Trump intensifica la ofensiva en Irán y redobla su guerra comercial con el mundo a costa del bienestar de sus ciudadanos

El persistente bloqueo del estrecho de Ormuz, al que se añaden crecientes tensiones en el Mar Rojo, vuelve a disparar los precios del petróleo, mientras los nuevos aranceles amenazan con golpear los maltrechos bolsillos de los estadounidenses a cuatro meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca el 14 de julio de 2026 en Washington, DC. Andrew Harnik/Getty Images

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —

25 de julio de 2026 22:46 h

Actualizado el 26/07/2026 05:30 h

4

Seguir al autor/a

La guerra de Irán dispara el precio del petróleo. Las tensiones en el Mar Rojo, derivadas de la nueva ofensiva de EEUU, suponen otro elemento que repercute en los precios de la gasolina que pagan los estadounidenses, que esta semana ha vuelto a superar los 4 dólares por galón —3,7 litros—, un 33% más que hace un año.

En este contexto, a cuatro meses de las elecciones legislativas de noviembre en las que Donald Trump se juega el control de la Cámara de Representantes y el Senado; es decir, el poder legislativo total que ahora tiene, el presidente de EEUU ha decidido mantener la guerra comercial con todo el mundo recurriendo a una norma de hace medio siglo para golpear a 60 socios comerciales —más de 80 países, incluidos los de la UE— con la excusa de no combatir suficientemente la explotación laboral y el trabajo infantil.

A pesar de que la economía da señales de alarma —paro estancado en el 4,3%; inflación en el 3,5% y economía creciendo al 2%— en un mitin en Marietta, Georgia, este miércoles, Trump pareció imperturbable ante las repercusiones de la guerra con Irán a pesar del impacto directo en los bolsillos de los estadounidenses. Así, el presidente de EEUU dijo que la inflación estaba “muy baja”, a pesar de que supera de largo el objetivo del 2% y está a la cabeza de los países del G7 —la media de la UE es el 2,8%—, y prometió que los precios de la energía “bajarían, quizás incluso más que al principio-. Pero denme un poco de tiempo”.

“Trump parece estar haciendo todo lo que está a su alcance para hundir la economía estadounidense”, explica a elDiario.es Dean Baker, economista senior del Center for Economic and Policy Research (CEPR): “El aumento de los precios de la energía derivado de la guerra en Irán lastra el gasto de los consumidores, ya que a muchas personas les cuesta pagar el combustible. Los salarios ya no siguen el ritmo de los precios, por lo que la mayoría de los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo. Los mayores costes energéticos también se trasladarán a los precios finales, dado que el sector del transporte por carretera, los agricultores y otras industrias de alto consumo energético verán aumentar sus facturas. La pérdida de mano de obra inmigrante también impulsará al alza los precios y provocará trastornos en numerosos sectores, especialmente en la sanidad, la construcción, la restauración y la agricultura”.

Y añade: “La burbuja de la inteligencia artificial ha sido el principal motor de fortaleza de la economía; sin embargo, a medida que se ralentiza el crecimiento de su uso y China gana una mayor cuota de mercado, es posible que la realidad alcance a las empresas de IA y a sus proveedores. Un desplome importante del mercado bursátil probablemente desembocaría en una recesión. En resumen, nos enfrentamos a graves problemas económicos, la mayoría de ellos causados por las políticas de Trump”.

Goldman Sachs, informa The New York Times, ha pronosticado que una intensificación significativa de la guerra, que tiene el precio del petróleo en torno a los 100 dólares el barril, promete disparar la inflación más allá de productos como los alimentos y la energía en los próximos meses. Y todo ello después de que en abril Estados Unidos e Irán alcanzaran un acuerdo para un alto el fuego inicial, que trajo consigo una caída de los precios.

La Asociación Nacional de Directores de Asistencia Energética calcula que el coste medio de un hogar con calefacción de petróleo podría ascender a 1.700 dólares este invierno si el crudo se mantiene en 100 dólares por barril, lejos de los aproximadamente 1.100 dólares del invierno pasado.

A todo esto se suma la nueva ofensiva arancelaria de Trump, golpeando importaciones de más de 80 países, incluidos Canadá, México y la Unión Europea, con gravámenes del 10% o del 12,5%. Los aranceles, impuestos bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, tienen como objetivo abordar prácticas comerciales desleales, en particular la preocupación de que dichos países no hayan tomado medidas enérgicas contra el “trabajo forzoso”.

Además, esta semana ha anunciado un arancel del 50% sobre numerosos productos de Canadá —incluidos el vino, los palos de hockey y el papel—, alegando que el país discriminaba a la industria estadounidense, y una nueva investigación para responder a las sanciones de Bruselas a Google por prácticas monopolítisticas.

el artículo continúa después del siguiente mensaje

Recibe cada semana el boletín de Internacional

Internacional

Lo esencial de la actualidad internacional: reportajes destacados, cifras clave y un resumen telegráfico de la semana, por Javier Biosca.

SUSCRIBIRME AL BOLETÍN

Según un análisis del Yale Budget Lab, los hogares podrían afrontar un coste medio anual extra de 1.100 dólares bajo las recientes políticas de Trump, frente a los aproximadamente 550 dólares que supondría la legislación arancelaria actual.La ofensiva de Trump contra Irán desencadena una escalada regional más allá del golfo PérsicoLa ofensiva de Trump contra Irán desencadena una escalada regional más allá del golfo Pérsico

¿Y por qué hace esto Trump, entonces? Hola, Andrés: “Obviamente, esto es solo una suposición”, argumenta Baker, “pero, dada la situación de la guerra, estoy bastante seguro de que Netanyahu lo convenció de que un ataque rápido contra la cúpula iraní provocaría el colapso del régimen. Cuando eso no sucedió, se vio atrapado, y no puede admitir que cometió un error. En cuanto a los aranceles, creo que realmente no entiende en qué consisten; parece creer que otros países nos envían cheques. Además, puede recibir sobornos de países y empresas que buscan exenciones. Respecto a la inmigración, ese fue el tema central de su campaña, por lo que cuenta con una base, quizás el 25 % del electorado, que lo respalda con entusiasmo”.

Etiquetas

Petróleo a 120 dólares, inflación y tipos altos más tiempo: así es como te va afectar la escalada de la guerra en Irán

Un buque de transporte anfibio de la Armada de los Estados Unidos vigila un buque de carga iraní en el Mar de Arabia.
Un buque de transporte anfibio de la Armada de los Estados Unidos vigila un buque de carga iraní en el Mar de Arabia. Europa Press

Ignacio J. Domingo

25 de julio de 2026 22:46 h

Actualizado el 26/07/2026 05:30 h

3

El Brent —barril de referencia en Europa— traspasó la psicológica barrera de los 100 dólares en una semana en la que redoblaron todas las campanas por una nueva escalada del conflicto entre EEUU e Irán. Con tal acústica los expertos se vieron obligados a dar un giro copernicano a sus relatos y trasladar la idea de que la guerra ha dejado de ser una amenaza regional. El cóctel explosivo de la reanudación de “ataques masivos” a las infraestructuras estratégicas iraníes, la cada vez mayor militarización del Estrecho de Ormuz —por donde transitaba el 20% del petróleo mundial— y la extensión del colapso de los flujos de crudo a otro cuello de botella, el de Bab el-Mandeb, bajo control de los hutíes yemeníes aliados de Teherán, ha elevado el termómetro de una confrontación que devuelve la preocupación a los mercados, los observadores diplomáticos y los economistas.

La interrupción de esta pasarela mercante recortaría otro 7% los flujos petrolíferos y perjudicaría seriamente los gasísticos, con precios superiores a los 62 dólares el MW/hora en Europa. Así como al oro negro, en máximos desde marzo, al inicio del conflicto contra Irán. Pero, además, dañaría la navegación por el Canal de Suez, chokepoint esencial de mercancías transoceánicas entre el Índico y el Atlántico por el atajo mediterráneo.

En consecuencia, la dialéctica belicista de la Administración Trump, las represalias iraníes sobre sus vecinos pérsicos, la incontinencia militar israelí contra los territorios libanés y palestino, y el aumento de los ataques contra el tránsito marítimo han vuelto a disparar las primas de riesgo geopolítico. Justo cuando los inventarios globales de crudo permanecen en cotas especialmente reducidas y el margen de maniobra de los grandes productores es cada vez más limitado.

Firmas como Goldman Sachs contemplan ahora un escenario en el que el Brent alcance los 120 dólares por barril si las disrupciones en Ormuz persisten hasta el último trimestre del año. Y no parece que vaya a proclamarse un nuevo alto el fuego. La Casa Blanca reconoce que el conflicto le ha ocasionado ya 132.000 millones de dólares de factura militar y pide al Congreso una partida urgente de 67.000 millones para avalar una campaña de duración incierta e impopular a cuatro meses vista de los comicios midterm (en noviembre). Mientras Trump amenaza con destruir Pickaxe Mountain, emplazamiento subterráneo donde Benjamín Netanhayu aduce que Irán alberga sus reservas de uranio enriquecido y centrifugadoras avanzadas para construir su supuesto arsenal atómico y anuncia un acuerdo de colaboración nuclear con Arabia Saudí supeditado a la normalización plena de relaciones entre Riad y Tel Aviv.

Esta guía podría contribuir a entender los resortes que la guerra ha vuelto a poner encima del complejo tablero de ajedrez de un orden mundial en constante estado de mutación.

El petróleo vuelve a ser el termómetro del enfermo económico mundial

En apenas unas semanas, el Brent ha retornado a los tres dígitos tras encadenar un salto del 30% propulsado por la interrupción efectiva del suministro y el incremento del riesgo geopolítico. Al control de Ormuz se suma ahora otro foco de inestabilidad en el Mar Rojo, donde los hutíes han atacado los primeros buques con destino a puertos saudíes. La advertencia, con resultados tangibles, se saldó con varios petroleros cargados con crudo saudí y rumbo a Asia que bordearon la zona. El tráfico marítimo comienza a virar sus rutas. So pena de asumir mayores costes logísticos y primas de riesgo de aseguradoras.

Los analistas descuentan que Ormuz y Bab el-Mandeb sufrirán obstrucciones simultáneas. Así lo alerta Helima Croft, de RBC Capital Markets, para quien el mercado “ha dejado de cotizar por el petróleo que falta en la actualidad y sitúa en sus cálculos el que podría dejar de recibir a corto y medio plazo”. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) avisa de un descenso de 143 millones de barriles en mayo y de que, desde el inicio de las hostilidades, el ritmo medio al que caen las reservas globales es de 3,8 millones de barriles al día, que se sitúan en sus cotas más bajas entre los socios de la OCDE desde diciembre de 1990. Y admite que generarán impactos notables en el negocio del gas. Porque, pese al avance de las renovables, los combustibles fósiles continúan aportando el 57% de la electricidad global y siendo la principal fuente del transporte y de las industrias pesadas. De modo que su interrupción contagia de inmediato a bolsas y economías.

Reservas desiguales frente al shock energético

El impacto bélico no será uniforme. Mientras EEUU afronta la crisis con un aumento coyuntural de sus stocks de gasolina, diésel y destilados, según su agencia Energy Information Administration (EIA) Europa encara el próximo invierno en una posición delicada. El precio del gas de referencia TTF se ha disparado cerca de un 50% en un mes con sus inventarios muy por debajo de los objetivos fijados por países como Alemania, que alberga el 45% de su capacidad, cuando aspira a llegar al 70% antes de noviembre.

Equinor, el mayor proveedor de gas del continente, admite que Europa podría llegar al invierno sin las reservas previstas si continúan las perturbaciones en el estrecho de Ormuz.

Asia es la tercera incógnita de esta ecuación. Las olas de calor han disparado el consumo de luz y sus mercados pagan primas superiores por el Gas Natural Licuado (GNL) por los desvíos de cargamentos inicialmente destinados a Europa. “Nos acercamos al aprovisionamiento invernal con una volatilidad mucho más sensible que hace unos meses”, dice Christoph Halser, analista de Rystad Energy, quien enfatiza que cualquier retraso en la normalización del tráfico por Ormuz mantendrá tensionados tanto el mercado del gas como el del petróleo. A medio plazo, además, los expertos dirigen sus miradas a China. A la evolución de su demanda que determinará también si el barril de crudo se instala por encima de los 100 dólares o vuelve a moderarse. Pekín será el mercurio que module el termómetro petrolífero.

Inflación, bancos centrales y el riesgo de tipos altos por más tiempo

El conflicto reanuda el temor al espectro de la estanflación. Tras varios meses de moderación de los IPCs de EEUU y de la zona del euro —favorecidos en gran medida por la corrección de los precios energéticos bajo el frágil memorándum de paz—, tanto la Fed como el BCE habían readaptado sus estrategias de wait and see, convencidos de que disponían de margen para observar las facturas energéticas y eludir encarecimientos del dinero en verano. El banco europeo la mantiene; el americano tendrá que decidir esta próxima semana.

Sin embargo, un barril instalado en los 100 dólares y un gas europeo disparado vuelven a situar el horizonte monetario en zonas borrascosas. Los bancos centrales no pueden ignorar otro shock energético persistente “porque corren el riesgo de desanclar las expectativas de inflación”, avisa Mohamed El-Erian, presidente del Queens’ College de Cambridge. En línea con Paul Donovan, economista jefe de UBS Global Wealth Management. A su juicio, las perturbaciones geopolíticas actúan como “un impuesto sobre el crecimiento”, reducen el poder de compra de hogares y los márgenes empresariales y obligan a las autoridades monetarias a mantener unas condiciones restrictivas durante más tiempo.

La guerra amenaza con devolver a la economía global al incómodo equilibrio entre inflación y tipos altos con crecimiento anémico.

Las cadenas de valor vuelven al riesgo geopolítico

Como en tiempos de la Gran Pandemia o de los bloqueos de los chokepoints navales y logísticos. La ralentización de los flujos mercantes en Ormuz y el Mar Rojo implica una doble prima de riesgo —energética y aseguradora— para dar salida al combustible fósil del Pérsico, la primera, y proteger a los buques, la segunda. Todo ello, además, encarece progresivamente las importaciones y retarda las entregas a industrias; sobre todo, a las más dependientes de las cadenas internacionales de suministro como la automoción, la electrónica o la química. Cada desvío supone más días de navegación, más factura energética y más costes logísticos que se trasladan a fabricantes, distribuidores y consumidores. Es decir, más inflación.

A diferencia de la crisis de la Covid-19, ahora no existe un problema de déficit productivo, sino de vulnerabilidad de las arterias del comercio global. Más del 80% de los flujos de mercancías se transportan por vía marítima. Las mercancías que conectan Asia, Oriente Próximo y Europa atraviesan por alguno de los corredores afectados por el conflicto.

“Las cadenas de valor ejercen una resistencia que se corresponde a la de su eslabón más débil, la geopolítica”, resume Peter Sand, analista jefe de Xeneta, plataforma mundial de inteligencia naval. Su advertencia reconoce un cambio de rumbo. Las empresas buscan proveedores más eficientes; aunque, por encima de todo, líneas de suministro capaces de soportar hostilidades geopolíticas frecuentes y prolongadas.

La nueva geopolítica del petróleo

Arabia Saudí vuelve a convertirse en el productor decisivo para estabilizar —o tensionar— el mercado mediante su capacidad excedentaria; Rusia aprovecha unos precios más elevados para reabastecer sus arcas, con las que financia su contienda bélica en Ucrania, y China gana influencia como gran comprador de crudo. Europa, en este escenario, se mantiene como actor vulnerable por su alta dependencia energética exterior y EEUU combina su estatus de gestor del crudo como primer productor global con un aumento de protagonismo militar que alimenta su convicción de que garantizar la seguridad de los corredores marítimos significa preservar su influencia económica global.

Christof Rühl, investigador del Center on Global Energy Policy y ex economista jefe de BP, precisa que el mercado del crudo resiste más que en crisis precedentes por la mayor diversificación de sus suministros, sus nuevas infraestructuras y una economía menos intensiva en petróleo. Pero advierte de que esa resiliencia activa “puede inducir a los gobiernos a asumir riesgos cada vez mayores”. En otras palabras, cuanta más habilidad muestran los mercados para absorber shocks, mayor puede ser la tentación política de usar la energía como arma de presión geopolítica.

EEUU exhibe su fortaleza energética como ventaja estratégica

El conflicto contra Irán está amplificando una de las grandes transformaciones geoeconómicas recientes. EEUU no afronta este shock energético como importador de crudo y gas, sino como el mayor de sus proveedores. Eso sí, en función de cuándo abra sus grifos productivos. Cada interrupción de flujos procedentes de Oriente Próximo mejora su atractivo energético a los ojos de Europa y Asia y las ganancias de sus supermajors y su industria fósil. “Existe una clara prima geopolítica en el mercado que hace repuntar con suma celeridad sus precios”, explica Torgrim Reitan, director financiero de Equinor.

La guerra refuerza una ventaja competitiva que Washington ha construido durante años gracias a la revolución del shale, el petróleo no convencional extraído a partir de esquistos y que reporta pingües beneficios al sector estadounidense.La escalada del conflicto en Oriente Próximo dispara de nuevo el precio del petróleo hasta los 100 dólaresLa escalada del conflicto en Oriente Próximo dispara de nuevo el precio del petróleo hasta los 100 dólares

Un nuevo orden mundial fragmentado y que asume mayores riesgos

“El mercado del crudo es mucho más frágil de lo que cree la Administración Trump”, asegura Ali Ahmadi, analista de Foreign Policy. A lo que Will Walldorf, profesor de Wake Forest University, suma un horizonte de tensión creciente, dado que “la experiencia histórica demuestra que los dirigentes que inician una guerra rara vez la terminan”, porque el coste político de reconocer un fracaso “suele pesar más que el cheque económico de prolongar el conflicto”.

Etiquetas


Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo