Un balance político del Mundial de Fútbol | El Mundo Según Ramonet
En el podcast de esta semana, el periodista Ignacio Ramonet hace un balance político del Mundial 2026. Aunque la organización ha sido un éxito con estadios llenos y aficiones entusiastas, el torneo ha estado marcado por escándalos: la FIFA vetó la entrada a
Mundial de Fútbol: el peso de jugar en casa
Jugar en casa puede ser el mayor orgullo o la peor pesadilla. Descubre cómo la localía en el Mundial de Fútbol se convierte en un arma de doble filo capaz de quebrar a los favoritos o hundir a los anfitriones bajo el peso de su propia historia.

Pocas tragedias futbolísticas duelen tanto como el histórico 7-1 de Alemania sobre Brasil. Recordamos cómo el estadio Mineirão de Belo Horizonte fue testigo de la peor caída de un favorito en su propio patio. Foto: Copa Mundial de la FIFA
16 de julio de 2026 Hora: 21:13
En la Copa del Mundo de Fútbol, todo parece conspirar para que jugar en casa sea un privilegio. Los colores de la selección invaden las gradas, los himnos retumban en el pecho de todos, y el aire mismo parece contener la respiración de un país que sueña, espera y teme al mismo tiempo.
Pero hay veces en que esa misma grada, ese mismo entusiasmo, se transforma en un juez implacable. La localía, lejos de ser un escudo, se convierte en una presión que se mete por las venas, se cuela en cada pase o decisión, hasta convertir el soñado Mundial de casa en un escenario de humillación histórica.
En el fútbol, la historia no perdona a los favoritos que tropiezan en su propio patio. Pocas imágenes son tan elocuentes como el 7‑1 de Alemania sobre Brasil en la semifinal de 2014, en el estadio Mineirão de Belo Horizonte. Era el gigante de América, anfitrión, candidato número uno, con el peso de cinco estrellas en la pechera y la mirada del mundo clavada en cada movimiento. En veinte minutos, el sueño se quebró: cinco goles alemanes y un silencio sepulcral reemplazó al rugido de la multitud. El estadio dejó de ser un templo para volverse un cementerio emocional. Fue una caída ante la exigencia imposible depositada por un país a sus jugadores.
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Más allá de los registros estadísticos, el resultado se incrustó en la memoria colectiva, como ejemplo de lo que sucede cuando el factor de localía se convierte en arma de doble filo: estimula y motiva; pero puede quebrar los nervios más templados.
Mucho antes de ese 7‑1, el fútbol ya había aprendido la lección con el Maracanazo de 1950. Brasil llegaba invicto al último partido del torneo, en el estadio Maracaná, ante 173.850 espectadores que ya daban el título por hecho. El país respiraba la victoria antes de terminar el partido, pero Uruguay, tranquilo, sobrio y sin el peso de la expectativa, se impuso por 2‑1.
Aquel día, el estadio más grande del mundo quedó en silencio, y el fútbol comprendió cómo la presión de ser el favorito en casa puede ser tan pesada como una maldición.
La carga del sueño devenido obligación, en formas distintas, ha marcado a otros anfitriones. En Sudáfrica 2010, el continente africano recibió por primera vez la Copa del Mundo con esperanza y orgullo. Pero el equipo local no avanzó más allá de la fase de grupos, convirtiéndose en el primer anfitrión en la historia incapaz de superar la primera ronda. Más cerca en el tiempo, Qatar 2022 volvió a mostrar ese patrón: un país pequeño, exótico y rodeado de lujo albergaba el Mundial más compacto de la historia. Sin embargo, el equipo local también se despidió en la fase de grupos.
El anfitrión no tiene el lujo de perder. Cuando el equipo se derrumba, el golpe resuena en el marcador, pero sobre todo en las conversaciones de barrio, en frases que se repiten por generaciones.
Los goles recibidos en casa se sienten como una bofetada al país que intentó construir infraestructuras perfectas. El peso de familias y comunidades que viajan a ver al futbolista, deviene presión insoportable que altera la concentración y la prudencia.
Pero no todo es tragedia. La historia también guarda ejemplos de anfitriones que supieron domar la presión y transformar la localía en combustible: Italia 1934, Inglaterra 1966, México 1970, Argentina 1978, Francia 1998.
El Maracanazo, el 7‑1 de 2014, las eliminatorias prematuras de Sudáfrica y Qatar, son páginas distintas de un mismo libro, donde el protagonista es siempre el mismo: el peso de jugar en casa, cuando la esperanza se vuelve demasiado grande para soportarla.
Autor: teleSUR: Boris Luis Cabrera – JNQ – JB
Fuente: FIFA.com
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