La relevancia de La Cuarterona no es negociable
“La cuarterona” de Alejandro Tapia Rivera, adaptación de Roberto Ramos Perea, se presentó en el teatro Francisco Arriví de Santurce del 12 al 21 de junio de 2026, en la V Edición del Festival Arriví .

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
En 1994, cuando estudiábamos en el Centro de estudios avanzados de Puerto Rico y el Caribe, llegábamos a clases con tiempo de anticipación suficiente para conversar a nuestras anchas con el Dr. José Ramón de la Torre (1935-2022), a quien habíamos adoptado como mentor.
Hablar con el profesor era todas las escuelas. Como hijo de la primerísima actriz puertorriqueña Mona Martí (1901-1985), como niño que había crecido en San Juan, como condiscípulo de Juan Carlos de Borbón en la Complutense, era dueño de cientos de crónicas enriquecedoras.
De la Torre recordaba haber visto a Luis Llorens Torres improvisando piropos a las muchachas que pasaban frente a la farmacia donde se reunía con dos o tres en Viejo San Juan. De la misma manera, el profesor recordaba los directores teatrales que habían trabajado con su mamá, y detallaba sus montajes.
Entre todas sus conversaciones apreciábamos las que tenían que ver con crítica literaria, dicho sea de paso, el tema se relacionaba con la materia que tomábamos con él. José Ramón de la Torre sentía predilección por la literatura puertorriqueña, le apasionaba José Gautier Benítez y el encantaba dar ejemplos de escritores puertorriqueños que adelantaron estilos, como José de Jesús Dominguez (1843-1898) con su poema modernista “Las huríes blancas” publicado en 1886 antes de la publicación del libro Azul de Rubén Darío (1967-1916) en 1888.

Uno de los estandartes que sostenía con más fuerza era la defensa de Alejandro Tapia y Rivera como figura de importancia mundial. Afirmaba con mucha convicción que Tapia y Rivera sería reconocido con todo su valor en un futuro cercano por investigaciones y descubrimientos.
De la misma manera decía que en su momento no fue tan conocido como Henrik Ibsen por la desventaja de Puerto Rico como colonia española vs Noruega con toda su exposición de país cultural.
En la época de Tapia, todo llegaba tarde a Puerto Rico. Cuando tenemos que construir un vestuario, por ejemplo, recordamos siempre las palabras de la maestra Gloria Sáez: “Si la obra se ubica en 1878 en Puerto Rico, hay que acudir a la moda de cinco años antes, en París!”.
En cierta ocasión, para explicar la grandeza de Alejandro Tapia y Rivera, de la Torre hizo una comparación de “La cuarterona” a la luz de “Casa de Muñecas” de Henrik Ibsen.
“La cuarterona” (romanticismo tardío) estrenó en 1878, en el Teatro Moratín de San Juan, sin éxito aparente. La obra fue escrita en 1866 y publicada en 1867, pero su estreno se retrasó por censura. “Casa de muñecas”, icono del realismo en el teatro, estrenó después, el 21 de diciembre de 1879, en el Teatro Real de Copenhague y fue un escándalo.
Aquí es donde Tapia se vuelve fascinante. “La cuarterona”, evidentemente romántica, explora temas que son propios del realismo: crítica social directa, racismo, esclavitud, hipocresía colonial, denuncia de estructuras opresivas, como hizo Ibsen después.
“La cuarterona” de Alejandro Tapia Rivera, adaptación de Roberto Ramos Perea, se presentó en el teatro Francisco Arriví de Santurce del 12 al 21 de junio de 2026, en la V Edición del Festival Arriví, como parte de la conmemoración de los 200 años del natalicio de Tapia y Rivera. Fue una producción de la Compañía Nacional de Teatro, en alianza con el Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Al escuchar a Roberto Ramos Perea hablarle al público antes de la función a la que fuimos el viernes 19 de junio, sobre la censura que tuvo que enfrentar Tapia y Rivera, y la importancia histórica de la puesta en escena, pensamos en la predicción del Dr. José Ramón de la Torre en 1994 y nos conmovimos.

Conforme escrito por Roberto Ramos Perea en una red social “la Compañía Nacional de Teatro seleccionó “La Cuarterona” para el Festival Arriví en el Arriví porque fue la inspiración del mismo Francisco Arriví para componer su obra cumbre del teatro puertorriqueño contemporáneo, “Vejigantes”, escrita en 1957”.
La promoción de la obra en los medios prometió una restauración fiel del texto de 1867, con las porciones censuradas y con el toque de la versión de Roberto Ramos Perea. La promoción prometió y cumplió.
La historia es romántica. Julia y el conde Carlos se aman. La sociedad veta esa unión porque el conde es blanco y Julia es cuarterona, o sea una cuarta parte de su sangre es negra. Esto se traduce como el efecto de la unión de una mulata con un blanco, o viceversa.
Parece fascismo, ¿verdad?, y en “Insularismo” (1934), Antonio S. Pedreira (1899-1939) lo explica muy bien. Aquí nos urge insertar nuestro comentario.
No vemos diferencia entre el asunto de “La cuarterona” a lo que vivimos en nuestra adolescencia en la década de 1960. A tales efectos recordamos el consejo de un sacerdote amigo de la familia de mi padre, provocado por la conmoción que causó en las Hijas Católicas de América nuestro “amiguito” mulato: “Niña, si te casas con ese, los niños saldrán cuarterones y vivirán acomplejados”.
Aunque hemos dado pasos trascendentales, aun nos quedan carreteras por pavimentar. En la tercera década del siglo 21 la pertinencia de “La cuarterona” no es negociable.
La lección magistral impartida por Roberto Ramos Perea antes de la función es de suma relevancia y resulta imprescindible conocerla. Los datos aparecen en su libro “Tapia el primer puertorriqueño” y en un documental homónimo de fácil acceso en YouTube.
No era nuestra primera vez con un montaje de La cuarterona ni tampoco fue el primer montaje de esta obra a la batuta de Roberto Ramos Perea que hemos visto. En esta ocasión la esencia de la raza negra navegó entre dimensiones holísticas.
Al entrar en la sala, “programa de mano en mano”, encontramos una escenografía sin paredes, muy bien dividida en áreas asignadas a las distintas dependencias de una casa de familia pudiente. Los muebles eran unos cuantos y no interferían la visual. Los actores lucían cómodos desplazándose en sus intervenciones. Una cama de época se colocó en una pequeña plataforma derecha arriba del espectador.
En la segunda mitad del siglo 19, los helechos se pusieron de moda como elemento decorativo del interior. Este fue un recurso muy efectivo que la escenografía aprovechó. Tal vez debió darle mejor forma de época al arreglo de flores al extremo izquierdo primer plano del espectador y de la misma manera, al florero. Pero ese detalle no malogró el concepto.

La iluminación (Camila Pérez) acarició el escenario con acierto y belleza. Sentimos un alivio muy grande cuando vemos a los actores y esta fue esa gloriosa ocasión.
Sentimos el mismo alivio cuando escuchamos y entendemos todo lo que dicen los actores, sobre todo cuando el diálogo es magistral. Gracias por eso.
Los actores ejecutaron sus roles con dignidad y fidelidad. Entendemos que pudieron trabajar un poco más sus reacciones.
El director abrazó el estilo romántico, sin acudir al melodrama, lo cual, confesamos, es de nuestra predilección. Son pocas las veces que podemos disfrutar el romanticismo bien hecho en nuestros escenarios. Lo apreciamos de todo corazón.
Sobresalió Melissa Reyes como Julia, la bella isleña con la marca de cuarterona a la usanza del carimbo existencial, una de sus mejores actuaciones. ¡Brava!
De la misma manera Nelson Alvarado como el afrancesado Luis manejó el romanticismo con gracia y picardía.
Completaron el elenco Israel Solla como el conde Carlos; Sonia Rodríguez como la Condesa; Luis Javier López como el esclavizado Jorge; Jesús Aguad como el nuevo rico don Críspulo; Cybele Delgado como la señorita Emilia, y Basilia Encarnación y Yaria Hernández como las esclavizadas María y Mamá Juana.
La dirección de Ramos Perea tuvo momentos poderosos, como el principio con el parto de Mamá Juana, todas las intervenciones de Melissa Reyes y el impresionante final. Podría mejorar el tráfico escénico y las entradas y salidas (demasiadas veces y a la vez por el mismo sitio).
No obstante, a la luz de lo que el todo del montaje grabó en el público desde el final hasta la llegada a nuestros hogares donde no dejamos de reflexionar, afirmamos que funcionó con efectividad.
Seguimos a la Compañía Nacional desde los tiempos del Conservatorio de Arte Dramático en el Ateneo Puertorriqueño, donde tantas veces nos encontramos para disfrutar de buen teatro puertorriqueño interpretado por estudiantes que daban lo mejor en cada producción. Extrañamos aquellos momentos.
Sin embargo, reconocemos que ver crecer en escena a aquellos actores que dieron allí sus primeros pasos, algunos también convertidos en diseñadores y en directores nos produce una orgullosa satisfacción que celebramos.
Felicitamos a Roberto Ramos-Perea, no solamente por su adaptación, dirección, intención, perseverancia y acción, también por poner el teatro histórico puertorriqueño al alcance del público en general, que es al principio, en el medio, y al final, el verdadero privilegio de nuestro archipiélago.

Completan el equipo: Sonia Rodríguez (ambientación y utilería); Israel Solla y Anthony Delgado (escenografía); Nelson Alvarado Jiménez (vestuario y producción ejecutiva); Christian Ramos (realización técnica de sonido); Andrea Rivera (realización técnica de luces); Gina Figueroa Hamilton (regiduría de luces); Ugoh (música incidental y regiduría de sonidos); Christian Ramos (realización técnica de sonido); Angela Mari (asesoría actoral); Luis Javier López (codirector); Melissa Reyes Pérez (producción ejecutiva).
La celebración continúa. ¡Nos vemos el 19 de julio en el gran Bazar Tapiano, a beneficio del Instituto Alejandro Tapia y Rivera en la calle Soldado Rafael Lamar 378, Hato Rey!
Sobre el Instituto Alejandro Tapia y Rivera
Fundado por Roberto Ramos-Perea en 2011, con la misión de ser un centro de investigación y difusión dedicado a la obra y la figura del Maestro Alejandro Tapia y Rivera y sus contemporáneos, así como de toda la literatura dramática y el acervo cinematográfico nacional y diaspórico, la literatura e intelectualidad de la afro descendencia así como la política, sociedad, y cultura fundacional desde el siglo XIX hasta sus manifestaciones contemporáneas del presente siglo.
Sobre la Compañía Nacional de Teatro
Realiza temporadas de Teatro Puertorriqueño tanto clásico, histórico, como contemporáneo, sin excluir la producción de cine, televisión, radio, edición y cualquier otro medio que sirva a estos fines.
Las producciones de la Compañía Nacional de Teatro son gratuitas, consideran que la cultura es un derecho de los pueblos y no un privilegio del que pueda pagarla.
Es un vital compromiso representar los clásicos de nuestra dramaturgia y la compañía cuenta con un equipo de actores profesionales, músicos, diseñadores y técnicos, todos ellos egresados del Conservatorio de Arte Dramático y del Departamento de Drama de la UPR.
https://www.institutoalejandrotapia.org/about-1-1
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