Los primeros cuentos de Benjamín Labatut: la Antártida existe
Se reedita el primer volumen de relatos del escritor chileno, publicado en 2010, que anticipa la exploración de los confines de la psique y la habilidad narrativa del autor de ‘MANIAC’



El cuento ha sido, históricamente, una de las modalidades más recurridas y prestigiadas de la narrativa latinoamericana. Desde la primera mitad del siglo XIX, período de surgimiento de las literaturas de las nuevas naciones del continente, varios autores se entregaron al cultivo de esta forma artística que sirvió, en aquellos momentos, como vehículo de expresión del proceso de definición de las identidades nacionales. Particularmente incisivo fue el caso cubano cuando, en la década de 1830, siendo la isla todavía colonia española, se “programó” —es la palabra precisa— la escritura de relatos como vía de construcción de una imagen del país en formación.
Ya en el siglo XX el cuento alcanza en esta rivera del Atlántico un notable esplendor, primero con los autores afiliados al modernismo y, luego, con la obra narrativa de Horacio Quiroga, uno de los grandes cuentistas de la lengua. A partir de la llegada de las vanguardias y hasta los años del boom, varios autores marcaron altas cotas de calidad estética con el cultivo de narraciones breves: Jorge Luis Borges con sus Ficciones, Virgilio Piñera con sus Cuentos fríos, Juan Rulfo con El llano en llamas o Julio Cortázar con sus compendios de cuentos —cuatro voces tan diferentes que se distinguen entre otros muchos cultores del género— confirman la vitalidad de esta modalidad narrativa en la literatura del continente.
El cuento, por supuesto, no ha dejado de escribirse en estas latitudes. Sin embargo, sus niveles de representatividad creativa y de consumo lector ya no son los mismos. Diversas razones han incidido en este proceso, entre ellos la desaparición de revistas y suplementos culturales, el medio natural en el cual aparecían muchas de estas piezas breves, y una evidente decantación del gusto colectivo por la novela, fenómenos que ha tenido su reflejo en las políticas de las grandes editoriales que muchas veces preferencian el factor comercial antes que el cultural. Y el cuento se ha convertido —y utilizo el título de un relato del gran cuentista Augusto Monterroso— en la “oveja negra” del mercado editorial de la narrativa de la lengua.
Concisión, ambigüedad y la sensación de haber entrado en una casa con diversas dependencias y algo notable en cada una
Por todo ello me parece una agradable sorpresa que un sello como Anagrama nos obsequie ahora con un libro de relatos, La Antártica empieza aquí (2026) del chileno Benjamín Labatut. Esta decisión comercial obviamente responde al éxito de público y crítica de las novelas del autor, en especial la multipremiada Un verdor terrible, precedente que facilitó el rescate de este volumen de cuentos que había aparecido en Chile en 2010 y hasta recibido un par de premios locales. Un libro que, además, advertía de lo que podía venir… y vino.
Compuesto por seis obras, la que da título a la colección, seguida por ‘La cura de Ana’, ‘Países bajos’, ‘Club de campo’, ‘Deseo’ y ‘Alfredo en cama’, asistimos al desfile de unas historias que van de realidades caóticas al absurdo desquiciado, todas pobladas por personajes desproporcionados, enajenados (cuando no completamente locos), fraudulentos, enfermos mentales (y también físicos) que contaminan con sus males a quienes se les aproximan y dan su sentido último a los argumentos.
Empleando la primera o la tercera persona narrativa, cada uno de estos cuentos tienen la notable capacidad de crear un micro mundo que da la impresión de ser el terreno de donde podría crecer una novela. Esta sensación es especialmente palpable en ‘La Antártica empieza aquí’, donde se narra la desventura de un periodista sin vocación que pretende ser escritor (sin que dé muchas razones para creer que pueda llegar a serlo) que se ve envuelto por razones profesionales en la búsqueda de un fantasma. Con un aliento que por momentos recuerda la estética de su compatriota Roberto Bolaño, Labatut lanza a su narrador-protagonista en la persecución de un escritor olvidado que, nadie sabe bien por qué, es mencionado como posible candidato al Premio Nacional de Literatura del país. Pero, lo que podría ser una pesquisa más o menos detectivesca se convierte en un viaje mental, con alteraciones físicas, hacia un confín perdido de la Tierra (el mismísimo infierno, sugiere el narrador) en el cual parece haber desaparecido un poeta que, por más señas, tenía expresas simpatías por el fascismo. La relación entre el narrador y los personajes que encuentra y los que no encuentra en ese tránsito hacia la nada se va convirtiendo en un proceso paranoico que llega a devorar al protagonista.
Este tipo de recorrido hacia la locura, la marginación, el olvido o incluso la muerte (y alguna resurrección) se van sucediendo en las otras piezas del libro, siempre con una alta densidad dramática, esa que nos advierte de que podrían ser el engendro de obras mayores. La habilidad narrativa de Labatut, sin embargo, consigue concentrar los conflictos y resolverlos con habilidad en cada uno de los relatos.
Especialmente logrado, junto a ‘La Antártica comienza aquí’ me parece el cuento ‘Deseo’, una historia (otra vez) de escritores (otra vez) víctimas de padecimientos psicológicos que recorren la neurosis, la depresión, la psicosis y la paranoia (si tal cuadro clínico fuera posible) en la construcción de dos vidas paralelas que se unen en el infinito de la creación (“El infinito es la realidad de las cosas, menos el límite”, como cita Labatut recordando a Pierre Janet). Autores sin noticia uno del otro que, cada cual por su lado, escriben el mismo relato, mientras recorren las vías de unas cotidianidades anodinas y desgastantes para llegar a convertirse en réplicas de sus propios personajes y, de algún modo, aniquilarse uno y otro.
Recorriendo este libro se puede recuperar el gusto por leer piezas de este género. Brevedad, concisión, ambigüedad, lenguajes directos o bien elaborados y la sensación de haber entrado en una casa que tiene diversas dependencias y algo notable en cada una de ellas. Todo en un trámite que se resuelve con relativa rapidez pero sin que mengüe el disfrute estético. En fin, que el relato breve sigue siendo buena literatura si se le asume con rigor y se le apoya con talento, como lo hace Benjamín Labatut en este, su viaje iniciático a diversos infiernos de la mente humana y que, aquí, en lugar de llamas, está poblado de hielos quemantes, como los de la Antártida.

La Antártica empieza aquí
Benjamín Labatut
Anagrama, 2026
168 páginas, 18,90 euros
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