más influencia.
La mejor esperanza para que Estados Unidos gane esta competición es rechazar el enfoque caótico e interesado de Trump para gobernar y hacer diplomacia. A largo plazo, Estados Unidos debería emplear una versión de la estrategia que prevaleció durante las largas luchas del siglo XX contra el fascismo y el comunismo. Eso implica alianzas para reconstruir los sistemas internacionales de comercio y seguridad para el mundo actual. Hacerlo llevará tiempo. En Pekín esta semana, Trump no debería dificultar la tarea concediendo a China más victorias.
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Fotografía original de William Sherman/Getty Images.
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