El cometa 3I/ATLAS es un fósil viviente casi tan viejo como el Big Bang, según un revolucionario estudio basado en datos del James Webb
Los investigadores estiman que este visitante interestelar nació, como mínimo, hace 12.000 millones de años. Esto situaría su origen en los albores de nuestro universo



Colaborador de National Geographic España
Desde que fuese descubierto a principios de julio de 2025, el cometa 3I/ATLAS, tercer objeto interestelar detectado adentrándose en nuestro sistema solar tras 1I/’Oumuamua y 2I/Borisov, ha dado mucho que hablar. Por un lado, por todos aquellos que trataban de encontrar firmas tecnológicas en él. Por otro, por quienes querían averiguar si podía ayudarnos a comprender mejor el universo que habitamos. No es de extrañar que la NASA, la ESA y demás agencias internacionales hayan puesto todas sus herramientas a disposición de la ciencia con el propósito de estudiarlo. Entre ellas, el telescopio espacial James Webb, que es el más potente de todos los que hay en órbita. Al menos, hasta el lanzamiento del Nancy Grace Roman.
Precisamente, un reciente estudio publicado en Nature y elaborado a partir de datos del James Webb ha tratado de poner fecha exacta a su nacimiento y al lugar en el que fue fabricado. Según indican sus autores, este viajero espacial no pertenece a nuestro entorno cercano, sino que se formó hace aproximadamente 12.000 millones de años, apenas un suspiro temporal posterior al nacimiento del cosmos.
Como decíamos, la investigación ha sido posible gracias a la potente tecnología del telescopio espacial James Webb, pero también al observatorio terrestre ALMA situado en Chile. En concreto, se centró en la coma gaseosa del objeto durante su trayectoria de salida del sistema solar exterior en diciembre de 2025. Los datos obtenidos muestran que este fragmento de hielo y polvo es un vestigio extraordinariamente bien conservado de un sistema planetario ancestral totalmente ajeno al nuestro.
Un origen primitivo
Para determinar la asombrosa longevidad de este cuerpo celeste, los astrónomos se centraron en estudiar las sutiles variaciones en las firmas moleculares de sus emisiones de agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono. El análisis espectroscópico desveló que el agua congelada presente en el cometa 3I/ATLAS posee un 0,98% de deuterio, un isótopo pesado del hidrógeno. Esta cifra resulta ser 10 veces superior a los niveles detectados en cualquier otro cuerpo celeste analizado previamente dentro de nuestro sistema solar.
Los modelos físico-químicos aplicados por el equipo internacional indican de forma unánime que un enriquecimiento tan elevado de deuterio solo ocurre bajo condiciones sumamente específicas. Esta firma atómica requiere que el hielo de agua se sintetizase directamente sobre granos de polvo cósmico en entornos con temperaturas extremas que descendieron hasta los 30 Kelvin, lo que equivale a unos 243 grados bajo cero. Este ambiente gélido y primitivo confirma que el objeto mantiene su estructura química original desde el momento exacto en el que ocurrió su acreción planetaria.
Otro factor crucial para descifrar esta biografía estelar fue la extraña proporción encontrada entre los isótopos de carbono-12 y carbono-13 en la atmósfera gaseosa del cometa. A diferencia de la homogeneidad detectada en los meteoritos y las rocas de la Tierra, los niveles de carbono de este cuerpo interestelar mostraron una anomalía inédita. La notable escasez de carbono-13 indica de manera inequívoca que el objeto nació en una época remota de la galaxia, cuando todavía existía una baja presencia de metales y elementos pesados en el medio interestelar.
Al cruzar estas firmas químicas con los modelos de evolución de la Vía Láctea, los científicos determinaron que el nacimiento del objeto coincide con una intensa fase de formación estelar temprana. Toda esta valiosa información recopilada por las agencias espaciales convierte al viajero en una cápsula del tiempo que nos conecta con una zona galáctica antigua que ya ha desaparecido por completo de la existencia actual. De hecho, el planeta más antiguo conocido que se denomina Matusalén (PSR B1620-26 b) supera a este objeto por solo 700 millones de años.
Un fósil galáctico
El astrofísico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y autor principal del estudio, Martin Cordiner, explicó el profundo impacto de este descubrimiento histórico para la comunidad científica global. El investigador especialista en astroquímica destacó la relevancia de analizar estos materiales primitivos que cruzan el espacio de forma caótica. «Esta fue una oportunidad única para estudiar un objeto antiguo de una galaxia distante, probablemente anterior a nuestro Sol y al sistema solar«, afirmó textualmente el experto para detallar el valor del hallazgo.
Las conclusiones finales del artículo científico demuestran de forma sólida que los procesos de formación de bloques planetarios helados ya eran viables en los discos primitivos de baja metalicidad. Aunque la acreción en estas zonas galácticas primordiales solía ser mucho menos eficiente, este fragmento preservado evidencia que las condiciones necesarias para crear cometas ya existían hace 12.000 millones de años. Las anomalías químicas del viajero imponen severas restricciones a las teorías actuales, obligando a replantear cómo se distribuyeron los elementos químicos al principio de los tiempos.
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