Las dos grandes revoluciones del Caribe: Cuba y Haití
Las dos grandes revoluciones del Caribe, Haití y Cuba han producido los dos países más empobrecidos de la región. No porque las revoluciones desemboquen necesariamente en pobreza sino porque el costo de la libertad es el castigo de los imperios…



Las dos grandes revoluciones del Caribe, Haití y Cuba han producido los dos países más empobrecidos de la región. No porque las revoluciones desemboquen necesariamente en pobreza sino porque el costo de la libertad es el castigo de los imperios, Francia impuso reparaciones a Haití y Estados Unidos un bloqueo total a Cuba. Así se aseguraron de convertirlas en escarmientos y no ejemplos para el resto de los países del hemisferio Americano.
La revolución de Haití fue la primera y única insurrección contra la esclavitud que triunfó. También fue la primera república latinoamericana y la que apoyó las guerras de independencia de América Latina. Sin Haití no habría repúblicas latinoamericanas. La revolución de Cuba puso fin a la política de repúblicas bananeras obligando a los norteamericanos a reconocer sus errores y a crear la Alianza para el Progreso. Aunque la Alianza fracasó, abrió nuevos espacios y maneras en la relaciones entre América Latina y Estados Unidos.
En Haití, la independencia conquistada por esclavos emancipados fue respondida por Francia con la llamada Indemnité de l’Indépendance, una deuda de 150 millones de francos que hipotecó al nuevo Estado durante más de un siglo y desvió sus recursos hacia bancos franceses, consolidando un régimen de dependencia financiera. Aunque Francia recibió el último pago directo de la indemnización en 1888, el gobierno de los Estados Unidos financió el Banco Nacional de Haití en 1911 para recaudar los intereses relacionados con la deuda. En 1922, el saldo restante de la deuda con Francia fue transferido a inversionistas estadounidenses. En 1947, Haití realizó los últimos pagos de intereses asociados a la deuda al National City Bank of New York (hoy Citibank).
En Cuba, la revolución de 1959 enfrentó un cerco distinto pero equivalente en su lógica punitiva: el embargo estadounidense de 1962, reforzado por las leyes Torricelli y Helms‑Burton, que bloquearon el comercio, financiamiento e inversión extranjera, internacionalizando el aislamiento económico de la isla. Así, tanto la deuda impuesta a Haití como el bloqueo contra Cuba funcionan como mecanismos de disciplina imperial que buscan demostrar que la soberanía política tiene un costo económico devastador cuando desafía los intereses de las metrópolis.
Donald Trump pretende regresar a la política del gran garrote bajo su nueva doctrina “Donroe”. Pero esta nueva política no se trata de “liberar a Cuba”, como tampoco se ha “liberado” a Venezuela. Se trata del regreso al “capitalismo imperialista”, encabezado por la oligarquía billonaria estadounidense. No debe confundirse el reemplazo del gobierno Cubano o Venezolano con la “liberación” de Cuba y Venezuela. Lo que se propone es un cambio de dueño sobre recursos y propiedades. La oligarquía billonaria estadounidense ya ha manifestado sus intenciones, Trump dijo sin ambages que el petróleo venezolano era de Estados Unidos. Asimismo, ayer el medio digital 14yMedio divulgó que la empresa minera canadiense Sherritt International ha firmado un acuerdo preliminar con la firma Gillon Capital, propiedad de Ray Washburne, ex asesor del presidente Trump, para comprar hasta el 55% de sus acciones. Cuba posee una de las mayores reservas de níquel laterítico del mundo y el cobalto, que es un subproducto de éste, es un componente importante para las baterías de vehículos eléctricos.
No nos llamemos a engaños, la amenaza a Cuba no se deriva de la misericordia sino de la voracidad económica estadounidense y del revanchismo del exilio cubano. Ciertamente, el pueblo cubano, notará un cambio a corto plazo si se levanta el bloqueo y se canaliza ayuda humanitaria, pero para ello no sería necesario invadir ni derrocar al gobierno, una solución negociada sería viable. Presenciamos uno de esos vuelcos reaccionarios de la historia: el regreso del “imperialismo yanqui” como se conoció en los tiempos de la revolución.
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